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Vuelven a sorprenderse las
yagrumas de Muralla 63: el
concierto A guitarra limpia del
trovador José Aquiles se
desarrolló el pasado sábado 27
de septiembre, a pesar de la
amenaza constante de lluvia y la
severa afectación en la voz del
santiaguero que llegó a La
Habana “con un gran deseo de
cantar”.
Santiagueras
se tituló este recital, que
también forma parte de las
celebraciones por los diez años
del espacio A guitarra limpia,
promovido por el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, y
tal como lo dijo Aquiles,
constituyó “más que un
concierto, una descarga entre
amigos en el patio de mi casa”.
Fue un enorme placer, dijo,
“estar aquí junto a gente tan
querida”, y aprovechó la ocasión
para presentar A conquistar
otro camino, su más reciente
trabajo discográfico
promocionado a inicios de
septiembre en la provincia de
Navarra, “un lugar en el que se
aprecia y estima la música
trovadoresca cubana”.
Santiagueras
comenzó con “Amores que se
fueron”, “Mira” y “Cantando,
soñando”, de Aquiles, quien
luego de estas tres canciones
dio paso a sus numerosos
invitados, que cantaron gustosos
en franco gesto de “solidaridad
trovadoresca”, como lo calificó
alguien de pasada.
La trovadora Rita del Prado fue
la primera. Interpretó dos temas
de su autoría: “Mentor de la
risa” y “Raspadura y panela”, y
a continuación Rodolfo de la
Fuente regaló “Mujer si la
distancia es esa huella” y
“Habanera No. 1”.
Norge Batista subió al escenario
y cantó “Adolescencia” y “No
soy”; Ihosvany Bernal, “Mi
Habana sabe a mar” y “G, Café”,
mientras que Augusto Blanca, uno
de los fundadores del Movimiento
de la Nueva Trova, compartió con
Aquiles “A golpe de canción” y
“Trovada uno”.
Santiagueras
fue un concierto en el que se
entrecruzaron las más disímiles
estéticas e, incluso,
generaciones de trovadores, pero
que dejó, sinceramente, el sabor
de la amistad, sentimiento que,
al decir del poeta y cineasta
Víctor Casaus, director del
Centro Pablo, “ha inspirado y
guiado todos los pasos de la
institución”.
Casaus señaló que el proyecto A
guitarra limpia, próximo a
cumplir diez años, “no se ha
convertido en la repetición de
nombres sino, por el contrario,
es el sitio para todos los
trovadores del país”.
Ratificó que el próximo 22 de
noviembre Silvio Rodríguez
pondrá punto final a las
festividades por los diez años
de A guitarra… con un recital
titulado Silvio y nosotros,
recordando, dijo, el concierto
Teresita y nosotros
efectuado en el Museo de Bellas
Artes en el ya lejano 1967.
Esa presentación de Teresita
Fernández constituyó, quizá, el
primer concierto de trovadores
que integraron, poco después, el
llamado Movimiento de la Nueva
Trova cubana. Silvio y
nosotros, señaló Casaus,
“será una suerte de salto en el
tiempo y estará, como lo estuvo
entonces, la poesía de nuestra
generación”, enfatizó.
Instantes antes de comenzar el
concierto, Virgen Gutiérrez,
coordinadora de la Colección
Palabra viva, que edita el
Centro Pablo y que ya alcanza la
cifra de medio centenar de CD,
subrayó que ese trabajo es
posible gracias a los magníficos
archivos del periodista Orlando
Castellanos.
Aseguró que concebir un disco a
partir de varias entrevistas
realizadas por Castellanos a
Guillermo Rodríguez Rivera, “fue
un verdadero gusto” porque “es
la manera que hemos encontrado
de festejar los 65 años del
poeta y ensayista”, otro de los
amigos cercanos de la
institución.
Por su parte, Rodríguez Rivera
agradeció al Centro Pablo “este
homenaje” y subrayó que Palabra
viva “ha prolongado y prorrogado
el trabajo de Castellanos, quien
fue capaz y supo recoger para la
memoria los sentires y decires
de escritores no solamente
cubanos, sino de otras partes
del mundo”.
Inmediatamente leyó el poema
“Elegía por la ciudad”, en el
que se evoca a los amigos de su
generación, y significó que “el
poema sigue teniendo validez” lo
cual, dijo, demuestra que “ni
nuestro mundo ni la amistad han
cambiado tanto”.
Casaus regresó al micrófono para
agradecer, también, a dos
importantes artistas de la
plástica: Alicia Leal y Juan
Moreira, “eternos colaboradores”
desde la fundación del Centro y
a quienes, “igualmente, nos une
ese sentimiento esencial que es
la amistad”.
Y así, entre gente querible y
querida, se creció
Santiagueras, mientras que
las yagrumas, sorprendidas,
volvieron a ser testigos del
milagro de la canción, a pesar
de la mala pasada que intentó
hacer la lluvia y un catarro
indeseado: nuevamente pudo más
la amistad. |