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La ideología del libre mercado está
lejos de su fin |
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Naomi Klein
• Montreal |
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Sea cual sea el significado de los
eventos de esta semana, nadie debiera
creer las afirmaciones exageradas de que
la crisis del mercado representa la
muerte de la ideología del “libre
mercado.” La ideología del libre mercado
ha servido siempre los intereses del
capital, y su presencia sube y baja
según su utilidad para esos intereses.
Durante los tiempos de la bonanza, es
rentable predicar el laissez faire,
porque un gobierno ausente permite que
se inflen las burbujas especulativas.
Cuando esas burbujas revientan, la
ideología se convierte en un obstáculo,
y se adormece mientras el gran gobierno
parte al rescate. Pero tranquilizaos: la
ideología volverá con toda su fuerza
cuando los salvatajes hayan terminado.
Las masivas deudas que el público está
acumulando para rescatar a los
especuladores pasarán entonces a formar
parte de una crisis presupuestaria
global que será la justificación para
profundos recortes en programas
sociales, y para un nuevo ímpetu para
privatizar lo que queda del sector
público. También nos dirán que nuestras
esperanzas de un futuro verde son,
lamentablemente, demasiado costosas.
Lo que no sabemos es como reaccionará el
público. Hay que considerar que en
Norteamérica todo el que tiene menos de
40 años creció mientras se le decía que
el gobierno no puede intervenir para
mejorar nuestras vidas, que el gobierno
es el problema no la solución, que el
laissez faire es la única opción. Ahora,
repentinamente, vemos a un gobierno
extremadamente activista, intensamente
intervencionista, aparentemente
dispuesto a hacer cualquier cosa que sea
necesaria para salvar de ellos mismos a
los inversionistas.
Este espectáculo provoca necesariamente
la pregunta: ¿si el Estado puede
intervenir para salvar a corporaciones
que tomaron riesgos imprudentes en los
mercados de la vivienda, por qué no
puede intervenir para impedir que
millones de estadounidenses sufran
inminentes ejecuciones hipotecarias? De
la misma manera, si 85.000 millones de
dólares pueden ser puestos a disposición
instantáneamente para comprar al gigante
de los seguros AIG ¿por qué la atención
sanitaria de pagador único – que
protegería a los estadounidenses de las
prácticas depredadores de las compañías
de seguro de salud – parece ser un sueño
tan inalcanzable? Y si cada vez más
corporaciones necesitan fondos públicos
para permanecer a flote ¿por qué no
pueden los contribuyentes exigir a
cambio cosas como topes a la paga de
ejecutivos, y una garantía contra más
pérdidas de puestos de trabajo?
Ahora, cuando quedó claro que los
gobiernos pueden ciertamente actuar en
tiempos de crisis, les será mucho más
difícil pretender impotencia en el
futuro. Otro cambio potencial tiene que
ver con las esperanzas del mercado en
cuanto a futuras privatizaciones.
Durante años, los bancos globales de
inversión han estado cabildeando a los
políticos a favor de dos nuevos
mercados: uno que provendría de la
privatización de las pensiones públicas
y otro resultante de una nueva ola de
carreteras, puentes y sistemas de agua
privatizados o parcialmente
privatizados. Esos dos sueños acaban de
hacerse mucho más difíciles de vender:
los estadounidenses no están de humor
para confiar una mayor parte de sus
activos individuales y colectivos a los
imprudentes tahúres de Wall Street,
especialmente porque parece más que
probable que los contribuyentes tendrán
que pagar para recuperar sus propios
activos cuando reviente la próxima
burbuja.
Ahora, con el descarrilamiento de las
conversaciones en la Organización
Mundial de Comercio, esta crisis también
podría ser un catalizador para un
enfoque radicalmente alternativo a la
regulación de los mercados y sistemas
financieros mundiales. Ya estamos viendo
un movimiento hacia la “soberanía
alimentaria” en el mundo en desarrollo,
en lugar de dejar el acceso a los
alimentos a la merced de los caprichos
de los negociantes de materias primas.
El momento puede haber llegado
finalmente para ideas como impuestos al
comercio, que retrasaría la inversión
especulativa, así como para otros
controles del capital global.
Y ahora, cuando nacionalización ya no es
una palabrota, las compañías de petróleo
y gas debieran tener cuidado: alguien
tendrá que pagar por el giro hacia un
futuro más verde, y tiene mucho sentido
que el grueso de los fondos provengan
del sector altamente rentable que tiene
la mayor responsabilidad por nuestra
crisis climática. Ciertamente tiene más
sentido que crear otra peligrosa burbuja
en el comercio de carbono.
Pero la crisis que estamos presenciando
pide cambios más profundos. El motivo
por el que se permitió que proliferaran
esos préstamos chatarra no fue sólo
porque los reguladores no comprendieron
el riesgo. Es porque tenemos un sistema
económico que mide nuestra salud
colectiva exclusivamente sobre la base
del aumento del PIB. Mientras los
préstamos chatarra alimentaban el
crecimiento económico, nuestros
gobiernos los apoyaron activamente. De
modo que lo que hay que cuestionar
realmente debido a la crisis es el
compromiso indiscutido con el
crecimiento a todo precio. Esta crisis
debiera llevarnos a un camino
radicalmente diferente en la forma en la
que nuestras sociedades miden la salud y
el progreso.
Nada de esto, sin embargo, sucederá sin
una inmensa presión pública sobre los
políticos en este período crucial. Y no
se trata de un cabildeo cortés sino de
una vuelta a las calles y al tipo de
acción directa que produjo el Nuevo
Trato en los años treinta. Sin eso,
habrá cambios superficiales y un
retorno, lo más rápido posible, a los
negocios como si tal cosa.
Publicado en Rebelión/The
Guardian/Znet
Traducido del inglés para
Rebelión por Germán Leyens
* Naomi
Klein es una de las plumas periodísticas
e investigadoras más influyentes en el
movimiento opositor a la globalización,
nacida en Montreal (Canadá) en 1970. Es
economista política, periodista y
escritora. Caracterizada por su trabajo
independiente en los medios
periodísticos, colaboró como columnista
para los periódicos como The Guardian
de Londres y The Globe and Mail
de Toronto. Es la autora de No Logo
y La Doctrina del Shock. |
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