Año VII
La Habana

4 al 10 de OCTUBRE
de 2008

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Paren el capitalismo, que me quiero bajar

Luis Britto García • Caracas

 
·Los beatos que le rezan a la Mano Invisible del Mercado se asombran de que el capitalismo esté en crisis.

·Por el contrario: las crisis son la esencia del capitalismo; éste lleva en sí mismo la semilla de su propia destrucción.

·La supuesta libertad del mercado, que Marx llamó anarquía de la producción, lleva a los capitalistas a competir hasta rebasar la demanda relativa (la de quienes necesitan un bien y tienen con qué comprarlo).

·A partir de allí, el excedente relativo no encuentra compradores, los productores quiebran y despiden trabajadores, la abundancia se convierte en miseria.

·La epidemia de quiebras sólo deja en pie a las empresas más poderosas, con lo cual el capital se concentra en un número cada vez menor de manos.

·De hecatombe en hecatombe, el capital comercial termina siendo dominado por el industrial, y éste por el financiero.

·El capital financiero, última aberración del monstruo que sólo gana con la pérdida de todos, no necesita producir bienes concretos para multiplicarse y perder contacto con la realidad económica.

·Abusando de su poderío militar durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos obligó en 1944 en Breton Woods a los países de Occidente a respaldar sus monedas con reservas en dólares, a partir de lo cual compró al mundo pagándo con papel verde impreso.

·Ahogado en la inundación de papel verde, en 1974 Richard Nixon reconoció que el dólar que obligaba a aceptar al mundo como respaldo de sus monedas a su vez no tenía respaldo, lo cual según Noam Chomsky aniquiló el sistema económico mundial de la posguerra “en el cual Estados Unidos era de hecho el banquero del mundo, papel que no pudo retener en adelante” (Chomsky: El beneficio es lo que cuenta; 1999, 24).

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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