Año VI
La Habana
2008

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Balcones
Amado del Pino • La Habana
 Foto: Kike

Gerardo Alfonso uno de nuestros más interesantes trovadores inmortalizó los balcones de la Habana Vieja con sus sábanas blancas, colgadas como banderas de cotidianidad y desenfado. No solo ropa blanca o risa estrepitosa hay en esos espacios sobresalientes de nuestra complicada pero espléndida capital. Cuando el que camina por una calle habanera levanta la vista y se encuentra con las piernas o los ojos de una muchacha, o con ambas cosas sin orden ni concierto, tiene que demostrar mucha clase para que la curiosidad del desconocido no se confunda con el morbo del mirón y para soñar con un saludo, una gracia breve, cierta contraseña prometedora.

El primer balcón habanero que recuerdo es el de la Tía Heriberta en la calle Teniente Rey, a un paso del Capitolio Nacional. Era todo un contraste salir del campo pleno para caer en aquel espacio estrecho y en vías de deterioro por el que podía verse el movimiento del corazón de la ciudad. Tampoco era cosa de estar muchas horas mirando los transeúntes porque lo mejor de casa de la dulce tía estaba en la cocina comedor en la que ella elaboraba el exquisito almuerzo. He contado otras veces que esta hermana de mi abuela era muy exacta en sus invitaciones. Convocaba a fulano y a mengano, y no a zutano y esperanzejo, pero no porque menospreciara a un sector de la familia. De hecho, los invitados rotaban con justicia en sucesivas invitaciones. De lo que se trataba era de atender bien y que los elegidos estuviesen cómodos en su casa.

A finales de los 80 tuvimos balcón mi vieja y yo. No era gran cosa lo que se veía. Vivíamos en Veracruz, no en México sino en el humilde municipio habanero de San Miguel del Padrón.  Frente a nuestros ojos la carretera central y grandes camiones o guaguas repletas pasando todo el tiempo y dejando ruido o contaminación.

Cuando había invitados en casa, el balconcito se multiplicaba y una vez casi se derrumba, a pesar de la juventud del edificio. El día antes de mi cumpleaños visité a un grupo de aficionados y no recuerdo si al quinto o al noveno ron se me ocurrió mencionarles mi aniversario al día siguiente. Lo dije seguramente rápido, como se anuncian esas promesas de fiesta que al día siguiente no tiene sentido recordar y menos cumplir. Pero los aficionados eran muchos, podían asumir el montaje de un clásico del siglo de oro español se tomaron en serio la invitación y se abalanzaron sobre las escasas provisiones de mi fiesta. Los invitados reales entre los que figuraban mi compadre del alma Osvaldo Cano, Pedrito un amigo del bachillerato y gente de la cultura como el escritor Padura, el mágico humorista gráfico Manuel y Raquelita Mayedo, que todavía no salía en la televisión nacional  se refugiaron (¿o fueron encerrados por su miedo a la avalancha aficionada?) en un patio trasero pequeñito, que muchos cubanos recordarán y es típico de esos edificios de microbrigada.

Al fin me personé en el balcón tumultuoso y, cambiando croquetas y dulces por la promesa de que partieran, logramos respirar aliviados. Esa noche me abochorné un poco con mis amigos, pero han pasado los años y la invasión de los artistas amateurs en número considerable constituye un motivo de risa y evocación  cuando me encuentro con algunos de los refugiados en el patio trasero. A la larga ese metro cuadrado, hecho para tender la ropa íntima o colocar con dificultad una lavadora, les sirvió de balcón por esa larga hora que sigue asomándose al portal de mi melancolía.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600