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No sé si Humberto Solás en su afán de
aprehender el mundo se adentró en la
perspectiva de género. Quizá tuvo un
acercamiento en décadas cercanas pero no
en los 60 ó 70 cuando realizó filmes en
los que la mujer tenía un peso singular.
Basta señalar primero a Manuela
(1966) y luego a Lucía (1968)
para nombrar dos filmes en que la
problemática femenina atraviesa la
trama.
Según confesó el propio Solás, la
historia de la primera de estas cintas
está basada en un hecho real: “Cuando
estaba haciendo el trabajo de guión fui
a la Sierra para documentarme. Mientras
estaba en la Sierra Cristal hablaba a
menudo con los campesinos, pues yo
quería que la historia no partiese de
bases utópicas. Un día me llevaron a una
tumba donde había estado enterrada una
combatiente que se llamaba La China. La
historia de mi película está inspirada
en la vida de esta muchacha”.
Es un acercamiento muy interesante a la
vida de una mujer involucrada en los
vaivenes de la lucha. Adela Legrá le da
vida a Manuela.
Lucía,
la película más famosa de Solás tiene
también a la mujer como centro: el
primer relato la ubica en la guerra de
independencia, en 1895, el segundo en
los convulsos años 30 y el tercero al
principio de la Revolución Cubana. Cada
una de estas Lucía tiene una
problemática acorde a su época y al
género. La primera es una mujer de una
clase encumbrada, inmersa en la guerra
del 95; la segunda es de la clase media
y también vinculada a la política y la
tercera es una obrera que tiene que,
conseguida la independencia de la
patria, alcanzar la propia en una guerra
contra los prejuicios.
El filme, ganador del Festival
Cinematográfico de Moscú de 1969, devino
un clásico no solo del cine cubano sino
del continental. Los especialistas
aseguran que el entonces joven
realizador de 27 años usó tres estilos:
clásico, desaforado y naturalista, por
llamarlos de alguna manera. Y el propio
autor dijo: “Lucía es un tríptico
estilístico y todo el cine que he hecho
sale de ahí, es un referente de mis
posteriores películas.”
Sobre la trascendencia de esta cinta,
Solás confesó: “Creo que se debe a que
es la de mayor calidad y también porque
fue una sorpresa. Quizá sea la más
lograda, sin embargo, personalmente me
gusta más Cecilia y El siglo
de las luces en su versión para la
televisión, ¡pero claro! yo amo a
Lucía. Es una película que pertenece
a una época, es experimental a nivel
dramatúrgico y también visualmente. Es
siempre un diálogo sobre el presente, ya
que el pasado sólo actúa en la medida en
que expresa los condicionamientos
culturales, sociales y sicológicos que
han definido nuestro particular estilo
de vida nacional. Podría citar un
ejemplo: uno de los propósitos
fundamentales del filme es cuestionar
una moral que sobrevive en amplios
estratos de la población y que la
realidad revolucionaria impugna. Esta
idea se desarrolla a lo largo del filme,
aunque éste se ocupe, en términos
narrativos, de hechos que ocurran en
cierta medida durante el pasado. El tema
está expresado en función del presente y
los datos que se proporcionan, ya nos
lleguen de las postrimerías del siglo
pasado o de la década de los treinta,
están condicionados a la efectividad con
que actúen dentro de un solo propósito:
demostrar la incompatibilidad, la
contradicción, el carácter frustrante de
la moral tradicional, arcaica, dentro de
la gesta revolucionaria.”
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Eslinda Núñez, una de las antológicas
Lucía en una reciente entrevista
dijo que con Humberto “habíamos hecho
varios planes, pero por alguna razón se
malograron. Incluso, él quería que yo
fuera la protagonista de El retrato
(1963); sin embargo, luego me pareció
que una compañera, que era bailarina, lo
haría mejor.
Y la primera actriz cubana aclara:
“Aunque Memorias del subdesarrollo
se hizo primero, ya yo había sido
elegida para ser una de las
protagonistas de Lucía. A
Memorias… me presenté al casting.
Con Lucía fue diferente, pues
Humberto había pensado en mí para la
segunda historia, igual que había
diseñado para Raquel Revuelta la primera
y para Adela Legrá la tercera.”
“Hice Lucía sin pensar que se
convertiría en un clásico del cine
cubano. Lejos estaba de imaginar la
trascendencia que iba a tener después.
Pienso que es un filme realmente
extraordinario. Es un fresco de nuestra
historia, a través de la mujer cubana.
Considero que se trata de una película
que mantiene su juventud”, sostuvo
Eslinda.
Cecilia
es otro de los filmes de Solás con
problemática esencialmente femenina.
Versión libre de la novela Cecilia
Valdés, de Cirilo Villaverde, es un
largometraje muy polémico que continúa
despertando pasiones contrapuestas.
Si el personaje de la mestiza, Cecilia,
con su afán de escalar posiciones en la
sociedad, es un buen retrato de la época
no lo es menos el de Isabel Ilincheta,
también mujer, pero eslavista y con
claridad meridiana en los negocios.
Otras mujeres de esta película ofrecen
matices de una sociedad racista y
machista, en la que las féminas estaban
alejadas de cualquier círculo de poder
tanto a nivel social, como de familia.
Para Solás “Cecilia me parece que
es mi mejor película. Es la más
estudiada y la que fue hecha con más
rigor. Claro, uno siempre defiende al
hijo que ha sufrido más, y quizá puede
ser esto. Sin embargo, es una película
que significó un esfuerzo muy grande.
(...) Yo me identifico más con el serial
de seis horas. Se han hecho varias
versiones, una de dos horas para consumo
internacional, otra de cuatro para Cuba,
y otra reedición de la versión
internacional. Pero el serial es la
versión más completa. El desenlace, que
en la película dura diez minutos, en el
serial dura cuarenta y cinco. Es mi
película preferida, sobre todo por el
hecho de que significó replantear la
libertad del creador. Fue un ejercicio
de libertad del creador. Fue un
ejercicio de libertad para mí.
Cecilia Valdés es un clásico, sí,
pero es un clásico con el cual yo no me
identifico a estas alturas del siglo, y
lo remodelé a mi gusto. Fue un ejercicio
de libertad muy fuerte que me costó muy
caro, pero como posibilidad con
antecedentes en el mundo entero,
significó ejercer el derecho a la
libertad creativa.”
En Amada, su siguiente cinta, la
mujer está involucrada en las luchas
sociales y también en los prejuicios de
la relación de pareja. “Amada, ha dicho
Solás, es una historia de amor,
fundamentalmente. A través de ella
intentamos dar la temperatura de una
época de frustración, un momento en que
las fuerzas populares no se han
recuperado con la envergadura de los
años 20, luego de una guerra de
independencia que la intervención
norteamericana mediatiza. (...) Esta
experiencia ha sido muy reveladora:
nunca antes había hecho una película tan
sencilla, con tal posibilidad de sosiego
en pleno trabajo creador”.
Interrogado en cierta oportunidad sobre
qué representan las mujeres en sus
películas, el director respondió: “En
aquel momento era un cine de
reivindicación y de replanteamiento del
rol de la mujer dentro de la sociedad.
Hoy día la sociedad cubana ha cambiado
tanto que, si analizas el ámbito de las
ciencias y de las profesiones, la mujer
está desplazando al hombre. Yo ya no
tengo que hacer esas películas. Casi me
estoy inclinando más al personaje
masculino, no porque lo considere
desvalido, sino porque hay que analizar
qué es lo que ocurre en ese personaje
masculino para que ya no tenga el papel
hegemónico que tenía.”
Fue un cine reivindicativo que todas las
mujeres cubanas le agradecemos a Solás.
Si con Lucía logró escribir su
nombre en la historia del cine de
América Latina, con el resto de sus
filmes, supo ofrecer una imagen de la
mujer situándola en el justo lugar del
desandar histórico. |