Año VII
La Habana

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de 2008

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Humberto Solás y la mujer

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 
No sé si Humberto Solás en su afán de aprehender el mundo se adentró en la perspectiva de género. Quizá tuvo un acercamiento en décadas cercanas pero no en los 60 ó 70 cuando realizó filmes en los que la mujer tenía un peso singular.

Basta señalar primero a Manuela (1966) y luego a Lucía (1968) para nombrar dos filmes en que la problemática femenina atraviesa  la trama.

Según confesó el propio Solás, la historia de la primera de estas cintas está basada en un hecho real: “Cuando estaba haciendo el trabajo de guión fui a la Sierra para documentarme. Mientras estaba en la Sierra Cristal hablaba a menudo con los campesinos, pues yo quería que la historia no partiese de bases utópicas. Un día me llevaron a una tumba donde había estado enterrada una combatiente que se llamaba La China. La historia de mi película está inspirada en la vida de esta muchacha”.
 

Es un acercamiento muy interesante a la vida de una mujer involucrada en los vaivenes de la lucha. Adela Legrá le da vida a Manuela.
 


Lucía, la película más famosa de Solás tiene también a la mujer como centro: el primer relato la ubica en la guerra de independencia, en 1895, el segundo en los convulsos años 30 y el tercero al principio de la Revolución Cubana. Cada una de estas Lucía tiene una problemática acorde a su época y al género. La primera es una mujer de una clase encumbrada, inmersa en la guerra del 95; la segunda es de la clase media y también vinculada a la política y la tercera es una obrera que tiene que, conseguida la independencia de la patria, alcanzar la propia en una guerra contra los prejuicios.
 

El filme, ganador del Festival Cinematográfico de Moscú de 1969, devino un clásico no solo del cine cubano sino del continental. Los especialistas aseguran que el entonces joven realizador de 27 años usó tres estilos: clásico, desaforado y naturalista, por llamarlos de alguna manera. Y el propio autor dijo: “Lucía es un tríptico estilístico y todo el cine que he hecho sale de ahí, es un referente de mis posteriores películas.”
 

Sobre la trascendencia de esta cinta, Solás confesó: “Creo que se debe a que es la de mayor calidad y también porque fue una sorpresa. Quizá sea la más lograda, sin embargo, personalmente me gusta más Cecilia y El siglo de las luces en su versión para la televisión, ¡pero claro! yo amo a Lucía. Es una película que pertenece a una época, es experimental a nivel dramatúrgico y también visualmente. Es siempre un diálogo sobre el presente, ya que el pasado sólo actúa en la medida en que expresa los condicionamientos culturales, sociales y sicológicos que han definido nuestro particular estilo de vida nacional. Podría citar un ejemplo: uno de los propósitos fundamentales del filme es cuestionar una moral que sobrevive en amplios estratos de la población y que la realidad revolucionaria impugna. Esta idea se desarrolla a lo largo del filme, aunque éste se ocupe, en términos narrativos, de hechos que ocurran en cierta medida durante el pasado. El tema está expresado en función del presente y los datos que se proporcionan, ya nos lleguen de las postrimerías del siglo pasado o de la década de los treinta, están condicionados a la efectividad con que actúen dentro de un solo propósito: demostrar la incompatibilidad, la contradicción, el carácter frustrante de la moral tradicional, arcaica, dentro de la gesta revolucionaria.”
 

Eslinda Núñez, una de las antológicas Lucía en una reciente entrevista dijo que con Humberto “habíamos hecho varios planes, pero por alguna razón se malograron. Incluso, él quería que yo fuera la protagonista de El retrato (1963); sin embargo, luego me pareció que una compañera, que era bailarina, lo haría mejor.

Y la primera actriz cubana aclara: “Aunque Memorias del subdesarrollo se hizo primero, ya yo había sido elegida para ser una de las protagonistas de Lucía. A Memorias… me presenté al casting. Con Lucía fue diferente, pues Humberto había pensado en mí para la segunda historia, igual que había diseñado para Raquel Revuelta la primera y para Adela Legrá la tercera.”

“Hice Lucía sin pensar que se convertiría en un clásico del cine cubano. Lejos estaba de imaginar la trascendencia que iba a tener después. Pienso que es un filme realmente extraordinario. Es un fresco de nuestra historia, a través de la mujer cubana. Considero que se trata de una película que mantiene su juventud”, sostuvo Eslinda.

Cecilia es otro de los filmes de Solás con problemática esencialmente femenina. Versión libre de la novela Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, es un largometraje muy polémico que continúa despertando pasiones contrapuestas.
 

Si el personaje de la mestiza, Cecilia, con su afán de escalar posiciones en  la sociedad, es un buen retrato de la época no lo es menos el de Isabel Ilincheta, también mujer, pero eslavista y con claridad meridiana en los negocios.
 

Otras mujeres de esta película ofrecen matices de una sociedad racista y machista, en la que las féminas estaban alejadas de cualquier círculo de poder tanto a nivel social, como de familia.
 

Para Solás “Cecilia me parece que es mi mejor película. Es la más estudiada y la que fue hecha con más rigor. Claro, uno siempre defiende al hijo que ha sufrido más, y quizá puede ser esto. Sin embargo, es una película que significó un esfuerzo muy grande. (...) Yo me identifico más con el serial de seis horas. Se han hecho varias versiones, una de dos horas para consumo internacional, otra de cuatro para Cuba, y otra reedición de la versión internacional. Pero el serial es la versión más completa. El desenlace, que en la película dura diez minutos, en el serial dura cuarenta y cinco. Es mi película preferida, sobre todo por el hecho de que significó replantear la libertad del creador. Fue un ejercicio de libertad del creador. Fue un ejercicio de libertad para mí. Cecilia Valdés es un clásico, sí, pero es un clásico con el cual yo no me identifico a estas alturas del siglo, y lo remodelé a mi gusto. Fue un ejercicio de libertad muy fuerte que me costó muy caro, pero como posibilidad con antecedentes en el mundo entero, significó ejercer el derecho a la libertad creativa.”

En Amada, su siguiente cinta, la mujer está involucrada en las luchas sociales y también en los prejuicios de la relación de pareja. “Amada, ha dicho Solás, es una historia de amor, fundamentalmente. A través de ella intentamos dar la temperatura de una época de frustración, un momento en que las fuerzas populares no se han recuperado con la envergadura de los años 20, luego de una guerra de independencia que la intervención norteamericana mediatiza. (...) Esta experiencia ha sido muy reveladora: nunca antes había hecho una película tan sencilla, con tal posibilidad de sosiego en pleno trabajo creador”.

Interrogado en cierta oportunidad sobre qué representan las mujeres en sus películas, el director respondió: “En aquel momento era un cine de reivindicación y de replanteamiento del rol de la mujer dentro de la sociedad. Hoy día la sociedad cubana ha cambiado tanto que, si analizas el ámbito de las ciencias y de las profesiones, la mujer está desplazando al hombre. Yo ya no tengo que hacer esas películas. Casi me estoy inclinando más al personaje masculino, no porque lo considere desvalido, sino porque hay que analizar qué es lo que ocurre en ese personaje masculino para que ya no tenga el papel hegemónico que tenía.”

Fue un cine reivindicativo que todas las mujeres cubanas le agradecemos a Solás. Si con Lucía logró escribir su nombre en la historia del cine de América Latina, con el resto de sus filmes, supo ofrecer una imagen de la mujer situándola en el justo lugar del desandar histórico.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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