|
Querido compañero Raúl, queridos
Ricardo, Héctor, Miguel, querida
Alicia, invitados, amigos:
Hoy celebramos un hecho
fundacional de nuestra cultura,
de nuestra nación: el nacimiento
de una de esas obras artísticas,
éticas y espirituales que han
enriquecido y siguen
enriqueciendo de una manera muy
particular la fisonomía de Cuba
y de los cubanos y que han hecho
al propio tiempo sustanciales
contribuciones a la cultura
universal. Hoy se cumplen, como
sabemos, 60 años de la creación,
el 28 de octubre de 1948, del
Ballet Alicia Alonso, que sería
llamado después Ballet de Cuba y
más tarde Ballet Nacional de
Cuba.
Pocos meses antes, en junio de
1947, Alicia denunciaba en la
prensa que constituía una
vergüenza que en Cuba ningún
gobierno se ocupara de proteger
el arte del ballet teniendo en
cuenta las condiciones
excepcionales de los cubanos
para la danza y el prestigio
mundial que podría darle el
ballet a nuestro país.
Es impresionante recordar el
contexto en que se crea nuestro
Ballet. Resulta difícil imaginar
condiciones más hostiles, más
adversas, menos propicias, para
cualquier tipo de proyecto de
intenciones genuinamente
culturales que las que ofrecía
en el 48 aquella república
neocolonial, en medio de la
mayor corrupción imaginable, con
la infamia traicionando
cotidianamente los sueños de
Martí. Por eso sobresalían, en
medio de una atmósfera tan
opresiva, proyectos de
extraordinario heroísmo moral e
intelectual que impulsaron
algunas figuras imprescindibles
de nuestra cultura. Dentro de
estos proyectos heroicos,
construidos contra viento y
marea, habrá que realzar siempre
a nuestro Ballet.
El nacimiento que festejamos hoy
es, pues, una de esas hazañas
excepcionales de la resistencia
cultural cubana que
contribuyeron a salvar la nación
en medio de las más terribles
circunstancias. Aquellos
fundadores tuvieron que librar
lo que Cintio Vitier llamó "la
lucha cubana contra el
imposible", es decir, contra la
frustración, contra el fatalismo
envilecido y neocolonial. Y es
que parecía imposible, parecía
una utopía irrealizable, fundar
una compañía de Ballet en la
Habana de 1948. La propia
Alicia, refiriéndose al proyecto
de crear una escuela nuestra,
cubana, le llamó "tarea
quijotesca", y lo era sin
ninguna duda.
|
 |
En 1951, la compañía hizo
público un manifiesto donde
subrayaba que "El Ballet Alicia
Alonso tiene fe en los destinos
de nuestra patria y en el
talento natural y afán de
superación del pueblo cubano, y
por ello cree firmemente que (¼)
Cuba puede convertirse en uno de
los centros más brillantes del
ballet en el mundo entero."
Resulta muy emotivo releer
aquellas declaraciones
iluminadas, llenas de esperanza,
gestadas desde la tiniebla, y
pasar revista a las enormes
dificultades y obstáculos que
tuvieron que vencer los
impulsores de este admirable
proyecto, que tenía desde su
origen una clara vocación
social, popular, anti elitista,
combinada con principios
artísticos ajenos a toda
concesión.
La joven compañía actuó en Cuba
en teatros, anfiteatros,
estadios y plazas públicas;
empezó de inmediato a hacer
giras por distintos escenarios
de América Latina y los Estados
Unidos; y muy pronto creó una
Academia, origen de la futura
Escuela Nacional de Ballet.
En 1953, al regresar a Cuba
después de obtener grandes
triunfos en el extranjero,
Alicia declaró: "Toda mi
esperanza y todo mi sueño
consiste en no salir al mundo en
representación de otro país,
sino llevando nuestra propia
bandera y nuestro arte. Mi afán
es que no quede nadie que no
grite ¡bravo por Cuba! cuando yo
baile. De no ser así, de no
poder cumplir ese sueño, la
tristeza sería la recompensa de
mis esfuerzos."
En el año 56 la tiranía
batistiana pretende manipular
con fines propagandísticos al
Ballet de Cuba y, al ser
rechazada la maniobra, retira la
mínima ayuda económica que daba
a la compañía. Alicia denuncia
públicamente lo ocurrido y
ratifica algo que la caracteriza
y que la ha acompañado hasta
hoy: su "fe en el pueblo de
Cuba". "Estamos seguros, dice,
de que ese pueblo, defendiendo
su derecho a la cultura, nos
brindará su respaldo para no
permitir que esa manifestación
artística jamás le sea
arrebatada."
Ya en ese momento el prestigio
de Alicia y del Ballet de Cuba
era extraordinario. Por eso el
golpe anticultural del régimen
creó una gran conmoción en el
país. La compañía hizo una gira
por todas las provincias para
denunciar el atropello, y la FEU
organizó un acto de desagravio
en el estadio de la Universidad
de La Habana, el 15 de
septiembre, en el que habló el
líder estudiantil Fructuoso
Rodríguez, que sería asesinado
poco tiempo después.
En un artículo Waldo Medina
resumió el sentimiento
generalizado entre la gente
honesta: "la política
antidemocrática, antipopular y
negadora de los valores morales
y artísticos de la Patria, la
ofende (a Alicia) suprimiéndole
la modesta subvención que su
grupo coreográfico tenía. Al
ofenderla, han ofendido a Cuba".
Y añade: "Ya amanecerá. Para
Cuba y para Alicia".
El amanecer anunciado llegó dos
años después, cuando Alicia se
encontraba en Chicago. Regresó
de inmediato al país y se
enfrascó con Fernando en
reorganizar la compañía en las
nuevas condiciones. Ya el 3 de
febrero de ese propio año 59, a
menos de un mes de la victoria,
nuestro Ballet estaba
reapareciendo públicamente en el
Teatro "Blanquita".
Con la Ley No. 812 del gobierno
revolucionario, firmada el 20 de
mayo del 60 por Fidel, Dorticós
y Armando Hart, quedó
establecido el respaldo del
Estado al Ballet Nacional de
Cuba. A partir de este momento,
nuestro Ballet se consagra a los
empeños por democratizar la
cultura que están en las
esencias mismas de la Revolución
Cubana. Se presenta en
comunidades campesinas,
fábricas, talleres, escuelas.
Por otra parte, los éxitos
internacionales de Alicia y de
la compañía se multiplican.
El crítico Arnold Haskell
descubrió a mediados de los 60 a
nuestro Ballet y habló del
"milagro cubano"; habló de
Mirta, Josefina, Aurora y Loipa
como representantes de una nueva
escuela, de una escuela cubana.
Dijo que "con su baile se habían
situado no solo en nuestros
corazones sino en la historia de
siglos del ballet". The New
York Times, mientras tanto,
habló del sorprendente
espectáculo de "un pequeño país,
subdesarrollado y pobre,
proporcionando una de las
grandes escuelas de ballet del
mundo".
Sin duda, Alicia y nuestro
Ballet ya habían logrado en los
60 levantar frente al imposible
una obra firme, resistente al
tiempo, que seguiría creciendo
de modo deslumbrante. Era, sí,
"el milagro cubano". Como dijo
Cintio a propósito del triunfo
del 59: "todo lo que parecía
imposible, fue posible". Se
habían roto todos los fatalismos
para cumplir la quijotesca tarea
de crear desde nuestro país una
compañía emblemática y una
escuela única, que se instalaban
ambas por derecho propio en la
historia de siglos del ballet;
habían logrado (como decía aquel
manifiesto del 51) que Cuba se
convirtiera en uno de los
centros más brillantes del
ballet en el mundo entero. Ya
nadie podría arrebatarle ese
patrimonio vivo al pueblo
cubano. Y la gente en todas
partes gritaba, como quería
Alicia, ¡bravo por Cuba!, cuando
la veía bailar.
|
 |
Nuestro Ballet pertenece a lo
más preciado de la memoria
cultural de los cubanos y de los
amantes de la danza de todo el
planeta. Es un símbolo de
tenacidad y rigor, de quijotismo
revolucionario y de voluntad a
toda prueba. Es también un
símbolo de cubanía de la más
pura y raigal y de insaciable
vocación de universalidad y de
esa dialéctica martiana y
fidelista donde dialogan y se
juntan la patria y la humanidad.
Quiero felicitar y abrazar por
este 60 aniversario a Alicia, a
Fernando, a Loipa, a Aurora, a
Cheri, a aquellos que han
colaborado en el triunfo de esta
compañía, orgullo de Cuba, a
nuestra Escuela Nacional de
Ballet y a sus profesores, y a
todos y a cada uno de los
trabajadores del Ballet
Nacional.
Quiero además rendir homenaje a
los que no están físicamente con
nosotros y desearía
representarlos con dos nombres
inolvidables: Josefina Méndez y
Mirta Plá.
Este Festival internacional que
inauguramos hoy tiene ya, como
evento, 48 años de existencia y
es el más antiguo y prestigioso
de los que se celebran en el
campo de la danza a escala
mundial. Las cifras hablan por
sí mismas: 800 obras estrenadas,
más de 200 con carácter de
estreno mundial; más de 60
compañías danzarias extranjeras;
más de mil invitados de 57
países. Y todos los artistas han
venido a actuar gratuitamente
para el pueblo cubano.
Nuestro Festival se mantuvo en
los momentos más duros del
periodo especial, en los peores
momentos, en los más amargos,
cuando se derrumbó el socialismo
en Europa y arreció de modo
oportunista y cruel la política
de bloqueo y agresiones de los
Estados Unidos contra Cuba.
Hoy lo inauguramos en otra
coyuntura muy difícil, después
del paso de dos huracanes
devastadores que nos han dejado
pérdidas incalculables. Alicia
nos decía que después de la
catástrofe muchos invitados
extranjeros se comunicaron con
ella para reiterarle que ahora
más que nunca querían venir a
Cuba y hacerse presentes aquí
con su afecto y su solidaridad.
Llegue nuestro agradecimiento a
todos estos amigos entrañables
de Alicia, del Ballet Nacional y
de nuestro país.
En una reciente conferencia de
prensa, hace unos pocos días,
Alicia señaló que quería dedicar
este festival "a un pueblo digno
como el nuestro". Y añadió:
"Estamos celebrando 60 años del
triunfo de nuestro Ballet, un
triunfo de la cultura cubana.
Eso significa que existimos, que
estamos vivos y que seguiremos
adelante con nuestros valores,
con nuestro derecho a existir".
Es así: ni huracanes ni bloqueos
ni agresiones van a impedir que
sigan adelante nuestro Ballet y
nuestra cultura ni que siga
adelante este pueblo digno tan
querido por Alicia y que tanto
la quiere a su vez y que tanto
la admira.
Muchas gracias. Muchas
felicidades.
Palabras en la
inauguración del XXI Festival
Internacional de Ballet de La
Habana |