|
Crecer como
trovador
por Pedro de la Hoz
Cuando Ángel Quintero comenzó a repartir y compartir canciones
entre sus amigos y todo el que quisiera oírlo allá por los
tempranos 70, no dio lugar a dudas: sabíamos, nosotros y él, que
había nacido un trovador.
|
 |
Llegó a la canción cubana ungido por los aires renovadores de la
Nueva Trova, pero también de las músicas populares urbanas no
siempre visibles en tiempos donde el pop anglo y más aún el
latino, y el de las “melodías amigas” —ay, Chris Doerk, Bisser
Kirov, Karel Gott, Edita Pieja— llenaban el éter, las pocas
tiendas de discos y los teatros de la capital.
Entre esas músicas urbanas contaban, además, boleros y sones,
rumbas y guarachas, que en el caso de Angelito —como en el de
sus cofrades Virulo y Carol— impidieron que cediera tanto ante
la opción de codearse con el “tojosismo” oportunista que algunos
cultivaron, como a la de vestir un poncho y simular una
epidérmica pertenencia a la cultura andina.
Por demás, el trovador venía asistido por una ética familiar: en
casa de Angelito no había lugar para banalidades ni lentejuelas.
No hay que prestar demasiada atención a los aniversarios. Que
ahora se cumplan 35 años de vida artística y 25 de carrera
profesional de Ángel Quintero no son más que pretextos para
revisitar una obra encomiable por su alcance y carácter.
La mejor prueba de ello está en la actualidad de temas que han
resistido el paso del tiempo. No solo se trata de que “Solamente
una ventana”, “Tumbao” o “Corazón, corazón” —o los que cobraron
aliento en la nunca olvidada ópera-trova “Donde crezca el amor”—
sean ineludibles referencias en la banda sonora de los cubanos
de los 80, sino de que cuando son escuchadas por generaciones
sucesivas, la calidez de la recepción demuestra la permanente
vitalidad de esas canciones.
|
 |
Otra zona particularmente intensa del quehacer de Ángel se sitúa
en la experiencia que dio lugar a “Paisano”. No creo que haya
otro testimonio artístico musical tan penetrante y lúcido sobre
la diáspora como esa colección que hilvanó el trovador en medio
de tribulaciones personales y colectivas. Ni canción tan aguda
como “Identidad” en que se aborden las paradojas y encontronazos
que nos depara la llamada aldea global.
Varios de esos temas antológicos nutren el repertorio que se
escucharán en este concierto, a la vera del Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, hogar por excelencia de los
trovadores cubanos de nuestros días.
Pero, también podrá escucharse la continuidad y la consecuencia
del trabajo de Angelito en recientes fechas. Nada humano le es
ajeno a un cantor que, si bien no se considera un cronista per
se, le entra con la manga al codo a conflictos y sentimientos
del hombre común en esta tierra. Todo esto sazonado unas veces
por un buen fundado lirismo, y otras por dosis de ingenio, sin
faltar el ingrediente de un humor vernáculo inteligente y
fecundo.
Ángel Quintero no ha dejado de crecer como trovador.
Ha logrado esa rara virtud de parecerse tanto a sí mismo, como a
su época, sin traicionar a uno ni a la otra. Y eso es bastante.
(La Habana, octubre de 2008) |