Año VII
La Habana
2008

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Crónicas de la Revolución (6Ta Parte)
Aniversario 50 de la invasión rebelde
William Gálvez • La Habana

Muy temprano en la mañana del viernes 22 de agosto y listos para la partida, el Comandante hizo una distribución provisional de los oficiales y soldados que integrarían las distintas unidades de la Columna Nº 2 Invasora Antonio Maceo.  

Luego de esta actividad, Camilo pronunció palabras muy apropiadas a la misión encomendada:

“Bajaremos al llano y en esta oportunidad la estancia allí será mayor, dijo. También aclaró que en lo adelante deberíamos cumplimentar tarea más peligrosas. Agregó que la Columna Invasora cumpliría su cometido y que la bandera cubana —junto a la insignia de la columna— llegaría a su destino.

Siempre sobrevivirán compañeros para realizar esta misión histórica, advirtió. Sus palabras fueron sencillas, pero de un gran sentido revolucionario, por último, dijo: El que lo desee, puede quedarse.”

Nadie aceptó.

Hay compañeros que dicen que Camilo informó que marcharíamos hasta Pinar del Río, y otros que leyó la orden de Fidel, a los que decimos que no pudo hacerlo, tal como tampoco lo hizo Che al hablarles a los integrantes de su columna:

JOEL IGLESIAS: “En esta reunión, por razones elementales de seguridad, no se le dijo al personal hacia qué lugar exactamente íbamos, ni cómo se realizaría el traslado. Sencillamente se planteó bajar al llano.” (Ob. Cit. p. 47.)  

La marcha comenzó poco después de las 07: 00 horas. Fue un recorrido de 23 kilómetros de “sube y baja”, acompañado de un fuerte aguacero. Pasamos cerca de donde descansan los restos de Paz y su compañero. La marcha fue dura, pero no agotadora aunque para algunos sí lo fue, ya que los componentes de la columna, en su mayoría, eran curtidos combatientes de la Sierra.

Llegamos de noche a Guasimilla de Naguas. Se dieron instrucciones para preparar la comida y se acampó. Después de comer y secarnos la ropa, comenzamos a leer en voz alta, para los que allí se encontraban, el libro Crónicas de la guerra, de José Miró Argenter, jefe de Estado Mayor de Antonio Maceo, en los días de la gesta independentista. Desde que Camilo conoció cuál sería su nueva misión, consiguió ese libro y comenzó a leerlo con fines de estudio. Solo el intenso trabajo organizativo de la columna, las inclemencias del tiempo, la persecución y emboscadas del enemigo en los siguientes días, pudo interrumpir esta lectura. 

Che se traslada de la comandancia hacia el Purial, para seguir conformando la columna invasora y esperar la llegada de un avión. Sigue buscando armas:                    

                “Agosto 22/58

Miguel o quien sea:

Debe entregarle al Vaquerito 3 Cristóbal y Springfield que pertenecen a esta columna. / Los que quedan desarmados deben resolver eso el comandante jefe.

               Che” 

Después de un desayuno fuerte, el sábado 23 de agosto comenzó la marcha. Una gran caminata esperaba a los columnistas de la Antonio Maceo. En esta oportunidad el trayecto sí fue agotador, al extremo de que dos compañeros se desmayaron. Estos se habían incorporados durante la reciente campaña de Camilo en los llanos y no estaban acostumbrados a las lomas. Lo cierto es que todos sentimos la travesía, fundamentalmente el ascenso a La Rondana, una loma sin vegetación que comenzamos a escalar cerca de la media mañana, en los momentos en que el Sol ya se hacía sentir con fuerza. Camilo ordenó una marcha rápida para evitar que la aviación pudiera sorprendernos durante su desfavorable subida.

Después de más de diez horas de intensa caminata, cuando las últimas luces de la tarde se fundían con las primeras sombras de la noche, llegamos a Manacas, donde operaba un campamento de escopeteros dirigidos por Pocholo Núñez. La estancia allí fue inolvidable para nosotros, pues después de reponer un poco las fuerzas, se organizó un “guateque” de despedida en casa de Francisco Hernández. Aquella noche pasamos unas horas muy felices: un conjunto de la zona (con guitarras, bongoes, claves y maracas) tocó todo su repertorio —recuerdo la guaracha: “A mí me gusta la calabaza”—, se consiguieron varias botellas de ron y se elaboró el típico “chiringo”: ron, jugo de naranja (dulce o agria) o limón, agua y hielo si hay.

Sacrificaron una res y fue comida con arroz y viandas. En aquel “guateque” todos cantamos y bailamos y se formó un trío, compuesto por Cantallops, que tocaba guitarra y cantaba bien, Camilo y yo. No lo hacíamos bien, pero alegrábamos el ambiente. Nuestras canciones favoritas eran: “Camino verde”, “Échame a mí la culpa”, convertida a parodia, “Las tinieblas de la noche”, “Diez años”, “Si yo fuera rey”, “La barca”, “Espinita”, etcétera.

Nos visitaron varias familias, que acudieron a saludarnos y, a la vez, despedir con una mezcla de satisfacción y tristeza a muchos componentes de la tropa, entre los que marchaban hijos, esposos, hermanos, primos, novios y amigos. Huelga decir el trato tan llano y abierto que nos dispensaron, y la simpatía que sentían por nuestra causa. Entre aquellas familias recordamos a los Núñez, Castellanos, Fonseca y Ruiz. La fiesta duró hasta la madrugada; fue una noche inolvidable en lo que sería nuestro último campamento en las montañas orientales. 

Este día Che esperó en la cercanía de Cienaguilla un avión procedente de los EE.UU., sobre este hecho escribió:

“Fidel

El avión no trajo la maravilla andante como ya sabrás. Le dije a Pedro L. (Díaz Lanz, traidor) y lo mismo le dijeron todos que manden parque 30.06 y M-1 yo le dije que los tirara en paracaídas con pintura lumínica y globos (invento de Horacio). De lo que llega me interesa un antitanque, algún M-2 (si lo hay) y garand. Mañana tendré una reunión para finalizar el ajuste en la tropa, botaré a algunos y quizá un teniente. Vaquerito no ha aparecido todavía. Después del ajuste te mando la lista de hombres con sus balas.

Yo esperaré tres días para ver si mandan balas. Pedro Luis quiere que le cuente cómo está la cosa todos los días. Hoy no ha habido movimiento en esta zona.

           Che

          10:10 p.m. 23/8/58”

Además de las armas, el transporte aéreo trajo una planta de radio, bastante pesada. El avión pudo regresar sin problemas.

Según parte de la Fuerza Aérea del Ejército (FAE), realizaron, desde el amanecer hasta que finaliza la luz del día, 12 misiones contra las montañas del sur oriental, además de bombas y balas, dejaron caer 32 botellones con sustancias químicas. Esto constituye el plan “Saturación” ordenado el pasado 19 por Tabernilla. De acuerdo al mismo documento, este día 23 regresó a incorporarse a las operaciones en la Sierra Maestra, el batallón 11, del que fuera jefe uno de los más osados oficiales castrenses, pero a la vez, de los más criminales y ladrones, el teniente coronel Ángel Sánchez Mosquera.

El Diario de la Marina, del pasado 19 de agosto de 1958, destacó en sus páginas un festivo almuerzo que le brinda el alto mando en la ciudad militar capitalina, donde hacen elogio del referido oficial y sus subordinados (este no estaba presente). “se distinguió por su coraje y la entereza en todas las acciones en que tomaron parte”. Sin embargo, no dicen el estado de gravedad en que el “Ángel Diabólico” salió de la Sierra: un balazo en la cabeza que lo dejó parapléjico, ni mencionan los muertos y heridos que se le causaron a su unidad en su cacareada ofensiva.

Continuará…

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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