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En tiempos de mezcla y explosión
de valores, la realidad juega a
recombinarse como un guión de
cine. Como un storyboard.
La necesidad de mitos sigue
produciendo héroes que, al menos
en las páginas donde esos
dibujos imitan o prefiguran una
noción de vida, nos salvan de
toda catástrofe. Comikazes es un
juego que solo en la superficie
se pretende suicida, porque sabe
de su posible resurrección
mediante el intercambio de
roles. Diseñadores gráficos y de
vestuario juegan al cómic, al
storyboard, a prefigurar la
vida mediante el ejercicio que
con mayor rapidez se va haciendo
norma hoy entre los humanos: lo
interactivo. Sobrepasando
convenciones, rebasando límites
en un sentido lúdico que subraya
lo curioso del propio juego,
estos artistas han tomado de las
disciplinas de unos y otros para
imaginar personajes, historias,
argumentos, o células de posible
expansión en próximas aventuras.
La clave que dispara este
proyecto radica en ese
contrapunto, en el instante en
que "el gráfico" se cruza con el
diseñador de vestuario y juntos
crean otra visualidad. El acento
suicida, tal vez, se ubique ahí
donde la exposición confiesa no
aspirar a la simple comodidad de
la galería, sino a transformar
su propio carácter en una
combinatoria que reniega de la
frialdad y la pared que alberga
las obras como objetos
convencionales. En un panorama
que promete hacerse cada vez más
reactivo, la interrelación de
estos creadores adivina otro
paisaje, promete cruces
venideros que tal vez nos hagan
volver los ojos a las galerías
en busca de algo menos
previsible. Las piezas
resultantes son esa paradoja a
ratos tan deseable: un cadáver
exquisito lleno de otra noción
de vida, cuerpos tejidos por
manos diversas que poco a poco
reconocen la unicidad de sus
miembros a través de una nueva
forma de mirar y admirarnos. No
sé a usted, pero a los
dibujantes de Marvell les
encantaría entrar de lleno al
mundo de los Comikazes. |