Año VII
La Habana

22 al 28 de NOVIEMBRE
de 2008

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Comikazes… on target… КУБА−С−XXI

Nahela Hechavarría Pouymiró • La Habana

 
 
Imaginar fue la premisa. Diseñar, el modo de dar cuerpo a una idea que, sin otra intención fuera del deseo de generar nuevos terrenos para el arte, prometía ser un salto al vacío. Esperando poco y deseando mucho, un grupo heterogéneo de jóvenes diseñadores se iniciaron en la empresa de crear, a partir de la estética del cómic y su cultura, una propuesta integral en la que confluyen la gráfica, el diseño de vestuario y las más diversas inquietudes artísticas.
 

Resultado: Comikazes, un proyecto colectivo que imbrica ambas ramas del diseño (gráfico y de vestuario) con un concepto más bien inclusivo, que limitante. Toda influencia, fuente, idea —siempre sobre la base de un criterio estudiado— fue válida y aceptada dentro del proceso creativo. Como especie de “laboratorio-taller”, Comikazes se caracterizó por analizar colectivamente las soluciones que iban alcanzándose en función de cada una de las propuestas. De hecho, se partió de una visión dual, trabajándose de forma conjunta el diseño de la historieta y su vestuario para lograr un producto único que luego se ponía a consideración del grupo. Bien mirado, este modus operandi ha sido el que más éxitos ha cosechado en los trabajos de grupos creativos en el campo de la publicidad, el cine o el teatro.

En el pasado siglo, el cómic contó con una larga lista de artistas gráficos que contribuyeron a fundar una tradición con miles de seguidores en el mundo entero. En Cuba, conquistó un lugar muy especial marcando etapas específicas dentro del devenir cultural de la Isla, destacándose los años 80 como el momento de mayor auge, distribución y producción nacional; así como de influencia en el desarrollo de otras manifestaciones, por ejemplo, el dibujo animado. Luego de unos años 90 escasos en materiales y ediciones, con la pérdida y desaparición de la mayoría de las revistas de historietas y suplementos humorísticos, es interesante cómo pese a que ninguno de los 19 diseñadores presentes en esta muestra son historietistas de profesión, abogan por sus códigos estéticos y encuentran en el cómic una motivación para su obra.

Estos comikazes no pretenden erigirse en la “nueva generación” de historietistas cubanos, con los compromisos y reglas que esto supone, si no apenas apuntar un espacio de posibilidades creativas ilimitadas. La idea de presentar una página de historieta magnificada (150 x 90 cm) que funge necesariamente como fragmento de una historia mayor —quizá ni siquiera definida totalmente— nos lleva a la idea de uso del cómic como reclamo visual, pretexto para concebir realidades y mundos disímiles que serán recreados y redimensionados en la galería. De hecho, el aspecto narrativo no es el centro de atención, aunque necesariamente al emplear la estructura de página de historieta con su secuencia de viñetas, se presente un pequeño relato.

Por otro lado, si bien el cómic en sus inicios descubrió y se focalizó hacia un potencial público infantil y juvenil de gran importancia para su instauración y permanencia, actualmente existe todo un mercado y circulación dirigida a un consumidor adulto con intereses a la vez que diversos muy específicos. Comikazes se orienta hacia este último, aun cuando es posible rastrear en algunos de los trabajos la influencia de la memoria individual y la niñez como referencia (“4y20”, de Erick Silva/Roberto Ramos /Karen Rivero).

La pluralidad de temáticas presentes en Comikazes abarca también el plano formal: desde el empleo de la tipografía hasta la influencia (consciente o no) de corrientes pictóricas como el neoexpresionismo o la neofiguración latinoamericana. Igualmente, la impronta de la estética de la ilustración y el humor, hasta cierto punto corrosivo, es más acentuada en algunos (“Los animales”, de Gustavo Gavilondo/Lauren Fajardo, o “Asilum”, de Nelson Ponce/Roberto Ramos); así como la caricatura y lo grotesco en otros (“Circus”, de Edel Rodríguez/Lizandra Ramos, o la propuesta de Juan Carlos Polo/Lauren Fajardo/Alexis Polanco).

Es interesante percibir también planteos de tipo filosófico en el dueto Carlos Mondeja/Yalí Romagoza o en “El rojo y el gris”, de Raúl Valdés/Anayce Figueroa/Yandi Morgado. Asimismo, encontrar reflexiones acerca del poder de la moda y su relación con la identidad (Standard, de Giselle Monzón/Karen Rivero), conviviendo con experimentos que no cabrían dentro del concepto tradicional de cómic y expanden sus límites ya sea desde el uso del lenguaje tipográfico como tema (Daniel Díaz/Raquel Janero) o del cuerpo como portador/productor de una historia (Papiroflexia, de Michelle Miyares/Alexis Polanco).

Sin duda, Comikazes es un proyecto inclasificable, que se aleja de fórmulas y categorías a priori. No solo porque haga uso del cómic norteamericano y latinoamericano, del manga japonés y la historieta cubana como tradiciones de referencia, o que en el plano del vestuario el espectro transite del minimal o la estética punk, a la apariencia naif ("hecho en casa") o incluso futurista; sino porque echa mano a todo elemento, técnica y concepto sin complejos ni culpa. En una palabra, la libertad de desarrollar una idea hasta sus últimas consecuencias. Se trata de recrear la atmósfera reflejada en el cómic en el espacio de la galería para que el lector/espectador participe directamente de la acción que se presenta. De esta forma, Comikazes lleva al cómic y su estética a una nueva dimensión, diríamos espacial o escenográfica, casi teatral, que trae a la vida lo más cercano o lejano, real o irreal con el mismo encanto y misterio que produce aún el cine o la música.

Si diseñar es prever, definir y proyectar en función de comunicar ideas de la manera más eficaz posible, Comikazes es también eso, pero sobre todo un divertimento que, liberado del encargo usual en todo trabajo de diseño, encuentra la espontaneidad y el espíritu de una generación, un contexto, una época: Cuba, siglo XXI.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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