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El manga (cómic japonés)
y el anime (dibujo
animado) se han convertido en
Japón en un entretenimiento
indispensable para niños y
adolescentes y han llegado a
cautivar también a los adultos.
Esta gran aceptación se debe no
al hecho de que una obra sea
acogida por varias generaciones,
sino a que cada obra se dirige a
un público en especial.
Asimismo, hay obras destinadas a
niños pequeños, a alumnos de la
enseñanza primaria, a jóvenes
adolescentes, a adultos…, y así
se logran establecer
peculiaridades en cuanto a la
generación de destino.
Dentro de la amplia gama de
obras destaca en especial el
filme La Princesa Mononoke,
de Hayao Miyazaki, director cuya
creación logra abarcar todas las
generaciones de espectadores.
Pero, ¿cuándo y bajo qué
circunstancias se desarrolló
este tipo de cómic y anime
japonés?
Lo más cercano a los cómic
actuales fue publicado en el
siglo XII por Toba Sôjô con sus
caricaturas de pájaros y
bestias. Este estilo, basado en
la personificación de animales
como el conejo, la rana y el
mono, entre otros, constituye el
origen del manga en
Japón. Asimismo, a inicios del
siglo XIX aparece la obra de
Katsushika Hokusai, Hokusai
manga (1814-1849, Bocetos
de Hokusai), conocido
artista del ukiyo-e
(xilografía del período Edo). La
exageración de los rasgos de los
personajes y animales
caracterizó al manga de
entonces.
A finales del siglo XIX, bajo la
influencia de la cultura
occidental, se publica un gran
número de revistas cómics
especializadas en temas
satíricos dirigidas a adultos.
No es hasta la década de 1930
que aparecen los cómics
destinados totalmente a los
niños. Sin embargo, la rápida
expansión de la cultura del
manga se produce alrededor
de los años 50 gracias a la
labor de Tezuka Osamu. En el
mundo del manga que hasta
entonces se caracterizaba por
historias relativamente cortas y
simples, aparece la obra de
Tezuka, que con disímiles temas
como la ciencia ficción
futurista, los problemas
étnicos, la guerra, etc. logra
aumentar considerablemente el
número de lectores de este
género. Se dice que el
desarrollo actual del manga
japonés se debe sin duda alguna
a Tezuka Osamu.
Como resultado de su labor,
continuaron aumentando las
publicaciones de revistas y
libros de historietas (manga),
y en 1995 el número de
publicaciones anuales alcanzó la
cifra de 1 600 y 700 millones
de ejemplares respectivamente.
Este fenómeno permitió conocer a
Japón como el “Imperio de las
Mangas”.
En la actualidad, pese a que
estas cifras han tendido a
disminuir, el manga sigue
siendo un elemento de profundo
arraigo a la cultura japonesa.
Junto al manga, el
anime japonés constituye un
entretenimiento que goza de gran
popularidad entre niños y
adultos del mundo entero. El
animado japonés se transmite
sobre todo en la televisión, y
actualmente se presentan
alrededor de 70 títulos
semanales. Por otra parte, se
estrenan anualmente cerca de 10
producciones cinematográficas,
lo cual muestra sin duda alguna
que Japón es el líder mundial en
este aspecto.
La evolución del anime
desde el punto de vista
histórico se puede dividir en
cuatro etapas. La primera etapa
abarca la década de 1940, en
plena Segunda Guerra Mundial.
Hasta ese momento solo se habían
realizado unos pocos con fines
publicitarios y didácticos. Pero
durante la guerra, el ejército
—principalmente la marina—
comenzó la realización de
animes. La Marina, al
percatarse de que el anime
era un medio facilitador a la
hora de transmitir cualquier
mensaje a los más pequeños, se
dedica a su realización para
usarlos como propaganda en su
afán por comunicar a los niños
el sentido correcto de la guerra
en cuestión.
Esto se convierte en un fenómeno
nacional y favorece la
adquisición de grandes sumas de
dinero por parte del ejército.
Por esta razón, para la
producción de anime se
pudieron hacer inversiones jamás
soñadas hasta entonces. A pesar
de que se manifestara cierto
rechazo al hecho de ver el
anime como un “arma”, no se
puede negar que al usarse tanto
presupuesto y personal
especializado, se logró una
producción que contó con equipos
y técnicas de alta calidad. De
manera irónica se podría decir
que gracias a la Marina, se
experimentó un salto en la
calidad de la animación
japonesa. (Momotaro no
Umiwashi [Momotaro and
the Sea Eagle]; Marina de
guerra, 1943).
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La siguiente etapa se ubica en
la década de 1960. En los años
50 y 60 también en Japón se
comienzan a realizar
largometrajes bajo la influencia
de Disney. Sin embargo, estos
dibujos animados no lograron
superar la popularidad de Disney
ni obtener el éxito comercial
esperado. Es entonces cuando
Tezuka Osamu, quien ya tenía una
amplia producción de mangas,
decide tomar su obra original
Astro Boy (Tetsuwan Atom,
en japonés) para la realización
de una serie animada para la
televisión. Esta forma de
realización del dibujo animado
es representativa del Japón —una
serie de animación de un
capítulo de 30 minutos por
semana— y constituye aún en la
actualidad un estilo único que
apenas se aplica en otros
países. Astro Boy se
tradujo en un gran éxito para la
animación japonesa y en la
televisión, como medio de
difusión, logró superar a Disney,
al mismo tiempo que se propició
el “descubrimiento” de un nuevo
estilo de animación.
Asimismo, se comprendió el
posible éxito de la animación
para la televisión tomando como
obra original a los mangas
de mayor popularidad. Se
evidenció además la estrecha
relación que se podía establecer
entre el manga y el
anime.
La tercera etapa se ubica en los
años 70. En este momento la gran
mayoría de los temas tratados en
las obras se dirigían a los más
jóvenes. Es entonces cuando
aparecen obras como Mobile
Suit Gundam, cuyos
personajes principales son
chicos de unos 15 ó 16 años,
sumidos en las penas y
preocupaciones propios de su
edad, en donde se tratan las
problemáticas relacionadas con
la adolescencia y sus retos y
donde la descripción sicológica
de los personajes es en extremo
complicada. Nace así una nueva
teleaudiencia, adolescentes de
15 a 19 años, que se identifican
con pasión con este tipo de
animación y sus temas.
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Finalmente, en la década de
1990, realizadores de dibujos
animados como Hayao Miyazaki (Mi
vecino Totoro;
La Princesa Mononoke),
Otomo Katsuhiro (Akira),
Oshii Mamoru (Ghost in The
Shell), crean obras que
incluyen a los adultos en sus
posibles espectadores, al mismo
tiempo que logran gran acogida
en festivales internacionales de
cine. El animado japonés se
convierte así en un arte capaz
de cautivar a grandes y chicos y
abordar con eficacia
innumerables temas e historias.
El animado japonés se destaca
por dos características
fundamentales: puede ser
disfrutado tanto por niños como
por adultos y aborda varios
temas e historias. El personaje
principal, en su paso por la
vida y en pos del crecimiento
humano, se enfrenta a disímiles
situaciones. Asimismo se tratan
temas como la ciencia ficción,
la guerra, los problemas
étnicos, el amor, la vida
estudiantil, entre otros.
Ahora bien, si comparamos los
animados franceses y
norteamericanos con los
nuestros, resalta la reducción
del movimiento en las escenas
como una característica muy
particular.
En El príncipe guerrero y la
conquista de la gran serpiente
(1963, Toei Animation
Studio) se sigue el estilo de
Disney utilizando cuadros de
extrema movilidad. Astro Boy
(1963, Mushi Production), en
cambio, muestra una gran
reducción de movimiento en cada
una de sus escenas, técnica muy
frecuente en la animación
japonesa. Hace algunos años, en
nuestro país, esta técnica de
reducción de movimiento de los
cuadros fue severamente
criticada y tildada de
“chapucería”.
Sin embargo, quisiera referirme
al respecto a una de las obras
del director de
La Princesa Mononoke,
Hayao Miyazaki. Se trata de
Mi vecino Totoro, realizada
en 1988. Este filme se remonta
al Japón de 1950 en donde dos
hermanas y su padre que vivían
en la ciudad se mudan al campo.
Las dos hermanas (Satsuki, la
mayor; Mei, la menor) disfrutan
a plenitud la vida rural y el
ambiente campestre. En la escena
que quisiera centrar mi
atención, una noche, las niñas
aguardan en la parada del
ómnibus el regreso del padre. Es
entonces cuando conocen a Totoro,
un monstruo gigante, guardián
del bosque. Las dos se
sorprenden mucho, pero al mismo
tiempo disfrutan sobremanera del
feliz encuentro con Totoro y su
gato-autobús.
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En esta escena, el hecho de la
inmovilidad de los cuadros es
algo que contrariamente invita a
la risa, se convierte en una
situación divertida. Desde este
punto de vista, el animado
japonés no indica que la
reducción de movimiento en las
escenas sea una “chapucería”,
sino más bien una herramienta
para enfatizar el verdadero
mensaje que se persigue. Aunque
originalmente se considere que
lo más importante del animado es
la riqueza del movimiento de los
dibujos, ¿por qué en Japón se
prefirió lo contrario?
La respuesta está en uno de los
secretos de la cultura
tradicional japonesa: la
influencia del concepto del
“MA”. Este concepto japonés no
tiene una equivalencia
lingüística exacta en inglés,
quizá tampoco en español u otro
idioma. El MA de forma general
se refiere a definiciones tales
como intersticio,
silencio, espacio,
vacío. En inglés podríamos
referirnos a space,
interval, buffer,
pause, blank, etc.,
pero en realidad no existe un
vocablo único capaz de expresar
toda la esencia del MA. Es un
concepto peculiar de nuestra
cultura. Este concepto estético
y filosófico a la vez aparece
representado a lo largo de
nuestra cultura tradicional en
la arquitectura, en jardines
tradicionales, en la pintura,
etc. Aun cuando en ocasiones el
movimiento del dibujo sea casi
nulo, esto no significa que la
escena se detiene. Al contrario,
en el caso de Mi vecino
Totoro es un recurso de los
realizadores para expresar la
comicidad de la situación y
transmitir al espectador las
emociones que se persiguen con
la escena.
Los animes más recientes
son obras basadas en los cómics
de mayor popularidad, como por
ejemplo Naruto, One
Piece, etc. Además, se
realizan obras dirigidas a
jóvenes adolescentes y/o un
auditorio más amplio que incluye
al joven adulto, mayor de 20
años. Muchas de estas series se
trasmiten en el horario de la
madrugada, entre las doce y la
una de la mañana.
Su realización parte de la
técnica de la inmovilidad de los
cuadros y trabaja sobre todo el
sentido estético de las
imágenes, así como la
originalidad de la historia (Earl
Monte Cristo, 2004;
Mononoke: el espíritu maligno,
2007)
Presentación de animados
(clasificación por géneros)
Ciencia Ficción: El anime
sobre ciencia ficción con temas
como la sociedad del futuro,
ciencia y técnica, el cosmos, el
viaje en el tiempo, etc. se
realiza en Japón desde hace
mucho tiempo y goza de gran
popularidad (Akira;
Innocence; Nausica of the
Valley of the Wind).
El robot como personaje
principal: En el sentido amplio
del género, se puede incluir en
la ciencia ficción. Dentro de la
animación desde hace mucho
tiempo los robots y las acciones
que realizan han gozado de gran
popularidad. Destaca en
especial, el carácter popular de
los animes en donde el
hombre (personaje principal) con
su manejo logra poner en acción
a enormes robots. Este género ha
alcanzado gran fama a nivel
mundial (Astro Boy;
Mobile Suit Gundam)
Chicas hechiceras: Dentro de los
animes destinado a los
niños, o más bien a las niñas en
especial, se han realizado una
buena parte de ellos en los que
aparece una niña hechicera. Se
puede decir que este género,
poco común en el mundo, es
típico de Japón. El tema que se
trata es bien diverso; va desde
la magia propiamente dicha y los
objetos que utiliza el personaje
principal, o sea la chica
hechicera (la varita mágica,
entre otros) hasta la mágica
transformación de la figura de
la protagonista (Sally the
Witch; Bishoujo Senshi
Sailor Moon [Seraimuun]).
Deporte: El béisbol y el fútbol,
en especial, gozan de gran
popularidad en Japón, razón por
la cual existen muchos animes
cuyos protagonistas son chicos
que practican estos deportes.
Por lo general, estos personajes
principales son jóvenes
adolescentes entre los 15 y 19
años sobre quienes la historia
que se representa no trata el
simple hecho de ganar o perder
en un encuentro deportivo, sino
que se centra al mismo tiempo en
los problemas a los que se
enfrentan los adolescentes, la
vida estudiantil, la amistad,
etc., logrando así la simpatía
de los espectadores. (Ookiku
furikabutte!; The
melancholy of Haruhi Suzumiya
[este último, aunque no
pertenece al género deportivo,
actualmente goza de gran
preferencia, ya que refleja la
vida estudiantil]).
Clásicos de la literatura:
Aunque en la actualidad han
disminuido considerablemente los
animados basados en obras
literarias famosas, en la década
del 70 y el 80 se experimentó
cierto apogeo en la realización
de este género. Se realizaron en
ese momento no pocos animes
que lejos de proponer las
aventuras y la fantasía, se
limitaron únicamente a describir
la vida cotidiana de sus
protagonistas. Este aspecto es
una de las particularidades de
la animación japonesa (Heidi,
Girl of the Alps).
Conferencia realizada el 25 de
octubre en La Habana por el
historiador de la animación
japonesa Dr. Nobuyuki Tsugata,
profesor de la Facultad de
Animación de la Universidad de
Kyoto y de la Universidad de
Gakusyuin.
Traductor: Alexander Paredes
González |