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En nuestro país, el cine de
animación ha tenido una evidente
y rápida evolución en los
últimos años. En parte quizá se
deba a la presencia de una
generación de jóvenes que han
inyectado ideas renovadoras a
los procesos productivos de los
animados cubanos.
El registro de fases de una
acción imaginaria, que al
proyectarse de manera
consecutiva produce una ilusión
de movimiento inexistente en la
realidad, es uno de los
conceptos de cine de animación
más esgrimido mundialmente. Pero
no resulta tan sencillo. Hace ya
más de cien años, en 1888, un
curioso francés creó el
praxinoscopio. Émile Reynauld
logró crear un juguete óptico
que llegó a proyectar películas
"de muñequitos" con música y
efectos de sonido, lo cual fue
un gran paso de avance para
aquella época. Desde entonces
hasta la actualidad se han
desarrollado un buen número de
técnicas para ese tipo de
realización. Pero fue durante la
época de las películas mudas y
los inicios de las sonoras que
aparecieron las principales
formas de ese quehacer.
El primer largometraje de
animados, perdido para la
historia del cine, fue mudo y
argentino: El Apóstol
(1917), de Quirino Cristiani.
Después de la Segunda Guerra
Mundial, EE.UU. consolidó el
llamado Cartoon con los
largometrajes de Disney.
Ocurrió también que en los
países de la antigua Unión
Soviética el estado promovió
intensamente la animación, por
lo que surgieron una inmensa
variedad de filmes. Cerca, la
producción de animes nipones
tuvieron gran éxito televisivo,
mientras que en Europa
Occidental sobresalían El
submarino amarillo, de
George Dunning y El planeta
salvaje, de Réne Laloux.
Al menos en los últimos 20 años
el cine de animación ha conocido
un desarrollo sin precedentes.
El mayor exponente de este
período, Disney, tuvo su momento
de mayor esplendor a principios
de los años 90 del pasado siglo
con películas como La Bella y
la Bestia, de Trousdale y
Wise. Posteriormente ha caído en
la repetición, el seguimiento de
las modas y el descrédito
político.
Por otro lado el anime japonés
se ha convertido en una de las
industrias más prolíferas del
planeta, y en Perú se creó en
2003 el primer estudio de
animación 3D de Latinoamérica, Alpamayo Entertaiment, que lanzó
su primer largometraje en 2005,
Piratas en el Callao.
Las herramientas para realizar
animaciones son numerosas.
Algunas técnicas computarizadas,
como las denominadas stop
motion, pixelación y
rotoscopía, son las más
utilizadas en nuestra Isla.
La era de la tercera dimensión
En la forma más tradicional, los
creadores dibujan sobre papel y
utilizan lápices de colores para
definir mejor las puestas en
escena y describir la acción.
Luego digitalizan la imagen a
través del escáner y le aplican
los efectos requeridos.
La duración de las puestas en
escena es tenida muy en cuenta.
El momento en que aparece cada
cuadro debe coincidir con la
pista de sonido, de otro modo se
notaría la extemporaneidad entre
lo que se ve y lo que se oye.
Este último punto denota muchas
veces la falta de
profesionalidad de algunos
trabajos que, gracias a la
masificación tecnológica, andan
rodando de flash en flash. Es
necesaria entonces una
coordinación perfecta entre el
diálogo y los movimientos de la
boca del personaje.
En los Estudios de Animación del
Instituto Cubano del Arte e
Industria Cinematográficos (ICAIC)
se cuenta actualmente con la
tecnología digital. Aun cuando
no han logrado manejar
completamente las técnicas más
avanzadas, la adquisición de
nuevos recursos ha implicado un
gran giro en la línea de
realización, en el aumento de la
productividad y en la reducción
de los costos.
“El cambio radical que ha
experimentado el cine de
animación en Cuba se debe
principalmente a la eliminación
total del uso de las láminas de
acetato. Aquel largo proceso de
filmación ha sido simplificado
por la tecnología digital”,
comenta Sila Herrera, directora
de animación del ICAIC.
En el mundo cada vez son más
frecuentes las aplicaciones en
3D, el arte de crear imágenes en
movimiento mediante
computadoras. Esta nueva técnica
ha permitido concebir novedosos
efectos especiales en el dibujo
animado, en el cine realista y
en la propia animación 3D. Se
consigue además una perspectiva
virtual comparable con el manejo
de marionetas en el espacio
real, lo cual aporta a todas
estas ramas audiovisuales más
dinamismo y una imagen renovada.
La digitalización de la mayor
parte de los procesos de
producción de animados es la
clave fundamental de su
desarrollo actual.
En Cuba, entre los programas que
intervienen en este proceso,
están el Toonz, para escanear y
entablar, y el After Effect,
para componer imágenes y ultimar
la fotografía. El más utilizado
por las amplias opciones que
brinda es el Flash, con el cual
se puede incluso prescindir del
papel. Su uso se ha convertido
prácticamente en una línea de
trabajo.
“En nuestros estudios utilizamos
de manera predominante los
gráficos en 2D y el Flash para
realizar las animaciones.
También insertamos elementos en
3D en algunos fondos y detalles
de los efectos. Un ejemplo es el
videoclip musical
La Gatica Mini”,
explica Héctor Barrios, animador
del ICAIC.
Los resultados de esta nueva
forma de trabajo han tenido una
calurosa acogida por el público
infantil que se ha familiarizado
con nuevos personajes y ha visto
rejuvenecer a los ya habituales.
Algunos pequeños reclaman,
incluso, una mayor frecuencia en
la presentación de determinados
“muñequitos” que se ausentan de
la televisión por largos
períodos de tiempo.
Existen proyectos para continuar
renovando el trabajo de la
cinematografía de animación en
Cuba, lo cual, sin demeritar el
trabajo de los grandes, queda en
buenas manos desde el momento en
que se introducen novedosas
formas de hacer y de idealizar a
nuevos personajes que tendrán
que compartir la pantalla con
otros tantos y tantos ya
legendarios en la programación
infantil.
Las nuevas tecnologías mantienen
un ritmo acelerado de
desarrollo; exigen cada vez más
conocimientos y preparación por
parte de los profesionales para
lidiar con ellas.
Esta realidad implica
directamente a los jóvenes.
Ellos son los encargados de
innovar en esta nueva era de la
digitalización y de mantener la
originalidad de los dibujos
animados en nuestro país.
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