Año VII
La Habana

22 al 28 de NOVIEMBRE
de 2008

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ANIMIA 2008

Con Aramís Acosta, haciendo un storyboard 

Marianela González • La Habana

 
Para que el ánimo no tenga anemia, para que se animen a animar quienes llevan por dentro el bichito de la creación, surgió hace dos años el Festival ANIMIA. Juego de palabras que sintetizan el entusiasmo de quienes hoy hacen del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) un centro de referencia en Cuba, si de cine de animación se habla.

Allí, los estudiantes son como orquestas: organizadores, musicalizadores, coordinadores y hasta animadores, mientras el jurado se toma “unos minutos” para deliberar. Los curiosos aprovechamos la luz para radiografiar al público. A teatro lleno, fue imposible determinar la procedencia de cada grupo que se reunía para comentar lo visto; pero la oportunidad para ello llegó a la hora de la salida. En la puerta, unos 20 carnés indicaban el número de invitados: estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA), de la Universidad de La Habana, amigos y familiares de quienes competían con sus obras en ANIMIA.

El cine de animación en Cuba —no lo duden— tiene sus seguidores; pero el joven cine de animación en Cuba —créanlo— despierta hoy un interés que supera las expectativas de proyectos reducidos como ANIMIA, cuya intención inicial de constituirse como un espacio para que los estudiantes del ISDI se muestren entre ellos sus obras, ha quedado desplazada por una convocatoria mayor. 

El jurado dictamina por fin. Los tres premios —guión, animación y edición— han sido otorgados según un criterio que demanda originalidad, síntesis conceptual y propuestas estéticas interesantes. De los 12 cortos presentados, uno se lleva las palmas: Plan C, de Néstor Kim, una obra que sintetiza en sus pocos minutos la sencillez y el buen gusto, la filmación y la animación en una conjunción técnica y poética que nos impresionó a todos.

Termina ANIMIA, en su segunda convocatoria, pero los curiosos aún no estamos satisfechos. Aramís Acosta Caulineau, productor cinematográfico de los Estudios de Animación del ICAIC y miembro del jurado de ANIMIA 2008, nos lo contextualiza como parte de un debate mayor: ese que se generó a principios de este siglo, acerca de un arte que se impone como fruto del avance tecnológico y de cuyas urgencias son los jóvenes protagonistas. 

¿Cómo podríamos caracterizar, a grandes rasgos, el cine de animación que hoy nos proponen los jóvenes creadores cubanos?

La nueva tecnología permite realizar obras de animación desde nuestros propios hogares. De hecho, existe en Cuba un grupo inexplorado de jóvenes que incursionan en el género de manera autodidacta y esto, fríamente, pudiera parecer contraproducente, pues siempre pensamos que la academia es imprescindible.

Creo que sí, que es necesario conocer el lenguaje específico del género para dedicarnos a su realización; sin embargo, he podido estar presente en intercambios con muchos de estos realizadores "libres" y estoy impresionado con sus resultados. La diversidad estética es uno de los rasgos que caracterizan sus producciones y, sobre todo, un marcado interés en conceptualizar la lectura de la obra artística, lo que hace de ella un producto con tendencia a la intelectualización del mensaje. Recurrir al collage de imágenes, con propuestas contemporáneas en el diseño y los escenarios, es un elemento que está presente en un elevado porcentaje de sus obras y esto la enriquece. 

En los últimos años, los Estudios de Animación del ICAIC han recibido una especie de inyección joven, pero a la vez han sido años de gran interés en la animación por parte de jóvenes que no pertenecen a esta institución. ¿Cómo podríamos agruparlos y diferenciarlos en cuanto a estéticas, propuestas temáticas y conceptuales?

Los jóvenes que hacen el cine de animación con pocos recursos tecnológicos y casi siempre desde la propia habitación de sus hogares, son audaces en sus planteamientos temáticos y en la estética en general. Tienen mucho que decir y sus propias limitaciones tecnológicas les llevan a una síntesis del discurso que lo hace más atractivo.

A nivel de Estudio se hace una obra mucho más elaborada que en ocasiones cae en edulcoramientos y mensajes simples, pero con un elevado resultado tecnológico. La industria responde a ambiciosos planes anuales cuyo fin social es una máxima y que obliga a un ritmo de realización que no permite espacio para la experimentación formal. En ocasiones, se repiten fórmulas cuya agilidad nos permite cumplir con dichos planes, pero que su reutilización puede afectar en poco tiempo el resultado artístico.

Esto no quiere decir que en nuestros Estudios la producción sea una serie continua de lo mismo. De hecho, muchos de nuestros jóvenes buscan cada día fórmulas estéticas y de contenido que los acerquen mucho más a lo que el mundo del animado está haciendo.

Es necesario complementar lo bueno de ambas tendencias. 

Teniendo en cuenta este auge del cine de animación en Cuba y la  urgencia de propuestas entre los jóvenes creadores, ¿cree que son suficientes los espacios que hoy existen para su difusión?

En relación con la difusión del cine de animación en Cuba, considero que aún no es suficiente. Ha sido muy bueno conocer lo que hoy es un espacio vital para los jóvenes: la Muestra de Jóvenes Realizadores. Las obras que hemos podido ver en dicha muestra nos da la medida del discurso que se prefiere, de la búsqueda constante de nuevas formas y maneras y de la diversidad temática, que toca nuestro quehacer cotidiano sin ningún maquillaje ni dobles lecturas. Pero esto no es suficiente. Muchos realizadores de provincia quedan al margen por diferentes motivos y ahora es el momento de aglutinarlo todo, de confrontar cada trabajo y de exhibirlo en diferentes escenarios para que el público, especializado o no, tenga la posibilidad de opinar.

Los telecentros del país, los video-clubes, Festivales de Cine-Clubes, las iniciativas personales o grupales en torno a este tema de la difusión deben estar diariamente encima de la mesa. Es muy difícil hacer cine de animación. Es más difícil hacerlo con pocos recursos y con solo el entusiasmo que le provoque al realizador manifestarse en este género, por ello es que no podemos darnos el lujo de exhibir en círculos cerrados una parte mínima de la producción que se hace en el país. Esto afecta grandemente, en primera instancia, al propio realizador. Los jóvenes están en todo el derecho de tener un espacio permanente de confrontación y de divulgación de su obra artística y para eso, muchas instituciones y personas debemos estar en la disposición de lograrlo. 

Recientemente, participó como jurado en el Festival ANIMIA, que se realizó por segunda ocasión en el ISDI. ¿Cómo valora lo que allí se vio y cuál es su opinión sobre este tipo de iniciativas, teniendo en cuenta que este es un festival que surgió por iniciativa de los propios estudiantes?

El Festival ANIMIA del ISDI es un ejemplo mayúsculo de lo que se puede lograr con entusiasmo y sin recursos asignados. Mis relaciones personales con el ISDI me han permitido apreciar el acontecimiento de lo que es el acto puro de la creación a cada momento. Es un lugar donde se respira frescura, inteligencia, deseos de expresar artísticamente un mensaje y una búsqueda constante de nuevas maneras. En esta segunda edición he sido parte del jurado y pude apreciar la fuerza con que estos jóvenes están haciendo su cine de animación. Es evidente la falta de recursos pero también es evidente el talento de todos. ¿Qué pasaría si al ISDI se le asignara una inversión tecnológica para desarrollar el cine de animación entre sus estudiantes? Muchos de los Festivales de Cine dentro y fuera del país iban a contar con la presencia de un sinnúmero de obras de estos realizadores.

Sé que en esta edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana está en competencia una de estas obras del ISDI que también fue realizada con las mismas limitaciones de recursos a la  que me he referido anteriormente. 1

Estoy convencido de que el ISDI será en muy poco tiempo un escenario de referencia para los interesados en hacer el Cine animado. 

¿Qué considera que falta aún para apoyar a estos jóvenes creadores que no están afiliados directamente a los Estudios de Animación del ICAIC?

Si algo falta entre los realizadores del ISDI y también entre los que pertenecen a los Estudios de Animación del ICAIC, es la confrontación, el intercambio, la ayuda institucional. No somos realizadores de diferentes latitudes ni alejados en el espacio. Todos estamos por el mismo objetivo, todos queremos expandir esta manifestación artística como ha sucedido nacionalmente con la danza, el teatro, las artes plásticas y la música.

Si al ISDI le faltara un poco de academia en el género de la animación, debemos brindársela, debemos poner a su disposición a nuestros excelentes profesores y especialistas. Estoy seguro de que en este intercambio saldremos beneficiados todos. El ISDI tiene hoy muchas cosas interesantes para mostrar. 

1. Se refiere al corto de animación Cablefaction, de Jarol Cuéllar, estudiante del ISDI.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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