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Para que el ánimo no tenga
anemia, para que se animen a
animar quienes llevan por dentro
el bichito de la creación,
surgió hace dos años el Festival
ANIMIA. Juego de palabras que
sintetizan el entusiasmo de
quienes hoy hacen del Instituto
Superior de Diseño Industrial (ISDI)
un centro de referencia en Cuba,
si de cine de animación se
habla.
Allí, los estudiantes son como
orquestas: organizadores,
musicalizadores, coordinadores y
hasta animadores, mientras el
jurado se toma “unos minutos”
para deliberar. Los curiosos
aprovechamos la luz para
radiografiar al público. A
teatro lleno, fue imposible
determinar la procedencia de
cada grupo que se reunía para
comentar lo visto; pero la
oportunidad para ello llegó a la
hora de la salida. En la puerta,
unos 20 carnés indicaban el
número de invitados: estudiantes
del Instituto Superior de Arte
(ISA), de la Universidad de La
Habana, amigos y familiares de
quienes competían con sus obras
en ANIMIA.
El cine de animación en Cuba —no
lo duden— tiene sus seguidores;
pero el joven cine de animación
en Cuba —créanlo— despierta hoy
un interés que supera las
expectativas de proyectos
reducidos como ANIMIA, cuya
intención inicial de
constituirse como un espacio
para que los estudiantes del
ISDI se muestren entre ellos sus
obras, ha quedado desplazada por
una convocatoria mayor.
El jurado dictamina por fin. Los
tres premios —guión, animación y
edición— han sido otorgados
según un criterio que demanda
originalidad, síntesis
conceptual y propuestas
estéticas interesantes. De los
12 cortos presentados, uno se
lleva las palmas: Plan C,
de Néstor Kim, una obra que
sintetiza en sus pocos minutos
la sencillez y el buen gusto, la
filmación y la animación en una
conjunción técnica y poética que
nos impresionó a todos.
Termina ANIMIA, en su segunda
convocatoria, pero los curiosos
aún no estamos satisfechos.
Aramís Acosta Caulineau,
productor cinematográfico de los
Estudios de Animación del ICAIC
y miembro del jurado de ANIMIA
2008, nos lo contextualiza como
parte de un debate mayor: ese
que se generó a principios de
este siglo, acerca de un arte
que se impone como fruto del
avance tecnológico y de cuyas
urgencias son los jóvenes
protagonistas.
¿Cómo podríamos caracterizar, a
grandes rasgos, el cine de
animación que hoy nos proponen
los jóvenes creadores cubanos?
La nueva tecnología permite
realizar obras de animación
desde nuestros propios hogares.
De hecho, existe en Cuba un
grupo inexplorado de jóvenes que
incursionan en el género de
manera autodidacta y esto,
fríamente, pudiera parecer
contraproducente, pues siempre
pensamos que la academia es
imprescindible.
Creo que sí, que es necesario
conocer el lenguaje específico
del género para dedicarnos a su
realización; sin
embargo, he podido estar
presente en intercambios con
muchos de estos realizadores
"libres" y estoy impresionado
con sus resultados. La
diversidad estética es uno de
los rasgos que caracterizan sus
producciones y, sobre todo, un
marcado interés en conceptualizar la lectura de la
obra artística, lo que hace de
ella un producto con tendencia a
la intelectualización del
mensaje. Recurrir al collage
de imágenes, con propuestas
contemporáneas en el diseño y
los escenarios, es un elemento
que está presente en un elevado
porcentaje de sus obras y esto
la enriquece.
En los últimos años, los
Estudios de Animación del ICAIC
han recibido una especie de
inyección joven, pero a la vez
han sido años de gran interés en
la animación por parte de
jóvenes que no pertenecen a esta
institución. ¿Cómo podríamos
agruparlos y diferenciarlos en
cuanto a estéticas, propuestas
temáticas y conceptuales?
Los jóvenes que hacen el cine de
animación con pocos recursos
tecnológicos y casi siempre
desde la propia habitación de
sus hogares, son audaces en sus
planteamientos temáticos y en la
estética en general. Tienen
mucho que decir y sus propias
limitaciones tecnológicas les
llevan a una síntesis del
discurso que lo hace más
atractivo.
A nivel de Estudio se hace una
obra mucho más elaborada que en
ocasiones cae en edulcoramientos
y mensajes simples, pero con un
elevado resultado tecnológico.
La industria responde a
ambiciosos planes anuales cuyo
fin social es una máxima y que
obliga a un ritmo de realización
que no permite espacio para la
experimentación formal. En
ocasiones, se repiten fórmulas
cuya agilidad nos permite
cumplir con dichos planes, pero
que su reutilización puede
afectar en poco tiempo el
resultado artístico.
Esto no quiere decir que en
nuestros Estudios la producción
sea una serie continua de lo
mismo. De hecho, muchos de
nuestros jóvenes buscan cada día
fórmulas estéticas y de
contenido que los acerquen mucho
más a lo que el mundo del
animado está haciendo.
Es necesario complementar lo
bueno de ambas tendencias.
Teniendo en cuenta este auge del
cine de animación en Cuba y la
urgencia de propuestas entre los
jóvenes creadores, ¿cree que son
suficientes los espacios que hoy
existen para su difusión?
En relación con la difusión del
cine de animación en Cuba,
considero que aún no es
suficiente. Ha sido muy bueno
conocer lo que hoy es un espacio
vital para los jóvenes: la
Muestra de Jóvenes Realizadores.
Las obras que hemos podido ver
en dicha muestra nos da la
medida del discurso que se
prefiere, de la búsqueda
constante de nuevas formas y
maneras y de la diversidad
temática, que toca nuestro
quehacer cotidiano sin ningún
maquillaje ni dobles lecturas.
Pero esto no es suficiente.
Muchos realizadores de provincia
quedan al margen por diferentes
motivos y ahora es el momento de
aglutinarlo todo, de confrontar
cada trabajo y de exhibirlo en
diferentes escenarios para que
el público, especializado o no,
tenga la posibilidad de opinar.
Los telecentros del país, los
video-clubes, Festivales de
Cine-Clubes, las iniciativas
personales o grupales en torno a
este tema de la difusión deben
estar diariamente encima de la
mesa. Es muy difícil hacer cine
de animación. Es más difícil
hacerlo con pocos recursos y con
solo el entusiasmo que le
provoque al realizador
manifestarse en este género, por
ello es que no podemos darnos el
lujo de exhibir en círculos
cerrados una parte mínima de la
producción que se hace en el
país. Esto afecta grandemente,
en primera instancia, al propio
realizador. Los jóvenes están en
todo el derecho de tener un
espacio permanente de
confrontación y de divulgación
de su obra artística y para eso,
muchas instituciones y personas
debemos estar en la disposición
de lograrlo.
Recientemente, participó como
jurado en el Festival ANIMIA,
que se realizó por segunda
ocasión en el ISDI. ¿Cómo valora
lo que allí se vio y
cuál es su opinión sobre este
tipo de iniciativas, teniendo en
cuenta que este es un festival
que surgió por iniciativa de los
propios estudiantes?
El Festival ANIMIA del ISDI es
un ejemplo mayúsculo de lo que
se puede lograr con entusiasmo y
sin recursos asignados. Mis
relaciones personales con el
ISDI me han permitido apreciar
el acontecimiento de lo que es
el acto puro de la creación a
cada momento. Es un lugar donde
se respira frescura,
inteligencia, deseos de expresar
artísticamente un mensaje y una
búsqueda constante de nuevas
maneras. En esta segunda edición
he sido parte del jurado y pude
apreciar la fuerza con que estos
jóvenes están haciendo su cine
de animación. Es evidente la
falta de recursos pero también
es evidente el talento de todos.
¿Qué pasaría si al ISDI se le
asignara una inversión
tecnológica para desarrollar el
cine de animación entre sus
estudiantes? Muchos de los
Festivales de Cine dentro y
fuera del país iban a contar con
la presencia de un sinnúmero de
obras de estos realizadores.
Sé que en esta edición del
Festival del Nuevo Cine
Latinoamericano de La Habana
está en competencia una de estas
obras del ISDI que también fue
realizada con las mismas
limitaciones de recursos a la
que me he referido
anteriormente. 1
Estoy convencido de que el ISDI
será en muy poco tiempo un
escenario de referencia para los
interesados en hacer el Cine
animado.
¿Qué considera que falta aún
para apoyar a estos jóvenes
creadores que no están afiliados
directamente a los Estudios de
Animación del ICAIC?
Si algo falta entre los
realizadores del ISDI y también
entre los que pertenecen a los
Estudios de Animación del ICAIC,
es la confrontación, el
intercambio, la ayuda
institucional. No somos
realizadores de diferentes
latitudes ni alejados en el
espacio. Todos estamos por el
mismo objetivo, todos queremos
expandir esta manifestación
artística como ha sucedido
nacionalmente con la danza, el
teatro, las artes plásticas y la
música.
Si al ISDI le faltara un poco de
academia en el género de la
animación, debemos brindársela,
debemos poner a su disposición a
nuestros excelentes profesores y
especialistas. Estoy seguro de
que en este intercambio
saldremos beneficiados todos. El
ISDI tiene hoy muchas cosas
interesantes para mostrar.
1. Se refiere al corto de
animación Cablefaction,
de Jarol Cuéllar, estudiante del
ISDI. |