Año VII
La Habana

22 al 28 de NOVIEMBRE
de 2008

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Canciones cantadas por Silvio en el concierto

 

“Segunda cita” 

Quisiera empezar cada lienzo
con mejor fortuna.
Quisiera enmendar los comienzos
de todas las brumas.

Quisiera pegarme unas alas
y en una cornisa
soplar una dulce balada
que lleve la brisa.

Quisiera viajar al pasado
de cierta muchacha
que andaba de noche El Vedado,
liviana y borracha.

Quisiera volver a su vida
y allí convencerla,
para que con menos heridas
hoy pudiera verla.

El dolor que no curen los ángeles
ojalá que no pueda volver.
La canción que no canten los ángeles
sólo el viento la puede saber.

Quisiera ir al punto naciente
de aquella ofensiva
que hundió con un cuño impotente
toda iniciativa.

Quisiera ir allí con las cruces
del tiempo perdido
y hacer un camino de luces,
sin odio ni olvido.

El dolor que no curen los ángeles
ojalá que no pueda volver.
La canción que no canten los ángeles
sólo el viento la puede saber.

Quisiera dar vuelta a la rueda
que para en lo mismo:
un simple mortal que se juega
abismo y abismo.

Y, antes de darle al perchero
mis alas de atrezo,
quisiera dejar como fuero        
certeza y progreso.

El dolor que no curen los ángeles
ojalá que no pueda volver.
La canción que no canten los ángeles
sólo el viento la puede saber.


“En mi calle”

En mi calle hay una acera gris
donde se pegan las miradas
del que mira a dónde va.

En mi calle hay un banco que es
tan largo y blanco como el mármol
donde iremos a parar.

Yo no sé por qué son tan altas
las blancas ventanas que miran al cielo.

En mi calle el mundo no habla,
la gente se mira y se pasa con miedo.

Si yo no viviera en la ciudad,
quizás vería el árbol sucio
donde iba a jugar.

En mi calle de silencio está,
y va pasando por mi lado
―es un recuerdo desigual.

Yo no sé por qué estoy mirando,
por qué estoy cantando,
por qué estoy viviendo.

Yo no sé por qué estoy llorando,
por qué estoy amando,
por qué estoy muriendo.


“¿Adónde van?”

¿Adónde van las palabras
que no se quedaron?
¿Adónde van las miradas
que un día partieron?

¿Acaso flotan eternas,
como prisioneras
de un ventarrón,
o se acurrucan entre las hendijas,
buscando calor?

¿Acaso ruedan sobre los cristales,
cual gotas de lluvia
que quieren pasar?

¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

¿Acaso se van?

¿Y adónde van…?

¿Adónde van?

¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?

¿Adónde fueron a dar
tantas hojas de un árbol?

¿Por dónde están las angustias
que desde tus ojos
saltaron por mí?

¿Adónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?

¿Adónde van ahora mismo
estos cuerpos que no puedo nunca dejar de alumbrar?

¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

¿Acaso se van?

¿Y adónde van…?

¿Adónde van?

¿Adónde va lo común,
lo de todos los días:
el descalzarse en la puerta,
la mano amiga?

¿Adónde va la sorpresa
casi cotidiana del atardecer?

¿Adónde va el mantel
de la mesa,
el café de ayer?

¿Adónde van los pequeños terribles encantos
que tiene el hogar?

¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

¿Acaso se van?

¿Y adónde van…?

¿Adónde van?


“Locuras”

Hay locuras para la esperanza
hay locuras también del dolor
y hay locuras de allá donde el cuerdo no alcanza
locuras de otro color

hay locuras que son poesía
hay locuras de un raro lugar
hay locuras sin nombre
sin fecha
sin cura
que no vale la pena curar

hay locuras que son como brazos de mar
te sorprenden
te arrastran
te pierden
y ya

hay locuras de ley pero no de juzgar
hay locuras que son la locura
personales locuras de dos
hay locuras que imprimen dulces quemaduras
locuras de diosa y de dios

hay locuras que hicieron el día
hay locuras que están por venir
hay locuras tan vivas
tan sanas
tan puras
que una de ellas será mi morir


El día en que voy a partir”

No te muevas.
Quiero conservar este instante así:
tú junto a la ventana, como a contraluz;
yo echado en el lecho, queriendo mirar
los ojos profundos del sol
detrás de tu cuerpo feliz,
desnudo, desnudo. Y ya es
el día en que voy a partir.

No te muevas
si puede estar quieta la felicidad,
si puede volverse de piedra el amor.
Convierte en estatuas los días y el mar.

Quizá me comprenda mejor.
O al menos conforme ya esté,
repleto de piedras, sin sed
el día en que voy a partir.

No te muevas
y dime si es hora de irse a dormir.
Temprano me espera un sabor de mujer.

Lo llevo guardado en los ojos.
Y sé que un beso muy frío será
el beso que no me darás
las noches, los días después
del día en que voy a partir.


“Pedacito de papel al viento”

A mis amigos Marcos Huerta
y Vicente Garrido, en la eternidad 

Pedacito de papel al viento
es la mariposa bailadora.

Danza que te gira embrujadora,
enjugando negros pensamientos.

Ido a sus colores, tomo asiento
fuera del espacio y de la hora.

Desde allí la vida se demora,
obra y gracia de su encantamiento.

Hacia el ocaso, ya hace mucho
que yace en mi camisa oscura
su luz multicolor abierta.

Si hubo un dolor, ya no lo escucho.

Y en la fragante noche pura
vuela la mariposa muerta.


“No pienses, no digas”

No pienses
no digas que alguien está triste
que alguien está triste

que hay niños tras la puerta
que hay niños tras la puerta

que hay muertos comenzando
que hay muertos comenzando

no pienses

no digas


“Cuántas veces al día”

¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre?
¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?
¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

No busquen más alrededor.

Ustedes son.

No busquen más, no es el de atrás:
ustedes son.

No es el de al lado, no.

Eres tú mismo, sí.

El que sonríe bien,
el que sabe callar.

¿Cuántas veces al día?

¿Cuántas veces al día?

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida?

¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes?

¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?


“Sinuhé”

Tomando en cuenta la santa inocencia,
voy a cantarle a la vieja Bagdad
donde mis sueños bebieron esencias
y donde, en noches de luminiscencia,
de niño, zarpaba siguiendo a Simbad.

Algo debiera hechizar portaviones,
alguien debiera apretar un botón
que reciclara metralla en razones
y poderío en conmiseración.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.

Qué solo está Sinuhé.
¿Qué tal sigue usted?

Bajo las ruinas vagan inquilinos
de las leyendas que fueron maná.
Pasa la sombra infeliz de Aladino,
sin una lámpara para el camino
y sin el secreto de Alí Babá.

Algo debiera embrujar los misiles,
alguien debiera hacer estallar
el hongo de los derechos civiles
de los fantasmas que pueblan Bagdad.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.

Qué solo está Sinuhé.
¿Qué tal sigue usted?

Ahora es escoria el papel sorprendente
de Sherezada en su lecho nupcial.

La orden de fuego la dio un disidente
de la cultura, la carne, la mente,
el sueño y la vida que no sea virtual. 

Mil y una noches para la malicia,
mil y una noches de intimidación,
mil y una noches de fuego y codicia,
mil y una noches sin dios ni perdón.

Qué solo está Sinuhé
de amor y de fe.

Qué solo está Sinuhé.
¿Qué tal sigue usted?


“El gigante”

Un gigante,
cuando era infante,
lanzaba pedos
que daban miedo.

Y aquel bellaco
a un gran saco
fue traspuesto,
por molesto.

El gigante,
porque era infante,
gritó tan duro
que hasta el futuro
llegó su queja,
cierta y vieja
como un viento
descontento.

No se sabe si al fin la ley
supo tratar gigantes
poco elegantes,
pero de ley.

Dale a tu niño besos,
pues para eso
nos llora el rey.


“Oda a mi generación”

A los veintisiete días de mayo
del año setenta
un hombre se sube
sobre sus derrotas, pide la palabra
momentos antes de volverse loco.

No es un hombre,
es un malabarista de una generación.

No es un hombre,
es quizás un objeto de la diversión;
un juguete común de la Historia
con un monograma
que dice: «bufón».

Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer
en el pasado y que no volveré.

Es por eso que un día
me vi en el presente,
con un pie allá donde vive la muerte
y otro pie suspendido en el aire,
buscando lugar,
reclamando tierra del futuro
para descansar.

Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio. 

Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos
hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos.

Porque hay que decir
que hay quien muere sobre su papel,
pues vivirle a la vida su talla
tiene que doler.

Nuestra vida es tan alta ―tan alta―
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento
pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir
que no puedo alcanzar.

Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.

Sé que hay que seguir navegando.

Sigan exigiéndome cada vez más,
hasta poder seguir
o reventar.


La canción de la Trova”

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.

Las cosas suelen transformarse
siempre, al caminar.

Pero tras la guitarra siempre habrá una voz
más vista o más perdida,
por la incomprensión de ser
uno que siente,
como en otro tiempo fue también.

Hay corazones que hoy también se sienten detenidos,
aunque sean otros tiempos hoy
y mañana será también.

Se sigue conversando con el mar.

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo.

No importa la palabra que se diga para amar.

Pues, siempre que se cante con el corazón,
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra,
sin envejecer.


“Te doy una canción”

Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio.

Cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.

Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida.

Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.

Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.

Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor.

Y si no lo apareces, no me importa:
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera, me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando.

La gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.

Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.

Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.

Te doy una canción y digo Patria,
y sigo hablando para ti.

Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.


“Tonada del albedrío”

Dijo Guevara el hermoso,
viendo al África llorar:
en el imperio mañoso
nunca se debe confiar.

Y dijo el Che legendario,
como sembrando una flor:
al buen revolucionario
sólo lo mueve el amor.

Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.

Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.

Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal.


La gota de rocío”

La gota de rocío
del cielo se cayó
y en ella el amor mío
la carita se lavó.

Pero era tan temprano
que no salía el sol
y se helaron las manos
y mejillas de mi amor.

Creí que las estrellas
la iban a buscar
y que en su cara bella
se ponían a jugar.

Me dijo tengo frío
acércame calor
y fui con tanto brío
que encendí su corazón.

Y mientras la besaba
me dijo en un temblor
esto es lo que faltaba
para que saliera el sol 

Oh gota de rocío
no dejes de caer
para que el amor mío
siempre me quiera tener.


“Playa Girón”

Compañeros poetas,
tomando en cuenta
los últimos sucesos en la poesía,
quisiera preguntar ―me urge―
qué tipo de adjetivo se debe usar
para hacer la canción de este barco
sin que se haga sentimental,
fuera de la vanguardia o evidente panfleto,
si debo usar palabras
como Flota Cubana de Pesca
y Playa Girón.

Compañeros de música,
tomando en cuenta esas politonales
y audaces canciones,
Quisiera preguntar ―me urge―
qué tipo de armonía se debe usar
para hacer la canción de este barco
con hombres de poca niñez,
hombres y solamente hombres sobre cubierta,
hombres negros y rojos y azules,
los hombres que pueblan el Playa Girón.

Compañeros de Historia,
tomando en cuenta lo implacable
que debe ser la verdad,
quisiera preguntar ―me urge tanto―
qué debiera decir, qué fronteras debo respetar.

Si alguien roba comida y después da la vida,
¿qué hacer?
¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?
¿Hasta dónde sabemos?
Que escriban, pues, la historia, su historia,
los hombres del Playa Girón.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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