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El Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau decidió
instituir, en 1998, el
Premio Pablo, que será
otorgado, por una sola vez, a
personalidades e instituciones
cubanas y de otros países que se
hayan destacado en
investigaciones, obras de
creación y acciones encaminadas
a promover y defender los
valores de la identidad cultural
y la solidaridad entre los
pueblos.
El Premio también será otorgado
a personalidades e instituciones
relacionadas de alguna forma con
la vida y la obra de Pablo de la
Torriente Brau
—cronista
incesante, creador imaginativo,
luchador antifascista y
antimperialista—y que hayan
hecho suyos esos valores en el
mundo de hoy.
El Premio quiere enfatizar las
premisas éticas, humanas y
comprometidas de Pablo, legadas
en sus textos y en su propia
trayectoria de vida que pasó,
rauda e intensa, por tres
décadas iniciales de nuestro
siglo, dejando ejemplo y luz
para estos tiempos que corren y
para el milenio que ya se
avecina. Entre esas premisas se
encuentran, sin dudas, el
reconocimiento de dos fuentes
esenciales de su formación
confesadas en textos memorables.
Pablo aprendió a leer en las
páginas de La Edad de Oro
de José Martí y destacó
en el prólogo de su primer libro,
los Cuentos de Batey, la
herencia ética recibida de su
abuelo, don Salvador Brau, quien
había declarado con dignidad y
entereza que "a los hijos hay
que darles, antes que pan,
vergüenza".
Al instituir el Premio Pablo,
en este final de siglo lleno de
sombras y de luces, en que se ha
llegado a anunciar el fin de la
Historia, tenemos por suerte de
nuestro lado la historia
personal y formidable de aquel
hombre que nos dejó en su
correspondencia vibrante estas
palabras aleccionadoras:
No tengo nunca miedo de escribir
lo que pienso, con vistas al
presente ni al futuro, porque mi
pensamiento no tiene dos filos
ni dos intenciones. Le basta con
tener un solo filo bien poderoso
y tajante que le brinda la
interna y firme convicción de
mis actos. No me importa nada
equivocarme en política porque
sólo no se equivoca el que no
labora, el que no lucha.
Ese filo es, al mismo tiempo, el
del saber y el del compromiso,
el de la inteligencia y el de la
capacidad para pensar con cabeza
propia los problemas de nuestro
tiempo. Así nos lo enseñó
Pablo. Así queremos reconocerlo
y hacerlo nuestro con este
Premio que lleva su nombre
memorable y querido.
Calle de la Muralla, Habana
Vieja, casi fin de siglo y
continuación de la Historia que
nos pertenece.
El Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau
otorga el Premio Pablo
a
Adriano Rodríguez
trovador de muchas épocas,
que ha traído su voz hasta
nuestros días
para enriquecer los caminos
interminables
de la nueva trova cubana
Dado con admiración y amor
en la Habana Vieja, Ciudad de La
Habana, Cuba,
a los 22 días del mes de
noviembre de 2008,
en el décimo aniversario de A
guitarra limpia |