Año VII
La Habana
2008

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Barbie

Lucy Araújo (Granma, 1955)

 

Las muñecas de Lesbia eran de trapo y carne. Ellas se habían reproducido por su propia ley.  Siempre iba a donde Lesbia hacía las muñecas, pero aquel día la encontré llorando; había escapado una y fue el día que mi esposo Durán, planeaba el paseo por la playa Salinas Doradas: un lugar con fondos y ribetes  verdiazules, rodeada de insectos carnívoros.

La muñeca se parecía a Durán y se puso frente a mí, con ojos de duermevela y los labios rojos dijeron como en una pantomima:

— He venido a  matar a la tía. Déjame abierta la caja.  

Experimento pavor aún cuando recuerdo la sangre fría de la muñeca e imagino a las  matadoras, apostadas en las esquinas, acabando con los amigos y enemigos de Lesbia. Anoche recibí la llamada de una:

— Serás  la próxima —sentenció con voz amenazante.

Lesbia había estado unos minutos antes cerca de casa, para coger a las fugitivas, sin embargo, ellas se colarían en mi habitación y tratarían de ahogarme. Cuando iba a contarle sobre la llamada a Lesbia, Glaimar dijo  que unos policías se la llevaron para que el Presidente de la nación tuviera su juego de muñecas. Me escandalicé y dormí un poco mal. Olvidé a Lesbia y su destino solo cuando tomé ocho somníferos.

Al día siguiente fui a ver a la tía Delia y entonces encontré el funeral. Glaimar narró esta vez en medio de sollozos que tía Delia había estado todo el día en el portal prendida a su bastón, pero desde la cocina escuchó una voz muy fina, ella salió para ver la dueña de la voz y no la encontró, solo veía a la tía Delia inclinándose, hablando con alguien.  Glaimar  dijo también que el día transcurrió normal y a ella le extrañó que la tía no se moviera, pero no había escuchado más la voz fina.

Ha pasado mucho tiempo y cuando las últimas producciones de muñecas salen de las manos suaves de Lesbia de la Fe, esta ya convertida por el Presidente en la gran inventora, con mucha fama y  dueña de cuantos bancos y tiendas  existen, solo entonces recibo una  caja preciosa, adornada con lazos. Tiene un membrete: Muñecas BLF. Oficina del Presidente. Cuando la abro la voz repite la misma amenaza que hacía tres años había hecho su tatarabuela.

—Te mataré como hizo mi abuelita a la tal Delia.

— ¿Y cómo fue, tú, niña?

— Fácil, por medio del relato y la vieja murió del corazón.

—¿Y así harás conmigo, loquita? —pregunto con sorna y un poco descreída.

—Quiero hacerte el cuento del garrote y el perro.

—No tiene que ver una cosa con la otra —replicó impaciente.

La muñeca ocupó una silla frente a mí y con mucha paciencia contó ochocientos millones de veces: “Había  una vez un perro que iba detrás de un garrote,  el garrote se viró y fue detrás del perro, el perro se puso al revés, ¿quiere que te lo cuente otra vez?”.

Cuando ya estaba el pecho al reventar y me faltaba el aire, solo entonces dije, ay, no comprendo y grité  en medio de la risa:

—Glaimar, ¿quieres escuchar una historia de muñecas? “Había  una vez un perro que iba detrás de un garrote, el garrote se viró y fue detrás del perro, el perro se puso al revés, ¿quiere que te lo cuente otra vez?”.

La muñeca matadora caminó hasta Glaimar moviendo sus ojos, y quedó extática. Fue cuando ocurrió la hecatombe. Mi vecina siempre había querido tener una muñeca y la encontró bella. Suplicaba llorando que se la dejara, por favor, daba 30 pesos, dije: es un recuerdo de ' Lesbia de la Fe, no la  vendería ni por un millón. Pero  insistió.

A la mañana siguiente salí de casa y dejé encerrada a la muñeca en tres cajas. Finalmente la había puesto en el horno. Coloqué delante cuantas sillas había y fui para el trabajo.

Cuando me encontraba cerca del teatro donde ofrecemos Durán y yo las funciones de títeres, escuché un ruido enorme. Vi a todos en dirección a mi casa y algunos hasta miraban con rabia.

Frente a la cuartería, antigua morada de haitianos y jamaicanos venidos desde el éxodo antillano, estaban muchos bomberos, de los cuales me libré después de grandes forcejeos. De los escombros pude rescatar tres cosas: una bola de billar medio achicharrada, un tornillo renegrido perteneciente al sofá gris, y lo otro, Dios mío, no quisiera acordarme.

Ahora estoy en la policía y por millonésima vez le digo a Durán que espere y cuento al oficial de enormes patillas: “Había  una vez un perro que iba detrás de un garrote y el garrote se viró y fue detrás del perro, el perro se puso al revés, ¿quiere que te lo cuente otra vez?”.



Lucy Araújo Pérez: Narradora y poetisa. Primera mención del Encuentro Debate de Talleres Literarios a nivel nacional (1990). Su libro de relatos, ITANAM, fue publicado por la editorial Sanlope de Las Tunas, en 1995. Desde el año 2004 ejerce como Coordinadora de la Carrera Estudios Socioculturales en la Sede Universitaria “Geonel Rodríguez Cordoví”, en Manatí. Es una prominente investigadora y se encuentra al frente de un Proyecto Sociocultural y Ambientalista llamado “Universátil” en dicha universidad, además atiende otros proyectos como “Músicos, poetas y pintores” con trabajadores sociales, y contribuye a la formación de escritores a través de su atención a talleres como el “Guillermo Vidal” en la propia universidad y “El Principito” en la ESBU: “Dos de Diciembre”. Tiene tres novelas inéditas.

 
 

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