|
Muy temprano en la mañana del viernes
22 de agosto y listos para la
partida, el comandante hizo una
distribución provisional de los
oficiales y soldados que integrarían las
distintas unidades de la Columna Nº 2
Invasora Antonio Maceo.
Luego de esta actividad, Camilo
pronunció palabras muy apropiadas a la
misión encomendada:
“Bajaremos al llano y en esta
oportunidad la estancia allí será mayor,
dijo. También aclaró que en lo adelante
deberíamos cumplimentar tarea más
peligrosas. Agregó que la Columna
Invasora cumpliría su cometido y que la
bandera cubana —junto a la insignia de
la columna— llegaría a su destino.
Siempre sobrevivirán compañeros para
realizar esta misión histórica",
advirtió. Sus palabras fueron sencillas,
pero de un gran sentido revolucionario,
por último, dijo: "El que lo desee,
puede quedarse".
Nadie aceptó.
Hay compañeros que dicen que Camilo
informó que marcharíamos hasta Pinar del
Río; y otros, que leyó la orden de
Fidel, a los que decimos que no pudo
hacerlo, tal como tampoco lo hizo Che al
hablarles a los integrantes de su
columna:
JOEL IGLESIAS: “En esta reunión, por
razones elementales de seguridad, no se
le dijo al personal hacia qué lugar
exactamente íbamos, ni cómo se
realizaría el traslado. Sencillamente se
planteó bajar al llano.” (Ob. Cit. p.
47.)
La marcha comenzó poco después de las
07:00 horas. Fue un recorrido de 23
kilómetros de “sube y baja”, acompañado
de un fuerte aguacero. Pasamos cerca de
donde descansan los restos de Paz y su
compañero. La marcha fue dura, pero no
agotadora —aunque para algunos sí lo
fue—, ya que los componentes de la
columna, en su mayoría, eran curtidos
combatientes de la Sierra.
Llegamos de noche a Guasimilla de
Naguas. Se dieron instrucciones para
preparar la comida y se acampó. Después
de comer y secarnos la ropa, comenzamos
a leer en voz alta, para los que allí se
encontraban, el libro Crónicas de la
guerra, de José Miró Argenter, jefe
de Estado Mayor de Antonio Maceo, en los
días de la gesta independentista. Desde
que Camilo conoció cuál sería su nueva
misión, consiguió ese libro y comenzó a
leerlo con fines de estudio. Solo el
intenso trabajo organizativo de la
columna, las inclemencias del tiempo, la
persecución y emboscadas del enemigo en
los siguientes días, pudo interrumpir
esta lectura.
Che se traslada de la comandancia hacia
el Purial, para seguir conformando la
columna invasora y esperar la llegada de
un avión. Sigue buscando armas:
“Agosto 22/58
Miguel o quien sea:
Debe entregarles al Vaquerito 3
Cristóbal y Springfield que pertenecen a
esta columna. / Los que quedan
desarmados deben resolver eso, el
Comandante jefe.
Che”
Después de un desayuno fuerte, el sábado
23 de agosto comenzó la marcha.
Una gran caminata esperaba a los
columnistas de la Antonio Maceo. En esta
oportunidad el trayecto sí fue agotador,
al extremo de que dos compañeros se
desmayaron. Estos se habían incorporados
durante la reciente campaña de Camilo en
los llanos y no estaban acostumbrados a
las lomas. Lo cierto es que todos
sentimos la travesía, fundamentalmente
el ascenso a La Rondana, una loma sin
vegetación que comenzamos a escalar
cerca de la media mañana, en los
momentos en que el Sol ya se hacía
sentir con fuerza. Camilo ordenó una
marcha rápida para evitar que la
aviación pudiera sorprendernos durante
su desfavorable subida.
Después de más de diez horas de intensa
caminata, cuando las últimas luces de la
tarde se fundían con las primeras
sombras de la noche, llegamos a Manacas,
donde operaba un campamento de
escopeteros dirigidos por Pocholo Núñez.
La estancia allí fue inolvidable para
nosotros, pues después de reponer un
poco las fuerzas, se organizó un
“guateque” de despedida en casa de
Francisco Hernández. Aquella noche
pasamos unas horas muy felices: un
conjunto de la zona (con guitarras,
bongoes, claves y maracas) tocó todo su
repertorio —recuerdo la guaracha: “A mí
me gusta la calabaza”—, se consiguieron
varias botellas de ron y se elaboró el
típico “chiringo”: ron, jugo de naranja
(dulce o agria) o limón, agua y hielo si
hay.
Sacrificaron una res y es comida con
arroz y viandas. En aquel “guateque”
todos cantamos y bailamos y se formó un
trío, compuesto por Cantallops, —que
tocaba guitarra y cantaba bien. Camilo y
yo no lo hacíamos bien, pero alegrábamos
el ambiente. Nuestras canciones
favoritas eran: "Camino verde", "Échame
a mí la culpa", convertida a parodia,
"Las tinieblas de la noche", "Diez
años", "Si yo fuera rey", "La barca",
"Espinita", etcétera.
Nos visitaron varias familias que
acudieron a saludarnos y, a la vez,
despedir con una mezcla de satisfacción
y tristeza a muchos componentes de la
tropa, entre los que marchaban hijos,
esposos, hermanos, primos, novios y
amigos. Huelga decir el trato tan llano
y abierto que nos dispensaron, y la
simpatía que sentían por nuestra causa.
Entre aquellas familias recordamos a los
Núñez, Castellanos, Fonseca y Ruiz. La
fiesta duró hasta la madrugada; fue una
noche inolvidable en lo que sería
nuestro último campamento en las
montañas orientales.
Este día Che esperó en la cercanía de
Cienaguilla un avión procedente de los
Estados Unidos, sobre este hecho
escribió:
“Fidel
El avión no trajo la maravilla andante
como ya sabrás. Le dije a Pedro L. (Díaz
Lanz, traidor) y lo mismo le dijeron
todos que manden parque 30.06 y M-1 yo
le dije que los tirara en paracaídas con
pintura lumínica y globos (invento de
Horacio). De lo que llega me interesa un
antitanque, algún M-2 (si lo hay) y
garand. Mañana tendré una reunión para
finalizar el ajuste en la tropa, botaré
a algunos y quizá un teniente. Vaquerito
no ha aparecido todavía. Después del
ajuste te mando la lista de hombres con
sus balas.
Yo esperaré tres días para ver si mandan
balas. Pedro Luis quiere que le cuente
como está la cosa todos los días. Hoy no
ha habido movimiento en esta zona.
Che
10:10 p.m. 23/8/58”
Además de las armas, el transporte aéreo
trajo una planta de radio,
bastante pesada. El avión pudo regresar
sin problemas.
Según parte de la Fuerza Aérea del
Ejército (FAE), realizaron, desde el
amanecer hasta que finaliza la luz del
día, 12 misiones contra las montañas del
sur oriental, además de bombas y balas,
dejaron caer 32 botellones con
sustancias químicas. Esto constituye el
plan “Saturación” ordenado el pasado 19
por Tabernilla. De acuerdo al mismo
documento, este día 23 regresó a
incorporarse a las operaciones en la
Sierra Maestra, el Batallón 11, del que
fuera jefe uno de los más osados
oficiales castrenses, pero a la vez, de
los más criminales y ladrones, el
Teniente coronel Ángel Sánchez Mosquera.
El Diario de
la Marina,
del pasado 19 de agosto de 1958, destacó
en sus páginas un festivo almuerzo que
le brinda el alto mando en la ciudad
militar capitalina, donde hacen elogio
del referido oficial y sus subordinados
(este no estaba presente). “se
distinguió por su coraje y la entereza
en todas las acciones en que tomaron
parte”. Sin embargo, no dicen el estado
de gravedad en que el “Ángel Diabólico”
salió de la Sierra: un balazo en la
cabeza que lo dejó parapléjico, ni
mencionan los muertos y heridos que se
le causaron a su unidad en su cacareada
ofensiva.
Continuará… |