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2008

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"Muchachitas, ¡mucha salsa!" 
Josefina Ortega • La Habana

Ya casi se despide el año, y estoy a punto de incumplir con algunos de mis lectores con los que me comprometí a dedicarle un espacio en la Memoria a lo que para ellos es, sin duda alguna, el cuarteto vocal femenino más popular del siglo XX cubano, Las D´Aida, quienes debutaron el 16 de agosto de 1952 en nuestra naciente televisión.

Todavía algunos de sus admiradores recuerdan aquel suceso y comentan con orgullo mal disimulado que, desde un principio, descubrieron que aquellas fabulosas mulatas serían estrellas en el panorama musical cubano.

Lo cierto es, y nadie se arriesga a ponerlo en duda, que esa agrupación con el paso del tiempo colmaría de gloria muchos importantes momentos de nuestra música.

No por gusto a su artífice, Aida Diestro, se le bautizó como la Gorda de Oro, y bien pudiera apreciársele también como una arquitecta de voces, toda vez que creó un antológico cuarteto en cuyas filas brillaron nombres clave para nuestro arte como los de Omara Portuondo, Moraima Secada y Elena Burke.                               

Detrás de las largas ovaciones estaba el talento musical de esta creadora, nacida en La Habana, en 1921, y quien, según reconoció Omara: “Era música de la cabeza a los pies. Tenía un extraordinario sentido de la armonía. (…) Además, aparte del montaje de las voces, en el cuarteto analizábamos cómo transmitir mejor el contenido de la canción, cómo sentir ese número, para hacerlo sentir a los otros. Eso es actuación, era interiorizar de verdad lo que decíamos. No era cantar por cantar. (…)  Aida tenía mucho talento y sabía valorar el de los demás.” 

De un boniato no sale una cantante 

Puede haber sido, quizá, una casualidad la que las juntó bajo la égida de Aida, y aunque, ella misma se encargó de aclarar el asunto según su punto de vista, matizado por su típica modestia: “Yo nunca hice ninguna estrella, de un boniato no sale una cantante, esas voces eran naturales, yo solo las encaucé por el mejor camino”, me niego a pensar que sin ella hubieran podido convertirse en uno de los grupos vocales más importantes de la historia de la música popular cubana.

Su inicio fue como el de tantos otros grupos.  Nada en especial.

Para entonces Aida trabajaba como pianista repertorista de la emisora Mil Diez donde se vinculó con el maestro Enrique González Mántici, quien la ayudó a conquistar “la valentía que le faltaba para enfrentarse a los prejuicios raciales que existían contra los artistas negros y mestizos de aquella época”, y frecuentó también a los muchachos del feeling: José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Ñico Rojas, Tania Castellanos, Ángel Díaz y  Luis Yáñez.

Un día, en uno de los pasillos de la antigua CMQ, Elena Burke y Haydée Portuondo, (hermana de Omara)  le proponen, como la cosa más natural del mundo, la creación de un grupo musical en el que ella fuera pianista, repertorista  y directora.

Se buscan las otras dos voces que faltan, Moraima Secada y Omara Portuondo. Las cuatro andan por los 22 años y ya tienen algún camino transitado. Moraima proviene de Las Anacaonas; Omara y Elena, del cuarteto de Orlando de la Rosa.        

Ilusionada con la idea, Aida cita a las jóvenes para su casa, en la barriada de Luyanó, y las hace esforzarse hasta el cansancio para conseguir el sonido deseado en el empaste de las voces.

Para ello contaba con su experiencia como directora del coro de la iglesia presbiteriana donde oficiaba su padre, labor que le permitió adquirir amplios conocimientos armónicos, aplicados después en el montaje de las voces de su cuarteto.

Años más tarde, Omara decía: “Tremenda historia hizo La Gorda de Oro con ese cuarteto… Cuarteto-escuela, cuarteto-academia y muchas cosas más le han dicho, e incluso hasta "fábrica de estrellas" le llamó un crítico musical a nuestro cuarteto”. 

“Elena toma bombón” 

Debutan en el programa de televisión Carrusel de las sorpresas a solo  un mes de los primeros ensayos. Interpretan dos números: “Cosas del alma”, de Pepe Delgado, y “Mamey colora'o”, de Pedro Jústiz, Peruchín. Aquello fue el acabose.

Son reclamadas por el productor Amaury Pérez para cantar durante una semana en otro programa televisivo muy popular: Show del Mediodía.

El repertorio es todavía escaso, y tienen que presentar batalla para acoplar sus actuaciones con los agotadores ensayos.

El esfuerzo es recompensado. La calidad de las voces, el estilo y el atractivo juvenil les abren los caminos del éxito.

Asombran por su virtuosismo. Lo mismo cuando hacen felling que cuando sus voces se confunden con los sonidos de un tumbador.

Después vienen los contratos para cabaret. Comienzan por uno de la calle Infanta, La Campana; de ahí pasan al Club 21, al Montmartre y al Sans Souci. La fama del grupo va en ascenso.

De esa primera etapa es uno de sus discos más emblemáticos, el que graban en el 57 con la orquesta de Chico O´Farrill para la RCA Víctor, titulado “Una noche en Sans Souci”.

Por cierto, entre los números de esa placa se destacan hasta hoy día “Tabaco verde”, de Eliseo Grenet; “Nocturno antillano”, de Julio Gutiérrez; “Elena toma bombón”, de Rafael Cepeda; y, “No sé qué voy a hacer”, de  Osvaldo Farrés. 

¡Que no les pase nada a mis niñas! 

Las giras por el extranjero comienzan por Nueva York, donde se presentan en el programa de televisión de Steve Allen. Continúan por Venezuela, México y Argentina.

Llegan a viajar a más de 60 países en cuatro continentes.

Se hallan en la cresta de la popularidad.

Su presencia se hace frecuente en la televisión y en espectáculos musicales. En los cabarés su nombre figura a la cabeza de los elencos.

Se cuenta que cuando la tierra comenzó a temblar en México y, del susto, Elena y Moraima se metieron debajo de la cama, Haydée se puso una carterita en la cabeza y Omara se subió en una silla.

Aida corría por los pasillos gritando: ¡Mis niñas, que no les pase nada a mis niñas!

En el transitar de la vida, las fundadoras, en busca de otros derroteros, salieron del cuarteto pero otras voces vinieron a mantener la línea trazada por su orfebre, entre ellas: Leonora Rega, Xiomara Valdés, Lilita Peñalver, Cary Dolet, Aymée Cabrera y Teresita García Caturla.

Esta última a la muerte de Aida, en octubre de 1973, se queda como su directora y continúa su huella hasta que en la década de los 90 se desintegra el cuarteto que ya contaba con un grupo acompañante.  Pero  la historia no termina aquí.

Las D´Aida resurgen en la actualidad y en cada presentación hay quienes aseguran escuchar a la Gorda de Oro, como cincuenta y tantos años atrás, animando a su mítico cuarteto: "Muchachitas, ¡mucha salsa!".
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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