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Ya casi se despide el año, y estoy a
punto de incumplir con algunos de mis
lectores con los que me comprometí a
dedicarle un espacio en la Memoria a lo
que para ellos es, sin duda alguna, el
cuarteto vocal femenino más popular del
siglo XX cubano, Las D´Aida, quienes
debutaron el 16 de agosto de 1952 en
nuestra naciente televisión.
Todavía algunos de sus admiradores
recuerdan aquel suceso y comentan con
orgullo mal disimulado que, desde un
principio, descubrieron que aquellas
fabulosas mulatas serían estrellas en el
panorama musical cubano.
Lo cierto es, y nadie se arriesga a
ponerlo en duda, que esa agrupación con
el paso del tiempo colmaría de gloria
muchos importantes momentos de nuestra
música.
No por gusto a su artífice, Aida
Diestro, se le bautizó como la Gorda de
Oro, y bien pudiera apreciársele también
como una arquitecta de voces, toda vez
que creó un antológico cuarteto en cuyas
filas brillaron nombres clave para
nuestro arte como los de Omara Portuondo,
Moraima Secada y Elena Burke.
Detrás de las largas ovaciones estaba el
talento musical de esta creadora, nacida
en La Habana, en 1921, y quien, según
reconoció Omara: “Era música de la
cabeza a los pies. Tenía un
extraordinario sentido de la armonía.
(…) Además, aparte del montaje de las
voces, en el cuarteto analizábamos cómo
transmitir mejor el contenido de la
canción, cómo sentir ese número, para
hacerlo sentir a los otros. Eso es
actuación, era interiorizar de verdad lo
que decíamos. No era cantar por cantar.
(…) Aida tenía mucho talento y sabía
valorar el de los demás.”
De un boniato no sale una cantante
Puede haber sido, quizá, una casualidad
la que las juntó bajo la égida de Aida,
y aunque, ella misma se encargó de
aclarar el asunto según su punto de
vista, matizado por su típica modestia:
“Yo nunca hice ninguna estrella, de un
boniato no sale una cantante, esas voces
eran naturales, yo solo las encaucé por
el mejor camino”, me niego a pensar que
sin ella hubieran podido convertirse en
uno de los grupos vocales más
importantes de la historia de la música
popular cubana.
Su inicio fue como el de tantos otros
grupos. Nada en especial.
Para entonces Aida trabajaba como
pianista repertorista de la emisora Mil
Diez donde se vinculó con el maestro
Enrique González Mántici, quien la ayudó
a conquistar “la valentía que le faltaba
para enfrentarse a los prejuicios
raciales que existían contra los
artistas negros y mestizos de aquella
época”, y frecuentó también a los
muchachos del feeling: José Antonio
Méndez, César Portillo de la Luz, Ñico
Rojas, Tania Castellanos, Ángel Díaz y
Luis Yáñez.
Un día, en uno de los pasillos de la
antigua CMQ, Elena Burke y Haydée
Portuondo, (hermana de Omara) le
proponen, como la cosa más natural del
mundo, la creación de un grupo musical
en el que ella fuera pianista,
repertorista y directora.
Se buscan las otras dos voces que
faltan, Moraima Secada y Omara Portuondo.
Las cuatro andan por los 22 años y ya
tienen algún camino transitado. Moraima
proviene de Las Anacaonas; Omara y
Elena, del cuarteto de Orlando de la
Rosa.
Ilusionada con la idea, Aida cita a las
jóvenes para su casa, en la barriada de
Luyanó, y las hace esforzarse hasta el
cansancio para conseguir el sonido
deseado en el empaste de las voces.
Para ello contaba con su experiencia
como directora del coro de la iglesia
presbiteriana donde oficiaba su padre,
labor que le permitió adquirir amplios
conocimientos armónicos, aplicados
después en el montaje de las voces de su
cuarteto.
Años más tarde, Omara decía: “Tremenda
historia hizo La Gorda de Oro con ese
cuarteto… Cuarteto-escuela,
cuarteto-academia y muchas cosas más le
han dicho, e incluso hasta "fábrica de
estrellas" le llamó un crítico musical a
nuestro cuarteto”.
“Elena toma bombón”
Debutan en el programa de televisión
Carrusel de las sorpresas a solo un mes
de los primeros ensayos. Interpretan dos
números: “Cosas del alma”, de Pepe
Delgado, y “Mamey colora'o”, de Pedro
Jústiz, Peruchín. Aquello fue el
acabose.
Son reclamadas por el productor Amaury
Pérez para cantar durante una semana en
otro programa televisivo muy popular:
Show del Mediodía.
El repertorio es todavía escaso, y
tienen que presentar batalla para
acoplar sus actuaciones con los
agotadores ensayos.
El esfuerzo es recompensado. La calidad
de las voces, el estilo y el atractivo
juvenil les abren los caminos del éxito.
Asombran por su virtuosismo. Lo mismo
cuando hacen felling que cuando sus
voces se confunden con los sonidos de un
tumbador.
Después vienen los contratos para
cabaret. Comienzan por uno de la calle
Infanta, La Campana; de ahí pasan al
Club 21, al Montmartre y al Sans Souci.
La fama del grupo va en ascenso.
De esa primera etapa es uno de sus
discos más emblemáticos, el que graban
en el 57 con la orquesta de Chico
O´Farrill para la RCA Víctor, titulado
“Una noche en Sans Souci”.
Por cierto, entre los números de esa
placa se destacan hasta hoy día “Tabaco
verde”, de Eliseo Grenet; “Nocturno
antillano”, de Julio Gutiérrez; “Elena
toma bombón”, de Rafael Cepeda; y, “No
sé qué voy a hacer”, de Osvaldo
Farrés.
¡Que no les pase nada a mis niñas!
Las giras por el extranjero comienzan
por Nueva York, donde se presentan en el
programa de televisión de Steve Allen.
Continúan por Venezuela, México y
Argentina.
Llegan a viajar a más de 60 países en
cuatro continentes.
Se hallan en la cresta de la
popularidad.
Su presencia se hace frecuente en la
televisión y en espectáculos musicales.
En los cabarés su nombre figura a la
cabeza de los elencos.
Se cuenta que cuando la tierra comenzó a
temblar en México y, del susto, Elena y
Moraima se metieron debajo de la cama,
Haydée se puso una carterita en la
cabeza y Omara se subió en una silla.
Aida corría por los pasillos gritando:
¡Mis niñas, que no les pase nada a mis
niñas!
En el transitar de la vida, las
fundadoras, en busca de otros
derroteros, salieron del cuarteto pero
otras voces vinieron a mantener la línea
trazada por su orfebre, entre ellas:
Leonora Rega, Xiomara Valdés, Lilita
Peñalver, Cary Dolet, Aymée Cabrera y
Teresita García Caturla.
Esta última a la muerte de Aida, en
octubre de 1973, se queda como su
directora y continúa su huella hasta que
en la década de los 90 se desintegra el
cuarteto que ya contaba con un grupo
acompañante. Pero la historia no
termina aquí.
Las D´Aida resurgen en la actualidad y
en cada presentación hay quienes
aseguran escuchar a la Gorda de Oro,
como cincuenta y tantos años atrás,
animando a su mítico cuarteto:
"Muchachitas, ¡mucha salsa!". |