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El ángel militante
El ángel descendió sobre aquel país
con su traje de gala, de botones blancos
y sus alas guardadas en un estuche de violín.
Era ángel púber,
sin apenas vello
en los dos o tres lugares requeridos.
El ángel no era supersticioso
y su primera acción fue lanzar puñados de sal
desde lo alto de una escalera.
Al segundo día, recibió una amenaza de expulsión
por haber declarado a la prensa
su apoyo a una huelga de choferes.
Y como el ángel era colérico
y la policía le intoxicaba (igual que los mariscos)
rompió en mil pedazos el espejo del emperador
y pidió su ingreso en un partido de izquierda.
Orlando Alomá
Poema
El patio de mi casa
llueve en la memoria
y si sólo fuera el animal aposentado
de mi niñez
lo hubiera tenido en cuenta
ocuparía su lugar en los papeles
junto al abuelo
y la mesa donde no fue servido el tío
aunque parecía
un pedazo de pan sin fondo.
Quizás sería mejor comparar
los ruidos de los techos
de madera
la prematura tapa
y le vendería la baraja.
No quiero asunto con la muerte.
Sigifredo Álvarez Conesa
Las cosas de la vida
A Nogueras
Resulta que de pronto
Ud. no calza el dos y medio
ni juega a los escondidos con las niñas y los niños
Resulta que de pronto
se pone a jugar a los ceritos con la vida
y la melancolía comienza a poner huevos en su pecho
Resulta que tiene que inventar
el himno individual de su cuerpo
y sus pies sabihondos lo llevan a situaciones
lezamianas y lo miran como flota
Resulta que ya no le paga un peso a una puta
para que le haga de todo
inclusive que haga el papel de romántica
Resulta que el viejo que lo lanzó a la vida
se duerme con la radio a toda voz
y se entretiene en boberías
y la vieja no oye cuando tocan a la puerta
y su corazón hermoso se le va quedando sin aire
Resulta que un día de estos
se queda solo con su nombre propio
y su biografía de tronao a toda costa
Resulta que Ud. no se acerca ni a lo bonito
y su bolsillo honrado no cesa de zozobrar
y la mujer no le quiere entregar
sus dos bolsas cariñosas de las tardes
y anda por ahí con su horcón mayor lleno de hasta
cuándos
tirándoles burbujas alcohólicas a las estatuas
Resulta que la humanidad reclama insumos
y Ud. no debe quedarse ahí mirando como se le caen
las hojas de parra a los malos y los buenos
Resulta que tiene que salir a escena
sabiendo que la escenografía es pasajera
y que la sonrisa que Ud. escondió por años
será desvelada de un momento a otro
Resulta que va a salir a escena
con la manía de vivir o morir a ratos
no con su papalote
no con su tiraflechas
no con su cuchilla que descuartizó
a más de una lagartija
sino como un hombre de estos tiempos
con sus monstruos acabados de domesticar
Resulta que Ud. entendió a Perrault
y ahora tiene que entender a Marx y su comitiva
y a las cosas que no explicaron Marx ni Perrault
Resulta que Ud. salió a escena y fue registrado
Tiene que ver de que manera
Ud. cuaja en esta vida
sin molestarse demasiado.
Iván Gerardo Campanioni
Elogio de la locura
Los locos esos amorosos personajes
conocieron siempre las bondades de la lluvia
en el asfalto la claridad en la botella
el brillo extraordinario de los ojos
los locos echaron a andar alguna vez el universo
se detuvieron raramente para observar los progresos
alcanzados
fueron amistosos y rebeldes como nadie
amaron a pesar a mansalva y a destiempo
fueron impresionantes enormes o mínimos los locos
fueron pacíficos pero libraron guerras y conflictos
parciales
liberando finalmente al hombre del hombre
su enemigo de siempre
los grandes locos conocieron los misterios de la música
la pasión de los poetas comprendieron a los hombres
que manchaban lienzos hasta el alba
o fueron los hombres que manchaban lienzos hasta el alba
los locos a través de miles de milenios salieron
de las cuevas
habitaron las casas y ahora fabrican edificios
y vuelan en dirección a los astros a veces
los locos mueren impresionantemente ante los fusiles
enemigos
dando gritos que sin duda vivirán más que ellos los
locos estos
―fabulosos―
que prenden fuego en los cuatro costados del planeta
los grandes locos los buenos locos
estos amorosos personajes
conocimos siempre las bondades de la lluvia
Víctor Casaus
Que se quede tranquila esa mujer
Que se quede tranquila esa mujer
Porque estoy mirando su rostro
Con fines poéticos
Que se quede quieta
Tranquila porque ella es la culpable
No de todos mis quebrantos ni de todas mis angustias
Yo era un tipo tranquilo y no fumaba tanto
Ayer yo era un creyente de la soledad
Que era la puerta más para salir que para entrar
Que quede muda acaso
Sin decir esta boca es mía
Porque lo voy a decir aquí por ella
Que se quede sin mover una palabra
Y así dé la impresión este poema
Que cuando sé ella se acerca
Lo que a mí me pertenece es su boca que no dijo
Absolutamente nada
Félix Contreras
Canto por primera vez a mi padre
Viejo
cómo me hubiera gustado decirte
tus palabras, cubicar
contigo el tiempo que vivimos, retratarnos,
ir a Galarraga, cambiar en una esquina de zapatos,
y hacer y coordinar de a viaje la ternura.
Eso sí,
Nada de que tú pagues la comida y el compartimiento,
Nada de que quieras darme un abrazo en el espíritu;
tú sabes que no creo en esas cosas.
Lo que sí quiero, viejo,
Es que andemos un rato respirando
juntos
para yo darle rienda suelta
a mis papeles,
a la camisa del domingo
y a todo un montón de chucherías.
Froilán Escobar
No voy a silenciarme
Absolutamente nada callaré a mi interlocutor
No voy a silenciarme hoy velando por mañana
para acoquinarme mañana por pasado
No voy a vivir en indigencia por temor a la indigencia
Diré lo aclaro nuevamente hasta el último resquicio
(Tal vez luego aconseje otra cosa a mi hijo
y él me lleve la contraria).
Félix Guerra
Algunos prefieren quemarse
Algunos prefieren quemarse
en el plasma de la revolución.
Otros economizan sus fuerzas,
olvidan a los muertos
en la fiesta de los vivos.
No es que yo crea que vivir
sea fácil ni difícil,
no soy quién. Pero creo
que la sociedad está dividida
en tres grandes clases:
Los explotadores.
Los que se queman.
Los que no prefieren quemarse.
Jorge Fuentes
HALT
La artillería israelí sigue cañoneando
campamentos de refugiados palestinos
en el Sur del Líbano
(De la prensa)
Recorro el camino que recorrieron 4 000 000 de
espectros.
Bajo mis botas, en la mustia, helada tarde de otoño
cruje dolorosamente la grava.
Es Auschwitz, la fábrica de horror
que la locura humana erigió
a la gloria de la muerte.
Es Auschwitz, estigma en el rostro sufrido de nuestra
época.
Y ante los edificios desiertos,
ante las cercas electrificadas,
ante los galpones que guardan toneladas de cabellera
humana,
ante la herrumbrosa puerta del horno donde fueron
incinerados
padres de otros hijos,
amigos de amigos desconocidos,
esposas, hermanos,
niños que, en el último instante,
envejecieron millones de años,
pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos, desnudos, ateridos
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno.
Luís Rogelio Nogueras (La Habana,
1945-1985)
Auschwitz-Cracovia, octubre 21 de 1979
Infancia
Los niños, allá afuera
gritan, despedazan el césped,
ambicionan la esfera musculosa para patearla;
se escurren entre cercas, se golpean,
se abrazan fuera del tiempo
como si con eso entrelazaran los continentes.
Los niños, allá afuera
les van creciendo el corazón a travesuras,
a rasguños, a reírse de los mayores,
y se sienten felices de tirotear los pájaros.
Antonio Conte
La bienvenida
Sea pues
bien llegada la verdad con arma larga.
Que son meras cuestiones habladas
los sucesos del último tiempo,
que no es un llanto inútil
lo que transcurre día a día.
Que sistemáticamente
levantamos todo lo oculto.
Que hemos mostrado el camino,
que hemos enseñado donde cada cual
puede encontrarse,
y todo lo demás se lleva dentro,
y todavía se teme, y todavía
a veces no se puede.
Y todavía esta costumbre inveterada
de fingirnos, nos pega en el cuerpo.
Sea pues
bien llegada la palabra desnuda.
Que este silencio no roto vestido de miedo,
cese en su función.
Que la mano llorosa que tiendo
sepa tu idioma,
que el hombre no sea su enemigo
y no se persiga,
que todo lo que nos desborda mutuamente
sea confesado,
que no vague más en la ciudad abarrotada
solo.
Sea pues,
repito,
bien llegada la palabra desnuda.
José Yanes
El huracán y la palma
(Sindo Garay)
En el principio
fue la miseria en la provincia,
el hambre que trataba
de engañarse con una canción,
aprendida en la guitarra de Pepe Sánchez.
Los trabajos más increíbles, la talabartería,
maromas en el circo de la vida.
El huracán zumbando
sobre su cabeza genial,
premonición de furias y derrumbes.
Luego el viaje
al esplendor capitalino,
el cambio de saquito
raído
por la guayabera blanquísima.
De inmediato las noches de canto
en cines y parques,
trova que nacía
bajo el sombrero retratado por Chinolope.
Y frente a los años,
desafiando lluvias y ciclones,
haciendo maromas sobre la miseria
y el miedo,
su canción, como una palma
erguida.
Helio Orovio
Canta
Canta, canta sin miedo.
Canta, que tienes en tu voz
el sonido de todos los desastres.
Canta que tus manos se han hecho
de alegría y dolor y tierra de tu tierra.
Como que has conocido las mañanas deslumbrantes
de Oriente
y la niebla, blanca, envolviendo el palmar
y el golpe desolado del Caribe sobre la costa.
Canta, que tienes en tu alma polvo de todas las ciudades
y en los ojos, el inagotable deseo de las gentes de tu
país
y has aprendido las antiguas canciones de tu pueblo
y has amado perdidamente, y te han amado.
Canta, que creciste en mitad de ese rayo
Que arrasó la injusticia del pecho de la patria.
Canta, que hasta la muerte vive junto a ti.
No le entregues la voz a los malos poetas,
abre la boca y canta, canta, canta.
Guillermo Rodríguez Rivera
Che
Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra
el asma sobre la yerba fría,
y hasta de qué se hacen
los frutos y las yuntas
No es que yo quiera darte
pluma por pistola
pero el poeta eres tú
Miguel Barnet
A un muchacho
Entre la espuma y la marea
se levanta tu espalda
cuando la tarde ya
iba cayendo sola.
Tuve tus ojos negros, como hierbas,
entre las conchas brunas del Pacífico.
Tuve sus labios finos
como una sal hervida en las arenas.
Tuve, en fin, su barbilla de incienso
bajo el sol.
Un muchacho del mundo sobre mí
y los cantares de la Biblia
modelaron sus piernas, sus tobillos
y las uvas del sexo
y los himnos pluviales que nacen de su boca
envolviéndonos sí como a dos nautas
enlazados al velamen incierto del amor.
Entre sus brazos, vivo.
Entre sus brazos duros quise morir
como un ave mojada.
Nancy Morejón
Arte poética
El día treinta y uno de agosto de mil novecientos
sesenta y cuatro
el señor Ezequiel Sotomayor
leyó en la segunda página de Revolución el texto
siguiente:
“Este río, como todos los anteriores y los que
pasaríamos después
estaba crecido”.
Hecho esto dobló el diario
y comparó mentalmente lo anterior
con los versos de cierto poeta de decimoquinta fila,
consultó con temor su sensibilidad
y para asegurar su juicio hizo llamar
a su joven sobrina que estudiaba Letras.
Escrutaron minuciosamente ambos escritos;
se decidieron por el texto del periódico.
Domingo Alfonso |