Año VII
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50 años de la Revolución Cubana

El cartel: protagonismo y vigencia

Reinaldo Morales Campos• La Habana

 

Colocados en  muros, postes del alumbrado público y paredes de: escuelas, fábricas, oficinas, bibliotecas, establecimientos comerciales y de servicios, interiores de casas y de cuanto  espacio le ha sido posible ocupar han permanecidos, desde el 1ro. de enero de 1959, dialogando y formando parte de cada momento de la vida cotidiana,  los carteles  de la Revolución Cubana.


Eladio Rivadulla Martínez Serigrafía, 1959.Primer cartel de la  Revolución Cubana

Surgimiento y generalización (1959-1964)  

El proceso de surgimiento y generalización del cartel de la Revolución Cubana se produjo en circunstancias difíciles, en medio de reiteradas amenazas de intervención militar de Estados Unidos y  en el contexto de la aplicación de las primeras medidas de la administración norteamericana encaminadas a imponer el bloqueo  económico que desde su comienzo dificultó los suministros habituales de la industria gráfica y de otros sectores del país.

   
Rolando Oraá. Teatro Nacional de Cuba (TNC). Serigrafía, Julio de 1960

En los   primeros momentos, los carteles políticos,  no lograron una estética adecuada, dependieron de un crudo realismo que gráficamente se expresaba con imágenes  corporales  exageradas y sin las adecuadas proporciones.

Pero tales insuficiencias fueron eliminadas después de  la incorporación a la labor creativa de  numerosos artistas de las plásticas y dibujantes publicitarios que durante el régimen anterior le habían otorgados  personalidad propia a la publicidad cubana y que  en las nuevas circunstancias a través de la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) de las Organizaciones Revolucionarias Integradas  (ORI) —sucesivamente del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y del Partido Comunista de Cuba  (PCC)— proyectaron carteles con una poética gráfica, expresada en la sencillez de sus imágenes, adecuado balance de  signos y símbolos; en los que reflejaron los nuevos cambios políticos, económicos y sociales.

Las iniciales influencias de exceso de realismo, no impidieron que en el contexto de la convulsión revolucionaria, se produjera una   significante contribución en el campo de la gráfica política. Tal como en la Revolución Bolchevique en Rusia el libro fue desarmado y sus páginas sueltas fueron convertidos en carteles y situados en la vía pública en espacios urbanos para su lectura masiva y en la de China surgieron pancartas de grandes dimensiones, inspirados en una vieja tradición de ese país, con imágenes de sus dirigentes y los símbolos del Partido.

La Revolución Cubana también realizó sus propios aportes gráficos: conversión primera página del periódico Revolución; en un cartel para ocasiones trascendentales —concentraciones populares, estados de alertas y victorias— orientar al pueblo y expresar el apoyo del gobierno revolucionario.


Rafael Morante Boyerizo. Cinemateca de Cuba, ICAIC, serigrafía, 1961.

Y aunque en las funciones de apoyo a la Revolución, por orden cronológico, por sus exhortaciones, reflexiones e iconografía al cartel político se le concede el principal papel protagónico, en su accionar concurrieron simultáneamente los de divulgación de espectáculos culturales, siendo a través de carteles de información cultural, creados por el equipo de diseñadores del Teatro Nacional de Cuba (TNC)  por donde se produjo la génesis del proceso de asimilación de nuevos valores artísticos; como medio de comunicación visual.

Continuamente desde 1961, con la creación del nuevo cine cubano, por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), surgieron carteles para anunciar la presentación de las películas de estrenos nacionales y extranjeros, desposeídos de pretensiones comerciales, imágenes amorosas tentadoras o de pistoleros envueltos en acciones de excesiva violencia; que sugerían emociones de pasión, sexo o terror.

Y al igual que los realizados por el Consejo Nacional de Cultura, para la promoción de obras de teatros, conciertos y giras de música, en ambos, a través de una adecuada relación imagen texto, se lograron obtener un lenguaje sucinto, de fuerza racional, valor simbólico y ausente de efectivismos  melodramáticos.                 


Alfredo Rostgaard. Casa de las Américas. Serigrafía, 1967

Momento de esplendor y  trascendencia (1965-1974)

Desde mediados de la década del 60 se inició en Cuba el período de mayor empleo del cartel, con reproducciones masivas abarcadoras de temas de contenidos políticos, sociales, económicos, culturales, así como los de una nueva temática los de solidaridad.

Para entonces el cartel  político editados por la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR), así como:  la Central de Trabajadores de Cuba Revolucionaria (CTC), Comité de Defensa de la Revolución (CDR), Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) alcanzaron altos valores estéticos comunicativos, en ellos, mediante la plasmación de símbolos y otros elementos gráficos en conjugación armónica entre la imagen y el texto, eliminaron las insuficiencias de años anteriores, y alcanzaron igual nivel de calidad y de reconocimiento internacional, que los  culturales.


Eduardo Muñoz Bachs.ICAIC, serigrafía,1968

En ese nuevo período de constante cambios y transformaciones  revolucionarias, reverencias históricas, de máxima expresiones militante de solidaridad  y de legitimar el marxismo leninismo como ideología, el cartel de tema político-social con su fusión de arte y política, se caracterizó por poseer textos cortos y elementos gráficos sintetizados.

Consecutivamente en ese momento de notable ascenso gráfico-comunicativo, en  las nuevas versiones de los carteles culturales, se reflejaron las influencias plásticas y de los códigos gráficos polacos, japoneses y norteamericanos,  con la   presencia en  sus diseños  del  art pop, art nouveau y el op, de signos adstratos o figurativos y  una metáfora visual que traduce la esencia de un mensaje revolucionario, un acontecimiento cultural y la esencia de un  filme con mayor calidad artística y  eficacia comunicativa. Desde ese momento el cartel del ICAIC, con predominio de formas plásticas, textura e influenciado de la llamada forma sicodélicas, con su amplio rito de tonalidad, en variada y extensa gama, se difundió a todo el mundo    


Helena Serrano. OSPAAAL, offset, 1968

En el trienio 1967-1968-1969 —coincidiendo con el momento de mayor esplendor del cartel cubano y concebida desde sus inicios como una variante del cartel político— se produjo el surgimiento de la cartelística de la  solidaridad  para  difundir en todo el mundo mensajes de apoyo y aliento a las fuerzas revolucionarias y progresistas de África, Asia y América Latina. Estos carteles se caracterizaron por el empleo de la fotografía testimonial a medio tono a línea o con alto contraste, los rostros de líderes revolucionarios y de sucesos reales combinados o sobrexpuestos, el dibujo de elementos folclóricos y representativos de la cultura nacional, regularmente en colores planos.

En cuanto a  los  carteles editados con la imagen del Che,  realizados después de conocida su caída en combate en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, los creadores  cubanos a través de la  fotografías, pinturas, dibujos y textos,  de  profundos valores estéticos y comunicativos,  lograron plasmar la fusión de elementos del arte con el de la ideología revolucionaria; reflejando la vida y obra del “Guerrillero Heroico” el cual brindó su vida, a favor de la lucha contra el imperialismo por conquistar su verdadera libertad de los pueblos de África, Asia y América Latina.

Con el inicio de la década del 70 el Museo Nacional de Bellas Artes en reconocimiento al prestigio adquirido en el mundo, incluyó por primera vez en el Salón 70, el diseño gráfico como manifestación plástica.

Para entonces el cartel se situó a la par de las demás manifestaciones de la plástica, pintura, dibujos y el grabado.


Eufemia Álvarez. COR, offset, 1970

La evidencia no solo de la diversidad de temas abordados, sino de la reproducción  masiva de los carteles en esta época, quedó reafirmada en un artículo publicado en la revista Cuba Internacional No. 39 de noviembre de 1972 en la que se informaba que en un año en el país se imprimían unos cinco millones de ejemplares. Siendo la principal productora la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) del Comité Central del Partido Comunista con tiradas que promediaban de 30 a 40 mil copias de cada original en impresión en offset y de 2 a 3 mil los reproducidos en  el sistema de reproducción en serigrafía.

También se reveló que la COR anualmente producía alrededor de cuatro millones, otro medio millón la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y el resto eran producidos por otros organismos como: el Instituto del Turismo, el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC) y el Consejo Nacional de Cultura (CNC).


Miguel Nim. DOR,  offset, 1977

De la síntesis a la descripción gráfica (1975-1989)  

A partir de mediado de la década del 70, con la Institucionalización del Poder Revolucionario, al cartel político, se le  revitalizó su preponderancia con el interés de concienciar y movilizar a las masas en torno a las transformaciones revolucionarias y la construcción del socialismo.

En esta nueva etapa de ejecución del proceso institucional y de pluralidad temática, paralelamente a las expresiones sintetizadas, formaron también parte de la vida social de los cubanos, los carteles portadores de textos de frases largas o imágenes con elementos gráficos descriptivos. En los de solidaridad mediante el empleo del dibujo y  la pintura artística adecuándolas a las condiciones de la comunicación gráfica continuaron reflejando elementos y símbolos, alusivos a los pueblos subdesarrollados de los tres continentes.

Los carteles culturales que para entonces tuvieron su mayor protagonismo en el Ministerio de Cultura (MC), entidad sucesora del Consejo Nacional de Cultura (CNC), además de sus acostumbrados  mensajes de promoción de las programaciones de las exposiciones de artistas plásticos, obras de teatros, conciertos musicales, danzas y otras presentaciones de manifestaciones artística, también se utilizaron en la divulgación de  significativos eventos internacionales.

El cartel de cine, siendo este su momento de mayor atracción  internacional, con sus continuadas influencias del pop y el sicodelismo;  en conformidad  con la plena madurez alcanzada en la producción cinematográfica y la creciente adquisición de filmes de otras nacionalidades, continuó su ascenso vertiginoso.

Hacia  los años  80  en el cartel de temática política, aunque se presentaron propuestas sintetizadas, progresivamente se incursionó hacia la descripción pictórica, para entonces con la imagen descriptiva ilustrada, pintada o dibujada, aunque dominó en calidad plástica;  perdió en su fantasía gráfica. Igualmente los textos cortos o breves fueron sustituidos por frases largas explicativas.

Durante el Período Especial  (1990-1999)


Eduardo Marín. Serigrafía, 1989. Primer cartel de la vanguardia gráfica cubana de los años 90

En tanto todo el esfuerzo del país se consagraba en la aplicación de los nuevos lineamientos trazados por la dirección de la Revolución sobre la rectificación de errores anunciado, en 1986, por el Comandante en Jefe; Fidel Castro Ruz, durante el discurso de clausura del acto por el XXV aniversario de la victoria de Playa Girón, desde comienzos de los 90, se produjo el sorpresivo acontecimiento de la desaparición de la URSS y la desintegración del campo socialista.

Ante la nueva situación internacional, el país quedó inmerso en una difícil situación económica producto de la pérdida brusca de sus principales mercados con la URSS y los países socialistas de Europa Oriental donde se efectuaba alrededor del 85% de su intercambio comercial. La industria gráfica, al igual que las de otras ramas de la economía, subsistió prácticamente paralizada; se inició el denominado período especial.

En las nuevas circunstancia jóvenes diseñadores vinculados a la comunicación social y artistas plásticos ante la pérdida del tradicionalismo gráfico de los años 60,  por  iniciativa propia, y como expresión de respeto a sus profesores, comenzaron a crear y producir carteles digitalizados, culturales y políticos, con originales únicos o impreso en serigrafía; con tirada de pocos ejemplares, en los que en la conformación de su nuevo lenguaje gráfico, junto a sus novedosas ideas tuvieron en cuenta los elementos formales empleados en la etapa de mayor esplendor del cartel cubano.

Esos jóvenes con formación docente en el diseño gráfico, conjuntamente con otros graduados de escuelas de artes, agrupados en dos asociaciones denominadas Nudo, constituida en 1989, y posteriormente en 1993 por otro grupo nombrada Nueva Generación;  con la intención de rebasar el estancamiento en que se encontraba el cartel expresaron  sus aportes artísticos-comunicativos, y aunque por las limitaciones económicas existentes en el país, no contaron con el suficiente apoyo y los recursos necesarios para propagarla a todo el territorio nacional, sin embargo por la novedad de sus mensajes conquistaron la simpatía de instituciones y especialistas en diversos países.

En aquella circunstancia para la emisión de mensajes políticos las vallas, el grafismo y rótulos con improvisados textos sobre un pedazo de cartón, metal u otros soportes reemplazan en algunas medidas el papel protagónico del cartel.

Textos como: Socialismo o Muerte, Lo nuestro es nuestro, Tenemos y tendremos socialismo y otros con alusiones a la defensa de la patria, pasaron a ocupar importantes nodos urbanos y en carreteras donde son fijadas vallas ilustradas con imágenes que reflejan las nuevas tareas y realidades del período especial, respaldada con el optimismo de que “Ahora sí vamos a construir el socialismo”.

UJC, Serigrafía,1992

Por otra parte la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), realizó importantes acciones para tratar de impregnarle una nueva forma de expresión a la gráfica política. De la vida cotidiana se tomaron expresiones populares y estrofas de canciones que son convertidas en consignas políticas y empleadas en textos de pegatinas, telas pintadas y paredes, pulóver, gorras y sobre papel y cartulina similar al formato de un cartel, diseñados mediante el empleo de la tipografía combinada con atributos nacionales y la bandera cubana, esta última expuesta generalmente de forma fragmentada, formando un lenguaje gráfico visual que lograban a atraer a los jóvenes y al resto de las masas populares para apoyar a la Revolución.

Simultáneamente junto a la gráfica de la UJC y de los aportes de la nueva vanguardia gráfica de jóvenes agrupados en los grupos, Nudo y Nueva Generación, motivado por la presencia de firmas extranjeras que comenzaron a operar en el país, la apertura de tiendas recaudadora de divisas y una mayor atracción del turismo internacional a la Isla, se originaron acciones publicitarias, con carteles anunciadores de marcas de productos y de protección al consumidor que compartieron  espacio con la gráfica política  y  con la  que  se suscitaron, desde  1998 en torno a la gráfica de la batalla de ideas, surgida al calor de lucha de los cubanos por la liberación del niño Elián y extendidas a la actualidad a la campaña por la liberación de los cinco cubanos presos políticos del imperio, encarcelados injustamente bajo la acusación de terrorismo y de peligro a la sociedad norteamericana, cuando en realidad estuvieron infiltrados en organizaciones terroristas de la mafia anticubana para advertir y evitar los planes terroristas contra nuestro país.


Olivio Martínez Viera. Serigrafía, 2007
Campaña liberación de los 5 prisioneros cubanos injustamente encarcelados en Estados Unidos

El cartel, durante más de 50 años ha compartido con los cubanos momentos trascendentales, heroicos y difíciles de la Revolución.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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