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Porque cuando una
mujer dice
que el sexo es una categoría
política
puede dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para
sí
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo.
“Para un mejor
amor”
Roque
Dalton
La discusión comenzó cuando
apenas caía la tarde y se
prolongó hasta la llegada de la
madrugada. Durante siete
horas, Fidel Castro, Comandante
en Jefe del Ejército Rebelde y
de las Milicias, debatió con su
tropa la entrega de armas a un
destacamento formado por
mujeres.
Esa noche del 4 de
septiembre de 1958
—en
las inmediaciones del hospital
de La Plata, en la Sierra
Maestra— los argumentos contra
la discriminación de la mujer,
defendidos con vehemencia por
Fidel, germinaron en la creación
del pelotón Mariana Grajales.
A estos hechos se refirió el
líder de la Revolución Cubana en
su primera alocución al pueblo
el 1ro. de enero de 1959, en
Santiago de Cuba, cuando enumeró
los males a enfrentar para la
consecución de una sociedad
justa: “yo quería demostrar que
las mujeres podían ser tan
buenos soldados y que existían
muchos prejuicios… en relación
con la mujer, y que la mujer es
un sector de nuestro país que
necesita también ser redimido,
porque es víctima de la
discriminación en el trabajo y
en otros aspectos de la vida.”
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La anécdota ilustra, por una
parte, la prioridad del tema en
la agenda de la Revolución
Cubana, y por otra parte, apunta
una de las características que
signa el proceso, de lo que se
ha llamado, en el contexto
cubano “la batalla por la
igualdad de la mujer”: la
voluntad política de equidad y
las acciones para potenciar esta
voluntad, se han desarrollado en
un devenir donde cohabitan la
participación y el protagonismo
con la resistencia consciente
y/o inconsciente, a nivel
individual y social, al cambio.
Mujer, Revolución y estudios de
género en Cuba: ¿cómo le entra
el agua al coco?
El tema se ha investigado
insuficientemente, aunque existe
una tendencia creciente en la
última década a los estudios de
género, se ha creado el Centro
de Estudios de la Mujer de la
FMC, funcionan 30 Cátedras de
la Mujer y la Familia, y hace
algo más de dos años se cursa la
maestría en Estudios de Género
en la Universidad de La Habana.
Pero las investigaciones
realizadas desde múltiples
disciplinas
—recomiendo
a los que quieran profundizar el
trabajo de la Doctora Marta
Núñez—
resultan parciales y no se ha
logrado sistematizar las
particularidades del proceso
cubano por una cultura de la
igualdad de derechos,
oportunidades y posibilidades
entre mujeres y hombres.
Apenas hay estudios
longitudinales que permitan
establecer tendencias.
Mucha información se encuentra
dispersa en informes y
discursos. Existe también una
producción realizada por
investigadoras no cubanas,
muchas de las cuales no se han
publicado o dado a conocer en la
Isla, con las que sería
interesante establecer un
diálogo crítico.
Me propongo en estas páginas un
acercamiento, desde el enfoque
de género, a la situación y
condición de la mujer en el
proceso de la Revolución Cubana
que intenta señalar algunos
aspectos que considero clave y
me detengo en algunos
controversiales.
Para ello me apoyo en la
concepción que asume que el
género
[5]
remite a la desigualdad y la
asimetría, que socialmente se
plasma en jerarquías, en
dominación, en subordinación, en
inclusiones o exclusiones, y en
su extremo en opresión. Remite,
pues, a juegos de poder que para
materializarse requieren algo
más que una lógica binaria
estructuradora.
Aunque el género alude a la
relación dialéctica entre los
sexos y, por lo tanto, no solo
al estudio de la mujer y lo
femenino, sino de hombres y
mujeres en sus relaciones
sociales, en este trabajo
circunscribiré mi análisis
específicamente al tratamiento
del tema de la mujer dentro del
ideario humanista de la
Revolución Socialista en Cuba.
Un aspecto que en mi opinión ha
marcado raigalmente y de manera
peculiar y novedosa el proceso
de la Revolución Cubana.
Intento de un diagnóstico
Es precisamente la convivencia
de viejos y nuevos paradigmas de
mujeres y hombres lo que
tipifica las relaciones de
género en la sociedad cubana 50
años después de la mítica
discusión para crear un batallón
de mujeres en la Sierra Maestra.
Pudiera tipificarse como un
escenario paradójico y
contradictorio cuyos márgenes no
pueden apresarse.
La participación de la mujer en
la vida económica, política y
social del país, y el
crecimiento a nivel individual
y social en el proceso de
reconceptualización y
reconstrucción de lo considerado
tradicionalmente como masculino
y femenino, muestra
incuestionables avances.
Resulta imprescindible para
entender la alta potenciación de
las mujeres en la sociedad
cubana que según consta en el
Plan de Acción de la República
de Cuba de seguimiento a Beijing
el estado “en concordancia con
su proyecto de justicia social,
de democracia participativa y de
lucha tenaz para eliminar toda
forma de discriminación y
opresión por razones de clase,
género y raza, ha puesto en
práctica desde 1959 su
Estrategia Nacional de
Desarrollo que comprende la
ejecución en forma articulada y
armónica, de los programas
económicos y sociales en tal
sentido ha impulsado la creación
y desarrollo de las bases
económicas, jurídicas,
educacionales, culturales y
sociales que garanticen la
igualdad de derechos,
oportunidades y posibilidades a
hombres y mujeres, transformando
la condición de discriminación y
subordinación a que secularmente
había estado sometida la mujer
cubana y promoviendo la
eliminación de estereotipos
sexuales tradicionales y la
reconceptualización de su papel
en la sociedad y en la familia”.[6]
He tratado de no dejarme seducir
por las estadísticas para
referirme a los cambios
acaecidos en la vida de las
mujeres, y detenerme más allá de
las cifras, en una aproximación
al análisis de los procesos que
han propiciado los cambios, por
lo que pueden aportar como
experiencia y por lo que revelan
en cuanto a los desafíos
futuros. Sin embargo, la
tentación es enorme porque los
datos son impactantes:
-
Las mujeres constituían el
12 % de la fuerza laboral en
1953, hoy son el 46 % del
sector estatal civil.
-
Eran el 3 % de los graduados
universitarios, y hoy son
algo más del 60 % de los
graduados y más del 62 de la
matrícula.
-
Constituyen el 51 % de los
trabajadores de la ciencia y
el 48 de los investigadores
directos.
-
Constituyen el 66 % de los
profesionales y técnicos en
el sector estatal civil.
-
De 403 médicas en 1953, el
6,5 % de todos los médicos,
en la actualidad resultan el
56 % y el 51,7 de los
colaboradores de la salud.
-
Las diputadas constituyen el
43 % de los parlamentarios.
-
Más del 70 % de los fiscales
son mujeres.
-
Ha aumentado en 20 años la
esperanza de vida de las
mujeres.
-
Las cubanas reciben igual
salario, por trabajo de
igual valor y con la misma
preparación.
Sin embargo, estos datos deben
verse en un entramado de
relaciones socioculturales y no
asumirlos como una realidad
homogénea.
Ello permite una
aproximación al tema en su
complejidad y devela porque aún
queda un largo camino por
recorrer para el logro de una
verdadera cultura de la igualdad
entre hombres y mujeres.
Recordemos que, como bien señala
Judith Butler, mujer no es un
significante estable sino un
problemático término que puede
contener múltiples significados.
Una mirada
a las cifras, a partir de una
caracterización realizada por la
Doctora Patricia Arés
teniendo en cuenta las últimas
tendencias en la combinación
entre capital económico,
cultural y social de la familia
cubana permite esbozar tres
corrientes principales que
ilustran que estos altos niveles
de participación se expresan de
manera heterogénea. La Doctora
Arés tipifica tres grupos
fundamentales:
-
Grupo de mujeres
profesionales que tienen un
capital económico tal vez
bajo, pero alto capital
cultural donde las mujeres
de la generación del
protagonismo están muy
vinculadas a los proyectos
sociales, y donde las
mujeres de la nueva
generación han incorporado
de forma diferente a la
pareja, han postergado su
maternidad y a diferencia de
la generación anterior
establecen más diálogo con
la pareja. Las profesionales
jóvenes de estas familias se
van posicionando desde la
jefatura del verdadero
protagonismo, hay una
reproducción del interés por
el estudio, la superación
profesional.
-
Grupo de bajo nivel
cultural, educacional y
económico, caracterizado por
familias monoparentales, con
mujeres o madres solas al
frente de ellas, estas
mujeres ejercen un
protagonismo pero desde la
precariedad, reproduciendo
patrones de género que
parecían superados.
-
En los grupos de la llamada
mediocracia: poder económico
considerable y bajo
potencial cultural y sin un
compromiso social, la
posición de la mujer es la
de tener un patriarca que la
mantenga, es el paradigma de
la familia tradicional
burguesa, no se ven
adelantos en la posición de
la mujer.
A esta caracterización debe
sumarse que en muchas ocasiones
la participación en la vida
pública se realiza en
condiciones de dobles y triples
jornadas de trabajo para las
mujeres. Siguen siendo ellas de
manera general las responsables
de las tareas domésticas, la
educación de los hijos y el
cuidado de los ancianos.
Si bien es en las relaciones de
pareja y en el hogar donde más
se evidencian los rezagos de una
ideología patriarcal esta se
manifiesta aún en los más
variados aspectos de la vida
social. El proceso de cambios
debemos contextualizarlo en el
desafío que señalaba Rosa de
Luxemburgo: “Vincular la lucha
cotidiana con el grandioso
proyecto de una reforma del
mundo, este es el gran problema
que se plantea para el
movimiento socialista”[10].
A nivel ideológico se
superponen las tradicionales
visiones de lo considerado
femenino y masculino con los
nuevos modelos. Pudiéramos
hablar de un híbrido en el que
se están gestando, tal vez, los
nuevos paradigmas. Me refiero,
por supuesto, a tendencias, pues
como en todo proceso social el
espectro abarca desde los
sujetos más apegados a la
cultura patriarcal hasta los más
transgresores de las
asignaciones de género.
El Che escribía en su ya clásico
El hombre y el Socialismo en
Cuba: “El cambio no se
produce automáticamente en la
conciencia, como no se produce
tampoco en la economía. Las
variaciones son lentas y no son
rítmicas; hay períodos de
aceleración, otros pausados e
incluso, de retroceso”.[11]
No se pueden, por tanto,
simplificar los procesos
ideológicos y subjetivos que
tienen su propia dinámica y que
están condicionados por factores
psicológicos, de clase, raza,
orientación sexual, éticos,
familiares, culturales y
sociales. En este macrocontexto
sociocultural y político es que
hay que situar las concepciones
de hombres y mujeres sobre
masculinidad y feminidad y sus
relaciones en Cuba.
Pero, ¿cómo se llegó hasta
aquí?
Feminismo de verde olivo: una
Revolución dentro de otra
Revolución
El espacio no me permite
escribir de las pioneras del
pensamiento y la práctica
feminista en Cuba como Gertrudis
Gómez de Avellaneda o Ana
Betancourt, ni de sus seguidoras
como María Luisa Dolz,
Mariblanca Sabas Alomá, Camila
Henríquez Ureña, Loló de la
Torriente o Mirta Aguirre…
Aunque sí es preciso señalar que
desde mediados del siglo XIX
vinieron conformando un ideario
donde se articuló lo más
avanzado del pensamiento
feminista de su época.
Ahora bien, la concepción
teórico-política sobre el tema
de la discriminación de la mujer
en Cuba, si bien es expresión de
ese ideario, no parte
específicamente de él, sino de
una doctrina que propone aunar
el proceso emancipatorio de la
nación con las especificidades
de formas de opresión por
motivos de clase, raza y sexo
entre otras. Esta concepción se
resume en la conocida frase de
1966: “Este fenómeno de la mujer
en la Revolución es una
Revolución dentro de otra
Revolución.”
|
 |
Un análisis con las actuales
herramientas que ofrece la
perspectiva de género a la
Revolución y su política para
potenciar la igualdad de
derechos y oportunidades de las
mujeres devela algunas de sus
características esenciales: el
reconocimiento de la dimensión
de clase, raza y género en el
análisis de la situación y
condición de la mujeres; la
necesidad de políticas
específicas y de formas de
organización que permitan la
reivindicación de sus intereses
particulares; el necesario
protagonismo femenino en su
propia liberación articulado con
los cambios sociales generales;
la conciencia de la necesidad de
realizar profundas
transformaciones en las
relaciones y los roles al
interior del hogar.
Precisamente, la particularidad
y el aporte del pensamiento de
Fidel y de la práctica política
cubana está dada en que
—a
diferencia de la concepción
llevada a cabo en la URSS,
después de la muerte de Lenin, y
extrapolada luego al llamado
campo socialista, donde se
afirmaba que el socialismo era
tan liberador en sí mismo que en
última instancia eliminaría
todas las desigualdades
existentes—
en nuestro país se crearon
políticas específicas para
potenciar la igualdad de
derechos y oportunidades entre
hombres y mujeres.
Afirma Carolina Aguilar[14]
que en 1970 en ocasión de
celebrarse en Moscú el Simposio
Internacional para conmemorar el
Centenario del Natalicio de
Lenin las participantes
preguntaron a los funcionarios
del PCUS al frente del trabajo
político ideológico las
proyecciones del Partido en
relación con la discriminación
de las mujeres y estos dijeron
que no eran necesarias, pues la
liberación de la mujer llegaría
con el socialismo desarrollado,
por lo que en esos momentos la
prioridad era el desarrollo del
país.
Esta concepción ignora que ser
mujer es una dimensión del ser
humano de sexo femenino, pero
sin duda ser blanca o negra,
obrera, intelectual, clase media
o indigente signa, marca, define
a la manera en que en ese ser
humano se construye el ser mujer
y que hay que asumir esta
diversidad.
Así que la desaparición de la
explotación y la toma del poder
revolucionario por sí mismo, no
significa que se hayan creado
inmediatamente y de forma
automática las condiciones para
que las mujeres ocupen el lugar
que les corresponde en la
sociedad. La igualdad de
derechos y oportunidades entre
los hombres y las mujeres no
pueden condicionarse a la
creación de la base material, al
desarrollo económico y social,
sino que deben acompañarse del
verdadero desarrollo de una
cultura de la igualdad.
En el caso cubano Fidel afirmaba
en el muy temprano 1962: “Las
mujeres dentro de la sociedad,
tienen intereses que son comunes
a todos los miembros de la
sociedad; pero tienen también
intereses que son propios de las
mujeres. Sobre todo, cuando se
trata de crear una sociedad
distinta, de organizar un mundo
mejor para todos los seres
humanos; las mujeres tienen
intereses muy grandes en ese
esfuerzo, porque, entre otras
cosas, la mujer es un sector que
en el mundo capitalista en que
vivíamos estaba discriminada.
En el mundo que estamos
construyendo, es necesario que
desaparezca todo vestigio de
discriminación de la mujer.”
|
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Aunque este es un tema sumamente
debatido, pues hay quienes
afirman que la Revolución Cubana
no tenía un interés particular
en la eliminación de la
discriminación de la mujer, sino
que necesitaba su fuerza de
trabajo y su participación en la
defensa del proyecto social;
en mi opinión, es inconsistente
establecer una relación
dicotómica y excluyente entre la
participación y defensa de la
Revolución, por parte de las
cubanas, y las reivindicaciones
específicas de género.
Este tipo
de análisis presupone que los
procesos sociales pueden
estructurarse en un orden
matemático e ignora que se
realizan en un proceso
dialéctico y sistémico donde se
presuponen y relacionan de
manera multidimensional.
La centralidad del asunto en la
construcción de la sociedad
socialista en Cuba se evidencia
en otra afirmación de Fidel:
“cuando se juzgue a nuestra
Revolución en los años futuros,
una de las cuestiones por las
cuales nos juzgarán será por la
forma en que hayamos resuelto en
nuestra sociedad y en nuestra
Patria los problemas de la
mujer, aunque se trate de uno de
los problemas de la Revolución
que requieren más tenacidad, más
firmeza, más constancia y más
esfuerzo.”
La aprobación de una
Resolución sobre el pleno
ejercicio de la igualdad de la
mujer en 1975 en el Primer
Congreso del Partido Comunista
de Cuba es un indicador también
de esta centralidad ya
mencionada. Por la riqueza que
puede aportar al debate cito
este fragmento de dicha
Resolución, que se refiere,
aunque no lo nombra de esa
manera, a lo que los estudios
feministas llaman la doble
jornada: “El primer Congreso del
Partido Comunista de Cuba
proclama que es ineludible deber
revolucionario, lograr la
distribución equitativa entre
los miembros de la familia de
las inevitables labores del
hogar.
Es necesario que todos
comprendan que esta es una
cuestión que atañe no solo a las
nuevas generaciones, sino a
todos los integrantes de nuestra
actual sociedad.”
Esta declaración de principios
fue a su vez plasmada en el
Código de Familia aprobado ese
mismo año.
Otro aspecto que tipifica el
proceso cubano por la igualdad
de derechos, oportunidades y
posibilidades entre mujeres y
hombres, fue la creación de la
Federación de Mujeres Cubanas (FMC),
presidida desde su fundación por
una combatiente del llano y de
la sierra, Vilma Espín.
El nacimiento de la Federación
de Mujeres Cubanas en el propio
año ’59
—constituida
oficialmente el 23 de agosto de
1960—
es una expresión del tratamiento
particular, dentro de lo
general, que se le brindó al
tema de la mujer.
Esta fue la primera organización
de masas creada en Cuba.
Tal vez la frase del Che de que
el ser humano es “el actor de
ese extraño y apasionante drama
que es la construcción del
socialismo, en su doble
existencia de ser único y
miembro de la comunidad”[18],
expresa mejor que cualquier
enumeración de tareas y acciones
la complejidad de los retos que
ha tenido que asumir la
Federación de Mujeres Cubanas en
su misión de potenciar la
igualdad de derechos y
oportunidades entre hombres y
mujeres.
Los aportes de Vilma y su
pensamiento merecen una
investigación en sí misma, pero
cabe mencionar desde la creación
de los círculos infantiles, la
educación sexual, la labor por
el respeto a la libre
orientación sexual, las
relaciones nuevas en la pareja. “La mujer ha encontrado la
libertad en el socialismo, pero
la libertad no solo significa
ausencia de presiones, sino
libertad de decidir. El derecho
de hombres y mujeres a
determinar su vida con libertad
incluye el reconocimiento del
mismo derecho para todos los
demás.”
El amplio trabajo de base de la
FMC, su labor en la elevación
del nivel educacional, cultural,
político, ideológico de las
mujeres y su empeño por la
incorporación de ellas a todos
los ámbitos y niveles de la
sociedad cubana se expresa en
múltiples acciones de salud,
educación, prevención y atención
social, así como en las más
diversas labores de cada
comunidad.
El prestigio por su labor como
interlocutora del gobierno en
los asuntos relacionados con la
mujer, su papel como
propiciadora de la introducción
de los asuntos relacionados con
el género en la agenda
institucional, junto al proceso
de crecimiento individual de sus
integrantes y de la propia
organización posibilitó que la
Federación de Mujeres Cubanas
deviniera y fuera reconocida
como Mecanismo Nacional del
Estado Cubano para el adelanto
de la Mujer.
Posee reconocimiento
constitucional, personalidad
jurídica propia y goza además de
iniciativa legislativa. Su aval
dentro de la sociedad civil
cubana la ha dotado de la
autoridad que le permite actuar
e influenciar en las políticas,
promulgación de leyes y
decisiones gubernamentales.
Sin embargo, a las puertas de su
VIII Congreso y con más de
cuatro millones de afiliadas, la
organización tiene el reto de
asumir las complejidades de
formas más sutiles de
discriminación que se expresan
hoy; de encontrar métodos para
incidir de forma más específica
en la subjetividad de hombres y
mujeres, y atraer a las mujeres
jóvenes, que ven como “natural”
muchos derechos conquistados por
sus madres y abuelas, y que
visibilizan la discriminación
por motivo de género, sobre
todo, cuando se incorporan a la
vida laboral y comienzan a
vivenciar las incompatibilidades
que aún a nivel de la sociedad
se expresan entre la vida
pública y la vida familiar.
El otro elemento clave
potenciador del empoderamiento
de las mujeres en Cuba que me
gustaría significar es la
legislación. En la Constitución
de la República de Cuba, en su
capítulo V, Igualdad, se
proclama:
Artículo 41.-
Todos los ciudadanos gozan de
iguales derechos y están sujetos
a iguales deberes.
Artículo 42.-
La discriminación por motivo de
raza, color de la piel, sexo,
origen nacional, creencias
religiosas y cualquiera otra
lesiva a la dignidad humana esta
proscrita y es sancionada por la
ley. Las instituciones del
estado educan a todos, desde la
más temprana edad, en el
principio de la igualdad de los
seres humanos.
Artículo 43.-
El estado consagra el derecho
conquistado por la Revolución de
que los ciudadanos, sin
distinción de raza, color de la
piel, sexo, creencias
religiosas, origen nacional y
cualquier otra lesiva a la
dignidad humana:
-tienen acceso, según méritos y
capacidades, a todos los cargos
y empleos del estado, de la
Administración Pública y de la
producción y prestación de
servicios;
-ascienden a todas las
jerarquías de las fuerzas
armadas revolucionarias y de la
seguridad y orden interior,
según méritos y capacidades;
-perciben salario igual por
trabajo igual;
-disfrutan de la enseñanza en
todas las instituciones docentes
del país, desde la escuela
primaria hasta las
universidades, que son las
mismas para todos;
-reciben asistencia en todas las
instituciones de salud;
-se domicilian en cualquier
sector, zona o barrio de las
ciudades y se alojan en
cualquier hotel;
-son atendidos en todos los
restaurantes y demás
establecimientos de servicio
publico;
-usan, sin separaciones, los
transportes marítimos,
ferroviarios, aéreos y
automotores;
-disfrutan de los mismos
balnearios, playas, parques,
círculos sociales y demás
centros de cultura, deportes,
recreación y descanso.
Artículo 44.
-
La mujer y el hombre gozan de
iguales derechos en lo
económico, político, cultural,
social y familiar.
El estado garantiza que se
ofrezcan a la mujer las mismas
oportunidades y posibilidades
que al hombre, a fin de lograr
su plena participación en el
desarrollo del país.
El estado organiza instituciones
tales como círculos infantiles,
seminternados e internados
escolares, casas de atención a
ancianos y servicios que
facilitan a la familia
trabajadora el desempeño de sus
responsabilidades.
Al velar por su salud y por una
sana descendencia, el estado
concede a la mujer trabajadora
licencia retribuida por
maternidad, antes y después del
parto, y opciones laborales
temporales compatibles con su
función materna.
El estado se esfuerza por crear
todas las condiciones que
propicien la realización del
principio de igualdad.
Se
han dictado numerosas leyes y
disposiciones jurídicas que
garantizan derechos humanos
fundamentales para uno y otro
sexo y particularmente para la
mujer tales como: La Ley de
Maternidad (1974) perfeccionada
en varias ocasiones y que en la
actualidad el decreto ley 234
incluye el derecho a la licencia
por paternidad, Código de la
Familia (1975), Ley de
Protección e Higiene del Trabajo
(1977), Ley de Seguridad Social
(1979), Código de la Niñez y la
Juventud (1984), Código del
Trabajo (1985), Plan de Acción
Nacional de Seguimiento a la
Conferencia de Beijing de la
República de Cuba (l997) y la
Ley 62 del Código Penal (1987),
que en su artículo 295 tipifica
como delito la violación del
derecho de igualdad y la
discriminación por cualquier
motivo.
Entre los convenios jurídicos
internacionales cabe destacar
que Cuba fue el primer país en
firmar y el segundo en ratificar
la Convención sobre la
Eliminación de todas las formas
de discriminación contra la
Mujer.
De manera general podemos
asegurar que desde el punto de
vista jurídico las cubanas
tienen garantizados sus derechos
civiles y políticos, los
derechos sexuales y
reproductivos, el derecho al
empleo, el derecho al estudio y
la capacitación.
Sin embargo, la legalidad no es
suficiente para articular
cambios que tienen que ver con
estereotipos sociales,
tradiciones, juicios de valor,
prejuicios, roles asignados y
asumidos.
La crisis de los 90
Cuando los trozos del Muro de
Berlín comenzaron a venderse
como souvenir y los analistas
políticos de occidente
proclamaron el fin de la
historia y las ideologías, en
Cuba comenzó lo que
eufemísticamente hemos llamado
período especial: enfrentar la
pérdida del 80 % del comercio
exterior.
El impacto fue muy grande para
las mujeres, pues la importante
contracción en los servicios, la
escasez de alimentos, las
dificultades con el transporte,
las interrupciones eléctricas,
las vicisitudes diarias exigían
más esfuerzo, más sacrificio y
más horas dedicadas a las tareas
domésticas. Sin embargo, la
resistencia que se expresó desde
la vida cotidiana y que
protagonizaron las mujeres fue
esencial para el sostenimiento
de la Revolución.
No se produce, sin embargo, un
proceso significativo de retorno
al hogar en este período. Varios
son los factores que Marta Núñez
aduce para ello: las categorías
ocupacionales de las mujeres y
su vínculo con la biotecnología
y otras industrias de punta que
las hacía imprescindibles, la
necesidad económica de las jefas
de hogar, la tradición que ya
existía entre las jóvenes hijas
de trabajadoras, y yo agregaría,
la voluntad política de
preservar el derecho de la
trabajadora y la creación de
comisiones de empleo femenino
para proteger a las mujeres
cuando había que cerrar un
centro laboral.
En este período despegan los
estudios de género
fundamentalmente en algunas
disciplinas como historia,
literatura y psicología.
Particularmente interesante
resulta, a finales de la década,
el florecimiento de una
literatura escrita por mujeres
que va a penetrar con una mirada
inquisitiva en zonas poco
tratadas como el erotismo
femenino, la violencia de
género, los nuevos modelos de
mujeres trasgresoras de las
asignaciones tradicionales de
género, el lesbianismo, entre
otros.
Sin embargo, la percepción y
autopercepción de la mujer como
objeto sexual se evidencia como
un elemento del imaginario que
no había desaparecido, pues
vuelve la prostitución
—renombrada
“jineterismo”
—
con características muy
diferentes a la que la
Revolución eliminó en los
primeros años.
Vuelve a evidenciarse, que en
cada momento histórico, conviven
los viejos estereotipos que
desde la práctica social y los
símbolos compartidos definen la
feminidad, con formas nuevas y
transgresoras. En los 90 algunas
de estas tendencias se polarizan
a consecuencia de la crisis.
Polémicas en torno a la práctica
cubana
Con frecuencia se ha cuestionado
la obra de la Revolución Cubana
en relación con las mujeres por
ciertos prejuicios e
incomprensiones que a finales de
los 60 y principios de los 70
existían en nuestro país sobre
el movimiento feminista, sobre
todo el radical.
La propia Vilma Espín,
presidenta de la Federación de
Mujeres Cubanas y otras
fundadoras de la FMC, han
explicado la coyuntura en que
estos desencuentros se
produjeron. En Cuba las mujeres
se incorporaban plenamente a los
grandes cambios de la sociedad,
se aprobaban tesis en los
Congresos del Partido y la
Federación sobre la Igualdad de
la Mujer, las leyes evidenciaban
una voluntad política para
enfrentar la discriminación por
razones de sexo... se
consideraba entonces que aquel
feminismo era propio del
capitalismo, algo foráneo, ajeno
a nuestra realidad.
Pero ya, desde principios de los
80 comenzó a asumirse la
diversidad del movimiento y la FMC participó activamente en los
Encuentros Feministas, y fue
apropiándose teóricamente de las
herramientas del enfoque de
género contextualizándolas al
proceso cubano de potenciación
de una cultura de la igualdad.
Judith Astelarra, feminista
argentina radicada en Barcelona,
relata en el prólogo a la
edición cubana de su libro
¿Libres e iguales? “Durante mucho tiempo las amigas
cubanas no participaron en el
feminismo latinoamericano,
recuerdo a lo largo de los años
80 en encuentros como los de
Naciones Unidas de la década de
la mujer haber sido parte de las
feministas latinoamericanas que
polemizábamos con las
delegaciones cubanas (…) Hoy
ideas y propuestas feministas
han adquirido presencia en el
debate académico y político
cubano.”
Aún hay una pobre apropiación de
las herramientas del feminismo,
de su estudio y de las
feministas marxistas y las
polémicas entre los feminismos.
Urge articular en las
investigaciones la dimensión de
género.
Incluso cuando se realizan
inventarios de los logros de la
Revolución Cubana se exalta la
educación, la salud, el deporte
y no se repara en que lo
alcanzado en materia de derechos
y oportunidades para las mujeres
resulta una conquista social sin
precedentes.
Para muchos marxistas esta era
una problemática crucial en la
lucha proletaria, León Trotsky
afirmaba: “Una revolución
no es digna de llamarse tal si
con todo el poder y todos los
medios de que dispone no es
capaz de ayudar a la mujer
—doble
o triplemente esclavizada, como
lo fue en el pasado—
a salir a flote y avanzar por el
camino del progreso social e
individual”.
Rosa de Luxemburgo, por su
parte, había señalado en una
carta
a Franz Mehring en febrero de
1916: “El socialismo no es,
precisamente, un problema de
cuchillo y tenedor, sino un
movimiento de cultura, una
grande y poderosa concepción del
mundo.”
Y en esa transformación cultural
incluía las concepciones acerca
de la mujer en la sociedad
capitalista y en la socialista:
“la moderna proletaria se
presenta hoy en la tribuna
pública como la fuerza más
avanzada de la clase obrera y al
mismo tiempo de todo el sexo
femenino.”
La pervivencia de machismo en la
sociedad cubana actual tanto en
hombres, como en mujeres, es
también un punto de debate para
algunas cubanólogas que lo
consideran como un error de la
construcción del socialismo
aduciendo que se le ha prestado
poca atención a la subjetividad.
Pero el
complejo proceso de construir
relaciones sociales más
equitativas y justas implica no
solo modificar la base económica
y las relaciones de producción
sino una profunda revolución
cultural que se ha ido forjando
en el día a día, sin recetas,
descubriendo camino al andar.
Las formas en que el pensamiento
patriarcal se reproduce son muy
variadas, pues se metamorfosea y
se resiste a desaparecer anclado
como está en las tradiciones y
la cultura. Se asoma en el
currículo oculto, en la letra de
una canción de moda, en los
juicios de valor de un
administrador que debe promover
a una trabajadora, en los
debates sobre la propuesta de
modificación del Código de
Familia. Pero es un proceso
lógico que se debe asumir en su
complejidad. Cincuenta años de
Revolución es apenas un suspiro
en el tiempo si lo comparamos
con 500 años de cultura judeo
cristiana occidental que
conformaron la nación cubana.
Desafíos
Los estereotipos, prejuicios,
conductas y juicios de valor
sexistas arraigados en las
tradiciones de la cultura
patriarcal en Cuba se modifican
en un complejo proceso de
reconceptualización en el que
inciden la voluntad política, la
legislación, los medios de
difusión, la escuela, la
familia, la subjetividad de cada
individuo: la sociedad en su
conjunto.
Los desafíos, 50 años después
se perfilan desde varias
aristas:
·
El reconocimiento de la propia
discriminación y sus formas de
expresión.
·
Desde las políticas públicas
potenciar el Plan de Acción
Nacional de Seguimiento a
Beijing.
·
Incluir la perspectiva de género
en las investigaciones sociales
como una categoría de análisis
indispensable.
·
Continuar la capacitación en
todos los niveles de enseñanza.
·
El trabajo de sensibilización
con los medios de comunicación y
otras instituciones
socializadoras.
·
Romper el llamado techo de
cristal en cuanto el acceso de
la mujer en los puestos de toma
de decisiones.
·
Potenciar los estudios de las
masculinidades.
·
Aprobación de las reformas
propuestas al Código de Familia
donde se legitiman los
tribunales de familia, las
uniones legales entre personas
del mismo sexo y se perfecciona
el tratamiento de aspectos
relacionados con la violencia de
género.
La Revolución nueva que rompiera
el yugo que sometía a las
mujeres y le desatara las alas,
que reclamaba Ana Betancourt
el 14 de abril de 1869, en una
callecita a un costado de la
Plaza de Guáimaro, en Camagüey,
donde se constituía la primera
República de Cuba en Armas, está
en marcha. De hombres y mujeres
depende hasta dónde remontaremos
vuelo.
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[6]
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Las cifras fueron tomadas del
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[12]
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[13]
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[14]
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[15]
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[16]
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[17]Partido
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[18]
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http://www.espacioalternativo.org/taxonomy/term/40?from=60
[23]Luxemburgo,
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5 de marzo 1914. En El Militante
129. 21 de febrero/21 de marzo
2000.
[24]
Ídem
[25]
“Ciudadanos: la mujer en el
rincón oscuro y tranquilo del
hogar esperaba paciente y
resignada esta hora hermosa, en
que una revolución nueva rompe
su yugo y le desata las alas”.
“Ciudadanos: Aquí todo era
esclavo: la cuna, el color, el
sexo. Vosotros queréis destruir
la esclavitud de la cuna
peleando hasta morir. Habéis
destruido la esclavitud del
color emancipando al siervo.
Llegó el momento de libertar a
la mujer”. Citado por Borges
Moya, Ester en Ana
Betancourt: Llegó el momento de
libertar a la mujer.
En
http://www.cadenagramonte.cu/camaguey/principenos/ana_betancourt_mora.asp
*
Algunas de las
ideas que aparecen en este
artículo, fueron esbozadas por
la autora en "Sobre una gorda
sin sentimiento y otras hierbas
en Mirar de otra manera".
Cátedra de la Mujer. Universidad
de La Habana. (2008)
Intervención en el Seminario 50
Aniversario de la Revolución
Cubana, julio de 2008. |