Año VII
La Habana

3 al 9 de ENERO
de 2009

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TE PONGA EL PLATO?

 

A medio siglo de aquellos preludios 

Joel del Río • La Habana

Fotos: Tomadas de Internet


Tal vez los verbos más usados entre 1959 y 1970, en Cuba, hayan sido fundar y cambiar, dos acciones ligadas indisolublemente al turbión inaugural que significaron los primeros años de la Revolución.

Recién se había fundado el ICAIC, y sus principales creadores se aprestaron a filmar elocuentes testimonios sobre las colosales hazañas, la épica y el vértigo transformador de toda una época. No había sido hasta marzo de 1959, con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, que comenzó a materializarse la posibilidad de un cine nacional concebido como producto cultural válido y auténtico, medio idóneo para interrogar la contemporaneidad y el pasado histórico, desde el rigor intelectual y la comprensión humanística de la nación.

El ICAIC asumió la producción, distribución y exhibición de un cine verdaderamente nacional, y además creó la Cinemateca de Cuba, el Noticiero ICAIC Latinoamericano con frecuencia semanal, la revista Cine Cubano y amparó todo un movimiento de renovación en las artes gráficas (mediante el cartel) y en la música, a través del grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, donde se nuclearon algunos de los más importantes músicos de la Isla.

Tanto la Revolución toda, en su dimensión humanística y totalizadora, como el ICAIC en su carácter de principal y (durante décadas) única instancia productora de cine, procuraban crear, en sus respectivos alcances y terrenos de acción, un país moderno, poblado por gente nueva, distanciada de las inmoralidades, oscurantismos, corrupción, vicios y desgobierno del pasado.

La actitud crítico-demoledora respecto al período republicano y al saldo de opresión, miseria y dependencia de los EE.UU., implicaba un modo indirecto de confirmar el avance dignificante y soberano de la Revolución, y de colocarla como natural colofón de todas las luchas independentistas anteriores.

Esta actitud de tabla rasa con el pasado, que solía considerarse estúpido, inservible o podrido durante las primeras tres décadas de la Revolución, se percibe nítidamente en el número 1 de la revista Cine Cubano, cuando Alfredo Guevara, presidente del recién creado ICAIC, asegura que “sería injusto acusar a los mercaderes nativos de la situación en que encontramos el cine cubano. En realidad no encontramos situación alguna porque tal cine no existe”.

En ese mismo texto asegura Alfredo Guevara que “salvo esfuerzos esporádicos, aislados y condenados al fracaso no se intentó jamás realizar una obra artística. Primero, fue la curiosidad por la toma de vistas, después la novedad y el primitivismo, más tarde un intento comercial, productivo y mediocre, y más recientemente, juegos de vanidad y aventura, alguno que otro bordeando el ridículo y otro superándolo. (...) Si buscamos un repertorio de imágenes y experiencias, una tabla de valores o puntos de referencia con vistas a seguirlos, modificarlos o rechazarlos, si pretendemos encontrar un motivo de estudio e inspiración, nada encontraremos.(...) No tenemos antecedentes”.

A una primera etapa caracterizada por la épica revolucionaria (a ella corresponden títulos como el primer largometraje de ficción realizado por el ICAIC, Historias de la Revolución, 1960, de Tomás Gutiérrez Alea; El joven rebelde, 1961, de Julio García Espinosa y la recobrada Soy Cuba, coproducción con la URSS dirigida por Mijail Kalatozov), siguió un período de penetrantes cuestionamientos de la realidad contemporánea, e incluso del pasado, en busca de respuestas sobre el presente, a través sobre todo de las obras firmadas por Tomás Gutiérrez Alea (La muerte de un burócrata, 1966; Memorias del subdesarrollo, 1968; Una pelea cubana contra los demonios, 1971) y también de Humberto Solás (Lucía, 1968; Un día de noviembre, 1972), Julio García Espinosa (Aventuras de Juan Quinquín, 1967) y Manuel Octavio Gómez, autor de un desconcertante docudrama sobre la guerra de independencia titulado La primera carga al machete, 1969.

El cauce del recordatorio historicista derivó en el natural reconocimiento sobre los orígenes de la nación, cauce que surge y se fortalece luego de 1968-69, cuando se conmemoran nacionalmente, con el despliegue de una gran campaña mediática, los llamados Cien Años de Lucha, y en todas partes se repite la consigna, “Nosotros, entonces, habríamos sido como ellos; ellos, hoy, serían como nosotros”, frase lapidaria que pretendía dejar sellada la continuidad entre las luchas independentistas de los criollos y mambises, y las que emprendieron los héroes y mártires de la Revolución contra la satrapía de la seudorrepública.

La característica vinculación inextricable entre documental y ficción, que resulta dominante en los principales momentos del cine cubano, también se puso de manifiesto a la hora de conmemorar los Cien Años de Lucha, y en vez de recurrirse al drama histórico-épico al uso, o al filme biográfico convencional, algunos cineastas cubanos experimentaron la vinculación de lo fictivo (trama entre personajes históricos, batallas, escenificación de la vida de los héroes de la independencia) con las técnicas propias del reportaje o del documental contemporáneo: entrevistas mirando a cámara, autoconciencia de la puesta en escena, alusiones dirigidas a igualar en sentido las rebeliones del pasado y las del presente.

Todo ello podía percibirse, en distintos grados, en el documental ficcionalizado Hombres de Mal tiempo (1968) de Alejandro Saderman, y en las ficciones “documentalizadas” Primera carga al machete (1969, de Manuel Octavio Gómez), y Páginas del diario de José Martí (1969, de José Massip), que asentaron una especie peculiar de cine histórico, muy comprometido con el presente, pues no solo se investiga y se exhibe el pasado colonial —cuando se fueron asentando los estratos fundacionales de la cubanía— sino que además se interponen alusiones a los mayúsculos contenidos ideológicos de los años 60: la guerrilla y las luchas de liberación en el Tercer Mundo, particularmente América Latina; las amenazas externas a la independencia, el derecho a la soberanía y autodeterminación de todos los pueblos.

Dentro de la celebración por los Cien Años de Lucha, a celebrarse en 1969, se ubicaron las ya mencionadas Lucía, La primera carga al machete, Hombres de Mal tiempo, Páginas del diario de José Martí, La odisea del general José (1968, Jorge Fraga), Médicos mambises (1968, Santiago Villafuerte) y 1868-1968 (1970, de Bernabé Hernández).

El ICAIC se situó rápidamente en la proa de las vanguardias y protagonizó lo más activo de un proceso revolucionario en pos de legítimos valores artísticos y de lograr la expresión de la nacionalidad.

Sus aportes no se limitaron solo al apoyo en la producción y promoción de un movimiento que abarcó el cine de ficción, el documental y el dibujo animado, sino que además impulsó la exhibición y conocimiento de lo mejor del cine mundial, dio aliento a la Cinemateca de Cuba y a sus ricos archivos fílmicos, emprendió iniciativas como los cinemóviles —que llevaron el cine a intrincados puntos de la geografía nacional, como se cuenta en el extraordinario documental Por primera vez— creó un espacio para el desarrollo del cartel cubano por parte de destacados artistas plásticos, y dio vida, entre 1969 y 1977, al Grupo de Experimentación Sonora, que dejó su impronta en la música cubana, pues se convirtió en el punto de partida de la Nueva Trova.

La década dorada del cine cubano estuvo reforzada por el matizado esplendor que dominaba en otras manifestaciones artísticas, culturales e incluso políticas.

El  pueblo  aprueba  unánimemente,  el 2  de  septiembre  de  1960,   la  I Declaración de La Habana, y el gobierno Revolucionario decreta la nacionalización de las principales empresas privadas: “Somos socialistas, palante y palante, y al que no le guste, que aguante, que aguante”…

José Lezama Lima escribe Dador, y luego Paradiso… Alicia baila en el Lorca El lago de los cisnes, y después encantan Josefina, o Loipa, o Aurora… “Lápiz, Cartilla, Manual, Alfabetizar, Alfabetizar, ¡Venceremos! Somos la brigada Conrado Benítez, somos la vanguardia de la Revolución…” Vicente Revuelta pone en escena La noche de los asesinos… Crisis de los misiles, de Octubre, el mundo al borde del desastre nuclear… Cabrera Infante escribe en Lunes de Revolución, y se funda la revista Casa de las Américas, y El Caimán  Barbudo, y el periódico Juventud Rebelde…El Bola en el Monseñor, Elena en el Pico Blanco, la muchedumbre acompaña el último adiós de El Bárbaro del Ritmo... Invasión mercenaria por Playa Girón derrotada en menos de 72 horas... José Soler Puig hizo Bertillón 166, mientras Reinaldo Arenas, Celestino antes del alba y Heberto Padilla, Fuera de juego…Y Moraima, Omara, Luisa María Güell, el feeling, Freddy, Los Meme, La Lupe, Los Zafiros, Martha Estrada…

Se crean, y poco después cambian de nombre y carácter, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP): “El trabajo te hará hombre”… “Aquí el que no trabaja no come”... Verónica Lynn estrena Santa Camila de La Habana Vieja, en julio de 1962, y la Luz Marina de Aire frío, en noviembre… Premio Casa de las Américas 1966: Los años duros, de Jesús Díaz… “Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar, y su paso de gigantes no se detendrá”…

En tres años, Nicolás Guillén entrega los poemarios Tengo, Poemas de amor y El gran zoo…. María Caracoles baila Mozambique… Antonia Eiriz pinta La muerte en pelotas y Servando Cabrera, Milicias campesinas, y Martínez Pedro la serie Aguas territoriales, y Wifredo Lam, Tercer Mundo y Amelia Peláez, Interior con columnas… Alejo Carpentier publica El siglo de las luces. Fue en 1967 que mataron al Che: “Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia…” Virgilio Piñera escribió Niñita querida, El no, Dos viejos pánicos y Una caja de zapatos vacía, ninguna de ellas llega a la escena en esta década. Están pintando sin cesar Umberto Peña, Mendive, Acosta-León, Raúl Martínez… Dame una gardenia, mamá, dame una gardenia… Pablo, Mis 22 años, y Silvio, La era está pariendo un corazón… Se funda el Grupo de Experimentación  Sonora del ICAIC, lo dirige Leo Brouwer, y están Pablo, Silvio, Sara, la nueva trova que sería y que ya era… Miguel Barnet: La canción de Rachel… Canta Pacho Alonso: Qué rico, qué rico es, el ritmo pilón, para que lo baile usted.

“Desde que se quemó El Encanto la ciudad no es lo mismo. Ya no parece el París del Caribe, como decían los turistas y las putas”, piensa Sergio en Memorias del subdesarrollo, escrita por Edmundo Desnoes, reinventada por Tomás Gutiérrez Alea tres años después…

En el año 2008, justo este que estamos dejando atrás, cumplió las cuatro décadas de saludable vida nuestra película insignia; dentro de unos meses, en marzo de 2009, celebraremos el medio siglo de la creación de ese Instituto, inseparable ya de la historia cultural de la nación.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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