|
Tal vez los verbos más usados
entre 1959 y 1970, en Cuba,
hayan sido fundar y cambiar, dos
acciones ligadas
indisolublemente al turbión
inaugural que significaron los
primeros años de la Revolución.
Recién se había fundado el
ICAIC, y sus principales
creadores se aprestaron a filmar
elocuentes testimonios sobre las
colosales hazañas, la épica y el
vértigo transformador de toda
una época. No había sido hasta
marzo de 1959, con la creación
del Instituto Cubano del Arte e
Industria Cinematográficos, que
comenzó a materializarse la
posibilidad de un cine nacional
concebido como producto cultural
válido y auténtico, medio idóneo
para interrogar la
contemporaneidad y el pasado
histórico, desde el rigor
intelectual y la comprensión
humanística de la nación.
El ICAIC asumió la producción,
distribución y exhibición de un
cine verdaderamente nacional, y
además creó la Cinemateca de
Cuba, el Noticiero ICAIC
Latinoamericano con frecuencia
semanal, la revista Cine
Cubano y amparó todo un
movimiento de renovación en las
artes gráficas (mediante el
cartel) y en la música, a través
del grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC, donde se
nuclearon algunos de los más
importantes músicos de la Isla.
Tanto la Revolución toda, en su
dimensión humanística y
totalizadora, como el ICAIC en
su carácter de principal y
(durante décadas) única
instancia productora de cine,
procuraban crear, en sus
respectivos alcances y terrenos
de acción, un país moderno,
poblado por gente nueva,
distanciada de las
inmoralidades, oscurantismos,
corrupción, vicios y desgobierno
del pasado.
La actitud crítico-demoledora
respecto al período republicano
y al saldo de opresión, miseria
y dependencia de los EE.UU.,
implicaba un modo indirecto de
confirmar el avance dignificante
y soberano de la Revolución, y
de colocarla como natural
colofón de todas las luchas
independentistas anteriores.
Esta actitud de tabla rasa con
el pasado, que solía considerarse
estúpido, inservible o podrido
durante las primeras tres
décadas de la Revolución, se
percibe nítidamente en el número
1 de la revista Cine Cubano,
cuando Alfredo Guevara,
presidente del recién creado
ICAIC, asegura que “sería
injusto acusar a los mercaderes
nativos de la situación en que
encontramos el cine cubano.
En realidad no encontramos
situación alguna porque tal cine
no existe”.
En ese mismo texto
asegura Alfredo Guevara que
“salvo esfuerzos esporádicos,
aislados y condenados al fracaso
no se intentó jamás realizar una
obra artística. Primero, fue la
curiosidad por la toma de
vistas, después la novedad y el
primitivismo, más tarde un
intento comercial, productivo y
mediocre, y más recientemente,
juegos de vanidad y aventura,
alguno que otro bordeando el
ridículo y otro superándolo.
(...) Si buscamos un repertorio
de imágenes y experiencias, una
tabla de valores o puntos de
referencia con vistas a
seguirlos, modificarlos o
rechazarlos, si pretendemos
encontrar un motivo de estudio e
inspiración, nada
encontraremos.(...) No tenemos
antecedentes”.
|
 |
A una primera etapa
caracterizada por la épica
revolucionaria (a ella
corresponden títulos como el
primer largometraje de ficción
realizado por el ICAIC,
Historias de la Revolución,
1960, de Tomás Gutiérrez Alea;
El joven rebelde, 1961,
de Julio García Espinosa y la
recobrada Soy Cuba,
coproducción con la URSS
dirigida por Mijail Kalatozov),
siguió un período de penetrantes
cuestionamientos de la realidad
contemporánea, e incluso del
pasado, en busca de respuestas
sobre el presente, a través
sobre todo de las obras firmadas
por Tomás Gutiérrez Alea (La
muerte de un burócrata,
1966; Memorias del
subdesarrollo, 1968; Una
pelea cubana contra los demonios,
1971) y también de Humberto
Solás (Lucía, 1968; Un
día de noviembre, 1972),
Julio García Espinosa (Aventuras
de Juan Quinquín, 1967) y
Manuel Octavio Gómez, autor de
un desconcertante docudrama
sobre la guerra de independencia
titulado La primera carga al
machete, 1969.
|
 |
El cauce del recordatorio
historicista derivó en el
natural reconocimiento sobre los
orígenes de la nación, cauce que
surge y se fortalece luego de
1968-69, cuando se conmemoran
nacionalmente, con el despliegue
de una gran campaña mediática,
los llamados Cien Años de Lucha,
y en todas partes se repite la
consigna, “Nosotros, entonces,
habríamos sido como ellos;
ellos, hoy, serían como
nosotros”, frase lapidaria que
pretendía dejar sellada la
continuidad entre las luchas
independentistas de los criollos
y mambises, y las que
emprendieron los héroes y
mártires de la Revolución contra
la satrapía de la
seudorrepública.
La característica vinculación
inextricable entre documental y
ficción, que resulta dominante
en los principales momentos del
cine cubano, también se puso de
manifiesto a la hora de
conmemorar los Cien Años de
Lucha, y en vez de recurrirse al
drama histórico-épico al uso, o
al filme biográfico
convencional, algunos cineastas
cubanos experimentaron la
vinculación de lo fictivo (trama
entre personajes históricos,
batallas, escenificación de la
vida de los héroes de la
independencia) con las técnicas
propias del reportaje o del
documental contemporáneo:
entrevistas mirando a cámara,
autoconciencia de la puesta en
escena, alusiones dirigidas a
igualar en sentido las
rebeliones del pasado y las del
presente.
Todo ello podía percibirse, en
distintos grados, en el
documental ficcionalizado
Hombres de Mal tiempo (1968)
de Alejandro Saderman, y en las
ficciones “documentalizadas”
Primera carga al machete
(1969, de Manuel Octavio Gómez),
y Páginas del diario de José
Martí (1969, de José Massip),
que asentaron una especie
peculiar de cine histórico, muy
comprometido con el presente,
pues no solo se investiga y se
exhibe el pasado colonial
—cuando se fueron asentando los
estratos fundacionales de la
cubanía— sino que además se
interponen alusiones a los
mayúsculos contenidos
ideológicos de los años 60: la
guerrilla y las luchas de
liberación en el Tercer Mundo,
particularmente América Latina;
las amenazas externas a la
independencia, el derecho a la
soberanía y autodeterminación de
todos los pueblos.
Dentro de la celebración por los
Cien Años de Lucha, a celebrarse
en 1969, se ubicaron las ya
mencionadas Lucía, La
primera carga al machete,
Hombres de Mal tiempo,
Páginas del diario de José Martí,
La odisea del general José
(1968, Jorge Fraga), Médicos
mambises (1968, Santiago
Villafuerte) y 1868-1968
(1970, de Bernabé Hernández).
|
 |
El
ICAIC se situó rápidamente en la
proa de las vanguardias y
protagonizó lo más activo de un
proceso revolucionario en pos de
legítimos valores artísticos y
de lograr la expresión de la
nacionalidad.
Sus aportes no se limitaron solo
al apoyo en la producción y
promoción de un movimiento que
abarcó el cine de ficción, el
documental y el dibujo animado,
sino que además impulsó la
exhibición y conocimiento de lo
mejor del cine mundial, dio
aliento a la Cinemateca de Cuba
y a sus ricos archivos fílmicos,
emprendió iniciativas como los
cinemóviles —que llevaron el
cine a intrincados puntos de la
geografía nacional, como se
cuenta en el extraordinario
documental Por primera vez—
creó un espacio para el
desarrollo del cartel cubano por
parte de destacados artistas
plásticos, y dio vida, entre
1969 y 1977, al Grupo de
Experimentación Sonora, que dejó
su impronta en la música cubana,
pues se convirtió en el punto de
partida de la Nueva Trova.
La década dorada del cine cubano
estuvo reforzada por el matizado
esplendor que dominaba en otras
manifestaciones artísticas,
culturales e incluso políticas.
El pueblo aprueba
unánimemente, el 2
de septiembre de
1960, la I
Declaración de La Habana, y el
gobierno Revolucionario decreta
la nacionalización de las
principales empresas privadas:
“Somos socialistas, palante y
palante, y al que no le guste,
que aguante, que aguante”…
José
Lezama Lima escribe Dador,
y luego Paradiso… Alicia
baila en el Lorca El lago de
los cisnes, y después
encantan Josefina, o Loipa, o
Aurora… “Lápiz, Cartilla,
Manual, Alfabetizar,
Alfabetizar, ¡Venceremos! Somos
la brigada Conrado Benítez,
somos la vanguardia de la
Revolución…” Vicente Revuelta
pone en escena La noche de
los asesinos… Crisis de los
misiles, de Octubre, el mundo al
borde del desastre nuclear…
Cabrera Infante escribe en
Lunes de Revolución, y se
funda la revista Casa de las
Américas, y El Caimán
Barbudo, y el periódico
Juventud Rebelde…El Bola en
el Monseñor, Elena en el Pico
Blanco, la muchedumbre acompaña
el último adiós de El Bárbaro
del Ritmo... Invasión mercenaria
por Playa Girón derrotada en
menos de 72 horas... José Soler
Puig hizo Bertillón 166,
mientras Reinaldo Arenas,
Celestino antes del alba y
Heberto Padilla, Fuera de
juego…Y Moraima, Omara,
Luisa María Güell, el feeling,
Freddy, Los Meme, La Lupe, Los
Zafiros, Martha Estrada…
Se crean, y poco después cambian
de nombre y carácter, las
Unidades Militares de Ayuda a la
Producción (UMAP): “El trabajo
te hará hombre”… “Aquí el que no
trabaja no come”... Verónica
Lynn estrena Santa Camila de
La Habana Vieja, en julio de
1962, y la Luz Marina de Aire
frío, en noviembre… Premio
Casa de las Américas 1966:
Los años duros, de Jesús
Díaz… “Porque esta gran
humanidad ha dicho basta y ha
echado a andar, y su paso de
gigantes no se detendrá”…
En tres años, Nicolás Guillén
entrega los poemarios Tengo,
Poemas de amor y El
gran zoo…. María Caracoles
baila Mozambique… Antonia Eiriz
pinta La muerte en pelotas
y Servando Cabrera, Milicias
campesinas, y Martínez Pedro
la serie Aguas territoriales,
y Wifredo Lam, Tercer Mundo
y Amelia Peláez, Interior con
columnas… Alejo Carpentier
publica El siglo de las luces.
Fue en 1967 que mataron al Che:
“Aquí se queda la clara, la
entrañable transparencia, de tu
querida presencia…”
Virgilio Piñera escribió
Niñita querida, El no,
Dos viejos pánicos y
Una caja de zapatos vacía,
ninguna de ellas llega a la
escena en esta década. Están
pintando sin cesar Umberto Peña,
Mendive, Acosta-León, Raúl
Martínez… Dame una gardenia,
mamá, dame una gardenia… Pablo,
Mis 22 años, y Silvio,
La era está pariendo un corazón…
Se funda el Grupo de
Experimentación Sonora del
ICAIC, lo dirige Leo Brouwer, y
están Pablo, Silvio, Sara, la
nueva trova que sería y que ya
era… Miguel Barnet: La
canción de Rachel… Canta
Pacho Alonso: Qué rico, qué rico
es, el ritmo pilón, para que lo
baile usted.
“Desde que se quemó El Encanto
la ciudad no es lo mismo. Ya no
parece el París del Caribe, como
decían los turistas y las
putas”, piensa Sergio en
Memorias del subdesarrollo,
escrita por Edmundo Desnoes,
reinventada por Tomás Gutiérrez
Alea tres años después…
|
 |
En el año 2008, justo este que
estamos dejando atrás, cumplió
las cuatro décadas de saludable
vida nuestra película insignia;
dentro de unos meses, en marzo
de 2009, celebraremos el medio
siglo de la creación de ese
Instituto, inseparable ya de la
historia cultural de la nación. |