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Admiro y quiero
entrañablemente a Pablo,
como persona de virtudes
excepcionales y como uno
de los más grandes
artistas de nuestro
país. Su obra
constituye uno de los
pilares de nuestra
cultura y de nuestra
Revolución. Su figura es
y seguirá siendo un
símbolo de la Cuba
revolucionaria. Por eso
me ha entristecido ver
cómo tergiversan sus
palabras de manera
grosera los enemigos de
todo lo que él
representa, precisamente
cuando estamos
celebrando el 50
aniversario de un
proceso histórico tan
hermoso, digno y
heroico, que ha hecho
tanto por el pueblo
cubano y por otros
pueblos del mundo.
Me refiero a la
entrevista que hace unos
días apareció en el
periódico español
Público, con el
título "El socialismo
cubano se ha estancado",
y que tanta repercusión
ha tenido en medios que
se dedican a atacar
cotidianamente a Cuba.
Cuando leí la entrevista
y los artículos y
comentarios que ha
suscitado, sentí mucho
dolor como cubana, como
revolucionaria y como
amiga personal de Pablo.
Me sorprendieron
particularmente las
afirmaciones que se le
atribuyen acerca del
tema racial en nuestro
país y en los Estados
Unidos. Sufrí en lo
personal el terrible
racismo imperante en la
Cuba capitalista y puedo
dar testimonio de todo
lo que ha hecho la
Revolución para
proteger, educar y
respaldar a los sectores
más humildes de la
población y en especial
a los negros y mestizos.
Se trata de una obra
extraordinaria que no
puede opacarse. Recuerdo
que en el VI Congreso de
la UNEAC Fidel habló
con total honestidad y
transparencia de los
vestigios racistas que
sobreviven en nuestra
sociedad y de cómo había
que trabajar muy duro
para erradicarlos. De
aquella reflexión
nacieron muchos
programas nuevos que han
multiplicado las
oportunidades de estudio
e integración para todos
los jóvenes cubanos.
También recuerdo con
orgullo cuando Nelson
Mandela nos visitó y
reconoció la
contribución de nuestros
soldados
internacionalistas en la
derrota del régimen del
apartheid. Tampoco puedo
olvidar los jóvenes
africanos que estudiaron
y siguen estudiando en
Cuba y los médicos
nuestros que salvan
vidas en África y Haití.
No sé cómo puede
subestimarse toda esa
enorme obra de
solidaridad, igualdad y
justicia. Ojalá pueda
Obama impulsar en
Estados Unidos algunas
de las políticas que ha
llevado adelante Cuba
desde 1959 hasta hoy.
Ojalá le sea posible
ayudar a las personas
discriminadas y
excluidas dentro de un
sistema tan ajeno a la
igualdad y a la
solidaridad como el
capitalista.
Me sorprendieron
igualmente los
comentarios que se
atribuyen a Pablo con
respecto a algo tan
perverso y que nos ha
hecho tanto daño como el
bloqueo. Varias
generaciones de cubanos
hemos sufrido muy
dolorosamente los
efectos de esa política.
Se trata de un proyecto
criminal, que no tiene
justificación alguna, y
que, ahora, cuando
nuestro país acaba de
sufrir el golpe de tres
huracanes devastadores y
tiene que enfrentar la
crisis económica
mundial, se hace todavía
más monstruoso. Creo que
todo cubano que sea
escuchado fuera de
nuestro país debe exigir
el fin inmediato de ese
crimen.
En esta entrevista se
colocan en boca de Pablo
opiniones superficiales
sobre temas demasiado
importantes para
tratarlos con ligereza.
Hay que tener en cuenta
que el socialismo en
Cuba se ha ido
levantando bajo ese
bloqueo y en medio de la
guerra sin cuartel que
nos han hecho los
sucesivos gobiernos de
Estados Unidos. No
parece serio ni
responsable hablar de un
"socialismo estancado",
"paralizado", y
descalificar a los
dirigentes históricos de
la Revolución en un
momento crucial, cuando
nuestro país, bloqueado,
agredido, defiende sus
principios en medio de
condiciones muy
difíciles y merece
respeto.
Estoy convencida de que
las verdaderas opiniones
y los verdaderos
sentimientos de Pablo
acerca del destino de
Cuba no están en esa
entrevista. Pablo es
nuestro: es de Cuba; es
del pueblo
revolucionario que tanto
lo quiere. Su poesía y
su música nos
pertenecen. Creo que
esto lo saben también
quienes pretendieron
utilizarlo para dañar la
imagen de la Revolución
en su 50 aniversario.
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