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Desencuentros (Ediciones Unión 2008)

Una indagación del azar

Helen Hernández Hormilla • La Habana

 

Cualquiera de estos días pudiéramos toparnos con algún personaje de los que habitan en el más reciente libro de la escritora cubana Nancy Alonso. Ya sea al pasar una calle, en la reunión de una empresa, al conversar con una amiga a la que no veíamos desde hace tiempo, incluso hasta al mirarnos al espejo en un acto de meditación. Y es que los protagonistas de los Desencuentros (Unión, 2008) que Alonso retrata en sus narraciones, resultan seres salidos de la cotidianidad misma, luchadores implacables en la búsqueda del amor.  

Doce relatos componen el tercer volumen de esta bióloga devenida contadora de historias. Pero a diferencias de sus dos libros anteriores (Tirar la primera piedra, 1997 y Cerrado por reparación, 2004), los conflictos que atañen a los personajes de Desencuentros no se circunscriben a un determinado contexto. Si en sus cuadernos iniciales la catarsis provocada por el dolor de las transformaciones morales, económicas y sociales sufridas en esta Isla hace ya casi dos décadas, parecía copar los intereses literarios de la escritora; en este caso las anécdotas trascienden cualquier acicate circunstancial.

Se trata de historias actuales, cotidianas, aparentemente sencillas porque así nos son presentadas, en las que, sin embargo, pudiera concurrir cualquier ser de este planeta. La escritora se sumerge en la imperfección humana con el propósito de encontrar allí sus virtudes. La nostalgia, los celos, el dolor de la ausencia, el miedo a estar solos, la duda, los prejuicios, la culpa, la aceptación, el desmedido amor materno; son varios de los temas tratados por el libro.

“El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ello soy su enemigo”, es la frase de Jorge Luis Borges que utiliza Alonso como exergo. Con ella, la autora adelanta varios de los sentidos de su libro, pues justo son la oportunidad perdida, el posible amor irresuelto, la frase divergente, la apariencia equivocada; los que generan los conflictos de estos 12 relatos.

El azar concurrente de que hablara el poeta conduce y desencadena los desencuentros en los que participan los personajes del libro, como un llamado a superar las inseguridades, los prejuicios y la incomunicación. Es ese duende eventual el que conecta a una profesora internacionalista en África con una locutora que alivia en su voz la añoranza por la patria (“Domicilio desconocido”), el que con solo transformar un movimiento hace perder la posibilidad del amor naciente (“Mala suerte” y “La paciente”), el que por interpretaciones erradas genera la desconfianza (“Fin de una historia”), el que convierte en pública la más dolorosa “Confesión”.

Pero no tendrían tanta fortuna las sutilezas del destino si nuestros actos gozaran de mayor convencimiento. Por ello, el trasfondo ético de estos relatos nos enseña a enfrentar la vida con benevolencia y esperar de los otros una actitud superior. Concuerdo con Teresa Blanco cuando en la presentación del libro opinaba que no por estas razones se ofrecen aquí juicios moralizantes. La autora logra transmitir desde las atmósferas, hechos y actitudes, esa necesidad humana de perdonar y perdonarse, de aceptar lo diferente, de encarar la vida con sinceridad y osadía.

Por otra parte, la diversidad de quienes conviven en estos cuentos avista una voluntad por mostrar rostros múltiples de la nación cubana. No por accidente son orates, gays, lesbianas o mujeres cuidadoras, varios de los que aquí regalan fragmentos de su existencia. La elección pudiera explicarse por la necesidad de presentar dichas realidades desde nuevos y más complejos matices, sin posturas doctrinarias o impugnadoras. Ajena al tratamiento de la homosexualidad más al uso por la literatura cubana de los últimos tiempos, en la que abundan conflictos meramente eróticos o en la que los homosexuales son víctimas de los prejuicios y la discriminación social; las mujeres y hombres de estos cuentos se enfrentan a problemáticas comunes a todos los amantes, no importa cuál sea su orientación sexual, al tiempo que muestran relaciones sólidas y perecederas, sustentadas en la lealtad propia de una vida compartida en comunión.

Una de los cuentos más completos en este sentido constituye “Créditos finales”, donde una pareja de mujeres sostienen una sólida relación de varios años, durante los que se han mantenido viviendo junto a los padres de la protagonista. Ante la posibilidad de la muerte de esta, su compañera debe sufrir la exclusión de la hermana, quien como primera alternativa propone expulsarla de la casa pese a que ella ha sido como una hija más para los ancianos. La discriminación a las personas homosexuales aflora en este cuento en el que es evidente el sostenido enfrentamiento social a lo distinto, así como la hipocresía de algunos familiares que aparentan aceptar la homosexualidad en tanto les resulta conveniente. Pese a ello, la tenacidad espiritual de estas mujeres, su felicidad y armonía superan todos los trances amargos y legitiman en un punto elevado el amor entre personas de un mismo sexo, contrapuesto en este caso a la desdichada vida matrimonial de la hermana heterosexual.

La ruptura provocada en la familia cubana por la emigración de varios de sus miembros, es otra de las temáticas exploradas por Nancy Alonso en relatos como “Aniversario” y “Huellas”. En este último, una madre confiesa ante un peculiar grupo de autoayuda haber quedado huérfana de hijas debido a la salida de ambas del país. El desamparo interior de esta mujer y en especial el de su esposo, regala un emotivo cuestionamiento a los dilemas de la emigración y sus costos afectivos para los que quedan en esta orilla.

La limpieza en el lenguaje de los cuentos es otra de las características a las que Nancy nos tiene acostumbrados. La intención comunicativa a través de frases directas, estilo aristotélico y cierres fuertes para los que siempre queda guardado un dato sobrecogedor; garantizan una lectura dinámica y placentera. La autora rehúsa al idioma rebuscado porque no es eso lo que le interesa resaltar, sino la fuerza de las propias anécdotas y la consistencia de los sentimientos de sus protagonistas.

A esto se añade un hermoso diseño cuya portada e ilustraciones interiores pertenecen al artista plástico Morante. El aporte visual de las imágenes demuestra una acertada lectura del ilustrador, quien supo captar la esencia de cada cuento con la misma economía de recursos con la que su autora los relata.

La lectura de Desencuentros provoca el cuestionamiento de la espiritualidad más íntima, a la vez que hace pensar en las equivocaciones, en todas las veces que por solo un ápice dejamos de alcanzar la felicidad, en los amores perdidos y en los logrados, en la intolerancia, en la necesaria comunicación. Un libro de historias hermosas hechas para la reflexión y en el que, de seguro, también podremos descubrir la voluntad de mejoramiento que rige el universo interior de su autora.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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