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Con esta exposición
Julio Girona regresa al
Museo Nacional de Bellas
Artes y a nosotros. Con
una frase casi idéntica
di la bienvenida, hace
unos años, a la muestra
Mirar a Julito,
que honró con sus
imágenes y documentos la
Sala Majadahonda del
Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau.
La exposición que
inauguramos hoy aquí (Julio
Girona: una historia
personal) paga una
deuda puntual con el
Maestro y permite que lo
acompañemos, junto a
Annie y a Ilse, sus
hijas, que han venido a
compartir esta aventura
de la imaginación, de la
belleza y del amor.
Por ello me siguen
pareciendo actuales y
justicieras muchas de
las frases que encontré
ahora rastreando en la
memoria (la informática
y la afectiva, que no es
lo mismo pero es "casi"
igual), y las hago
nuestras para felicitar
al Museo por esta deuda
interna que está siendo
felizmente pagada y para
entregar algo del mucho
amor que le tenemos a
este artista múltiple y
a su "historia personal"
que es también, por
suerte, nuestra.
Aquí anda Julio Girona
conversando en las
paredes, guiñando el ojo
pícaro y cómplice a las
mujeres que le rodean,
escribiendo con su
caligrafía de
electrocardiograma las
palabras de su nombre
manzanillero y
universal.
Con esa letra firmó
durante décadas sus
cuadros, garabateó los
apuntes de sus futuros
cuentos y poemas,
escribió cartas llenas
de humor a los amigos
queridos y rellenó los
rincones de sus obras
plásticas con recados,
advertencias, mensajes,
como para recordarnos
que todo cabe dentro de
las fronteras de la
creación y de la
Humanidad y que —por
ello mismo— esas
fronteras no existen. O
no debieran existir.
Si revisamos las líneas
de su ficha biográfica o
los catálogos de sus
exposiciones,
terminaremos dándonos
cuenta de que para el
autor tampoco existieron
las fronteras. ¿Qué
hacía este eterno
manzanillero en las
calles del París bohemio
o en la casita de Nueva
Jersey mientras
iluminaba sus lienzos y
construía su pequeña,
adorable familia? ¿Por
qué realiza ese "dibujo
de la guerra" a la que
marchó por decisión
propia, para combatir al
fascismo en tierras de
Europa?
Julio contestó a esas y
a otras preguntas a
través de distintos
lenguajes artísticos: la
pintura, la escultura,
el cuento, el
testimonio, la poesía.
Fue encontrando esos
caminos a lo largo de su
vida de una manera
cotidiana y mágica al
mismo tiempo. Así pasó
con sus poemas que
narran y conmueven y con
sus narraciones
memoriosas que impactan
desde la aparente
sencillez de su estilo.
Y así pasó también con
sus trazos indagadores e
imaginativos sobre la
cartulina o el lienzo.
A esos caminos
interminables de la
creatividad Julio
incorporó un rasgo
definitivo de su
carácter que es también
expresión de esa manera
cubana de pensar, de
sentir y de hacer que
nos caracteriza como
cultura y como nación:
el humor. Junto a otros
compañeros de generación
y de sueños —como Pablo
de la Torriente Brau y
Raúl Roa—, Julio se
valió sabiamente del
humor para afrontar las
inclemencias de la
existencia y de la
historia, sin faltar a
los compromisos
históricos y culturales
que asumió sin retórica
ni encartonamientos a lo
largo de su vida.
Con ese espíritu
desacralizador nos habló
sobre su participación
en la Segunda Guerra
Mundial:
"Yo me acuerdo que
cuando entré al ejército
tenía mucho miedo y yo
creo que el miedo es
lógico. El que no tenga
miedo en una guerra está
mal de la cabeza, porque
pueden pasar tantas
cosas… Yo por suerte
salí intacto: lo único
que atrapé fue una
picazón, ¿cómo le llaman
a eso?, sarna. Pero fue
una cuestión de suerte.
"De todas formas, no fue
fácil la vida en el
ejército, fueron tres
años y me acuerdo que
muchos compañeros me
preguntaban cómo era que
yo estaba allí si no me
habían reclutado
forzosamente. Yo les
explicaba que era
voluntario, soldado
voluntario, porque había
sido antifascista
durante mi estancia en
Francia, en Nueva York,
en México y en La
Habana. En esos lugares
había participado en
manifestaciones, pero en
Nueva York hubo un
momento en que pensé que
había que hacer algo más
que dibujar para el
periódico.
"Y fui a la guerra y
volví. Cuando volví, mi
hija tenía ya tres años.
Nació cuando yo estaba
en el ejército. Y cuando
me vio acostado en la
misma cama que su mamá,
vino enseguida de su
cunita y se acostó entre
ella y yo. Y, entonces,
me dijo: 'sit down,
siéntate!'. Yo me senté
en el borde de la cama.
Pensé que quería jugar,
pero me dijo: 'good bye,
adiós!'.
"Y créanme, créanme que
necesité como tres meses
para conquistarla. Me
fue más fácil conquistar
nuevamente a su mamá."
Ese ánimo risueño y
vital recorre los
papeles y las imágenes
que he revisado a vuela
máquina antes de
escribir estas palabras
de presentación: desde
aquellas caricaturas en
la vidriera de la tienda
La fortuna de
Manzanillo, en 1929,
hasta la selección de
lienzos, cartulinas y
esculturas que puebla
esta nueva "historia
personal" en Bellas
Artes.
Pocos años después de
entregar el Premio Pablo
a Julio “por sus trazos
y sus letras y su vida,
por el rumor y el amor
que ha puesto en nuestro
tiempo”, y un día
después de su muerte, le
saludamos así desde un
patio de la calle
Muralla, entre poemas y
guitarras de jóvenes
trovadores:
"Hoy fue enterrado un
hermano, un padrecito de
este Centro —y un poco
un padrecito personal—:
Julio Girona, y mañana
es su cumpleaños 88.
Nosotros preferimos
seguir recordando a
Julio en su cumpleaños.
Y por eso dedicamos esta
tarde, lo que va a
suceder aquí, todo lo
que va a latir en los
corazones de los
trovadores, de todos los
presentes, a su hermosa,
querida, inolvidable
memoria. Por eso no
pedimos un minuto de
silencio para Julio.
Pedimos, sí, muchas
horas de música, de
alegría, de fiesta por
la vida: esa vida que
Julio vivió
intensamente.
Eso pedimos también
ahora, al borde de esta
"historia personal" que
el Museo ha armado, con
la curaduría de Elsa
Vega, el trabajo y la
colaboración de muchos y
la complicidad de tantos
que disfrutamos la obra,
la vida, el humor, la
amistad de ese artista
indetenible que fue
Julio Girona, el mismo
que una vez nos dejó
esta dedicatoria que
ahora reencontré en uno
de sus libros
memorables:
"Para ustedes,
con el cariño del
soldado que decidió la
Segunda Guerra Mundial.
Modestamente,
Julio" |