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Exposición de y para Julio

Víctor Casaus • La Habana

 

Con esta exposición Julio Girona regresa al Museo Nacional de Bellas Artes y a nosotros. Con una frase casi idéntica di la bienvenida, hace unos años, a la muestra Mirar a Julito, que honró con sus imágenes y documentos la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

La exposición que inauguramos hoy aquí (Julio Girona: una historia personal) paga una deuda puntual con el Maestro y permite que lo acompañemos, junto a Annie y a Ilse, sus hijas, que han venido a compartir esta aventura de la imaginación, de la belleza y del amor.

Por ello me siguen pareciendo actuales y justicieras muchas de las frases que encontré ahora rastreando en la memoria (la informática y la afectiva, que no es lo mismo pero es "casi" igual), y las hago nuestras para felicitar al Museo por esta deuda interna que está siendo felizmente pagada y para entregar algo del mucho amor que le tenemos a este artista múltiple y a su "historia personal" que es también, por suerte, nuestra.

Aquí anda Julio Girona conversando en las paredes, guiñando el ojo pícaro y cómplice a las mujeres que le rodean, escribiendo con su caligrafía de electrocardiograma las palabras de su nombre manzanillero y universal.

Con esa letra firmó durante décadas sus cuadros, garabateó los apuntes de sus futuros cuentos y poemas, escribió cartas llenas de humor a los amigos queridos y rellenó los rincones de sus obras plásticas con recados, advertencias, mensajes, como para recordarnos que todo cabe dentro de las fronteras de la creación y de la Humanidad y que —por ello mismo— esas fronteras no existen. O no debieran existir.

Si revisamos las líneas de su ficha biográfica o los catálogos de sus exposiciones, terminaremos dándonos cuenta de que para el autor tampoco existieron las fronteras. ¿Qué hacía este eterno manzanillero en las calles del París bohemio o en la casita de Nueva Jersey mientras iluminaba sus lienzos y construía su pequeña, adorable familia? ¿Por qué realiza ese "dibujo de la guerra" a la que marchó por decisión propia, para combatir al fascismo en tierras de Europa?

Julio contestó a esas y a otras preguntas a través de distintos lenguajes artísticos: la pintura, la escultura, el cuento, el testimonio, la poesía. Fue encontrando esos caminos a lo largo de su vida de una manera cotidiana y mágica al mismo tiempo. Así pasó con sus poemas que narran y conmueven y con sus narraciones memoriosas que impactan desde la aparente sencillez de su estilo. Y así pasó también con sus trazos indagadores e imaginativos sobre la cartulina o el lienzo.

A esos caminos interminables de la creatividad Julio incorporó un rasgo definitivo de su carácter que es también expresión de esa manera cubana de pensar, de sentir y de hacer que nos caracteriza como cultura y como nación: el humor. Junto a otros compañeros de generación y de sueños —como Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa—, Julio se valió sabiamente del humor para afrontar las inclemencias de la existencia y de la historia, sin faltar a los compromisos históricos y culturales que asumió sin retórica ni encartonamientos a lo largo de su vida.

Con ese espíritu desacralizador nos habló sobre su participación en la Segunda Guerra Mundial:

"Yo me acuerdo que cuando entré al ejército tenía mucho miedo y yo creo que el miedo es lógico. El que no tenga miedo en una guerra está mal de la cabeza, porque pueden pasar tantas cosas… Yo por suerte salí intacto: lo único que atrapé fue una picazón, ¿cómo le llaman a eso?, sarna. Pero fue una cuestión de suerte.

"De todas formas, no fue fácil la vida en el ejército, fueron tres años y me acuerdo que muchos compañeros me preguntaban cómo era que yo estaba allí si no me habían reclutado forzosamente. Yo les explicaba que era voluntario, soldado voluntario, porque había sido antifascista durante mi estancia en Francia, en Nueva York, en México y en La Habana. En esos lugares había participado en manifestaciones, pero en Nueva York hubo un momento en que pensé que había que hacer algo más que dibujar para el periódico.

"Y fui a la guerra y volví. Cuando volví, mi hija tenía ya tres años. Nació cuando yo estaba en el ejército. Y cuando me vio acostado en la misma cama que su mamá, vino enseguida de su cunita y se acostó entre ella y yo. Y, entonces, me dijo: 'sit down, siéntate!'. Yo me senté en el borde de la cama. Pensé que quería jugar, pero me dijo: 'good bye, adiós!'.

"Y créanme, créanme que necesité como tres meses para conquistarla. Me fue más fácil conquistar nuevamente a su mamá."

Ese ánimo risueño y vital recorre los papeles y las imágenes que he revisado a vuela máquina antes de escribir estas palabras de presentación: desde aquellas caricaturas en la vidriera de la tienda La fortuna de Manzanillo, en 1929, hasta la selección de lienzos, cartulinas y esculturas que puebla esta nueva "historia personal" en Bellas Artes.

Pocos años después de entregar el Premio Pablo a Julio “por sus trazos y sus letras y su vida, por el rumor y el amor que ha puesto en nuestro tiempo”, y un día después de su muerte, le saludamos así desde un patio de la calle Muralla, entre poemas y guitarras de jóvenes trovadores:

"Hoy fue enterrado un hermano, un padrecito de este Centro —y un poco un padrecito personal—: Julio Girona, y mañana es su cumpleaños 88. Nosotros preferimos seguir recordando a Julio en su cumpleaños. Y por eso dedicamos esta tarde, lo que va a suceder aquí, todo lo que va a latir en los corazones de los trovadores, de todos los presentes, a su hermosa, querida, inolvidable memoria. Por eso no pedimos un minuto de silencio para Julio. Pedimos, sí, muchas horas de música, de alegría, de fiesta por la vida: esa vida que Julio vivió intensamente.

Eso pedimos también ahora, al borde de esta "historia personal" que el Museo ha armado, con la curaduría de Elsa Vega, el trabajo y la colaboración de muchos y la complicidad de tantos que disfrutamos la obra, la vida, el humor, la amistad de ese artista indetenible que fue Julio Girona, el mismo que una vez nos dejó esta dedicatoria que ahora reencontré en uno de sus libros memorables:

"Para ustedes, con el cariño del soldado que decidió la Segunda Guerra Mundial.

Modestamente,

                     Julio"

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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