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Queridos estudiantes:
El sábado 10 de enero se
cumplen ocho décadas de
la desaparición física
de Julio Antonio Mella.
Quisiera comenzar este
encuentro con el mejor
poema dedicado a Julio
Antonio, en mi opinión,
escrito por nuestro
Poeta Nacional Nicolás
Guillén.
Mella
Lanzó del arco tenso
disparada
la roja
flecha contra el viejo
muro:
punta de
sueño, lengua de futuro
que allí
vibrando se quedó
clavada.
Sobre la
rota piedra penetrada
hincó de
su bandera el mástil
duro;
aún era
noche, el cielo estaba
oscuro,
pero ya
el viento olía a
madrugada.
Partió después con su
profundo paso
y una canción que al
porvenir advierte,
Mella hacia el mediodía
sin ocaso.
Su derribada sangre es
vino fuerte
alzad, alcemos en el
rudo vaso
la sangre victoriosa de
su muerte.
Debo confesar con pena
algo que tal vez
provocará cierta
desilusión en ustedes,
debo hoy presentarles un
libro que solo he podido
hojear.
Explicaré lo sucedido:
A fines de diciembre, Iroel Sánchez me
solicitó que presentara
este libro: una
biografía de Julio
Antonio Mella escrita
por la intelectual
alemana Christine Hatzky.
Pese a lo cercano del
compromiso acepté la
solicitud de Iroel por
varias razones. Primero,
el cariño y el respeto
que siento por Iroel y
su actitud siempre
presta a escuchar,
meditar y, en mi caso, a
acoger con entusiasmo
proposiciones sobre
asuntos editoriales.
Segundo, conozco
personalmente a la
autora del libro, la
joven intelectual
alemana Christine Hatzky,
a quien recibí varias
veces, a petición de
ella, justamente para
hablarme acerca de la
investigación que
realizaba sobre la vida
de Mella.
Me causó gran admiración
y simpatía que una
intelectual alemana
dedicara tantos
esfuerzos a investigar
en profundidad la vida
de una figura política
cubana que dejó de
existir en 1929, más de
tres décadas antes de
que ella naciera, y en
un momento en que la RDA
había desaparecido, y
una ola de anticomunismo
y, por tanto, de
enemistad hacia la Cuba
revolucionaria envolvía
a Alemania. Por ello, no
sería motivo de interés
para el gran público
lector de su país la
biografía de un
personaje de la lejana
Isla del Caribe, donde
el socialismo habría de
desaparecer al igual que
había sucedido en Europa
del Este y en la Unión
Soviética, según
aseguraba la casi
totalidad de los medios
masivos de Europa, de
EE.UU. y de gran parte
del mundo. No podría
negarme a expresar
públicamente mi simpatía
con la autora mediante
la presentación de su
obra.
Tercero, me siento muy
vinculado a la figura de
Julio Antonio Mella
desde mi niñez, pues mi
hermana mayor, Xiomara
—muerta en 1951 en la
plenitud de su juventud
por la cruel
tuberculosis que los
pobres contraían por el
hambre y no podían
combatir por la falta de
recursos—, había nacido
el 10 de enero de 1929,
el mismo día que cayó
asesinado Mella en las
calles de la capital de
México.
Mi madre, obrera del
tabaco, despalilladora,
había escuchado la
conferencia que había
pronunciado Julio
Antonio Mella en el
local del sindicato de
torcedores de La Habana,
donde el joven orador
—cuatro años más joven
que ella— relatara sus
impresiones sobre la
visita al barco mercante
soviético Vorovsky en la
bahía de Cárdenas (esta
conferencia ha sido
publicada bajo el título
"Cuatro horas bajo la
bandera roja").
Tal era la admiración de
mi madre por aquel joven
líder, que nunca aceptó
celebrar el cumpleaños
de mi hermana el día 10.
Cuando había recursos
para el cake y las
velitas, se festejaba el
aniversario de Xiomara
otro día, nunca el día
10 de enero, día
luctuoso de conmovida
recordación.
Cuando en 1946 empecé a
trabajar como Jefe de
redacción en el órgano
oficial de la recién
creada Juventud
Socialista, en una
publicación quincenal
llamada Magazine
Mella, sentí la
emoción íntima de rendir
homenaje cotidiano al
héroe adorado de mi
madre. Fui aprendiendo
el oficio de periodista
y en 1949-50 asumí el
cargo de director de la
publicación.
Uno de mis artículos en
el Magazine Mella
que denunciaba la
corrupción, los crímenes
y la entrega al
imperialismo del
gobierno de Prío
Socarrás, causó tanta
indignación a las
autoridades oficiales
que fuimos acusados y
sometidos a juicio ante
un tribunal de urgencia
no solo yo, como autor
del artículo y director,
sino todo el Consejo de
Dirección y redactores
del Magazine:
Flavio Bravo, Alfredo
Guevara, Antonio Núñez
Jiménez, Marcos
Behmaras, Adigio
Benítez, José Massip y
otros menos conocidos.
Fuimos absueltos en el
juicio, no se pudo
demostrar que era un
escrito subversivo, pues
la publicación era
legal, inscripta como
exigía la Ley y su
difusión no había
causado rebelión alguna.
Todavía en las
instancias judiciales
había cierto apego a la
ley, que el golpe de
Estado de Batista de
1952 hizo trizas.
Años después, en 1957,
me correspondió durante
un período —después que
salí de la cárcel—
ocuparme del Magazine
Mella, pero ahora sí
se trataba de una
publicación clandestina.
Tal vez la mayoría de
ustedes no conozcan que
durante los años de la
tiranía batistiana, se
publicaron 82 ediciones
del Magazine Mella.
Una periodicidad
mensual, formato
pequeño, pero a colores.
Nunca los sabuesos
batistianos pudieron
encontrar los lugares
donde se elaboraba,
imprimía y distribuía la
combativa publicación.
Y tengo una cuarta
razón, más importante
que las anteriores:
“Corresponde —como
planteara Raúl el 1ro.
de Enero en Santiago de
Cuba— a la Dirección
histórica de la
Revolución preparar a
las nuevas generaciones
para asumir la enorme
responsabilidad de
continuar adelante con
el proceso
revolucionario.”
Acepté la proposición de
Iroel. Sin embargo, no
apareció el tiempo para
buscar el libro de
Christine y estudiarlo.
El libro tiene 472
páginas, cifra
desconocida por mí hasta
el presente año 2009 en
que regresé de Santiago
de Cuba y pude echarle
un vistazo. Se trata,
sin duda, de un estudio
exhaustivo y profundo de
la vida de Julio Antonio
Mella. Basta este dato:
la bibliografía
estudiada por Christine
ocupa 39 páginas del
libro y menciona cerca
de 500 libros, artículos
y documentos
consultados.
De otra parte, en una
sección de anexos, se
reproducen 58 páginas de
documentos, muchos de
ellos inéditos hasta
ahora, todos los cuales
tienen que ver con la
vida y la actividad de
Mella, algunos de su
propia autoría.
Para expresar una
opinión definitiva
acerca de la calidad de
esta obra, se
necesitaría de un
análisis detenido, que
como expliqué, no me ha
sido posible realizar.
Mas lo importante es
referirnos a lo
fundamental del libro,
la vida, la actividad y
la significación de la
lucha de Julio Antonio
Mella, su vigencia
histórica, las
enseñanzas que nos dejó
y que han de ser un
elevado ejemplo a seguir
por las nuevas
generaciones actuales y
futuras.
Vean ustedes qué
coincidencia: Nuestro
Apóstol José Martí, el
más universal de los
próceres cubanos del
siglo XIX, nació en
1853. En el Centenario
de su natalicio, es
decir, en 1953, su
discípulo de mayor
visión política, talento
y decisión, Fidel
Castro, al frente de un
puñado de jóvenes
heroicos que emulaban
con su acción la bravura
singular del gigante
cuyo nombre llevaba la
fortaleza militar,
Moncada, se lanzaron a
la conquista del
cuartel. Tal
coincidencia no es
casual sino causal,
porque los valientes
asaltantes ofrendaban su
gesto para hacer
realidad la doctrina por
la que el Apóstol había
sacrificado su vida en
Dos Ríos.
Exactamente entre ambos
aniversarios, de manera
fortuita, acaece otra
magna efemérides, el
centenario del natalicio
de Julio Antonio Mella,
el 25 de marzo de 1903.
Su figura es de una
altura, robustez y
calidad tales que bien
podría ser columna
intermedia cuyo capitel
sostuviera dos arcos uno
que apoya el otro
extremo en la columna de
mediados del siglo XIX y
el otro arco en la
columna de mediados del
siglo XX, si se me
permite el símil
arquitectónico.
En esta república
neocolonial de la
Enmienda Platt, Mella es
el primero de los
hombres de la nueva
generación que proclama
el pensamiento radical
avanzado y
revolucionario del
Maestro. Sentía como una
necesidad imprescindible
para el esclarecimiento
ideológico del camino de
la Revolución Cubana el
estudio a fondo, la
discusión y la adopción,
de la doctrina del
fundador del Partido
Revolucionario Cubano.
En sus "Glosas al
pensamiento de José
Martí", artículo de
apenas ocho páginas,
reclama imperativamente
esa tarea urgente: un
libro que debe
escribirse por una voz
de la nueva generación
libre de prejuicios y
compenetrada con la
clase revolucionaria de
hoy.
Mella no solo rescató el
filo radical de la
prédica y la obra
martiana, sino que sumó
este rico acervo
histórico a otras ideas
más avanzadas, las del
marxismo leninismo,
aporte que no se
contraponía sino que
enriquecía la teoría
universal y científica,
con la hondura ética del
prócer mayor y las
características propias
de nuestro país, su
peculiar identidad
nacional, ubicación y
dimensión geográficas,
época en que se
desarrollaba la lucha.
Pero Mella hizo más:
convirtió en acción y
organización este
precioso legado teórico
y esta rica tradición
heroica.
Mella ingresa en la
Escuela de Derecho de la
Universidad de La Habana
en 1921. El curso
comienza a principios de
octubre. En gesto de
servilismo del gobierno
de Alfredo Zayas y del
claustro universitario,
se pretende otorgarle un
título honorífico al
General Enoch Crowder,
procónsul norteamericano
que había llegado a La
Habana y fondeado en su
puerto la nave de guerra
Minnesota, donde
despachaba con
políticos, gobernantes y
banqueros, en nombre del
Presidente de EE.UU.
Julio Antonio alerta y
moviliza a los
estudiantes de su
Facultad y organiza una
repulsa masiva, el 16 de
noviembre, ante el mismo
claustro que sesiona
para adoptar el lacayuno
acuerdo. La reunión se
suspende. Comisiones de
estudiantes acuden a los
órganos de prensa para
divulgar la enérgica y
documentada denuncia.
Comienza a organizarse
una marcha para el día
18 que partiría del
Monumento a Maceo, el
General de la Protesta
de Baraguá, hacia el
Palacio Presidencial. El
Presidente Zayas
interviene, maniobra; la
manifestación no tiene
lugar porque el proyecto
se anula por decisión
del Ejecutivo. Así, como
una vorágine, entra
Mella en la vida pública
del país, y aún no ha
cumplido los 19 años de
edad.
Es imposible en el breve
espacio de una charla
relacionar su tormentosa
actividad. Con su poder
de síntesis el compañero
Fidel lo describe:
"Mella, desde el primer
instante, descolló como
un extraordinario
combatiente
revolucionario. Inició
en nuestra vieja
Universidad la reforma
universitaria, vinculó
los estudiantes a los
obreros, organizó el
primer Congreso de
estudiantes, fundó la
Universidad José Martí,
organizó la Liga
Antimperialista y fundó
además, junto a Baliño y
otros revolucionarios el
Primer Partido Comunista
de Cuba. ¡Es conmovedora
la historia de esta vida
tan breve, tan dinámica,
tan combativa y tan
profunda!
"A los pocos años ya no
solo era un dirigente
estudiantil, sino
también un dirigente de
la clase obrera cubana,
y rápidamente alcanza
dimensión de dirigente
latinoamericano. Y si se
analiza el pensamiento
de Mella, las ideas
internacionalistas de
aquel Mella, que
venciendo todas las
dificultades llegó hasta
el primer barco
soviético que visitó a
nuestro país; de aquel
Mella combatiente
incansable contra el
imperialismo, se podrá
apreciar la coincidencia
entre su pensamiento y
los hechos de la
Revolución Cubana, lo
que Mella aspiraba a
hacer y lo que ha hecho
la Revolución Cubana.
"Mella se ve encausado,
protagoniza uno de los
episodios más valientes
y heroicos de nuestra
historia revolucionaria,
que fue su famosa huelga
de hambre de 19 días,
con la cual obliga a la
tiranía machadista a
ponerlo en libertad.
"Mella se ve obligado a
abandonar el país
después de su histórica
huelga de hambre. Pero
su extraordinaria
personalidad, sus ideas
y combatividad
atemorizan demasiado al
imperialismo yanqui, a
la oligarquía al
servicio de ese
imperialismo y a la
tiranía machadista; no
pararon hasta
instrumentar la conjura
que culminó en el
cobarde asesinato del 10
de enero de 1929.
Troncharon aquel talento
extraordinario, aquella
vida fecunda en la flor
de su existencia." Como
ha afirmado el compañero
Raúl Castro:
"Cuando acudimos al
combate del Moncada
convocado por Fidel, nos
sentimos representantes
de la Generación del
Centenario del Natalicio
del Apóstol y estábamos
decididos a cumplir su
mandato revolucionario.
"Fue José Martí el autor
intelectual de aquel
intento de reiniciar la
Guerra Necesaria, para
batir la tiranía y
rescatar la soberanía de
la nación, secuestrada
por los monopolios
estadounidenses y su
gobierno imperialista.
Pero fue Julio Antonio
Mella, quien nos había
mostrado la médula
revolucionaria del
pensamiento martiano
dando 'un alto —como él
afirmara— y si no
quieren obedecer, un
bofetón, a tanto canalla,
tanto mercachifle, tanto
adulón, tanto hipócrita
que escribe y habla
sobre José Martí'.
"En el primer cuarto de
siglo de la República de
la Enmienda Platt, nadie
como Mella expuso con
tanta claridad y fuerza
de convicción la
vigencia de la doctrina
martiana, a pesar de que
solo pudo escribir un
artículo de unas cuantas
páginas, y no el libro
que tenía pensado y que
vehementemente sentía la
necesidad de poner en
letras de imprenta, con
tan dilatada y profunda
reflexión y tanto amor,
que le parecía, como
expresó en dicho
artículo, 'un viejo
libro leído en la
adolescencia'.
"Éramos la generación
que a un siglo del
natalicio de Martí y a
medio del siglo del
nacimiento de Mella nos
lanzamos a hacer
realidad los sueños del
maestro y de su
ferviente discípulo.
Muchas veces desde sus
días universitarios,
Fidel ha expresado su
plena identificación con
Mella. Una vez
conversando con él sobre
el tema, expresó: 'En
Cuba, nadie ha hecho
tanto en tanto poco
tiempo'."
De estas palabras del
Segundo Secretario de
nuestro Partido, se
infiere que si Martí fue
el autor intelectual del
Moncada, Mella figura
entre sus coautores.
Como seguramente ustedes
conocen, a fines de
diciembre de 1922 bajo
el impulso protagónico
de Julio Antonio queda
organizada la Federación
Estudiantil
Universitaria. La
primera declaración del
Directorio de la FEU
aparece en la prensa el
primero de enero de
1923, hace justamente 85
años. Exigía amplia
autonomía sin la
intervención del
gobierno, recursos que
el erario público debía
asignar para terminar
los edificios y dotarlos
de los medios de
enseñanza necesarios,
calificando el estado de
abandono en que se
encontraba la más
importante casa de altos
estudios del país como
vergüenza y descrédito
para la República.
Asimismo reclamaba
representación legal en
el claustro
universitario para la
genuina organización
estudiantil.
El 10 de enero, ¡qué día
tan simbólico!, se
declara la huelga
estudiantil, la lucha
por la Reforma
Universitaria ha
comenzado. La FEU
agradece la solidaridad
de las organizaciones
obreras y proclama un
puente de unión entre
los elementos vitales de
la nación: el trabajo y
la ciencia.
En medio de la agitación
estudiantil que reina en
la Colina, el 18 de
marzo tiene lugar otro
pronunciamiento
histórico. Un grupo de
jóvenes intelectuales
encabezado por Rubén
Martínez Villena se
manifiesta contra el
peculado y la corrupción
del gobierno de turno.
Conocida como la
Protesta de los Trece,
marca la incorporación
de lo más honesto y
valioso de la
intelectualidad cubana a
la batalla por los
cambios radicales que la
Cuba de Martí requiere.
En octubre, presidido
por Mella, en su
condición de presidente
de la FEU, tiene lugar
el Congreso Nacional
Estudiantil, que incluye
a los de nivel medio de
todo el país.
Este Congreso se
pronuncia contra todos
los imperialismos y
especialmente contra la
intromisión del
imperialismo yanqui en
los asuntos internos de
Cuba… contra la Enmienda
Platt… en apoyo de la
lucha de los pueblos
colonizados… el
establecimiento de
relaciones con la Unión
Soviética… por la unión
entre los estudiantes y
los obreros con el fin
de preparar la
transformación del
actual sistema político
y social sobre la base
de la más sólida
justicia social.
El 3 de noviembre de ese
mismo año 1923 inicia su
primer curso la
Universidad Popular José
Martí, con una matrícula
de 400 obreros.
En 1924, Julio Antonio
ingresa en la Agrupación
Comunista de La Habana,
que dirige Carlos
Baliño, el más destacado
divulgador del
socialismo en Cuba, y
uno de los fundadores
del Partido
Revolucionario Cubano
organizado en 1892 por
José Martí. Juntos
trabajarán el venerable
anciano, el impetuoso
joven y el puñado de
militantes de la
Agrupación en tres
tareas fundamentales:
-
Impulsar la labor,
iniciada desde el
principio de la
década por Alfredo
López, de constituir
la Confederación
Nacional Obrera de
Cuba (CNOC) que se
hace definitiva
realidad en el
Congreso efectuado
en Camagüey del 2 al
7 de agosto de 1925.
-
Fundar la Sección
Cubana de la Liga
Antimperialista de
las Américas, cauce
donde confluirá la
acción organizada de
estudiantes,
intelectuales,
trabajadores y otros
sectores
patrióticos, en la
lucha por la
independencia
nacional, propósito
que se logra en el
mes de julio.
-
Constituir,
fortaleciendo y
reuniendo las
diversas
agrupaciones
comunistas del país,
el Partido Comunista
de Cuba. El Congreso
tiene lugar en La
Habana el 16 y 17 de
agosto de ese verano
fructífero para la
historia de la
Patria.
Apenas asume la
presidencia de la
República Gerardo
Machado, el Mussolini
tropical desata la más
feroz represión contra
los comunistas y los
dirigentes obreros.
Mella va a la cárcel el
27 de noviembre, esta
vez no por algunas horas
como en ocasiones
anteriores. Está acusado
falsamente de
terrorista, de haber
hecho estallar bombas.
Julio Antonio decide
declararse en huelga de
hambre y orienta la
divulgación de su
actitud. Su resistencia
se prolonga por 19 días,
el país entero se
estremece; en el
continente, desde México
hasta Buenos Aires crece
la protesta. Mella llega
al borde la muerte. El
asno con garras se ve
obligado a acceder a
ponerlo en libertad bajo
fianza aunque el sátrapa
no perdonará jamás: lo
ha condenado a muerte.
Mella sale al exterior
clandestinamente.
México fue para Mella,
como para Martí y para
Fidel, una segunda
patria, y la esperanza
de que sería el valladar
para no dejar cruzar el
Río Bravo al gigante de
las siete leguas. Y
lugar para continuar la
lucha y preparar nuevos
combates por la
verdadera independencia
de Cuba.
La fecunda actividad de
Mella en el extranjero
la sintetizaremos así:
llega a ser destacado
miembro del Comité
Central del Partido
Comunista de México,
Secretario General de la
Liga Antimperialista de
las Américas y máximo
líder de la Asociación
de Nuevos Emigrados
Revolucionarios Cubanos
(ANERC) instrumento
organizado por Julio
Antonio para contribuir
a la lucha contra la
tiranía machadista. Como
líder de La Liga
Antimperialista,
participa en el Congreso
Mundial contra el
imperialismo y la
opresión colonial,
celebrado en Bruselas en
febrero de 1927 y visita
la Unión Soviética,
donde participa en el
Congreso de la
Internacional Sindical
Roja.
La sangre vertida en Dos
Ríos en 1895, al igual
que la derramada en las
calles de México en 1929
fue reivindicada por
aquellos bravos que
entregaron la suya
propia en 1953 en
Santiago de Cuba y
Bayamo, para fundar la
República que Martí y
Mella soñaron.
Queridos jóvenes:
He tratado de sintetizar
la corta pero fecunda
vida de Julio Antonio
Mella. La caída de la
tiranía machadista se
produce el 12 de agosto
de 1933. Surge la
iniciativa de traer las
cenizas de Mella a su
Patria y rendirle el
homenaje que merecen su
memoria y su ejemplo.
Juan Marinello,
intelectual comunista,
es el encargado de traer
el sagrado cofre. La
ceremonia de
recibimiento de la urna
se fija para el 29 de
septiembre de 1933.
Las dos últimas páginas
del texto fundamental
del libro de Christine
Hatzky recoge la brutal
represión con que la
soldadesca de Batista
impide la ceremonia de
depósito de las cenizas
en el montículo
funerario erigido por
estudiantes,
sindicalistas y obreros
de la construcción en el
parque de La
Fraternidad.
Mas las cenizas no caen
en manos profanas. Juan
Marinello se encarga de
guardarlas durante tres
décadas.
Tal como lo hace
Christine Hatzky en el
texto fundamental de su
libro, terminaremos esta
breve charla con las
palabras que Rubén
Martínez Villena, con
los pulmones
destrozados, a pocas
semanas de su muerte,
pronuncia desde el
balcón de la sede de la
Liga Antimperialista, en
la calle Reina, lugar
donde fueron veladas sus
cenizas:
"Camaradas: Aquí está,
sí, pero no en ese
montón de cenizas, sino
en este formidable
despliegue de fuerzas.
Estamos aquí para
tributar el homenaje
merecido a Julio Antonio
Mella, inolvidable para
nosotros, que entregó su
juventud, su
inteligencia, todo su
esfuerzo y todo el
esplendor de su vida a
la causa de los pobres
del mundo, de los
explotados, de los
humillados… Pero no
estamos solo aquí para
rendir ese tributo a sus
merecimientos
excepcionales. Estamos
aquí, sobre todo, porque
tenemos el deber de
imitarlo, de seguir sus
impulsos, de vibrar al
calor de su generoso
corazón revolucionario.
Para eso estamos aquí,
camaradas, para rendirle
de esa manera a Mella el
único homenaje que le
hubiera sido grato: el
de hacer buena su caída
por la redención de los
oprimidos con nuestro
propósito de caer
también si fuera
necesario…"
¡No olvidemos nunca esta
única forma de rendir
homenaje a Julio Antonio
Mella!
Muchas gracias.
Palabras a los
estudiantes
universitarios sobre
Julio Antonio Mella, en
el aniversario 80 de su
caída. Casa de la FEU, 7
de enero de 2009. |