Año VII
La Habana
2008

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Julio Mitjans

(Santa Clara, 1965)

Noches que aún me debo

PARA NO PROFANAR el sendero que abro entre las aguas
no diré isla o país:
no me hallarán entre las horas que la tarde
va granando en la ventana,
ni el secreto voluptuoso de mis frutas calmará la sed.

Hay cansancio en mi heredad
a veces invoco su gracia
a veces los poderosos cascos de la lejanía
sobre el pecho.

Esta pasión debe ser igual
a la de los cuerpos de ayer; nuestros dioses
nunca dirán mi nombre, del toronjil a la ceiba,
de la caoba al silencio ellos sorprenden al bosque
después de cada despedida.

Ha reunido el peregrinaje a la familia
descifradora de augurios en las hojas muertas
en las vísceras secas, y en las playas adonde nadie regresa.

Por las noches en un último acto de fe
se lanzan hacia una luz artificial,
el hermano mayor piensa que todo ha sido un juego,
una ruta tomada al azar, un signo para la infancia.
Sin embargo, los poderosos cascos siguen
hasta dejarme sin dolor. 


Alejándose del resto

También tenía un puerto, un esclavo del agua,
un ídolo,
una flor siempre escurridiza.

Quiso quedarse, decíanse los dos.

Van ofreciéndose vivos misterios
como quien viene a sagitar el propio corazón
no la vida que acecha.

Sobre la roca indiferente toman las bridas
uno del otro. Sin saberlo, él se detuvo,
a merced del tráfico dijo algo...
Volvieron a besarse:
Armando.
Era el valle de carbones apagados
donde un perro ladra en torno al rudo mantel.

Quiso quedarse escuchando aquella melodía
hasta encontrar la sajadura de los antepasados,
la serena expiación, la dicha.

Dejaron que el resto se alejara, un ciclista
pudo ver la sombra, los demás
creyeron que era la noche. 


Bajo otra vida en el otoño

Fue por azar, aún no sé quién escuchaba primero.
No podría decir: gentiles o tiernos;
eran joyas de la noche,
en sus ojos la llama de una fiesta más dolorosa
delataba el fino oficio de hacerse consolar.

Alguien habló de la vida,
y una brisa llenaba el paño, bordeando los torsos
aún escondidos por el pudor.

Extraña conversación,
sabiendo que la cifra es la soledad
de una boca a la otra, de un tercero
a una conquista definitiva, profunda.
¿Qué podríamos callar?

Paso de esta claridad,
el deseo a la deriva
entre las hojas que el viento arrastra
durante los meses que debieron traernos el otoño. 


Oeste. Laderas sucesivas

No miente el día, hilvana, oculta el esplendor
que el vendaval nocturno trae...

Cuánta fortuna en esos cuerpos
lentamente dados a la desidia; labios entreabiertos,
ojos ceñidos a la búsqueda de una lámpara,
casi una sonrisa, una negación.
Pasa preciada cantinela, mirarlos
y abandonarse al entretenimiento como si hallaras
la forma única del deseo.

No es un desfile
solo transcurre el universo en su instantánea,
la delación del gesto, un barrio a oscuras,
sonríe el muchacho mientras desconoce.

Laderas sucesivas ganadas antes del alba,
ofrenda del ocaso, tallo de río
recién cortado, fluente hacia el mar
lejano como el oeste. 


Dime si te sobrepones

Antecedente con naturaleza muerta

Hundía mi sed en los labios de Cándido.
Y era infinito ese instante
en que una ola horada el arrecife.

Erguida la frente, sombría
como un príncipe que ha sufrido mucho,
a su paso dejaba un olor a madera antigua,
a tormenta venidera.

Pronunciaba mi nombre
y era un candelabro atravesando la tarde
y el viento que peina la sabana.

Cada gesto suyo venía desarmando la distancia.
¡Cuántas veces, cuántas, fuimos al muro!
Siempre lo supo, el aire de mar pone alivio
en mis heridas.

Su palabra se abría como un estuario,
y un mástil penetraba en la conversación
desatando en mi vientre la incontenible
mudanza de las aguas.

Cándido es fuga y puente acercando mis riveras,
héroe y vírgen como una ciudad que estalla
y deja escuchar:
El amor es algo que siempre se va.


Vida consentida

Atrás queda el huracán y las labores
en la vía Apia;
si pudieras creer que todo el tiempo
no has estado esperando la navidad
la espuma en la cerveza, el año que se marcha y
todavía no entiendes.

Vida consentida y otros recuerdos

traen los victoriosos, de sus voces se escucha:
¿Dura faena hoy, señor?

Ir hasta el puente, vemos pasar
detenidos en el ensueño
hacia la utilidad venidera, y nada más.

 

Tomado del cuaderno Alejándose del resto, Premio Calendario de Poesía 2000.

Santa Clara, 1965. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz. En 1994 funda las Ediciones Sed de Belleza. Tiene publicado el cuaderno de poesía Venía diciendo una fábula, 1994. Textos suyos aparecen habitualmente en publicaciones periódicas de Cuba y el extranjero.

 

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