La canción en Cuba es un hecho
cultural, caracterizado por la
diversidad complejidad de las
composiciones tanto en lo
musical, como en lo textual, que
coexisten como vasos
comunicantes en distintos
contextos de nuestra realidad.
Todo convive en esta práctica
significante denominada canción
cubana.
Asimismo, la vigencia y
revitalización de algunos
géneros de la música popular,
como el bolero, incitan a una
reflexión sobre su importancia
como elemento constitutivo de un
proceso de búsqueda, afirmación,
reconstrucción y aun de
invención de identidades.
Elementos del jazz, el rock y
otras manifestaciones dentro de
la canción popular, han
acompañado a los creadores que
dieron a conocer sus obras en
este período. Al enriquecimiento
de imágenes, el versolibrismo y
la incorporación de las
vanguardias poéticas, se añaden
textos contemporáneos o no a la
canción (César Vallejo, Pablo
Neruda, Mario Benedetti, entre
otros), lo cual ha dado como
resultado un producto que ha
tomado lo mejor de la tradición,
y los elementos contemporáneos
de creación literaria y musical,
para crear un producto coherente
con las exigencias del arte
actual. Por lo tanto, no ha sido
estático su actuar; se ha ido
actualizando de acuerdo con los
diversos procesos vividos por
estos creadores, volcados en sus
obras. Entre tantos otros: Juan
Almeida, Gerardo Alfonso, Frank
Domínguez, Vicente Feliú,
Santiago Feliú, Teresita
Fernández, Pedro Luis Ferrer,
Juan Formell, Sara González,
Juanito Márquez, Pablo Milanés,
Noel Nicola, Ela O´Farrill,
Amaury Pérez, César Portillo de
la Luz, José Antonio Quesada,
Ángel Quintero, Eduardo Saborit,
Carlos Puebla, Eduardo Ramos,
Luis Ríos, Silvio Rodríguez,
Martín Rojas, Raúl Torres, Marta
Valdés, Carlos Varela y Alberto
Vera, son una muestra amplia en
cuanto a vertientes de la
producción de los compositores
de canciones –trovadores–
cubanos de estos cincuenta años.
El rico acervo de la
cancionística cubana ha dado, en
el período que se trata de
reflejar, una de las más ricas y
trascendentes producciones de su
historia. Estas 50 canciones en
años de Revolución, representan
momentos de la vida de los
cubanos durante este período,
momentos gloriosos, heroicos,
alegres, tristes, de fundación o
de pérdidas. Algunas de ellas
son actos de fe, otras de
celebración o duelo, de amor o
desamor; todas fueron hitos y a
la vez son obras de gran valor
intrínseco, en lo poético y lo
musical.
Una característica relevante en
el trovador es su asunción de
una paternidad evidente en la
creación de la letra y de la
melodía de la canción. Él es el
compositor originario de lo que
será posteriormente el
desarrollo de la canción como
género. El trovador graba en la
memoria colectiva el producto de
su creación, que luego pasará a
formar parte del dominio
público.
Es que este creador, envuelto en
los problemas más acuciantes del
entorno en que le ha tocado
vivir, supo así reflejarlo en
sus canciones.
La historia de estos 50 años se
puede contar a través de las
canciones producidas en este
período. No están todas las que
pudieran estar, pero estas aquí
recogidas no podían faltar, en
una compilación que se convierte
de hecho en crónica de estos 50
años. El común denominador en
ellas es el pueblo, quien las
hizo suyas, las cantó –y canta–
y todavía las conserva en su
memoria histórica y musical.
El cancionero se inicia con "La
Lupe", de Juan Almeida, canción
emblemática de los inicios de la
Revolución, y cierra con "Cita
con ángeles"[1],
de Silvio Rodríguez, parábola
que explica, de cierta manera,
el acontecer vivido en
solidaridad por el pueblo
cubano, dentro y fuera de
nuestra frontera, donde el deber
obliga.
La Habana, agosto de 2008.
Prólogo del libro
Cincuenta canciones en años de
Revolución,
Editorial José Martí,
La Habana, 2008.
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