Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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ENTREVISTA CON CARLOS NOGUERA, JURADO DEL PREMIO DE NOVELA

Diversidad y entusiasmo

América Tamayo  • La Habana

Fotos: Cortesía de Casa de las Américas



Poeta, cuentista, novelista y psicólogo de profesión, presidente además de Monte Ávila Editores, Carlos Noguera (Venezuela, 1943) se aproxima a la literatura desde una variedad de estilos y géneros. Su narrativa, notable dentro de las letras de su país desde
Historias de la calle Lincoln (1971), continuó luego, entre otras obras, con Juegos bajo la luna (1994) y La flor escrita (2003), y ha merecido reconocimientos como el Premio Internacional Monte Ávila de Novela (1971), el de la Bienal de Narrativa Mariano Picón Salas (1993), el Municipal de Novela del Cabildo de Caracas (1995), el de Narrativa del Consejo Nacional de la Cultura (1995), la Mención de Honor en el Premio Pegasus a la mejor novela venezolana de la década (1998) y el Premio Nacional de Literatura 2004. En la actualidad escribe su sexta novela. Otros de sus libros de narrativa y poesía son Laberintos (1965), Eros y Palas (1967), Inventando los días (1979), Dos libros (1999), y Los cristales de la noche (2005). Como psicólogo ha publicado El adolescente caraqueño (con Esther Escalona Palacios, 1989) y Ya no eres una niña, ya no eres un niño (con Juliana Boersner, 2004). Tiene en preparación el libro de ensayos El tambor de pecho.

En su  aniversario 50, ¿qué huella cree que ha dejado el Premio Casa en la literatura latinoamericana?

Para la gente de nuestra generación la Casa de las Américas ha sido una referencia muy importante de toda la vida. En lo cultural, en lo social, en lo político, en lo literario, ha sido como un ejemplo de institución exitosa, de permanente búsqueda y de soluciones nuevas a los problemas del arte, a las preguntas que uno se hace históricamente sobre el arte y la cultura y la participación de los pueblos en ese quehacer.

He estado ligado a la institución como espectador básicamente, porque naturalmente viviendo en otro país es poca la actividad directa que uno pueda tener, pero yo conozco la revista Casa, y las publicaciones de la Editorial Casa, he venido a Cuba y he visto la actividad de la Casa, de modo que los 50 años son una efeméride muy especial para todos los que admiramos la actividad de esta institución portentosa que tenemos los latinoamericanos y los cubanos.

¿Qué le ha llamado la atención en las obras que ha leído hasta el momento?

Yo he sido jurado en muchos concursos nacionales e internacionales también, y siempre, desde los más pequeños hasta los más grandes, siempre hay una diversidad enorme, por suerte, de estilo, de tendencias, de búsquedas, y también de niveles. Allí encuentras gente entusiasmada con sus comienzos, gente que esta iniciándose en la literatura, y que apuestan a ganarse el premio, que hasta ahora ha tenido una gran solidez y donde se puede reconocer un talento y un trabajo desplegados a lo largo de años.

El contingente de novelas lo dividimos, por el tiempo que tenemos para la lectura, en cinco secciones y una quinta parte para cada jurado. De manera que a mí me toca leer treinta y tantas novelas en este tiempo que me dan, de diez días, y luego nos reunimos al final e intercambiamos las que cada uno selecciona, no más de cinco en cada caso, y haciendo comentarios, etcétera, de manera que cada jurado pueda tener también la oportunidad de leer lo que tú ya has escogido.
 

Desde el mundo editorial venezolano, ¿cómo se han vivido las transformaciones de estos últimos diez años en Venezuela? ¿Cuál es el panorama editorial en el que se inserta Monte Ávila?

El año 2003 fue muy significativo en cuanto a la política cultural de nuestro país, porque fue cuando verdaderamente se reactivaron los motores de lo que podría denominarse una política inclusiva, verdaderamente democrática, centralizada y potente que antes no existía.

Esto se reflejó también en el terreno del libro y se reflejó particularmente, en el caso de Monte Ávila, de una manera muy significativa porque hasta el año 2003 estaba viviendo una crisis enorme. Cumplió el año pasado 40 años de vida, es una institución muy antigua, pero desde el año 1993 hasta el 2003 tuvo diez años de crisis. De hecho, en la primera etapa de la Revolución la cultura en general, y particularmente Monte Ávila, que estuvo al borde del cierre, vivió una crisis. Muchos lo atribuimos a otras prioridades que podía tener el proceso de cambio en Venezuela. No se puede olvidar que los dos primeros años fueron sobre todo del movimiento constituyente, la elaboración de la constitución y la aprobación de la constituyente, luego la instrumentación de las leyes que podían llevar a cabo los presupuestos de la constitución ya establecida y cuando la oposición se dio cuenta de que la cosa iba en serio, porque las leyes estaban siendo aprobadas y aplicadas, comenzó el movimiento insurreccional y golpista, que comenzó el 10 de diciembre de 2001 y que se patentizó en abril de 2002 con el golpe, en diciembre de 2002 y enero y febrero de 2003 con el lockout empresarial, sobre todo del sector agroindustrial y parte del sector comercial. Fueron dos años de la constitución de las bases de la nueva república y luego la defensa de esa república ante la amenaza del golpe.

Cuando me preguntan cuántos años tiene la Revolución, si estamos cumpliendo diez años, digo que en verdad el movimiento revolucionario ocupó los primeros años en establecer las bases y defenderlas, y arrancó en el segundo semestre de 2003, cuando empezaron las famosas misiones. La primera de las misiones fue la Robinson, la misión de alfabetización que en año y medio, el 28 de octubre del año siguiente de haber comenzado, llevó a las Naciones Unidas a declarar Venezuela territorio libre de analfabetismo.

Ese mismo semestre se inició la nueva política cultural también. Allí arrancaron realmente las transformaciones en la cultura y se vio el nuevo aliento, y a partir de ese momento también Monte Ávila y el sector del libro en general experimentaron una enorme recuperación. A mí me correspondió la aventura, el azar histórico, de estar allí cuando esto ocurrió, ya que llevo cinco años y medio dirigiendo la institución.

Se fortalecieron otras instituciones debilitadas que fueron rescatadas, como Biblioteca Ayacucho y como la Red de librerías del Sur. Fueron creadas nuevas instituciones como la Imprenta Cultural Nacional y la Distribuidora Nacional del libro. Por último, el Proyecto del Plan Nacional de Lecturas, concebido de esa manera por primera vez, y con rango de política de estado, porque es un proyecto del Presidente, comienza horita, a fines de marzo. Toda la Plataforma del Libro y la Lectura está colaborando en ese espacio.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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