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Poeta, cuentista,
novelista y psicólogo de
profesión, presidente
además de Monte Ávila
Editores, Carlos Noguera
(Venezuela, 1943) se
aproxima a la literatura
desde una variedad de
estilos y géneros. Su
narrativa, notable
dentro de las letras de
su país desde
Historias de la calle
Lincoln
(1971),
continuó luego,
entre otras obras,
con Juegos bajo la
luna
(1994) y La flor
escrita (2003), y ha
merecido reconocimientos
como el Premio
Internacional Monte
Ávila de Novela (1971),
el de la Bienal de
Narrativa Mariano Picón
Salas (1993), el
Municipal de Novela del
Cabildo de Caracas
(1995), el de Narrativa
del Consejo Nacional de
la Cultura (1995), la
Mención de Honor en el
Premio Pegasus a la
mejor novela venezolana
de la década (1998) y el
Premio Nacional de
Literatura 2004. En la
actualidad escribe su
sexta novela. Otros de
sus libros de narrativa
y poesía son
Laberintos (1965),
Eros y Palas
(1967), Inventando
los días (1979),
Dos libros (1999), y
Los cristales de la
noche (2005). Como
psicólogo ha publicado
El adolescente
caraqueño (con
Esther Escalona
Palacios, 1989) y Ya
no eres una niña, ya no
eres un niño (con
Juliana Boersner, 2004).
Tiene en preparación el
libro de ensayos El
tambor de pecho.
En su aniversario 50,
¿qué huella cree que ha
dejado el Premio Casa en
la literatura
latinoamericana?
Para la gente de nuestra
generación la Casa de
las Américas ha sido una
referencia muy
importante de toda la
vida. En lo cultural, en
lo social, en lo
político, en lo
literario, ha sido como
un ejemplo de
institución exitosa, de
permanente búsqueda y de
soluciones nuevas a los
problemas del arte, a
las preguntas que uno se
hace históricamente
sobre el arte y la
cultura y la
participación de los
pueblos en ese quehacer.
He estado ligado a la
institución como
espectador básicamente,
porque naturalmente
viviendo en otro país es
poca la actividad
directa que uno pueda
tener, pero yo conozco
la revista Casa,
y las publicaciones de
la Editorial Casa, he
venido a Cuba y he visto
la actividad de la Casa,
de modo que los 50 años
son una efeméride muy
especial para todos los
que admiramos la
actividad de esta
institución portentosa
que tenemos los
latinoamericanos y los
cubanos.
¿Qué le ha llamado la
atención en las obras
que ha leído hasta el
momento?
Yo he sido jurado en
muchos concursos
nacionales e
internacionales también,
y siempre, desde los más
pequeños hasta los más
grandes, siempre hay una
diversidad enorme, por
suerte, de estilo, de
tendencias, de
búsquedas, y también de
niveles. Allí encuentras
gente entusiasmada con
sus comienzos, gente que
esta iniciándose en la
literatura, y que
apuestan a ganarse el
premio, que hasta ahora
ha tenido una gran
solidez y donde se puede
reconocer un talento y
un trabajo desplegados a
lo largo de años.
El contingente de
novelas lo dividimos,
por el tiempo que
tenemos para la lectura,
en cinco secciones y una
quinta parte para cada
jurado. De manera que a
mí me toca leer treinta
y tantas novelas en este
tiempo que me dan, de
diez días, y luego nos
reunimos al final e
intercambiamos las que
cada uno selecciona, no
más de cinco en cada
caso, y haciendo
comentarios, etcétera,
de manera que cada
jurado pueda tener
también la oportunidad
de leer lo que tú ya has
escogido.
Desde el mundo editorial
venezolano, ¿cómo se han
vivido las
transformaciones de
estos últimos diez años
en Venezuela? ¿Cuál es
el panorama editorial en
el que se inserta Monte
Ávila?
El año 2003 fue muy
significativo en cuanto
a la política cultural
de nuestro país, porque
fue cuando
verdaderamente se
reactivaron los motores
de lo que podría
denominarse una política
inclusiva,
verdaderamente
democrática,
centralizada y potente
que antes no existía.
Esto se reflejó también
en el terreno del libro
y se reflejó
particularmente, en el
caso de Monte Ávila, de
una manera muy
significativa porque
hasta el año 2003 estaba
viviendo una crisis
enorme. Cumplió el año
pasado 40 años de vida,
es una institución muy
antigua, pero desde el
año 1993 hasta el 2003
tuvo diez años de
crisis. De hecho, en la
primera etapa de la
Revolución la cultura en
general, y
particularmente Monte
Ávila, que estuvo al
borde del cierre, vivió
una crisis. Muchos lo
atribuimos a otras
prioridades que podía
tener el proceso de
cambio en Venezuela. No
se puede olvidar que los
dos primeros años fueron
sobre todo del
movimiento
constituyente, la
elaboración de la
constitución y la
aprobación de la
constituyente, luego la
instrumentación de las
leyes que podían llevar
a cabo los presupuestos
de la constitución ya
establecida y cuando la
oposición se dio cuenta
de que la cosa iba en
serio, porque las leyes
estaban siendo aprobadas
y aplicadas, comenzó el
movimiento
insurreccional y
golpista, que comenzó el
10 de diciembre de 2001
y que se patentizó en
abril de 2002 con el
golpe, en diciembre de
2002 y enero y febrero
de 2003 con el
lockout empresarial,
sobre todo del sector
agroindustrial y parte
del sector comercial.
Fueron dos años de la
constitución de las
bases de la nueva
república y luego la
defensa de esa república
ante la amenaza del
golpe.
Cuando me preguntan
cuántos años tiene la
Revolución, si estamos
cumpliendo diez años,
digo que en verdad el
movimiento
revolucionario ocupó los
primeros años en
establecer las bases y
defenderlas, y arrancó
en el segundo semestre
de 2003, cuando
empezaron las famosas
misiones. La primera de
las misiones fue la
Robinson, la misión de
alfabetización que en
año y medio, el 28 de
octubre del año
siguiente de haber
comenzado, llevó a las
Naciones Unidas a
declarar Venezuela
territorio libre de
analfabetismo.
Ese mismo semestre se
inició la nueva política
cultural también. Allí
arrancaron realmente las
transformaciones en la
cultura y se vio el
nuevo aliento, y a
partir de ese momento
también Monte Ávila y el
sector del libro en
general experimentaron
una enorme recuperación.
A mí me correspondió la
aventura, el azar
histórico, de estar allí
cuando esto ocurrió, ya
que llevo cinco años y
medio dirigiendo la
institución.
Se fortalecieron otras
instituciones
debilitadas que fueron
rescatadas, como
Biblioteca Ayacucho y
como la Red de librerías
del Sur. Fueron creadas
nuevas instituciones
como la Imprenta
Cultural Nacional y la
Distribuidora Nacional
del libro. Por último,
el Proyecto del Plan
Nacional de Lecturas,
concebido de esa manera
por primera vez, y con
rango de política de
estado, porque es un
proyecto del Presidente,
comienza horita, a fines
de marzo. Toda la
Plataforma del Libro y
la Lectura está
colaborando en ese
espacio. |