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1.Cuando me comunicaron que me
habían otorgado el Premio
Nacional de Ciencias Sociales,
lo primero que sentí fue un gran
asombro, del que rápidamente
derivó una gran alegría. El
hecho de que el Jurado,
compuesto por prestigiosos
profesionales de las Ciencias
Sociales, considerase que era
merecedora del mismo,
representaba un reconocimiento
muy alto, y por tanto, me he
sentido muy impresionada y muy
agradecida. Constituye una gran
satisfacción ostentar este
Premio. Así se lo hice saber a
los miembros del Jurado que
hablaron conmigo ese mismo día.
Y más aun, cuando tantos amigos
me han manifestado su alegría al
conocer que había sido
merecedora de este galardón.
Esto me obliga a continuar
tratando de ser una mejor
profesional, con la dedicación
de siempre.
2.Agradecimientos
Al recibir un premio como este,
en seguida se piensa, cómo ha
sido posible que esto ocurra,
pues cuando se trabaja a lo
largo de los años no se hace en
busca de premios, sino por el
placer y la responsabilidad de
hacerlo .Y de ese pensar surge
la idea de que tengo que
agradecer a muchas personas, y
también hechos, que me han
traído hasta aquí. Por ello debo
agradecer, en primer lugar, a
quienes me propusieron para ser
nominada a tan alta distinción
y, por supuesto, y muy
especialmente al Jurado que me
eligió, y a las Instituciones
que anualmente lo otorgan.
Por ello debo agradecer, en
primer lugar, a quienes me
propusieron para ser nominada a
tan alta distinción y, por
supuesto, y muy especialmente al
Jurado que me eligió, y a las
Instituciones que anualmente lo
otorga.
Agradecer al proceso
revolucionario cubano que me
permitió involucrarme en él con
todo mi esfuerzo y amor.
Como saben, yo nací en otras
tierras, Asturias, hija de padre
y madre maestros republicanos,
que lucharon por mejorar a su
patria y por ello tuvieron que
pagar muy caro sus anhelos. El
padre desaparecido, la madre y
cuatro hijos exiliados en esta
tierra cubana y todo lo que se
deriva de esa ruptura.
Cuando triunfó la Revolución
Cubana, en enero de 1959, ya
estaba casada y tenía cinco
hijos. En la familia cubana a la
cual me había integrado había un
fuerte sentimiento de cubana.
La victoria revolucionaria con
la derrota del dictador cubano
en ese amanecer del 59, era mi
propia victoria contra aquellos
que nos habían hecho sufrir en
nuestra niñez y juventud. El
proceso que comenzaba era, a mi
entender, la continuación de la
lucha de mis padres, por lo cual
consideré que debía hacer todo
lo que estuviese a mi alcance
para ayudar en el proyecto que
aspiraba a mejorar la patria de
mis hijos.
Así comenzaba una etapa de
tareas, mayores y menores, quizá
en el entender de algunos: la
incorporación a la FMC, la
creación de los CDR, la
alfabetización, la entrada en
las aulas universitarias, la
incorporación a las milicias, y
la incorporación al sistema
nacional de Educación.
Ser maestra era y sigue siendo,
mi gran pasión. He sentido
siempre un gran placer en
aprender, y lo trato de hacer
siempre que puedo, y muchas
veces he dicho que el placer de
aprender, solo es comparable al
placer de enseñar.
Muchas veces me han preguntado
que si tuviese que escoger entre
el magisterio y la
investigación, con cuál me
quedaría. Y les he respondido
rápidamente: con la enseñanza,
por supuesto. Pero debo agregar
que la enseñanza, sobre todo a
nivel universitario, no puede
estar divorciada de la
investigación. Si he llegado a
investigar ha sido la presión de
las aulas lo que me ha llevado a
hacerlo.
Los estudiantes universitarios,
a los cuales he tenido el gusto
de tener en mis aulas, son los
máximos responsables de mi
quehacer investigativo. Mis
alumnos fueron para mí el mejor
acicate de estudio, ellos, con
sus dudas y preguntas, me
obligaban a buscar las
respuestas que exigían. Así fui
aprendiendo mientras enseñaba.
Por tanto, a mis alumnos también
llega mi agradecimiento.
Luego, de una investigación
surge la otra y así, sin darme
cuenta, me involucraba
plenamente en diversas aristas
del saber.
Otro agradecimiento muy sentido
es para mis compañeros de
trabajo en su sentido más
amplio. A los primeros, por
haberme aceptado, a pesar de las
diferencias de edad y lo que se
derivaba de ser yo una madre de
cinco hijos mientras ellos y
ellas estaban comenzando la
veintena de años, y luego para
los colegas que siguieron,
muchos de ellos alumnos
nuestros, que pasaron a ser
colegas de profesión, a los
cuales también les debo mucho,
por el afecto que me han
demostrado, de los cuales he
recibido siempre la ayuda
profesional y también el apoyo
moral, cuando lo he necesitado.
Quiero agregar otro
agradecimiento más, de mucha
importancia para mí, como un
sencillo y querido homenaje a
quien fuera mi esposo, compañero
y amigo, a lo largo de 53 años.
Siempre conté con su ayuda y
estímulo para cuanta tarea
enfrentaba, y también tuve,
antes y ahora, el apoyo
incondicional de mis hijos y de
mis nietos. Ahora tengo también
el amor de mis bisnietos.
Sin todos ellos no sería lo que
soy. A todos ellos y a ustedes
que me acompañan en un día tan
importante para mí, gracias
desde mi corazón.
Gracias |