Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Apuntes para la aceptación del Premio Nacional
de Ciencias Sociales y Humanísticas

Áurea Matilde Fernández • La Habana
Fotos: Equipo de La Jiribilla
 

1.Cuando me comunicaron que me habían otorgado el Premio Nacional de Ciencias Sociales, lo primero que sentí fue un gran asombro, del que rápidamente derivó una gran alegría. El hecho de que el Jurado, compuesto por prestigiosos profesionales de las Ciencias Sociales, considerase que era merecedora del mismo, representaba un reconocimiento muy alto, y por tanto, me he sentido muy impresionada y muy agradecida. Constituye una gran satisfacción ostentar este Premio. Así se lo hice saber a los miembros del Jurado que hablaron conmigo ese mismo día. Y más aun, cuando tantos amigos me han manifestado su alegría al conocer que había sido merecedora de este galardón. Esto me obliga a continuar tratando de ser una mejor profesional, con la dedicación de siempre.

2.Agradecimientos

Al recibir un premio como este, en seguida se piensa, cómo ha sido posible que esto ocurra, pues cuando se trabaja a lo largo de los años no se hace en busca de premios, sino por el placer y la responsabilidad de hacerlo .Y de ese pensar surge la idea de que tengo que agradecer a muchas personas, y también hechos, que me han traído hasta aquí. Por ello debo agradecer, en primer lugar, a quienes me propusieron para ser nominada a tan alta distinción y, por supuesto, y muy especialmente al Jurado que me eligió, y a las Instituciones que anualmente lo otorgan.

Por ello debo agradecer, en primer lugar, a quienes me propusieron para ser nominada a tan alta distinción y, por supuesto, y muy especialmente al Jurado que me eligió, y a las Instituciones que anualmente lo otorga.

Agradecer al proceso revolucionario cubano que me permitió involucrarme en él con todo mi esfuerzo y amor.

Como saben, yo nací en otras tierras, Asturias, hija de padre y madre maestros republicanos, que lucharon por mejorar a su patria y por ello tuvieron que pagar muy caro sus anhelos. El padre desaparecido, la madre y cuatro hijos exiliados en esta tierra cubana y todo lo que se deriva de esa ruptura.

Cuando triunfó la Revolución Cubana, en enero de 1959, ya estaba casada y tenía cinco hijos. En la familia cubana a la cual me había integrado había un fuerte sentimiento de cubana.

La victoria revolucionaria con la derrota del dictador cubano en ese amanecer del 59, era mi propia victoria contra aquellos que nos habían hecho sufrir en nuestra niñez y juventud. El proceso que comenzaba era, a mi entender, la continuación de la lucha de mis padres, por lo cual consideré que debía hacer todo lo que estuviese a mi alcance para ayudar en el proyecto que aspiraba a mejorar la patria de mis hijos.

Así comenzaba una etapa de tareas, mayores y menores, quizá en el entender de algunos: la incorporación a la FMC, la creación de los CDR, la alfabetización, la entrada en las aulas universitarias, la incorporación a las milicias, y la incorporación al sistema nacional de Educación.

Ser maestra era y sigue siendo, mi gran pasión. He sentido siempre un gran placer en aprender, y lo trato de hacer siempre que puedo, y muchas veces he dicho que el placer de aprender, solo es comparable al placer de enseñar.

Muchas veces me han preguntado que si tuviese que escoger entre el magisterio y la investigación, con cuál me quedaría. Y les he respondido rápidamente: con la enseñanza, por supuesto. Pero debo agregar que la enseñanza, sobre todo a nivel universitario, no puede estar divorciada de la investigación. Si he llegado a investigar ha sido la presión de las aulas lo que me ha llevado a hacerlo.

Los estudiantes universitarios, a los cuales he tenido el gusto de tener en mis aulas, son los máximos responsables de mi quehacer investigativo. Mis alumnos fueron para mí el mejor acicate de estudio, ellos, con sus dudas y preguntas, me obligaban a buscar las respuestas que exigían. Así fui aprendiendo mientras enseñaba. Por tanto, a mis alumnos también llega mi agradecimiento.

Luego, de una investigación surge la otra y así, sin darme cuenta, me involucraba plenamente en diversas aristas del saber.

Otro agradecimiento muy sentido es para mis compañeros de trabajo en su sentido más amplio. A los primeros, por haberme aceptado, a pesar de las diferencias de edad y lo que se derivaba de ser yo una madre de cinco hijos mientras ellos y ellas estaban comenzando la veintena de años, y luego para los colegas que siguieron, muchos de ellos alumnos nuestros, que pasaron a ser colegas de profesión, a los cuales también les debo mucho, por el afecto que me han demostrado, de los cuales he recibido siempre la ayuda profesional y también el apoyo moral, cuando lo he necesitado.

Quiero agregar otro agradecimiento más, de mucha importancia para mí, como un sencillo y querido homenaje a quien fuera mi esposo, compañero y amigo, a lo largo de 53 años. Siempre conté con su ayuda y estímulo para cuanta tarea enfrentaba, y también tuve, antes y ahora, el apoyo incondicional de mis hijos y de mis nietos. Ahora tengo también el amor de mis bisnietos.

Sin todos ellos no sería lo que soy. A todos ellos y a ustedes que me acompañan en un día tan importante para mí, gracias desde mi corazón.

Gracias

 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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