Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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El cuerno de la abundancia “repleta” cines habaneros

Frank Padrón • La Habana

 

Haciendo honor a su título, sobreabunda la expectativa en las varias salas donde se exhibe la última cinta de Juan Carlos Tabío (Lista de espera), a la vez, último estreno nacional.

La experiencia de trabajo con el narrador Arturo Arango en ese título como en otro que le siguió (Aunque estés lejos, 2002) parece llegar a su mejor simbiosis, su química más eficiente en el nuevo título de la dupla artística: El cuerno de la abundancia (2008), Tercer Coral y Premio al Mejor Guión en la pasada edición del Festival habanero.

La cinta parte de un hecho real, según dio fe un reportaje publicado en El País por el corresponsal del célebre diario madrileño en Cuba, Mauricio Vicent: El tesoro de los Manso de Contreras, del cual partieron escritor y cineasta para concebir el relato fílmico que luego el segundo puso en pantalla.

En el imaginario pueblo de Yaragüey (pero donde tanto de la arquitectura y la vida de provincias puede reconocer cualquier cubano o visitante que con cierta frecuencia haya recorrido el interior de nuestro país, y no solo de los lugares que sirvieron de escenario: Santa María del Rosario y Bejucal) los que llevan el apellido Castiñei(y)ra se ven teóricamente favorecidos por una millonaria herencia que yace en un banco inglés solo a la espera de los pertinentes trámites; como es lógico, la noticia (primero secreta, luego de dominio general) dispara y trastorna el modus vivendi de ese municipio signado por las privaciones, las carencias y la lucha diaria de casi todos sus vecinos. 

Lo primero que llama la atención es que, inevitablemente costumbrista, la película trasciende ampliamente los límites de esa línea genérica que en el cine ha arrojado estimables obras (desde Peyton Place hasta Volver), las cuales, justamente deben su excelencia, además de captar con realismo el peculiar ambiente en que se insertan, al hecho de pulsar situaciones y sentimientos de claras universalidad y atemporalidad.

Con mayor o menos especificidad tópica, la(s) historia(s) de El cuerno… se encuentra en el cotidiano de cualquier rincón de Cuba ahora mismo y ya hace varios años, desde la capital hasta el más recóndito pueblo rural , sin embargo, hay un calado en el subsuelo del relato que se eleva por encima de anécdotas elementales, un cuestionamiento en lo negativo (la desvalorización, el egoísmo, la falta de solidaridad y de apoyo al otro) que convierte al filme en una muy amarga comedia, lo cual en absoluto disminuye sus altos quilates humorísticos, insertos en una tradición de choteo, de burla e ironía (que de todo hay) tan revelador del espíritu nacional, lo cual redondea un verdadero ensayo fílmico, mas sin dedos acusadores: aún las más censurables actitudes de varios de los hombres y mujeres que conforman aquí el dramatis personae invitan, sino a la justificación (como se sabe, inadmisible en cualquier circunstancia) al menos a la comprensión y el entendimiento del porqué tales acciones, y su justa ubicación en tiempo y espacio.

La dualidad tonal del filme se resuelve encomiablemente, al punto de que, como espectadores, no percibimos donde se hallan los límites entre lo trágico y lo cómico: ese desafío en que han sentado cátedra grandes nombres del cine como Chaplin, Almodóvar o Woody Allen, encuentra esta vez en la labor de Arango y Tabío, justa realización.

Y ya que mencionábamos tales referentes, también la habitual plasmación interfílmica, las alusiones paratextuales encuentran aquí una loable plasmación; también están los guiños a la historia del cine, internacional (el western, la comedia de enredos, el Bienvenido Mr Marshall, del español Berlanga de tanto peso en la diégesis, y por extensión toda su obra …), o cubano (la simetría entre las imágenes del primer cuento de Lucía y lo que viven los personajes en una sala de cine…)

Claro, que no faltan “lunares”: trabajando con el estereotipo o el arquetipo en sus variantes, a los realizadores se les va un poco la mano y tensan los tintes en algunos casos, o aparece el gag malogrado (con sabor a astracán) de las dos parejas con infidelidades “cruzadas” a la vez en el mismo lugar y momento (la boda), por demás tan descuidado en su plasmación escénica.

Si otros méritos no hubiera (que ya hemos visto cuánto abundan) el filme sobresale por notabilísimas actuaciones, muchas de nombres ya fogueados, mas también de nuevos rostros que se incorporan a la coralidad haciendo lo suyo sin innecesarias poses ni divismos, sino sumados a la coherencia y organicidad del conjunto, accionado y guiado por Tabío con ese rigor y ese dominio del cual ya venía dando muestras casi desde sus inicios, amante como es de estos relatos donde el personaje colectivo protagoniza: Jorge “Pichi” Perugorría, Laura de la Uz, Tahimí Alvariño y Annia Bu, llevan la delantera.

En fin, un “cuerno” que culmina notablemente un período (la comedia fílmica en el cine revolucionario) y una obra (la de Tabío) quien, por supuesto, hará otras, pero cierra todo un período de su labor con indiscutible sobresaliente.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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