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Recordemos hoy los tiempos de
cumpleaños infantiles, cuando
compartíamos un año más entre
amigos. Ahora, este momento se
nos hace cumpleaños de quienes
hacemos andares en el
cumplimiento de páginas
encuadernadas como amor de cada
día: el libro.
Víctor Rolando Malagón, tres
décadas y algo más de laboreo
editorial en esta jornada larga
en la cual nos acompaña, se nos
presenta a diario sin ser
rompiente y altanero. Lo vemos,
con su sencilla presencia, en el
cumplimiento cada día de lo que
hay que hacer. Desde las Letras
y Artes, Malagón es de los que
llamo “los antiguos”, quienes 42
años ya venimos en este tornar
que es, que será, como parte
indisoluble que es de la cultura
nacional.
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Varios son los amigos editores
que anteceden a Malagón con este
merecido lauro. El más reciente,
comparte las tareas de la
edición y la investigación
histórica, mientras otros ocupan
diversas esferas de las ciencias
y las letras. Hace unos días
conversamos acerca de la
historia del Instituto Cubano
del Libro y de todo este sistema
editorial ya desarrollado. Al
parecer, debe divulgarse más. El
27 de abril de 2007 conmemoramos
cuatro décadas del Instituto, de
19 y 10 en El Vedado, las
montañas de libros que desde
1966 —un año antes del hecho
fundacional—, y cito al
compañero Rolando Rodríguez,
“Fidel me comentó la necesidad
de replantearse el sistema del
libro para que se potenciaran
sus posibilidades, de acuerdo
con las demandas que iban
presentándose a velocidad de
vértigo. Podría crearse, valoró,
un Instituto del Libro y me
encomendó la tarea de estudiar
su constitución y
materializarlo”. Así, poco a
poco, surgieron las series,
luego el conjunto de
editoriales, hoy un multiplicado
mundo de casas editoras en todo
el país.
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Malagón es un licenciado en
Historia del Arte, incorporado a
la Editorial Arte y Literatura,
cuando concluía el año 1976. Su
quehacer, de entonces acá, entre
cuartillas, páginas, gestiones,
también dolores y alegrías, ha
devenido intenso y persistente
en la realización de cada libro
concebido. En Cuba y en el
exterior ha cumplido sus deberes
con activa y callada presencia.
Trabajador de avanzada,
vanguardia en tareas
revolucionarias de ciudadano
comprometido y de dirección, se
le ha distinguido como
intelectual por la Cultura
Nacional. Su currículum muestra
los resultados, no
necesariamente ahora para
relacionar, pues bien le
conocemos todos.
En estas jornadas de la Feria
Internacional del Libro, también
se hace justo reconocimiento a
aquellas y aquellos —aquí varios
presentes, otros ya no están—
que gestaron la fundación de
abril de 1967. A ellos nos
unimos en este instante con el
agradecimiento merecido por el
empeño más que destacado de
décadas.
Víctor Rolando Malagón siempre
tiene cosas que hacer, por ello
no le resultan largas las horas
de trabajo. Su accionar
editorial continuará como hasta
el presente, entregando lo mejor
de sí, en cada libro, en cada
asesoría como especialista en
nuestro oficio de editor.
En hora buena este Premio
Nacional de Edición para nuestro
común amigo Malagón.
Febrero 18 de
2009 |