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Una breve nota en
Internet da cuenta de la
muerte de George Labica.
Ocurrió el jueves 12 a
causa de una hemorragia
cerebral. Si el mundo de
la información fuera
justo, hoy deberían
encontrarse múltiples
textos, fotos,
reportajes refiriéndose
al francés que nacido en
Toulon, en 1930, dedicó
toda su existencia a la
lucha contra el
capitalismo.
Profesor emérito de
varias universidades
francesas,
se doctoró en Historia
de la Filosofía y en
Letras, ha sido miembro
del Centro Nacional de
Investigación Científica
y también Profesor
Emérito de la
Universidad del Pueblo
en Pekín.
Se especializó en
Filosofía política,
incluida la Historia de
la teoría marxista y
sobre esos asuntos
realizó una importante
labor docente además de
participar en
incontables talleres,
seminarios, conferencias
y congresos de numerosos
países.
Militante
anticolonialista y
antimperialista, fue un
conocedor del mundo
árabe y luchó con
tenacidad por resolver
los graves problemas del
Oriente Medio, siempre
desde la óptica de
defender las causas más
justas.
En su haber figuran
abundantes obras como
Democracia y revolución,
Teoría de la
violencia y La
obra de Marx, un siglo
después y codirigió
el Diccionario del
Marxismo.
Precisamente sobre ese
cuerpo filosófico
aseveró hace algún
tiempo: “Yo creo que no
hay ningún pensamiento
que pueda reemplazar al
marxismo para comprender
el mundo de hoy, la
razón es sencilla, es
que ahora nosotros
estamos viviendo en el
capitalismo como el
propio Marx, la
estructura permanece,
hay modificaciones eso
está muy claro, esas
modificaciones que son
cambios de la manera de
la cual la gente se
representa la sociedad,
se representa la
historia; todo eso va a
inducir necesidad de
modificar las reglas del
juego del punto de las
doctrinas, entre
comillas y de inventar
un discurso nuevo, de
impulsar mucho más que
antes luchas
democráticas, no en
favor de una democracia
ideal, sino de prácticas
democráticas concretas,
pero el pensamiento que
puede analizar la
sociedad es el marxismo,
no hay otro. El modo de
producción no ha
cambiado y por otra
parte usar las
doctrinas, las teorías
de la economía política
no permiten comprender
nada, los economistas en
el mundo de hoy son como
los curas, vale decir,
como profetas son nulos,
son incapaces de prever
un accidente como la
crisis asiática, son
como los meteorólogos
que te pueden decir el
tiempo que pasó ayer
pero no el tiempo de
mañana, y yo creo que en
el mundo de hoy la
determinación que parece
vulgar, elemental de las
relaciones económicas,
de la política, de la
cultura, etc., es una
cosa que no necesita
demostración, se impone
cada una, cuando falta
el trabajo toda la vida
del individuo se
encuentra modificada, no
piensa de la misma
manera, no vive, no
tiene relaciones
sociales con su propia
familia, el desempleo
provoca ruptura entre
padres e hijos, provoca
divorcio, etc.”
Al preguntarle si el
mundo de hoy es similar
al descrito en la obra
cumbre de Marx, dijo:
“De muchos puntos de
vista se puede decir,
sin exagerar, que el
mundo de hoy es peor.
Los economistas dicen
que El Capital es
un excelente libro para
caracterizar la sociedad
del siglo XIX con el
trabajo de los niños en
Gran Bretaña, dicen que
ahora no existe. Esto es
mentira, hay centenares
de miles de niños que
trabajan y hablamos de
Gran Bretaña hoy. Por
otra parte, Marx no
conocía la gente de
América Latina que vende
sus propios órganos a
laboratorios
farmacéuticos de EE.UU.
para sobrevivir a las
necesidades de sus
familias. Hay cosas
tremendas. Marx no
conocía masacres y
genocidio en masa como
nosotros, en Europa, en
África la muerte de
millones y millones de
seres humanos...”
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Para Labica la filosofía
tiene un importante
desempeño en el mundo de
hoy para debatir y
estudiar: “Primero, el
tema de la democracia
como problema de
reflexión. Todo es la
democracia: las
prácticas democráticas
siempre como una
exigencia permanente,
desde los actos más
pequeñitos hasta los
principios utópicos, yo
creo que por ahí podemos
defender la vinculación
entre esas prácticas en
lo concreto y una visión
utópica porque ahora se
necesita una visión
utópica global”.
Tuve el placer de
conocer y entrevistar a
Labica en 1995 cuando
por el centenario de la
muerte de Federico
Engels se organizó un
encuentro internacional
en La Habana. Aquel año
era tremendo para
nuestro país, pero
Labica vino a compartir
ideas y regalar
solidaridad. En el 2003,
cuando atravesamos una
guerra mediática sin
precedentes también
acudió a la cita
habanera convocada para
hablar de Carlos Marx en
el siglo XXI y celebrar
el aniversario 145 de su
natalicio.
El especialista francés
estuvo en Cuba, sin
embargo, por primera vez
en 1962. Vino a estudiar
las experiencias de la
campaña de
alfabetización, pero
cuando trató de
aplicarlas en otro país
faltaba algo: motivos y
amor.
Uno de los
planteamientos más
interesantes que le
escuché a este
investigador es que el
socialismo hay que
construirlo con alegría,
con fiesta, con humor y
no disfrazados de bastón
y levita.
Cuando lo volví a
entrevistar, nueve años
atrás, en su español
bastante galo, me habló
de los criterios
esenciales que postula:
“I- El carácter
estructural de la
violencia es imputable
al capitalismo
globalizado.
II- El discurso del
terrorismo, codificado
en ocasión de los
atentados del 11 de
septiembre del 2001 en
los EE.UU., sirve de
legitimación a la
voluntad de hegemonía
mundial de la
superpotencia. Toda
tentativa de desarrollo
autónomo es desde ahora
castigado. Se pretende
que el conjunto de los
recursos energéticos
esté bajo control total
de los poderosos. La
referencia al Derecho y
a las garantías
institucionales
internacionales
desapareció ante la
afirmación del viejo
derecho del más fuerte.
La guerra de agresión a
Iraq bastaría para ver
la realidad del
capitalismo.
III- El (neo)
liberalismo que se
jactaba a la caída del
muro de Berlín, de traer
al mundo a la democracia
y prosperidad, ha
revelado con rapidez su
verdadera naturaleza:
crecimiento de las
desigualdades, dictadura
de los mercados y de las
ganancias financieras,
autoritarismo político.
Enfrente de la nueva
etapa capitalista, las
otras “alternativas”
asimismo han quebrado,
no solo en el modelo del
socialismo “realmente
existente”, también los
que se ofrecían como
sustitutos del
liberalismo y del
estalinismo, ya sea
socialdemocracia,
reformismo o “terceras
vías”.
IV- La alternativa
revolucionaria se
presenta, a pesar de los
saltos ideológicos bien
sea de derecha o de
izquierda, como la única
solución posible. Es
menester que vuelva al
radicalismo de los
tiempos de los clásicos
marxistas. Conviene
insistir fuertemente en
el hecho que la
democracia representa la
vía, los medios y la
vialidad del proceso
revolucionario. Tal
concepto vale para todas
las situaciones. Se
trata de establecerla,
defenderla, mantenerla,
extenderla o ampararla.
La conciencia de los
trabajadores, instruida
por la experiencia de
las luchas, parece
encontrarse en estado de
hacer frente a la
globalización, que por
su lado, ahondó las
diferencias y agravó las
formas de explotación.
V- Las formas de luchas
múltiples, diversas y a
veces contradictorias
que el capitalismo está
suscitando contra las
grandes mayorías,
conducen a considerar,
ante todo, que el cuadro
nacional, donde se
manifiesta la soberanía
popular, sigue siendo el
lugar privilegiado de la
expresión democrática.
Hay que apreciar la
globalización desde ese
punto de vista y
evaluarla con el
criterio de lucha de
clases a escala
internacional. La
situación por fin
engendrada por las
divergencias
geoestratégicas sobre la
cuestión de la guerra
contra Iraq suscita una
nueva apreciación de las
contradicciones
interimperialistas.”
Ya no nos volveremos a
ver, pero siempre
recordaré al galo de
ojos claros que con
pasión defendió en los
más variados espacios al
marxismo y a cuanta
causa justa conocía,
incluida la cubana. |