Treinta años de impactante
presencia poética en las letras
chilenas y latinoamericanas han
llevado a Raúl Zurita de ser un
joven poeta desesperado y
perseguido a convertirse en una
de las voces más seguidas y
respetadas de la lírica chilena
y a alcanzar el Premio Nacional
de Literatura de su país en
2000. Cuando su libro
Purgatorio se publicó en
1979, en su portada aparecía el
poeta con una herida en la cara
que él mismo se había provocado.
Obra y herida eran reflejo de la
angustia y el dolor de la
existencia en aquellos años
oscuros. Con una mirada casi
mística también ha recorrido en
sus versos la geografía chilena,
desde el desierto hasta las
montañas. En años posteriores,
aunque aún provocador y
polémico, perdió su condición de
marginado y mereció entre otros
el Premio Pablo Neruda de
Poesía, el Pericle d' Oro de
Calabria y, por su poemario
INRI, el Premio de Poesía
José Lezama Lima de Casa de las
Américas en 2004 por “la
conmovedora parábola de un
universo de valores humanos
cuyos enemigos no pudieron
destruir”.
Casi en un murmullo, como si
quisiera marcar una distancia de
la grandeza de la voz poética
que acabamos de escuchar, Zurita
habla de sí mismo después de una
de las muchas lecturas públicas
y presentaciones que ha
disfrutado el público de la
XVIII Feria Internacional del
Libro de La Habana, de la cual
Chile y sus escritores son
invitados de honor.
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Con su libro Purgatorio
irrumpió en el panorama
literario de Chile. Fue una obra de
polémica y de ruptura. Dijo en
su momento que era el libro de
un sobreviviente. ¿Cómo juzga
aquella obra tantos años
después?
Creo que nunca he salido de
ella. Siento que todo lo que
hago tiene que ver un poco con
ese libro, y sobre todo es una
obra en la que he estado
bastantes años, es el espacio
del Purgatorio. Me es algo muy
cercano.
Carmen Berenguer mencionaba el
sismo que fue para su generación
la poesía chilena de los 80.
¿Qué recuerda de aquella época?,
¿cómo se vivía la poesía?
Éramos tipos con mucha pasión,
pero con mucho miedo también.
Hacíamos cosas desesperadas,
acciones de arte en la época de
Pinochet. Formábamos colectivos
de acciones de arte de
resistencia. La encuentro una
época terrible, y
paradójicamente, en ese sentido,
bella tal vez. Como cuando, a lo
mejor, alguien puede recontar un
escenario de guerra. Lo que hizo
también la dictadura fue desatar
en alguna gente lo mejor de sí
misma. Estábamos entre el
horror, y nosotros lo único que
podíamos oponer eran poemas.
Pero esos poemas tenían que ser
tan bastos y tan grandes que
fueran más fuertes todavía que
el dolor que se nos estaba
causando. Fue una explosión
literaria extraña, porque fue en
las barbas mismas del terror.
Casa de las Américas cumple 50
años y esta feria le brinda
homenaje. Sobre ella dijo que
tenía “vocación
por un destino”.
¿Qué quiso decir con esta
frase?, ¿qué piensa de la huella
que en estos 50 años ha dejado
Casa en Latinoamérica?
Absolutamente, es una vocación
de futuro, una vocación por la
libertad en el sentido más
profundo del término. Es la
única gran institución americana
que existe, que tenemos en
“nuestra” América. Su labor y su
trabajo no lo podrán opacar nada,
ninguna crítica ni ataque,
porque está inserto en el
corazón mismo de lo que podemos
entender por cultura y por
belleza, lo que podemos entender
por libertad.
Regresa a Cuba después de
algunos años. ¿Cómo ha sido su
relación con nuestro país y con
nuestros escritores?
Yo amo Cuba. No es fácil estar
al tanto de ella, me entero a
través de Waldo Leyva y de otros
amigos. Vuelvo acá, vi la
inauguración, veo esta feria,
veo las lecturas, los espacios
llenos... y es una relación de
amor.
En la mesa sobre poesía chilena
decía que había cambiado su
forma de ver la vocación
poética. ¿Ha cambiado en
consecuencia su forma de crear?
Creo que es normal que sea así,
seguramente sí, pero uno es mal
crítico de sí mismo, sabe muy
poco de lo que hace.
¿Qué nueva obra escribe?
Estoy escribiendo un libro que
se llama Zurita, no
porque crea que soy algo
especial sino porque parte del
dato de la existencia. Es un
libro que tiene 700 páginas,
llevo varios años escribiéndolo
y ya lo estoy terminando. |