Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Nunca he dejado de soñar

Luis Marré • La Habana

Fotos: Equipo de La Jiribilla


Hasta los 6 años viví en una casa de campo junto a la carretera Guanabacoa-Cojímar; oíamos, desde allí todos los trajines de la ciudad, sobre todo, recuerdo las sirenas de los barcos, semejantes al grito de un animal herido; en las noches de los días festivos, las luces  de la farola del Morro se unían a las de la farola del Capitolio. Yo imaginaba que los potentes haces de luz eran las varillas de los abanicos de dos señoras sentadas frente a frente, dándose balance y abanicándose con sus pericones.

Una de esas noches, mi padre oyó que le decía a mi hermana: “Son abuela y Cristina dándose balance, abriendo y cerrando los abanicos y contándose chismes.”

Mi padre preguntó qué era eso de abanicándose y contándose chismes. Yo no supe qué responder; mi padre terminó diciéndome que las abuelas merecían respeto. Otro miembro de la familia, que había estado atento a mi conversación, sentenció: “¡Ahora sí que nos jodimos: este nos salió poeta!”; después explicó a mi padre de qué yo hablaba con mi hermana.

Mi padre no tardó en explicarme por qué el tío pensaba mal de los poetas: Se refería —me dijo— a los poetas campesinos que abandonan la tierra para andar con la bandurria bajo el brazo. Recuerdo que después me explicó que Cuba había tenido grandes poetas como el Cucalambé, Heredia y Martí, que no había que avergonzarse de ser poeta.

Este recuerdo de infancia tal vez me motivó un poemita que escribí hace más de 40 años, se titula: “Pequeña canción diurna” que cito a continuación. 

Voy a hablar de la dicha

no de sueños ni cábalas.

Voy a hablar de la dicha,

perdona si no dejo

a un lado mi tarea

Voy a hablar de la dicha

más que discurso es canto

de labor:

            óyeme

                   mirándome

                            a las manos 

Sin embargo, nunca he dejado de soñar, ni de cumplir exigentes tareas. A la altura de mis 80 años, confieso que mis grandes amores han sido siempre la familia, la tierra (léase la Patria) y la poesía. Como veis no puedo negar mi origen campesino, perdonen las torpezas de mi discurso.

Muchas gracias.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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