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CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN (18 Parte) |
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Aniversario 50 de la invasión rebelde |
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William Gálvez • La Habana |
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Después de una interminable jornada,
casi amaneciendo, acamparon en el lugar
previsto. A pesar de ir a caballo la
tropa sintió los rigores del trayecto
sobre todo los menos acostumbrados a
jinetear tenían las posaderas ardiendo.
Aún así, era peor ir a pie, pues el
desplazamiento hubiese sido mucho más
lento y agotador. El rápido avance
compensaba un tanto las molestias de la
larga cabalgata.
El nuevo campamento estaba ubicado en un
lugar llamado Caimito de Camagüey. Aquí
comenzaron las dificultades. La primera
fue la noticia de que el grupo que
operaba en esos lugares había pasado por
allí, rumbo a Oriente, tres días antes.
Por su conocimiento esos compañeros
hubieran brindado una gran ayuda a las
columnas. La segunda se presentó cuando
visitaron la primera casa para solicitar
cooperación, y casi tuvieron que obligar
a sus ocupantes. La tercera se presentó
cuando, a la hora de partir, el práctico
no había llegado. Este salió a resolver
algunos abastecimientos y, aunque era
persona de confianza, no era posible
precisar cómo actuaría en caso de caer
preso y ser torturado.
El Comandante comenzó a tomar medidas de
extrema seguridad. Inmediatamente reunió
a todos los jefes de pelotones, explicó
la situación y ordenó situar postas
alrededor del campamento, lo más lejos
posible, y reforzarlas en los lugares de
entradas de vehículos; mantener los
hombres listos para rechazar cualquier
ataque, e indagó con el dueño de la casa
la dirección a seguir en caso de que el
práctico no apareciera. Este solo era
conocedor del camino hasta los montes de
La Federal, pero Camilo sabía que esa
ruta era peligrosa. No obstante, no
había otra —al menos en ese momento no
se conocía otra— de acceso a los montes.
Después de esperar tres horas, alrededor
de las 6:30 p.m., el Comandante decidió
iniciar la marcha: separando lo más
posible los pelotones, las escuadras y
los hombres entre sí, con una distancia,
aproximada de 100, 50 y 10 metros entre
pelotones, escuadras y hombres,
respectivamente. Lo fundamental era no
estar agrupados, pues de caer algunos en
una emboscada, el resto podría rodearla
y destruirla. Toda la columna estaba
prevista para cualquier encuentro con el
enemigo.
No había pasado media hora cuando la
vanguardia se encontró con el demorado
práctico. Rápidamente fue conducido ante
Camilo, a quien explicó la tardanza:
para traer los encargos había pedido una
camioneta, pero esta tuvo problemas
mecánicos a una distancia considerable
del campamento. Tratando de arreglarla
se le hizo tarde y al no lograrlo
continuó a pie. Explicó además que en el
camino había una emboscada, pero que
desviándonos del terraplén no toparíamos
con ella. Conocedor de la posición
enemiga, lo correcto era evitar el
combate.
Con la llegada del práctico Agustín
Arencibia y su información volvió la
calma a todos, aunque se mantuvieron
algunas medidas de precaución.
Continuaron a campo traviesa, en busca
de los montes de La Federal, a donde
arribaron cerca de las cuatro de la
madrugada del día 9. Aquellos bosques
eran grandes y ofrecían una buena
seguridad para rechazar cualquier
ataque.
EMBOSCADA ENEMIGA (I)
CHE: “Septiembre 9. —Hemos estado
viajando toda la noche hasta la
madrugada. Cuando el segundo vehículo
estaba entrando en la Federal nos avisan
que la vanguardia ha caído en una
emboscada del Ejército. Envío toda la
impedimenta a un bosquecito cercano y
nos replegamos tendiendo una emboscada
con la bazooka bien emplazada. Los
exploradores me informan que los
soldados son pocos y decidimos
atacarlos. (...) Ramiro (...) me avisa
que el enemigo se ha parapetado en la
casa de vivienda del ganadero Remigio
Fernández, cuando llega (...) Angelito
Frías, (...) Roberto (Vaquerito) y
Enrique Acevedo con su (fuego) han
fijado al enemigo y personalmente se
están filtrando dentro de la casa, la
que tomaron haciendo cuatro prisioneros
y trasladando tres soldados muertos en
la acción. Otro soldado escapó. Ocupamos
todas las armas y abundante parque.
Durante la primera parte de la acción,
en la emboscada fue herido el capitán
Herman Mark y muerto el capitán Marcos
Borrero, uno de los mejores hombres de
nuestra columna..., fue herido el
teniente Enrique Acevedo por una bala
que le atravesó ambos brazos y el
capitán Ángel Frías que se dislocó un
tobillo cuando saltó desde gran altura
dentro del parapeto donde se
resguardaban los soldados.
Una hora después llegaron varios
camiones con refuerzos, al medio día,
cuando la aviación comenzó a
bombardearnos nos retiramos a un
montecito. El Ejército decide atacarnos
y lo recibimos con un fuego
causándoles... bajas, las que no pudimos
precisar.
Una avioneta (...) es alcanzada por
nuestro fuego y derribada en las
cercanías del central Francisco...”
Las anotaciones de Guevara de ese día,
además de tener adulteraciones del
periodista que la obtuvo, sustituidas
por puntos suspensivos entre paréntesis,
no pueden recoger con amplitud cómo se
desarrollaron los hechos. Para subsanar
esa deficiencia nos valdremos de lo que
escribió Joel y de otros testimonios de
los participantes.
LEONARDO TAMAYO: “Yo era enlace del Che
y cuando salimos del batey de la
arrocera, lo hicimos a caballo, yo iba
junto al Che, pues era su enlace. La
otra parte de la columna fue en
transporte... Al cabo de un rato yo me
quedé dormido. Creo que estábamos por un
lugar que se llama Laguna Baga. De
momento siento que alguien me llama y me
despierto y vi que era el Che. No había
más nadie y me preguntó si estaba
dormido. Yo por temor a una descarga le
dije que no.
“Entonces me pregunta que por dónde
había cogido la gente. Yo señalé hacia
un lugar y salimos a toda carrera, con
la suerte de que fuimos a dar al
terraplén por donde iban las carretas
con tractores, y al poco rato… apareció
Ramiro, que había virado porque el guía
no estaba seguro del camino.”
Sucedió que los vehículos, después de
pasar por los bateyes Las Ciegas y
Asiento Viejo antes de llegar al río
Tana, un camión se atascó. A preguntas
de Ramiro el práctico dijo estar perdido
y fue cuando viraron y encontraron a
Guevara. El comandante Valdés dijo a su
jefe de buscar en un bohío cercano a
alguien que los guiara y este aceptó. A
pesar de todas las explicaciones que
dieron los rebeldes, no evitaron el
llanto de los familiares del hombre que
se llevaron para que los condujera hasta
los montes de La Federal.
Resuelto el problema y más calmado el
campesino reanudaron la marcha. Ramiro
le pidió el timón a Alberto Castellanos,
condujo el pisicorre y se adelantó a los
demás transportes. Che y Tamayo dejaron
sus caballos y subieron a las carretas,
donde de inmediato se volvieron a
rendir.
Un poco antes de las 05:00 horas del
martes 9 de septiembre, los ocho
soldados emboscados desde el anochecer
anterior en un pequeño monte más allá
del caserío de Tana, perteneciente al
extenso latifundio La Federal, estaban
ansiosos de que acabara de amanecer para
ir a tomar café y retirarse.
Continuará… |
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