Año VII
La Habana
2008

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN  (18 Parte)
Aniversario 50 de la invasión rebelde
William Gálvez • La Habana
Después de una interminable jornada, casi amaneciendo, acamparon en el lugar previsto. A pesar de ir a caballo la tropa sintió los rigores del trayecto sobre todo los menos acostumbrados a jinetear tenían las posaderas ardiendo. Aún así, era peor ir a pie, pues el desplazamiento hubiese sido mucho más lento y agotador. El rápido avance compensaba un tanto las molestias de la larga cabalgata.

El nuevo campamento estaba ubicado en un lugar llamado Caimito de Camagüey. Aquí comenzaron las dificultades. La primera fue la noticia de que el grupo que operaba en esos lugares había pasado por allí, rumbo a Oriente, tres días antes. Por su conocimiento esos compañeros hubieran brindado una gran ayuda a las columnas. La segunda se presentó cuando visitaron la primera casa para solicitar cooperación, y casi tuvieron que obligar a sus ocupantes. La tercera se presentó cuando, a la hora de partir, el práctico no había llegado. Este salió a resolver algunos abastecimientos y, aunque era persona de confianza, no era posible precisar cómo actuaría en caso de caer preso y ser torturado.

El Comandante comenzó a tomar medidas de extrema seguridad. Inmediatamente reunió a todos los jefes de pelotones, explicó la situación y ordenó situar postas alrededor del campamento, lo más lejos posible, y reforzarlas en los lugares de entradas de vehículos; mantener los hombres listos para rechazar cualquier ataque, e indagó con el dueño de la casa la dirección a seguir en caso de que el práctico no apareciera. Este solo era conocedor del camino hasta los montes de La Federal, pero Camilo sabía que esa ruta era peligrosa. No obstante, no había otra —al menos en ese momento no se conocía otra— de acceso a los montes.

Después de esperar tres horas, alrededor de las 6:30 p.m., el Comandante decidió iniciar la marcha: separando lo más posible los pelotones, las escuadras y los hombres entre sí, con una distancia, aproximada de 100, 50 y 10 metros entre pelotones, escuadras y hombres, respectivamente. Lo fundamental era no estar agrupados, pues de caer algunos en una emboscada, el resto podría rodearla y destruirla. Toda la columna estaba prevista para cualquier encuentro con el enemigo.

No había pasado media hora cuando la vanguardia se encontró con el demorado práctico. Rápidamente fue conducido ante Camilo, a quien explicó la tardanza: para traer los encargos había pedido una camioneta, pero esta tuvo problemas mecánicos a una distancia considerable del campamento. Tratando de arreglarla se le hizo tarde y al no lograrlo continuó a pie. Explicó además que en el camino había una emboscada, pero que desviándonos del terraplén no toparíamos con ella. Conocedor de la posición enemiga, lo correcto era evitar el combate.

Con la llegada del práctico Agustín Arencibia y su información volvió la calma a todos, aunque se mantuvieron algunas medidas de precaución. Continuaron a campo traviesa, en busca de los montes de La Federal, a donde arribaron cerca de las cuatro de la madrugada del día 9. Aquellos bosques eran grandes y ofrecían una buena seguridad para rechazar cualquier ataque.

EMBOSCADA ENEMIGA (I)

CHE: “Septiembre 9. —Hemos estado viajando toda la noche hasta la madrugada. Cuando el segundo vehículo estaba entrando en la Federal nos avisan que la vanguardia ha caído en una emboscada del Ejército. Envío toda la impedimenta a un bosquecito cercano y nos replegamos tendiendo una emboscada con la bazooka bien emplazada. Los exploradores me informan que los soldados son pocos y decidimos atacarlos. (...) Ramiro (...) me avisa que el enemigo se ha parapetado en la casa de vivienda del ganadero Remigio Fernández, cuando llega (...) Angelito Frías, (...) Roberto (Vaquerito) y Enrique Acevedo con su (fuego) han fijado al enemigo y personalmente se están filtrando dentro de la casa, la que tomaron haciendo cuatro prisioneros y trasladando tres soldados muertos en la acción. Otro soldado escapó. Ocupamos todas las armas y abundante parque. Durante la primera parte de la acción, en la emboscada fue herido el capitán Herman Mark y muerto el capitán Marcos Borrero, uno de los mejores hombres de nuestra columna..., fue herido el teniente Enrique Acevedo por una bala que le atravesó ambos brazos y el capitán Ángel Frías que se dislocó un tobillo cuando saltó desde gran altura dentro del parapeto donde se resguardaban los soldados.

Una hora después llegaron varios camiones con refuerzos, al medio día, cuando la aviación comenzó a bombardearnos nos retiramos a un montecito. El Ejército decide atacarnos y lo recibimos con un fuego causándoles... bajas, las que no pudimos precisar.

Una avioneta (...) es alcanzada por nuestro fuego y derribada en las cercanías del central Francisco...”

Las anotaciones de Guevara de ese día, además de tener adulteraciones del periodista que la obtuvo, sustituidas por puntos suspensivos entre paréntesis, no pueden recoger con amplitud cómo se desarrollaron los hechos. Para subsanar esa deficiencia nos valdremos de lo que escribió Joel y de otros testimonios de los participantes.

LEONARDO TAMAYO: “Yo era enlace del Che y cuando salimos del batey de la arrocera, lo hicimos a caballo, yo iba junto al Che, pues era su enlace. La otra parte de la columna fue en transporte... Al cabo de un rato yo me quedé dormido. Creo que estábamos por un lugar que se llama Laguna Baga. De momento siento que alguien me llama y me despierto y vi que era el Che. No había más nadie y me preguntó si estaba dormido. Yo por temor a una descarga le dije que no.

“Entonces me pregunta que por dónde había cogido la gente. Yo señalé hacia un lugar y salimos a toda carrera, con la suerte de que fuimos a dar al terraplén por donde iban las carretas con tractores, y al poco rato… apareció Ramiro, que había virado porque el guía no estaba seguro del camino.”

Sucedió que los vehículos, después de pasar por los bateyes Las Ciegas y Asiento Viejo antes de llegar al río Tana, un camión se atascó. A preguntas de Ramiro el práctico dijo estar perdido y fue cuando viraron y encontraron a Guevara. El comandante Valdés dijo a su jefe de buscar en un bohío cercano a alguien que los guiara y este aceptó. A pesar de todas las explicaciones que dieron los rebeldes, no evitaron el llanto de los familiares del hombre que se llevaron para que los condujera hasta los montes de La Federal.

Resuelto el problema y más calmado el campesino reanudaron la marcha. Ramiro le pidió el timón a Alberto Castellanos, condujo el pisicorre y se adelantó a los demás transportes. Che y Tamayo dejaron sus caballos y subieron a las carretas, donde de inmediato se volvieron a rendir.

Un poco antes de las 05:00 horas del martes 9 de septiembre, los ocho soldados emboscados desde el anochecer anterior en un pequeño monte más allá del caserío de Tana, perteneciente al extenso latifundio La Federal, estaban ansiosos de que acabara de amanecer para ir a tomar café y retirarse.

Continuará…
 
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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