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Un
galardón especial ganó en el Festival de
Berlín el cortometraje cubano The
Illusion, documental de Susana
Barriga que le sirviera de tesis de
graduación como documentalista en la
Escuela Internacional de Cine y
Televisión de San Antonio de los Baños.
The Illusion había sido premiado
en los festivales de La Habana y Buenos
Aires, y además los críticos cubanos la
eligieron entre las mejores películas de
2008.
Según
despacho de la agencia EFE, The
Illusion documenta el reencuentro
entre la cineasta y su padre ausente,
exiliado 14 años atrás en Londres. Las
imágenes borrosas y desencuadradas
predominan a lo largo de los 24 minutos
de la cinta, que en ningún momento
muestra a los protagonistas, y sitúa el
intenso reencuentro entre padre e hija
fuera de campo.
La
película de Susana Barriga se llevó en
Berlín el Premio Especial de la Sociedad
Alemana de Intercambio Académico (DAAD,
por sus siglas en alemán) por, de
acuerdo con las declaraciones del jurado
que aparecen en el sitio oficial del
festival de Berlín, “showing spaces
instead of faces, this video diary
courageously confronts the irretrievable
past. A very personal form of cinema,
which succeeds in painting an
autobiographical landscape of loss”, o
lo que es lo mismo, aproximadamente, en
español: “mostrando espacios más que
rostros, The Illusion, este
diario realizado en video, confronta
valerosamente el pasado irremediable.
(Se trata) de una modalidad de cine muy
personal que ilustra con profundidad un
paisaje autobiográfico dominado por la
pérdida”.
El
jurado encargado de la sección eligió
para el Oso de Oro a la cinta irlandesa
Please Say Something,
de David O'Reilly
por
su capacidad de “despertar sentimientos,
cautivar con su visión humana de las
cosas y evocar caracteres capaces de
hacerle reír y llorar a uno”. El Oso de
Plata fue para el corto británico
Jade, de Daniel Eliott, una cinta
que “impresionó al jurado” porque relata
de forma concentrada el drama de una
mujer, con una sensibilidad que “nos ha
cautivado desde el principio hasta el
fin”. El premio para The Illusion
viene a ser como un tercer premio en la
competencia
En
declaraciones anteriores a la entrega
del premio, Susana aseguró que “a él le
dije que estaba haciendo un documental y
la cámara estaba ahí. Él podía verla
aunque no le grabé de forma explícita”.
Según aseguró a EFE, su intención no es
lanzar “ningún tipo de mensaje, y mucho
menos político” pese a que el padre, con
sus teorías conspiratorias, esboza un
retrato algo paranoico de los exiliados.
“Para mí es mucho más importante la duda
que la certeza”, indicó la cineasta,
quien espera que The Illusion
permita reflexionar sobre la situación
de Cuba y de sus exiliados, y apreciar
que “no hay blanco ni negro sino que
todo es muy complejo”.
La
realizadora expresa a través de su voz
en off las expectativas despertadas por
el reencuentro, que se tornarán en
amargura cuando su progenitor se muestre
más interesado en sospechar de ella como
espía del régimen que en retomar la
relación paternal. “Estas imágenes son
tan difusas como mis propios recuerdos
de ese encuentro. Pero es lo único que
me queda de él”, señaló.
El
padre, convencido de que la visita
espontánea de su hija contribuirá a
hacer su vida “aún más imposible por la
gente que Fidel Castro tiene en
Londres”, llega incluso a reclamar ver
el pasaporte de la directora para
cerciorarse de que efectivamente es
ella.
La
escalera del edificio, el sofá donde se
sientan, un periódico que alguien lee en
el metro, e incluso el pavimento, se
convierten en los personajes físicos de
la cinta, cuyas únicas representaciones
humanas son los anónimos viajeros del
metro londinense y la sombra difusa del
padre, caminando por una calle a
oscuras.
El
aparentemente caótico montaje final, con
intensas y rápidas secuencias de planos,
fue una decisión espontánea de Barriga
durante el proceso de edición del corto,
producido a través de un programa de
colaboración entre la Universidad de
Sallford y la Escuela Internacional de
Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio
de los Baños. Cuando tuve la oportunidad
de ver por primera vez The Illusion,
escribí una crónica más que crítica
realmente apologética. Ahora que la he
visto varias veces más suscribo mis
criterios de entonces:
“La
soledad, frustración y la esperanza muy
difusa que se observa en los personajes
de Cómo construir un barco y
Patria —anteriores cortometrajes de
Susana Barriga— son ahora las
sensaciones dominantes en el ánimo de la
realizadora. The Illusion ocurre
casi toda de noche, apenas vemos a
Susana en su búsqueda ni sus diálogos,
escuchamos su voz en off, mientras
cuenta que quería hacer una película
sobre la felicidad. Cuando el espectador
abandona el filme solo puede estar
convencido de que la felicidad y su
homóloga, la esperanza, no son más que
espejismos que se esfuman en una noche
neblinosa, sin dejar la más pequeña
huella.
“Al
principio, vemos muchas imágenes de las
calles filmadas cámara en mano, muchas
veces fuera de foco, ambientes urbanos,
carros y autobuses pasando, el metro,
todo es impersonal, gélido; hay gente
que corre en direcciones opuestas con la
ilusión de que existe un lugar mejor
para permanecer. Todo el tiempo, como en
la mejor documentalística, y ficción de
la nueva ola, están divorciados o en
contrapunto, las imágenes y el sonido,
donde no deja de escucharse la voz
calmada de Susana reflexionando sobre el
documental que quiso hacer, mencionando
la última carta que recibió del padre en
1995 hasta que se produce el
reencuentro. De súbito, escuchamos la
voz del padre. No lo vemos. Tampoco a
Susana. La cámara, evidentemente oculta,
se detiene en ventanas, pasillos, formas
frías y abstractas, oscuras y filosas,
mientras se verifica el drama de la
incomunicación, los dilemas del
emigrante, la Cuba que se fue pidiéndole
todo tipo de cuentas a la Cuba que se
quedó, la hostilidad de un paranoico,
los remordimientos de padre ausente, el
desconcierto de una mujer que solo
acierta a filmar la tragedia del rechazo
para ver si puede comprenderla,
asimilarla. Y mientras se verifica el
diálogo entre Susana y su padre, las
imágenes de la cámara son cada vez más
confusas, hostiles, oscuras, difusas.
“Nada
puede convencer a alguien que no cree, y
que además no quiere creer porque le
dolería mucho el convencimiento, y que
tampoco puede creer porque se
transformaría en otra persona. Aferrado
a sus rencores, el personaje que
encuentra Susana no es un monstruo de
maldad que rechaza a la pobre muchacha
por pura maldad. Se trata de un pobre
infeliz a quien le extirparon para
siempre la médula de la confianza en el
ser humano. The Illusion es un
drama filial con fondo de pesadilla
urbana, y también es melodrama
experimental (¿acaso un nuevo género?,
pero la muchacha joven, vulnerable y
confiada, que busca a la ilusión
protectora de una familia, se remonta al
mito de Electra, y atraviesa los
relatos de las hermanas Bronté y Jane
Austen) por la inconcordancia entre lo
que vemos y lo que escuchamos, con la
particularidad de que las imágenes se
transforman en correlato subordinado al
sonido, al diálogo, que viene a ser el
elemento verdaderamente relator de la
trama, con la voz de Susana desdoblada
en dos personajes: la narradora en off
que comenta y se distancia, y personaje
ella misma de su propio documental sobre
una realizadora que se encuentra a su
padre en una fría ciudad británica.
The Illusion es una película
desoladora. La fascinación de Susana por
los solitarios, abatidos y vulnerables
la colocó en un sendero que de repente
dobla hacia nadie sabe dónde, pero de
seguro conducirá a sí misma. Y en este
camino sin retorno a la sensibilidad y
el poder creativo de esta joven creadora
cubana debemos esperar, vía documental,
las búsquedas más fecundas, apasionantes
y honestas.” |