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Ni
el Derecho ni la
represión sostienen por
sí mismos los sistemas
sociales. No hay
policías ni tribunales
para vigilar todo el
tiempo a todos. La norma
moral, que el propio
individuo acoge y
aplica, es el centro de
toda convivencia. El
futuro desvanecimiento
del estado solo puede
advenir mediante la
actual materialización
de la ética. No hay
revolución con bingo, ni
socialismo con casino,
ni comunismo con garito,
ni liberación con
ruleta, ni emancipación
con traganíqueles, ni
igualdad con corrupción,
ni solidaridad con
acumulación privada, ni
ideología con tahúres,
ni Hombre Nuevo con
nepotismo, ni antimperialismo con
narcotráfico, ni Utopía
con crimen organizado.
Nadie predica mejor que
el acto. El ejemplo
redime o asesina
sociedades. La lenidad
es la principal fuerza
de la corruptela.
Intelectuales y la
revolución
El más falso de cuantos
mitos ha creado la
derecha es el de que la
Revolución no tiene
intelectuales. El más
rotundo yerro de alguna
izquierda en ayuno
intelectual ha sido
creérselo. Toda
revolución es preparada
por vanguardias
ilustradas, y la
venezolana no es la
excepción. La guerrilla
cultural que acompañó la
lucha armada persistió
durante la larga
represión y mantuvo
focos de contacto con
los movimientos
sociales. El proceso
bolivariano nace de esta
prédica constante,
irreductible,
empecinada. La verdadera
intelectualidad siempre
ha estado con la
Revolución; es hora de
que la Revolución
verdaderamente esté con
su intelectualidad. Sin
ideología, la Revolución
es piñata en la que
todos se arrodillan para
recoger dulces y se van
al terminar el reparto.
O inventamos, o erramos,
decía Simón Rodríguez.
Cada revolución es
experiencia
prodigiosamente nueva,
que requiere más que
cualquier cosa de la
invención. Pero solo
inventa quien piensa. O
pensamos, o no llegamos
a ninguna parte.
Crónicas de la dictadura
mediática
Para crear una nueva
sociedad, debe la
Revolución asumir todos
los poderes. Mal puede
consentir que el Cuarto
Poder ejerza además el
Legislativo, el
Ejecutivo y el Judicial
sin haber sido elegido
por nadie. Quien
adquiere un medio de
comunicación pretende
comprar el derecho
absoluto, ilimitado y
perpetuo de legislar,
sentenciar y ejecutar
sin rendir cuentas más
que a su propio
bolsillo. Así como los
partidos políticos
fueron suplantados por
los medios privados,
intentaron estos
sustituir a los poderes
públicos con un golpe
mediático. En él fueron
cómplices los dueños de
los monopolios de la
comunicación y los
funcionarios que debían
controlar su
cumplimiento de las
leyes. Mientras tal
contubernio no se
destruya, cada mañana
puede ser el umbral de
una nueva dictadura
mediática. Señaló Marx
que las ideas de la
clase dominante son las
dominantes en todas las
épocas, porque así como
aquella es propietaria
de los medios de
producción material,
también es dueña de los
de producción
intelectual. Así como el
capitalismo intenta
monopolizar todas las
funciones del hombre,
trata también de
confiscar el
pensamiento. La
revolución solo dominará
intelectualmente cuando
su control social de los
medios de producción
material se extienda a
los de producción
intelectual.
La malignidad del
enemigo
Hacia el socialismo,
como hacia la
supervivencia, se
prefiere la vía
pacífica, pero se debe
aceptar el combate que
intenta cerrarla. Así
como no hay clase
dominante que abandone
voluntariamente sus
privilegios, no hay
Revolución que no haya
sido impugnada con la
triple arma del bloqueo,
la intervención externa
y la contrarrevolución
interna. Si las reformas
burguesas padecieron
esos azotes a la hora de
afirmarse, con mayor
razón las revoluciones
socialistas han
encontrado ataques ante
los cuales no valen ni
la conciliación ni el
perdón. Además del golpe
mediático, de los
intentos de sabotaje y
de cierre patronal,
enfrenta el proceso
venezolano la silenciosa
invasión del
paramilitarismo. Con
entrenamiento, armamento
y disciplina militares,
financiamiento del
crimen organizado y de
las industrias del
vicio, nexos con la
trama social de las
barriadas populares,
fanáticas lealtades
nacionales e imperiales
y objetivos estratégicos
precisos, los
paramilitares han
ocupado en forma
alarmante gran parte del
territorio venezolano,
crearon un sistema
tributario y de
alcabalas paralelo y
dominan progresivamente
industrias y ramas
políticas, para
constituir una
formidable Quinta
Columna para el caso de
crisis interna o
invasión externa. La
guerra
contrarrevolucionaria ha
comenzado; nuestra
defensa está por
iniciarse.
La patria es América
Patria del hombre y del
socialismo es el planeta
y mañana el universo. Se
puede soñar la Utopía en
una isla, pero no el
socialismo aislado. Las
revoluciones son niños
que se fortalecen en la
alianza contra el falso
poder de lo caduco.
Atrevidamente insurgen
las revoluciones del
Nuevo Mundo dentro del
mismo continente de la
mayor potencia
hegemónica del planeta.
De Venezuela decía
Guzmán Blanco que era
como un cuero de res,
que si se lo pisaba por
un lado se levantaba por
otro. Así América Latina
enciende cien fuegos por
cada uno que se
extingue. Es una de las
pocas regiones del
planeta donde la
abundancia de recursos
naturales y de
biodiversidad posibilita
un nuevo comienzo. Pero
así como hay países
revolucionarios, hay
estados sicarios con la
misión de liquidarlos.
Nuestro divisionismo nos
condenó a la
subordinación; el
imperio inventa
secesionismos para
terminar de abismarnos.
El cometido es evitar
que el cadáver del
capitalismo nos aplaste
en su caída y en su
voracidad hasta dar paso
a un nuevo Apocalipsis o
una nueva Edad Media. La
hora es decisiva;
nosotros también debemos
serlo. |