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El Dicloro
Difenil Tricloroetano o DDT, no
solo es un poderoso insecticida,
sino un suplemento humorístico
editado por el periódico
Juventud Rebelde; aunque si
lo doblas, también sirve para
matar bichos.
El Dedeté se fundó el 25
de febrero de 1969. Esta fecha
suele confundirse, pues muchos
creen que el suplemento llegó al
mundo el 14, entre postales de
San Valentín. El error viene
porque sus fundadores hacían
coincidir la celebración del
aniversario de la revista con el
Día de los Enamorados, así
economizaban.
Los integrantes del Dedeté
son herederos de una tradición
humorística cubana que ha dicho,
con su lenguaje propio, aquello
que al pueblo le estaba vedado.
Liborio fue el primero de los
grandes personajes republicanos.
Ricardo de la Torriente ideó a
esta caricatura de hombre
resignado para simbolizar la
apatía de una sociedad corrupta
que vio trunca su independencia.
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El Bobo,
un personaje regordete de la
autoría del caricaturista
Eduardo Abela, durante el
gobierno de Gerardo Machado
(1926-1933), se convirtió en un
combatiente sutil contra la
dictadura. Entre El Bobo y el
público existía una complicidad
tal que una seña, mirada o pose
asumían complejos significados:
una simple bufanda en el cuello
quería decir que no se tragaba
las mentiras del gobierno.
Primero desde las páginas de
La Semana y luego en
Información, Diario de la
Marina y El País,
Abela logró con inteligencia y
picardía sortear la censura
machadista. En una de sus
caricaturas se lee “diez vagones
cargados de guayabas han salido
para el Norte” y los vagones del
dibujo llevan estos letreros:
“los maestros retirados cobran
puntualmente”; “las libertades
públicas están garantizadas”;
“el pueblo está conmigo”.
Otro de los personajes
memorables del humorismo cubano,
El Loquito, de René de la Nuez,
con su gorro de periódico
gritaba lo que la dictadura de
Batista quería ocultar. El
personaje vio la luz en Zig-Zag, la revista humorística
más importante de la época. El
Loquito estaba enterado siempre
de los últimos acontecimientos
en la Sierra, pues De la Nuez
era colaborador activo del
Movimiento 26 de Julio. Después
del triunfo revolucionario, el
propio Fidel agradeció en una
carta enviada a la revista la
posición mantenida durante la
lucha.
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El Dedeté, sin perder las
influencias costumbristas que
heredó de estas publicaciones,
también tomó del tintero de
revistas como El Sable,
La Chicharra, Palante,
El Pitirre; las cuales,
como se diría en el teatro,
habían dejado las tablas
calientes, pues tenían a un
público cada vez más exigente.
Desde sus inicios, Dedeté
trató de hacer reír en serio. O
sea, siempre han apostado por un
humor que funcione como
catalizador de pensamiento, que
vaya más allá del mero chiste de
golpes y porrazos e invite al
espectador al análisis,
proponiéndole múltiples
lecturas.
Eran tiempos de experimentación
y ganas de trabajar. Aquellos
jóvenes ―casi todos recién
salidos del servicio militar y
autodidactas, pero con mucho
talento― vivían, practicaban
ping pong y dibujaban en la
redacción. De modo que más que
un local de trabajo, era una
casa ―para algunos literalmente,
porque Tomy, como venía de otra
provincia, tenía que dormir
allí. Figuras que luego se
convertirían en grandes
caricaturistas como Torres,
Manuel, el propio Tomy, Carlucho,
Janer, René, se formarían en
aquellas páginas junto a algunos
reconocidos dibujantes como
Virgilio Martínez.
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Luego,
durante el período especial,
emulando al insecticida
homónimo, la publicación
prácticamente se esfumó. Poco a
poco fue reapareciendo, hasta
convertirse en el actual
suplemento de cuatro páginas que
sale una vez al mes.
El Dedeté, como esos
bichos resistentes a las
radiaciones nucleares, se niega
a desaparecer. A pesar de las
pocas páginas y la escasez de
tinta, sus dibujantes aún
trabajan por mantener vivo el
rasgo que más distingue a los
cubanos, su sonrisa. |