Cantando los 40

Indira Santana, Abel Sánchez, Sergio Gómez

Fotos: La Jiribilla

 


El Dicloro Difenil Tricloroetano o DDT, no solo es un poderoso insecticida, sino un suplemento humorístico editado por el periódico Juventud Rebelde; aunque si lo doblas, también sirve para matar bichos.

El Dedeté se fundó el 25 de febrero de 1969. Esta fecha suele confundirse, pues muchos creen que el suplemento llegó al mundo el 14, entre postales de San Valentín. El error viene porque sus fundadores hacían coincidir la celebración del aniversario de la revista con el Día de los Enamorados, así economizaban.

Los integrantes del Dedeté son herederos de una tradición humorística cubana que ha dicho, con su lenguaje propio, aquello que al pueblo le estaba vedado. Liborio fue el primero de los grandes personajes republicanos. Ricardo de la Torriente ideó a esta caricatura de hombre resignado para simbolizar la apatía de una sociedad corrupta que vio trunca su independencia.
 

El Bobo, un personaje regordete de la autoría del caricaturista Eduardo Abela, durante el gobierno de Gerardo Machado (1926-1933), se convirtió en un combatiente sutil contra la dictadura. Entre El Bobo y el público existía una complicidad tal que una seña, mirada o pose asumían complejos significados: una simple bufanda en el cuello quería decir que no se tragaba las mentiras del gobierno. Primero desde las páginas de La Semana y luego en Información, Diario de la Marina y El País, Abela logró con inteligencia y picardía sortear la censura machadista. En una de sus caricaturas se lee “diez vagones cargados de guayabas han salido para el Norte” y los vagones del dibujo llevan estos letreros: “los maestros retirados cobran puntualmente”; “las libertades públicas están garantizadas”; “el pueblo está conmigo”.

Otro de los personajes memorables del humorismo cubano, El Loquito, de René de la Nuez, con su gorro de periódico gritaba lo que la dictadura de Batista quería ocultar. El personaje vio la luz en Zig-Zag, la revista humorística más importante de la época. El Loquito estaba enterado siempre de los últimos acontecimientos en la Sierra, pues De la Nuez era colaborador activo del Movimiento 26 de Julio. Después del triunfo revolucionario, el propio Fidel agradeció en una carta enviada a la revista la posición mantenida durante la lucha.

El Dedeté, sin perder las influencias costumbristas que heredó de estas publicaciones, también tomó del tintero de revistas como El Sable, La Chicharra, Palante, El Pitirre; las cuales, como se diría en el teatro, habían dejado las tablas calientes, pues tenían a un público cada vez más exigente.

Desde sus inicios, Dedeté trató de hacer reír en serio. O sea, siempre han apostado por un humor que funcione como catalizador de pensamiento, que vaya más allá del mero chiste de golpes y porrazos e invite al espectador al análisis, proponiéndole múltiples lecturas.

Eran tiempos de experimentación y ganas de trabajar. Aquellos jóvenes ―casi todos recién salidos del servicio militar y autodidactas, pero con mucho talento― vivían, practicaban ping pong y dibujaban en la redacción. De modo que más que un local de trabajo, era una casa ―para algunos literalmente, porque Tomy, como venía de otra provincia, tenía que dormir allí. Figuras que luego se convertirían en grandes caricaturistas como Torres, Manuel, el propio Tomy, Carlucho, Janer, René, se formarían en aquellas páginas junto a algunos reconocidos dibujantes como Virgilio Martínez.

Luego, durante el período especial, emulando al insecticida homónimo, la publicación prácticamente se esfumó. Poco a poco fue reapareciendo, hasta convertirse en el actual suplemento de cuatro páginas que sale una vez al mes.

El Dedeté, como esos bichos resistentes a las radiaciones nucleares, se niega a desaparecer. A pesar de las pocas páginas y la escasez de tinta, sus dibujantes aún trabajan por mantener vivo el rasgo que más distingue a los cubanos, su sonrisa.