Año VII
La Habana

7 al 13
de MARZO
de 2009

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Historia viva

Miguel Barnet • La Habana

Foto: La Jiribilla


Garabatear lo vivido, dice Aleida en la introducción de su libro Evocación. Y uno se sorprende que una vida así, un camino tan largo, tan doloroso y trascendente, tan íntimo y jubiloso, pueda ser contado con tanta vehemencia y sinceridad cuando lo vivido no nos pertenece porque es patrimonio de todos.
 

Aleida March, en esta obra que ahora Ediciones Unión pone en las manos de los lectores, sale de su proverbial silencio con profunda modestia condensando tiempo y espacio para dejar un testimonio que revela no solo las cualidades del hombre que durante años estuvo a su lado, sino las suyas propias. Si es verdad que ese hombre, ejemplo de humanismo y entrega, está vivo en estas páginas, ella, poseedora también de cualidades excepcionales, se muestra aquí en toda su grandeza como mujer de un siglo que marcó para siempre el destino de esta América nuestra.

El afamado encuentro entre aquella joven combatiente y el Che marcó en su vida, como ella misma confiesa "un giro sin retroceso". De esto se trata. Y Aleida March, incorporada a la lucha y consecuente con sus principios y anhelos, no vaciló en entregarse a una causa que la puso en contacto con una mirada que luego ella definió sin adjetivos, pero con tierna emoción: la mirada del Che. “Lo vi por la noche y comenzamos a conversar”, escribió. De inmediato le entregó 50 000 pesos que llevaba y de combatiente pasó a guerrillera.

Guerrillera sin aspiraciones románticas sino con vocación civil y política, pero que encontró un faro en el camino.

Ese faro que destelló luego por el planeta y que hoy sigue alumbrando la ruta que José Martí llamó del bien, y que la hizo revivir con nostálgica remembranzas aquella novela de la austriaca Vicky Baum El ángel sin cabeza,  una de sus primeras lecturas románticas.

En el macizo montañoso del Escambray, bello paisaje bucólico, propicio para el embrujo, se produjo el encuentro que según ella nada tuvo que ver con cuentos de hadas y príncipes encantados. El año 1956 fue decisivo para la futura guerrillera. Leyó y estudió con pasión La historia me absolverá y sintió que en ese alegato se expresaban todos sus ideales y el derrotero a seguir para conquistar la plena dignidad de la patria.

Ya en el campo de batalla la autora realiza múltiples acciones, viajes inusitados y enfrentamientos riesgosos con el enemigo que se ensañaba con los combatientes.

Ernesto Guevara era una leyenda que ella conocía y que no sospechó que iba a tocar con sus manos.

Oscar Fernández Mell, médico de la Columna, los presentó.

Allí conoció a los jóvenes Rogelio Acevedo, Roberto Rodríguez, el Vaquerito y a Harry Villegas entre otros, héroes o mártires de las encarnizadas luchas con el enemigo.

Así cuenta ella el encuentro definitivo: “Estaba sentada con mi neceser de viaje en el momento en que pasó el Che y me invitó a acompañarlo, diciéndome vamos a tirar unos tiritos conmigo”. Sin dudarlo asentí y me monté en el jeep para literalmente no bajar nunca más”.

Los acontecimientos se sucedieron luego como un huracán. La guerra era lo primero, pero el amor fue el incentivo que la ayudó con una fuerza mayor, invencible, capaz de vencer todas las tribulaciones y contiendas.

Seguridad, apoyo, confianza en sí misma y una admiración incontenible que trascendía cualquier sentimiento pasajero. Esa era la impronta que el Che iba marcando en ella.

El jefe se tornaba ya en el hombre que le leía poemas y a quien ya ella con su pañuelo de gasa le cubrió el brazo por si lo herían, un cabestrillo amoroso al decir del Che.

Ella le fue leal y constante y lo acompañó para protegerlo, “estaba confiada quizá, en que con mi presencia lo lograría”, escribió.

Finalmente y ya en La Cabaña, el Che entró descalzo y silencioso a su habitación donde se consumaba, según ella misma relata en este libro, un hecho más que real y que en tono de broma el Che calificó como el día de “la fortaleza tomada”.

En realidad ese día fue posible porque en el fragor de los acontecimientos ya ella estaba vencida por el amor y así de simple se rindió sin dar batalla alguna para entrar a la historia de este continente no ya como la guerrillera estanciero, sino como la compañera amorosa del hombre más legendario del siglo XX: Ernesto Che Guevara.

Lo demás es historia viva. Un Che íntimo visto por los ojos de una mujer que lo supo admirar, respetar y amar y a quien le legó el fruto de sus hijos y sus nietos, herederos de una estirpe fraguada en la lucha por un mundo mejor que solo se conquista con el sueño que llevaron a la realidad hombres como el Che.

Tomen este libro como un documento sensible y personal, y vean en él la lealtad a la causa mayor del ser humano: la búsqueda de la libertad a través de los más puros sentimientos del amor.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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