Año VII
La Habana

7 al 13
de MARZO
de 2009

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

De sueños y memorias

Bordeando el asombro mismo de la poesía 

Alberto Garrandés • La Habana

 

¿No es acaso esa fuerza invencionera de la poesía,
la que trapa con garra más segura a la realidad perdida,
a la verdad que nos rehúye y no quiere dejarse apresar?

Félix Pita Rodríguez. De sueños y memorias. p. 138-139
 

Estructurado a partir de cinco amplias secciones (“Poetas”, “Sobre libros”, “Plástica”, “Páginas sobre Vietnam” y “Otras páginas”), este libro explicita y desarrolla algunas de las claves temáticas visibles en el autor de Historia tan natural (1971) y Elogio de Marco Polo (1974). Es un índice donde están resueltas, por la vía del ensayo y el comentario libre, las numerosas preocupaciones de Félix Pita Rodríguez en el ámbito de la literatura y otros terrenos.

En la pregunta que inaugura esta nota se halla una especie de recurrencia que define a la selección de los trabajos agrupados bajo el título de De sueños y memorias. Una especie de lugar a donde Félix Pita Rodríguez, el ensayista, el rememorador, arriba para conseguir la esencia de las cosas. La pregunta surge dentro del intento de apresar el contorno de Giambattista Piranesi tras la observación de sus grabados. La meta es la de reconstruir al genial italiano, al profundo español de Juan de Mairena, al poeta Villón, al chileno del Canto general, al hindú también pintor que escribió El cartero del Rey o al cubano Regino Pedroso. El singular objetivo cuyo valor legítimo constituye, sobre todo, la posibilidad del rescate, del acercamiento de esos autores al presente desde el cual se escribe, alcanza a Nazim Hikmet y a Miguel Hernández al demostrar cómo la vida se inserta, con dolor y jubilosa temporalidad, en la literatura.

Alcanza también al peruano César Vallejo, a Rafael Alberti, al joven muerto Rolando Escardó. El propósito singular se abre, pues luego de extensas retrospectivas al signo social del poeta. En ese instante ocurre una revelación de Félix Pita Rodríguez: hay en todos ellos una trasmisión de lo vital en lo lírico. Lo que media entre ambos puntos es, ciertamente, algo que suele llamarse el misterio de la creación, la labor nocturna del creador. Gestación y alumbramiento representan la inquietud de Félix Pita, y van sumadas a la sugerencia que logra atisbar en cada autor.

Son especialmente incisivos los textos que abordan, de manera general, la obra del fotógrafo José Tabío, los usos del espacio en Eduardo Abela, las formas de René Portocarrero, el color en Amelia Peláez y las inseparables, persistentes relaciones que existen entre el Carlos Enríquez pintor y el Carlos Enríquez novelista. Desde una brillante y equilibrada prosa, no exenta de la indagación poética, Félix Pita Rodríguez ensaya la reflexión que se deja conducir con la habitual ligereza de lo aún indefinido. Sin embargo, el lector tiene la impresión, por demás ostensible a lo largo del libro, de que el autor, dispuesto ya a escribir, solo cuenta con las más esenciales ideas, los más nítidos y no por ello necesariamente decisivos perfiles de su objeto de estudio. De tal suerte se apoya en un conocimiento directo donde lo testimonial cobra fuerza y deviene elemento favorecedor. Mas existe otra manera de buscar y expresar el conocimiento, que en estos trabajos halla una manifestación coherente y complementadora: la pesquisa intuitiva. Nos parece del todo lícito afirmar que ella, sin sentirse en modo alguno dependiente de un sistema categorial apropiado para la investigación artístico-literaria, incurre en una deliberada y al mismo tiempo necesaria visión imaginativa de los fenómenos poéticos.

Los mejores momentos de este volumen constituyen una biopsia afectiva. No es menester pensar en si la definición es o no ortodoxa, pero vistos los resultados concretos, diríamos que se trata de “la objetivación de una postura crítica cargada de honestidad”. Semejante intelección brota, asimismo, de un deseo iluminador jamás subvertido por la explicación fría y concluyente. El autor quiere ahondar en la sugerencia. Le es dado conservar intacta la zona misteriosa que impulsa y justifica sus comentarios.

La realidad como ficción (la índole polifórmica de ese proceso que se opera desde la primera hasta la segunda) es una idea constante en los textos sobre Vietnam. El escritor deja ver su entusiasmo y ese sentimiento ampara la diversidad de la indagación. Es el recuerdo, nuevamente, de lo vivido, pero es también lo que se escribe al pie de la experiencia como registro del mundo. Los trabajos sobre Ho Chi Minh, su vida y su quehacer literario, no solo acentúan lo que nuestro siglo conoce del dirigente vietnamita: insertan al hombre en el ámbito cultural de su pueblo, junto al hermoso rebelde Nguyen Du y al niño poeta Khoa.

Llaman de nuevo a reflexionar las palabras de Félix Pita Rodríguez cuando se refiere a la “gestión descubridora de la poesía”, no ya en su esencial manera del acto creador al uso, sino como “ingrediente permisible, casi necesario, del acto interpretativo”. Y llaman la atención porque el autor es consecuente cuando, sin extremar la funcionalidad de sus procedimientos, traduce el sentido del aserto dentro de un tema que solo en apariencia está fuera de su alcance. La íntima y visceral humanidad de Lenin se torna discurso por la afirmación de la vida, del hombre y de un universo poblado de algo que no escapa a la conjunción de lo poético y lo social: el futuro.

Allí, desde ese punto de vista dialécticamente aglutinador, todo intento de apresar la verdad contra el sentido armonioso. Surge, entonces, la evocación desde la nostalgia:

Volver los ojos hacia atrás en busca del tiempo ido, es siempre caminar hacia un manantial de melancolías. Porque aunque no sentenciemos con Jorge Manrique: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, es ley inexorable que terminemos preguntándonos con Francois Villón: “¿Pero dónde están las nieves de antaño?” Y la pregunta se nos vuelve entre los dedos agua de aquel manantial. (De sueños y memorias, p. 271)

Si Lenin es el hacedor de una metáfora social infinitamente trascendente, entonces a Chéjov, el escritor realista, el fino escalpelo de la sociedad rusa finisecular, puede vérsele a través de un lente distinto, un ángulo nuevo que involucra su acercamiento al tiempo histórico presente. Chéjov es, para Félix Pita Rodríguez, nuestro coetáneo, un ciudadano actual que exhibe los poderes del más cáustico y tierno enjuiciador. El adjetivo que mejor califica su producción es el de universal, vigente. El autor cubano lo sabe y su penetrante ensayo es otra confirmación valiosa.

Un breve texto final, “Meditación sobre los títeres”, cierra esta útil antología. Su naturaleza ensimismada tiende a aquella recurrencia que mencionábamos al principio de este trabajo. Como búsqueda particular, “Meditación sobre los títeres” es susceptible de situarse en el conjunto de esas aproximaciones elusivas que, en una intención primaria, se proponen definir lo medular de “algo”. Sin embargo, el comportamiento extraño y zigzagueante de ese “algo”, obliga al autor a trazar diversos puentes e hilos colgantes; una multitud de pasadizos secretos que conjuran la oscuridad de lo que se ansía iluminar. Félix Pita Rodríguez empieza la aventura reflexiva desde los títeres, y su meditación continúa hacia un horizonte más vasto y exigente. Termina, a nuestro juicio, bordeando el asombro mismo de la poesía.

De sueños y memorias viene a completar, seria y agradablemente, el contorno de quien es ya, sin duda, uno de los más significativos autores de la literatura cubana.

* Tomado de De sueños y memoria, en Anuario L/L No. 17 (Serie Estudios Literarios), pp.136-138, La Habana, 1986.

 

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