La
circunstancia revolucionaria
condujo
al
cantor
de
Las
noches
y del vanguardista
Corcel
de
fuego
(1948), hacia
una
poesía
realista, combativa,
de total militancia revolucionaria,
que sobrepasa
el
debatido asunto epocal del
“compromiso”
político. Si bien con
“Romance de América la bien
guardada” (1942),
el poeta había incursionado
en la poesía social, ahora lo
hace de una
manera totalmente “nueva”:
él es el primer poeta
de una
generación
anterior a la de los años cincuenta,
que se
abraza
en
un libro
al coloquialismo
como manera
expresiva,
como
adecuado
medio
para cantar,
contar,
dar
testimonio
y
participar
en la
crecida hora revolucionaria.
Su resultado
es uno de
los
mejores
poemarios
de la poesía social
cubana,
que
mucho había ascendido
desde
Nosotros,
escrito por Regino
Pedroso también
en
una
circunstancia revolucionaria,
aunque
no
en
la
hora
del
triunfo, como ahora
acontecía
con
el
libro
de
Pita
Rodríguez.
Las
crónicas
es
hoy
documento
poético
de
época:
testimonia sobre
el
estado
de
la
lucha
de
clases
en ese
momento, sobre el
poder
combativo
de
la
clase revolucionaria,
sobre el
ascenso
del
pueblo
a los verdaderos primeros planos
nacionales.
Al expresar emociones
colectivas,
la
llamada
“efusión
sentimental”,
que
Retamar
había
señalado
para la nueva
poesía,
adquiere todo
el
valor que
el coloquialismo gradualmente
le daría.
El
libro posee variada complejidad
desde
el
punto de
vista literario:
si bien
su
voz proviene
de
Walt
Whitman, su combativo
conversacionalismo
se relaciona
con la poesía que
se originó al calor
de
la Guerra Civil Española. Hay hermandad
de
canto con el
modo
enfático de
Manuel
Navarro Luna,
pero
sobre
todo
Pita
Rodríguez
sitúa
su
voz
en
el tono de los
nuevos
poetas,
que
inmediatamente
saludaron
el libro con
numerosos
estudios,
reseñas,
discusiones,
y
alguno
dejó
ver en
sus
creaciones
posteriores
huellas
de
su
lectura.
Los coloquialistas
no
seguirían
lo más
enfático,
recitable
o declamativo
del libro,
sino
su aliento
expresivo
de
la
poesía
social
ya
directamente
orientada
en
la lucha
de clases.
Tomado del
libro Palabras del Trasfondo,
de Virgilio López Lemus, 140-141
pp., Editorial Letras Cubanas,
La Habana, 1988. |