Año VII
La Habana

7 al 13
de MARZO
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Félix Pita Rodríguez, cien años después

Juanita Conejero • La Habana

Foto: Cortesía de Cubaliteraria


El año 2009 nos devuelve una vez más a este gran cubano, aquel jovencito de Bejucal, que con tan solo 16 años ya se daba a conocer en el Suplemento literario del Diario de la Marina. Me refiero a Félix Pita Rodríguez. Desde muy niño escribió hasta una novela, después poemas y relatos. Fue un increíble autodidacta. Raimundo Lazo, profesor y estudioso de la Literatura Cubana e Hispanoamericana, nos decía que Félix “era uno de los más vigorosos y personales cuentistas de la época. Se distingue por su limpieza, objetiva estampa y vigor en la narración. La disposición de las situaciones y el natural adiestramiento psicológico en el ser de los personajes, es admirable”.

No faltaba más, en 1946 obtuvo el Premio Internacional Hernández Catá, el más prestigioso en narrativa, en aquellos tiempos. Seis años antes había regresado a la Patria, después de recorrer diferentes partes del mundo. Era un bohemio, amante de las aventuras, un trotamundos, como lo definió Víctor Agostini. Los viajes, sus lecturas, el contacto constante con intelectuales cubanos y de otras latitudes, nutrieron su espíritu y haciendo gala de su talento y amplia capacidad imaginativa, fue capaz de cultivar diversos géneros literarios y dejar para la posteridad tan honda huella.

Colaboró en periódicos y revistas de Cuba y de otros países y también en la radio y la televisión; hasta incursionó en el teatro, y en 1943 fue elegido el mejor autor dramático de nuestro país. Su amigo Alejo Carpentier había obtenido tan merecido lauro el año anterior. Importante suceso cultural y una gran satisfacción para Pita, resultó la presentación en La Habana, de su obra El relevo. Fue Paco Alfonso quien la dirigió, ese maestro de la escena cubana, que hoy también recordamos a 20 años de su desaparición física.

Félix había tenido ya la experiencia, en 1937, de haber participado en el Congreso de Intelectuales por la Defensa de la Cultura durante la Guerra Civil Española. En Cuba, se vincula al Partido Socialista Popular y dirige el magazine dominical del periódico Hoy. Después vuelve a viajar a Buenos Aires y a Caracas, donde, inmerso en múltiples actividades periodísticas, recibe la noticia del triunfo revolucionario. En 1959, de nuevo en la Patria, participa activamente en la vida cultural del momento, integra jurados, entre ellos el de una edición del Premio Casa, y colabora con la UNEAC como Vicepresidente y Presidente de su Sección de Literatura.

Visita países socialistas y traduce del francés textos vietnamitas, especialmente el Diario de Ho Chi Minh. Premios y reconocimientos nacionales y extranjeros distinguen su obra. En 1985 le otorgan el Premio Nacional de Literatura y en 1986, por Sueños y memorias, el Premio de la Crítica. Textos suyos han sido publicados en 12 idiomas.

Críticos e investigadores han penetrado en su vasto quehacer literario. El estudio de su narrativa fue tema fundamental para una Tesis de Doctorado elaborada por Aimée González, que fue presentada en la Universidad Wilhem Pieck de la antigua República Democrática Alemana. Se considera este trabajo el más exhaustivo realizado sobre el arte de narrar de este gran soñador.

El Che y Vietnam lo conmovieron. Expresaba: “Para nuestra América, la literatura es una vía para la liberación del hombre, y esta no puede estar al margen de la democratización de la sociedad, de su desarrollo. Hemos sido y somos críticos participantes en el devenir histórico de nuestra sociedad y cada vez con mayor vuelo poético en la literatura cubana y estéticamente superior, si no, ver la obra y la vida de Martí, de Marinello, de Carpentier”.

Desde niño fue poeta. Francia le dejó en la poesía la marca surrealista, a tal punto que según el también poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, “Félix es el único representante de la poesía surrealista en Cuba”.

Pero su devenir poético no solo quedó en estas influencias. Indudablemente, como decía Carpentier, “el surrealismo fue una escuela magnífica, un estado de espíritu”. Una vez asumida esa posición poética, Pita Rodríguez se fue inclinando a las vanguardias, con una definición bien trazada por la cuestión social. Transitó después por los avatares neorrománticos, hasta alcanzar cierto tono metafísico, un tanto filosófico y reflexivo en sus versos. “Como soy un confeso amador, decía, no puedo vivir ni escribir sin amar”.

En estos momentos, quisiéramos referirnos especialmente a su producción amorosa. Recuerdo cuando lo leía o lo escuchaba, que la fuerza de su personalidad me invadía. Notaba que jugaba en el verso con sus lecturas, con sus vivencias y fantasías, y así aparece Salgari, Francois Villon, Sandokan, o la mujer, o simplemente la vida, con sus seres e historias recreadas por su asombrosa vitalidad intelectual. Era un hombre muy singular. A pesar de las inevitables influencias epocales, siempre percibí en él un sello de originalidad que lo resaltaba. No debemos apartar el valor indiscutible de su poética enérgica y valiente de Las crónicas, poesía bajo consigna. Al contrario, apreciamos su voluntad acusadora y su afán combativo que, por cierto, contrasta significativamente con el Pita Rodríguez tierno, sensual, apasionado, intimista, a veces un tanto misterioso, el poeta de Corcel de fuego, ese libro publicado en 1948 que lo sitúa como un singular creador y que fue escrito durante sus viajes por España y Marruecos, con un tono intensamente lírico:

Hay un lago también, que vuelve y vuelve, también,

bajo tu pecho. No sé. No reconozco, no puedo, su reflejo.

Pero si alzas los párpados, estás,

estás si vuelan, repitiéndose, en el aire, tus dedos.

Cintio Vitier  encuentra a Félix Pita Rodríguez, “en lo que hay más allá o más acá de la lógica y el sentimiento, lo que sobreabunda en la capacidad asociativa de las palabras. Idioma de suave desvarío, a ratos telúrico, que baja por las galerías del sentido”.

Visiones, sueños, se internan en sus Noches: en el arabesco de mayor ternura, allí/ donde la oreja se pliega con amor minucioso/ para que la rama del cuello pueda proyectarse en el espacio/ se establece en su concha delicada la más tierna nostalgia.

Nostálgico, a estribor de sus manos, queda el mundo y este verso elocuente de su poemario Historia tan natural: Sueño el cauce del pan, un carro de manzanas, para dormir mientras de pie interpreto/ mi parte de este mundo.

Siente uno cuando lo lee, que no se ha ido, que anda rondando convenciéndonos, que “su oficio es querer” y que persiste aún en la idea de que la amada le coloque “el mundo completo en su bolsillo”.

De su texto “Tarot de la poesía” son estos versos:

Uno quisiera a veces/comprarse veinte granos de alegría,

o diez de buena paz, o de silencio,

o quince, bien pesados, de esperanza o de olvido

Audaz, latente en su modernidad, más acá de la muerte, premonitorio: Desconfía. En las horas del alba, sobre todo/ recordar el futuro es arriesgarse a vivirlo de nuevo.

Y ya estás en el futuro, que es hoy, tu aniversario, en lo más alto del corazón de Cuba y del mundo que te vio transitar: Si se pudiera inventar/ la vida cada mañana/ ¡Qué alegría despertar/ encontrarla nuevecita/ y sin usar!

Sin duda, hay en Pita Rodríguez una juventud sembrada en sus honduras. Casi arribando a los 80 años, escribía con la misma intensidad con que lo hacía en sus primeros tiempos. En el poemario El velero en la botella, el amor le sobra para mover el tiempo. Pedro Oscar Godínez escogió algunos poemas de este último libro, para integrar una selección de la poesía de amor que titulada: Proyectos del lirio, que publicó en 1988 y que tuvo una nueva edición en el 1992. Un texto donde una tierna sensualidad aflora radiante y persiste.

Esa paloma triste y malherida

con las alas quebradas, sin aliento

para seguir volando, era la vida

La levantó tu sueño contra el viento

a volar decidida.

Sigues, “A estribor de tus manos” y sueñas “lo que duerme más allá de los ojos”. De pronto, hay cosas que ni los poetas pueden explicarse. Van más allá de la vida cuando “es buen obrero el corazón”. Como expresó en una ocasión Juan Marinello, un centenario es “un compromiso y una perspectiva”.

Tú también Félix, cien años después, te mereces una de tus Noches, y nosotros también nos la merecemos, porque tú estás registrado en la eternidad por la fuerza de las estrellas, como Nostradamus, comienzas cada día a trasvasar el oscuro vino de los planetas y con las dulces lámparas de tus sueños, anhelante de aparición, una vez más, nos despiertas.

Tomado de Cubarte.
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600