Año VII
La Habana

7 al 13
de MARZO
de 2009

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Cómo arrasar con Los Van Van y morir de gozo en el intento

Pedro de la Hoz • La Habana

 

Los Van Van no solo es una orquesta. Es una potencia musical, un icono de la cultura sonora de nuestro tiempo. Claro que no puede faltar el espacio desde el que se empina —una isla bendecida por una larga tradición— y el contexto cultural donde sus virtudes se califican —un crecimiento vertiginoso a escala internacional de la industria de la música y los espectáculos, una imposición de patrones de consumo que ha adquirido una dimensión global, y el predominio de escalas de valores en la que muchas veces importan más las apariencias que las esencias.
 

Pero ni el peso de la tradición —que puede enquistar voluntades innovadoras— ni las veleidades de la moda —que suele abaratar los quilates del talento— han desdibujado el perfil que Juan Formell se trazó 40 años atrás cuando Los Van Van salieron al ruedo. Raro y vigoroso ejemplar este de orquesta que no ha dejado de tener al menos un tema en el candelero popular o en la vitrina mediática de manera ininterrumpida en esas cuatro décadas, que mueve el fervor de las multitudes desde Baracoa hasta Guane y desde Los Ángeles hasta Fukuoka, que causa avidez en los mercados con tan solo anunciar una novedad discográfica, y a la vez, abre caminos inéditos a la música bailable, articula una coherente dialéctica entre los saberes heredados y las propuestas emergentes, y consigue enlazar su identidad y la de su pueblo con una vocación universal que expresa y hasta anticipa los cambios del espíritu de la época.

En 2004, cuando comenzó a circular Chapeando, formulé en La Jiribilla dos preguntas retóricas: ¿tienen algo nuevo que decir Los Van Van?, ¿podrá seguir movilizando a los bailadores? Parecieran obvias las respuestas: Los Van Van continuaron dando la hora y, sí, los bailadores, dentro y fuera de Cuba, gozaron a más no poder.

Al estrenar ahora vida propia Arrasando, el meridiano de Los Van Van estoy seguro volverá a confirmarse en su indiscutible altura e irreductible jerarquía.

La transmisión generacional que en el comando de la orquesta ha quedado registrado de Juan a su hijo Samuel, consolida la trama de una entrega que será  bailada, comentada, gozada y agradecida.

Repasemos brevemente su contenido. Arrasando, tema que da título al disco, refresca y renueva los aires de una conga callejera en el entorno tímbrico y rítmico que  caracteriza a la banda.

En “Si no te quieres tú”, de Roberto Carlos Rodríguez, el joven compositor, familiarizado con el estilo Formell, desarrolla en un primer momento una balada de impecable factura que desemboca en una resonante y a la vez controlada atmósfera timbera. En “Tú a lo tuyo y yo a lo mío”, concebida a la medida de la maleable proyección vocal de Yenisel Valdés, el ingenio guarachero de Juanito vuelve a desatarse con esa impronta picaresca que lo ha convertido en uno de los cronistas de costumbres por excelencia de estos años.

Le siguen “Me trajo dos”, de Samuel Formell, y “Que no te dé por eso”, de Robertón Hernández, temas que pese a que responden a líneas melódicas diversas, encajan en el espectro de una orquesta que asimila tópicos de la llamada canción ligera y del pop al linaje de los más bravos y simpáticos montunos.

Si por la cabeza de alguien pasó la peregrina idea de que las fórmulas de Juan Formell estaban agotadas, tendrá que escuchar detenidamente una de las piezas más extraordinarias y aventuradas del fonograma: “La rumba no”, donde desde los primeros compases recompone diversos planos sonoros y estructurales que recorren desde la rumba hasta el songo —mucha atención a las audaces intromisiones de instrumentos solistas— con un sentido experimental que se explicita en el texto y sus guías. Vale escuchar esta obra como si se tratara de una partitura de concierto. Es otra cara de la moneda del estro de Juanito, que responde de inmediato en la pieza subsiguiente, “Este amor que se muere”, a ese trovador que nunca ha dejado de ser.

Del binomio integrado por Roberto Carlos Rodríguez y Jorge Díaz, este último reconocido por su veta humorística, integran el disco dos obras a las que puede augurarse una rápida identificación popular: “Me mantengo”, especie de reafirmación de la poética vanvanera, y “El travesti”, hilarante estampa contada a la manera que lo habrían hecho Ñico Saquito o Virulo.

Es importante que aparezcan en sucesión “Dame la luz”, “Mi songo” y “Un tumba’o pa’ los dos”, en tanto demuestran cómo Samuel, como compositor y arreglista, ha interpretado y asumido el abanico creativo abierto por su padre en la transformación de las potencialidades soneras del estilo charanguero. En la última de esas piezas, Samuel congenia con la agudeza del trovador Kelvis Ochoa y le sirve a su hermana Vanessa una plataforma para que demuestre una singularidad vocal que sobresale por su sostenido aliento rítmico. Ah, y con cinco puntos a la maestría del guitarrista Elmer Ferrer en los riffs intercalados hacia el final.

Un gesto de justa reciprocidad se advierte en los bonus tracks del fonograma: Los Van Van devuelven a Rubén Blades, con “Olaya”, un tema del panameño, lo que este hizo con el antológico “Muévete” en 1989, cuando estaban en su apogeo Los Seis del Solar.

No puedo finalizar estas palabras sin comentar el producto discográfico como tal. No se trata solo de inteligencia técnica, sino de toda una concepción del sonido la que emerge del trabajo de grabación de José Raúl Varona, de la atención a las mezclas de Ernesto Nodarse, Jorge Leliebre, Samuel y el propio Juan, y la masterización de Maikel Bárzaga. La sobriedad y funcionalidad del diseño de Ricardo Monnar y las fotos de Iván Soca dignifican el álbum. Pienso que para los directivos de la EGREM el trabajo de Arrasando es a la vez meta y pauta a seguir.

Debo decir finalmente que Arrasando ya arrasa. Botón de muestra, la expresión que puede verse en la página web Somos del Barrio, que se edita en Nueva York, donde alguien, muy a lo nuyorrican, escribió el último 9 de febrero: “Bueno, mi gente, les traigo el último CD de Los Van Van, este tiene una calidad del carajo tanto musical, como en las canciones (…) Estos se mantienen siendo el número 1 de la salsa cubana”.

En el pórtico de Arrasando podría suscribirse lo que dijo hace algún tiempo el maestro Leo Brouwer sobre esta obra a la que Juan Formell ha dedicado buena parte de su vida: “Hay cubanía y originalidad en Los Van Van, cultura musical y sensibilidad popular”. 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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