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Este libro de Malcom X
está basado en la
edición de la editorial Pathfinder, Copyrigh de
1992 con prefacio de Martin Koppel e
introducción de Steve
Clark, publicado en Cuba
a cargo de la Editorial
de Ciencias Sociales.
Estoy convencido de que
la publicación de Habla Malcolm
X: discursos,
entrevistas y
declaraciones va a
ser recibido con gran
beneplácito y alegría
por el lector cubano,
siempre interesado en
tener una apreciación
acertada de los líderes
políticos. Malcolm X es
una de esas figuras muy
ligadas a la historia de
la Revolución Cubana
tanto por su
personalidad
revolucionaria e
inclaudicable solidaridad con Cuba,
como por aparecer muy
tempranamente vinculado
a la figura de nuestro
máximo líder Fidel
Castro, en el Hotel Theresa del Barrio de
Harlem en Nueva York, en
septiembre de 1960.
El 21 de febrero de este
año 2009, se cumplen 44
años del asesinato de
uno de los líderes
revolucionarios más
brillantes y
consecuentes del siglo
XX.
Nació el 25 de mayo de
1925 y le pusieron el
nombre de Malcom Little.
Nacido en Omaha, estado
de Nebraska, hijo de un
pastor bautista,
seguidor de los ideales
de Marcus Garvey y de
una ciudadana de la isla
caribeña de Granada.
Con posterioridad a su
peregrinación a la Meca,
adoptó el nombre
musulmán de Hajj Malik
El Shabazz,
conociéndosele
mundialmente como
Malcolm X.
Su lucha fue ardua y en
extremo difícil; por
caminos diferentes a los
convencionales para la
época, arribó a una
concepción teórica y a
una estrategia de la
lucha del pueblo negro
norteamericano, que lo
hizo emerger como un
líder en el combate
mundial contra el
imperialismo.
Malcolm X vivió en
Boston y en Nueva York,
donde al involucrarse
en robos, drogas, juego
ilegal y otros delitos
de menor cuantía, fue
apresado, permaneciendo
en prisión hasta 1952,
en una cárcel del estado
de Massachussets.
Durante la estancia en
prisión se incorporó a
la organización
musulmana Nación del
Islam, siendo este el
momento en que adoptó el
nombre por el que ha
sido universalmente
conocido: Malcolm X.
La estancia en la cárcel
ejerció un impacto
positivo sobre su joven
personalidad, proceso en
el cual recibió la ayuda
de sus compañeros de
militancia musulmana.
Salido de prisión,
apenas con 27 años, se
había propuesto cambiar
los erráticos derroteros
de su vida anterior.
Un año después de salir
de la cárcel, es
nombrado, convirtiéndose
en uno de los Ministros
de la organización
Nación del Islam.
Para entonces, la idea
más clara de lo que
significaba la religión
para Malcolm X, en el
contexto de sus ideas
políticas, la expresó
con toda elocuencia,
cuando dijo: “si tengo
que aceptar una religión
que no me permita librar
una batalla por mi
pueblo, mando al diablo
esa religión”. (Ver:
Habla Malcolm X,
discursos, entrevistas y
declaraciones.
Editorial Pathfinder,
United States, 2002, p.
114.
Libro del cual han sido
tomadas todas las
referencias de esta
presentación.
Malcolm X atravesó por
un período muy difícil
de su vida política,
cuando a partir de 1963,
tuvo que adoptar la
decisión de apartarse de
la Nación del Islam,
organización a la cual
debía mucho y que había
tenido una muy fuerte
influencia en su
formación inicial.
Tal decisión tuvo lugar,
cuando se percata, a
partir de una
conversación personal,
que el máximo líder y
padre espiritual de la
Nación del Islam,
Elijah Mammad, a quien
había seguido
fielmente, presentaba
una conducta personal
inadecuada política y
moralmente, llegando a
su vez a la profunda
convicción de que dentro
de esa organización, la
función de sus cuadros,
era solo la de cuidar
los intereses, no pocas
veces espurios, de su
líder y además, al
experimentar el
prácticamente nulo
interés de la
organización, por la
actividad política
dentro del pueblo negro
norteamericano.
Es que la Nación del
Islam, discurría de
manera inconsecuente con
los principios que
predicaba, todo en medio
del abuso de poder y de
autoridad de su máxima
dirigencia, lo que
llevaba continuadamente
a un involucramiento de
la jerarquía de la
organización hacia el
encubrimiento de
bochornosas acciones de
beneficio económico, por
medio de coordinaciones
con el KK Klan y otras
organizaciones racistas
y facistoides.
A partir de su salida de
la organización, por
causas tan
comprometedoras, para
Malcolm X, esto comenzó
a representar un peligro
tanto para el liderazgo
de la Nación del Islam,
como para la
organización misma vista
como un todo. Así como
también para Malcom X
personalmente.
Es que la nación del
Islam, con su tendencia
nacionalista burguesa y
un liderazgo
continuamente empeñado y
comprometido en lograr
espacios dentro de la
economía del sistema
capitalista en EE.UU., resultaba todo lo
opuesto a lo que Malcolm
X pretendía para una
organización que
persiguiera luchar por
la liberación del pueblo
negro norteamericano.
Tales deficiencias
mencionadas, sobre la
Nación del Islam, fueron
las que Malcolm X se
propuso superar, cuando
poco después, fundara
sus dos organizaciones:
la Organización de la
Unidad Afroamericana (OUAA),
iniciada en Nueva York
en 1964 y la llamada
Mezquita del Islam.
Pretendiendo con ambas
cubrir las inquietudes
religiosas y políticas a
partir de las
comunidades negras.
Malcolm X ha sido no
pocas veces tildado de
racista y de violento.
Muchos de los que no lo
conocen, o algunos que
lo conocen muy bien,
sobre todo estos
últimos, pretenden
denigrarlo,
comparándolo con Martin
Luther King; a partir de
considerar a Malcolm
como el demonio “rojo” y
a Luther King como el
ángel “negro”. Posición
maniquea, que ha servido
bastante para introducir
mucha confusión en la
comprensión del
verdadero papel de ambas
personalidades y el
lugar de estos dos
líderes en la lucha del
pueblo negro
norteamericano.
Malcolm X no juzgaba a
nadie por el color de la
piel, incluso, cuando
hablaba de los negros,
más bien se estaba
refiriendo muchas veces
a los no-blancos (decía
negros, morenos,
amarillos, rojos, etc.),
para dar un giro
comprensivo del problema
de la colonización
europea blanca, contra
todos aquellos pueblos,
que de algún modo
resultaban ser esclavos
en su propia tierra;
como el negro
norteamericano, que
según no se cansaba de
repetir, no habían
venido en el Mayflower.
Conceptos que le
servían, para encontrar
al enemigo común y
forjar la alianza y la
solidaridad que debían
existir entre todos los
explotados del mundo,
fueran
afronorteamericanos,
chinos, indios,
latinoamericanos, etc.
Esta concepción lo
apartaba tanto del
racismo blanco como del
racismo negro, que para
la época afectaba a
muchas organizaciones,
acercándolo entonces a
una concepción verdadera
de cómo debía ser la
lucha contra el racismo
y la discriminación de
todo tipo, incluida la
de la mujer, asunto este
último al que presto
también su atención.
Malcolm X no le rendía
culto a la violencia,
pero lo que no permitía
era que el negro fuera
llamado a ser pacífico,
cuando contra él se
ejercía continua y
abiertamente la
violencia más
despiadada. Decía
entonces al respecto:
“Yo mismo aceptaría la
no-violencia si fuera
consecuente, si fuera
inteligente, si todos
fuéramos no violentos,
siempre fuéramos no
violentos. Pero nunca
voy a aceptar... la
no-violencia de ninguna
clase a menos que todo
el mundo sea no violento
“(Ob. P. 142. Sin duda,
habría que ser tontos,
para en una sociedad
plagada de violencia de
todo tipo contra la
población negra, como lo
es incluso aún hoy la
sociedad
norteamericana, aceptar
ser no violento, para
tratar de inculcar una
ética, que ni la policía
ni los tribunales,
respecto a la mayoría de
los negros, practican
en los EE.UU. de
América.
No era partidario de la
violencia, pero
comprendía profundamente
que la violencia era
inevitable, en la misma
medida en que esta
provenía de la marcada
intención de mantener a
toda costa la
explotación del negro.
Condenándolos
permanentemente a la
posición de ciudadanos
de segunda y tercera
clase en su propia
tierra. Objetivo con el
cual colaboraban todos
los mecanismos,
instancias y
dispositivos del sistema
político norteamericano.
Luego Malcolm X no era
ni racista ni violento,
es la sociedad
norteamericana la que
era, en su época, cada
día más racista y más
violenta. A pesar de que
no se puede decir que
con la lucha por los
derechos civiles no se
adelantó nada al
respecto.
También, desde el
principio de su
formación como dirigente
revolucionario, Malcolm
estuvo ligado no solo al
impacto que la lucha de
los negros en EE.UU.
provocaba sobre su
persona, sino también a
la observación atenta de
la lucha de otros
pueblos oprimidos dentro
de EE.UU. y a nivel
mundial, perspectiva que
enriquecía continuamente
con sus viajes por Asia
y África
fundamentalmente.
Es decir, que desde sus
orígenes como dirigente
revolucionario Malcolm X
presentó en su formación
también el fuerte
componente
internacionalista que
siempre le caracterizó.
Por lo que tanto en su
pensamiento, como en su
accionar político, la
lucha del pueblo negro
en EE.UU. era solo una
parte de todo el
quehacer revolucionario
de la lucha de
liberación a nivel
mundial.
Malcolm X incluso no se
consideraba
norteamericano, sino
víctima de lo que
llamaba el
norteamericanismo. En
1964, diría en Cleveland:
“Yo hablo como víctima
de este sistema
norteamericano. Y veo a
EE.UU. con los ojos de
la víctima. No veo
ningún sueño
norteamericano, veo una
pesadilla
norteamericana”.
Para Malcolm X el
sistema norteamericano
era un sistema podrido,
corrupto, de
explotación, que
enrolaba a los negros
dentro de los
mecanismos económicos y
políticos de la
explotación, la
discriminación y la
degradación moral
Jamás utilizaba las
expresiones “Nuestro
Gobierno”, ni hablaba de
“Nuestras Fuerzas
Armadas”, expresándose,
entonces, del modo
siguiente: “No trates al
Tío Sam como si fuera tu
amigo... si fuera tu
amigo no serías un
ciudadano de segunda...
no tenemos amigos en
Washington”.
Tales puntos de partida,
para calificar a la
sociedad norteamericana,
dejaban muy claro que el
pueblo negro
norteamericano es en
realidad un pueblo
explotado y discriminado
dentro de la que debía
ser su propia nación
debido a que en su
inmensa mayoría los
blancos se la han
apropiado dejando a la
inmensa mayoría de los
negros norteamericanos
en una situación
estructuralmente similar
a la de los pueblos
explotados del Tercer
Mundo.
También tales
expresiones servían para
convertirlo en una
persona sumamente
“peligrosa”, perseguida
continuamente por los
Servicios Especiales
Norteamericanos, hasta
el día de su asesinato
el 21 de febrero de
1965.
Con la introducción del
“Black Capitalism”, un
plan especialmente
fraguado durante la
administración Jonhson,
junto a las
reivindicaciones
logradas como resultado
de lucha por los
derechos civiles, harían
cambiar la situación,
vendrían mejoras en
términos del
reconocimiento de
derechos económicos,
sociales y políticos
para los negros; la
lucha por los derechos
civiles no había sido en
vano, pero los cambios
acaecidos tenían sus
límites, dentro de una
sociedad esencialmente
racista y capitalista,
en la que se ejercía el
espíritu imperial
también hacia adentro.
Enrolando a los negros
en la dinámica
capitalista y manejando
la “Afirmative Action”,
emergió un contexto
nuevo dentro del cual
una clase media alta
negra subalterna de la
oligarquía blanca
devenía paradigma para
la inmensa mayoría de
los negros. Los negros,
en su mayoría, seguirían
esa “zanahoria” y todo
concluiría en que hoy,
una masa de negros que
no sobrepasa entre el 5
ó el 7 % de la población
negra disfruta de una
posición de clase
subalterna, explotando a
los propios negros y
disfrutando también de
las ventajas del
sistema. Mientras que
para más de un 90% de
esa población, se
mantienen las
condiciones de
explotación y
discriminación que no
han variado
sustancialmente hasta
hoy.
En los discursos,
entrevistas y
declaraciones de Malcolm
X, queda muy claro que
este no compartía la
estrategia de la lucha
por los derechos
civiles. Consideraba que
esta forma de lucha no
era la correcta. ¿Pero
quería decir ello que
Martín Luther King no
tenía la razón? En
realidad se trata de una
pregunta muy difícil de
responder, por lo cual
preferimos enfocarnos en
términos de los
inconvenientes que
presentaban ambas formas
de lucha y de los
problemas provenientes
del contexto tanto
interno, como
internacional en que
tales batallas se debían
librar.
No hay dudas de que
Malcolm X era un líder
más radical y de más
amplia visión que Luther
King; pero, ¿es posible
afirmar, solo por eso,
que el primero tenía la
razón? No siempre en
política la radicalidad
equivale al triunfo de
la estrategia de lucha
que se fundamenta en
ella. Como tampoco el
que una estrategia de
lucha no triunfe, no
quiere decir que haya
sido incorrecta. Son
muchas las
circunstancias que
convergen en un proceso
de lucha política para
poder llegar a
conclusiones tan
fácilmente.
No obstante, lo cierto
es que ambas estrategias
de lucha presentaban sus
inconvenientes.
¿Cuáles eran esas
estrategias? Veámoslas
muy sintéticamente:
·
Para Martín Luther King,
la lucha de los negros
debía concentrarse en
reclamar de la sociedad
norteamericana los
derechos civiles que les
correspondían por ser
parte de la nación
norteamericana. Entre
estos derechos, como el
fundamental: ser
tratados como iguales.
Esta lucha se entendía
como algo estrictamente
en los marcos del país,
aunque no excluía la
posibilidad de recibir
la solidaridad
internacional. El método
de lucha debía ser
totalmente pacífico.
·
Para Malcolm X, la lucha
de los negros no excluía
reclamar sus derechos
civiles, pero debía
fundamentalmente
concentrarse en
fortalecer sus
comunidades, sus
organizaciones políticas
y religiosas para
reclamar el lugar que le
correspondía a los
negros dentro de la
sociedad norteamericana.
Esa lucha era enfocada
sobre la base de lo que
Malcolm llamaba el
“nacionalismo negro”, es
decir, se veía al pueblo
negro como una nación
sojuzgada dentro del
país y al sistema
capitalista existente
como su enemigo. Por lo
que su lucha formaba
parte de la lucha de
todos los explotados del
mundo y para ello debía
organizarse. La lucha
debía ser pacífica, pero
no excluía el uso de la
violencia si los
explotadores la
imponían bajo el
principio de responder a
la violencia
contrarrevolucionaria
con la violencia
revolucionaria.
Malcolm X consideraba
que tanto EE.UU., como
los negros tenían un
problema muy serio: los
negros no eran deseados
y la tendencia era a
tratarlos como
ciudadanos de segunda y
tercera clases.
Lo anterior lo expresaba
del modo siguiente:
“...cada vez que te
miras en el espejo, ya
seas negro, moreno, rojo
o amarillo, estás viendo
a una persona que
constituye un problema
serio para EE.UU.,
porque no te quieren
aquí”.
Todas esas personas
debían entonces unirse.
Pero no solo dentro de
EE.UU., sino con todos
sus similares del mundo
y levantar un gran
movimiento de
reivindicación que él
llamaba “revolución
negra”. Esa revolución
tenía un enemigo común.
Ese enemigo era el
blanco colonizador,
siempre europeo: los
españoles en América,
los ingleses en África,
los franceses, los
belgas, los portugueses,
los alemanes; blancos
todos, que se habían
movido por el mundo con
sus empresas coloniales,
explotando a todos los
pueblos americanos,
asiáticos y africanos.
Los colonialistas
imperialistas que habían
hecho lo mismo a todos,
incluidos a los negros
norteamericanos, los que
no habían venido en el
Mayflowers, sino en los
barcos negreros.
Concibiendo al pueblo
negro norteamericano
como lo que realmente
era, una masa que no
había superado su
condición de esclavitud,
explotada en desigualdad
de condiciones respecto
al resto de toda la
población blanca,
discriminada en el
contexto de la vida
política y social, Malcolm X podía llegar a
otra conclusión muy
importante, a la
realidad de que se
trataba de un pueblo,
cuya situación no se
diferenciaba para nada
de la situación de los
explotados dentro del
llamado Tercer Mundo, en
Asia, África y América
Latina, solo que para
los negros
norteamericanos ello
discurría
bochornosamente dentro
de la sociedad más rica
del sistema capitalista
mundial.
Al mismo tiempo, Malcolm
X se encarga de destacar
la fuerte conexión
existente entre la
situación de los negros
en los EE.UU. y de los
negros en África,
continente de
procedencia de los
esclavos traídos a
América del Norte, lo
que marcaba una
relación estrecha entre
el trato que recibían
los negros en África y
en EE.UU, dentro de lo
cual, desde la
perspectiva de la
autoestima de los
negros, influía mucho
sobre ellos como África
era siempre presentada.
Por eso para Malcolm X
no eran los derechos
civiles la plataforma
adecuada ni verdadera de
la lucha de los negros
en EE.UU. para lograr
sus reivindicaciones,
pues esta última se
circunscribía al plano
nacional lo cual
implicaba que los
aliados naturales del
pueblo negro
norteamericano quedaran
al margen, lo que
resultaba muy
conveniente para las
elites explotadoras
blancas de Norteamérica.
Por eso, Malcolm X
consideraba, que la
lucha de los negros
norteamericanos debía
ser enfocada sobre la
base de los derechos
humanos, pues estos
tenían un carácter más
universal, además de la
ventaja de conectar la
lucha del pueblo negro
de EE.UU. con la de
todos los explotados a
nivel mundial. Por lo
que ello ofrecía también
una plataforma que
permitía proyectar las
batallas internas hacia
el escenario de los
debates en los marcos de
los organismos
internacionales, como
Naciones Unidas.
Mientras que los
derechos civiles, al
enmarcar la lucha en el
plano nacional, es
decir, en los marcos de
la soberanía
norteamericana, reducía
todo a un escenario
interno, donde la
oligarquía
norteamericana podía
liberarse del debate
internacional sobre la
explotación y la
discriminación, por
demás controlarlo y
subsumirlo dentro de una
cuestión puramente
nacional.
Tal claridad política en
el enfoque aportado por
Malcom X, respecto al
cual era el marco en que
se debía desenvolver la
lucha del pueblo negro
norteamericano, llevaba
el asunto al escenario
de la lucha contra el
imperialismo, pues se le
vinculaba sólidamente a
la lucha de todos los
pueblos explotados del
mundo; así como al
complejo asunto de la
comprensión de la
existencia de un enemigo
común, que lo único que
lo diferencia son las
“máscaras” nacionales
que asume.
Era también llevar la
lucha al plano de la
necesaria solidaridad
internacional entre los
explotados, directamente
por sus oligarquías
nativas, que no son más
que clases subalternas
de la oligarquía
internacional-transnacional,
dentro de la cual la
clase
burguesa-transnacional
monopolista de EE.UU. es
la más poderosa, mejor
articulada y conectada a
nivel mundial. Con lo
cual la explotación y la
discriminación de que
son objeto los negros en
EE.UU., les viene
también como de rebote,
resultado de la acción
imperialista de EE.UU.
Tal enfoque ofrecía
además los basamentos
objetivos, prácticos y
teóricos que permitían
responder a la esencia
de una lucha, que en
definitiva debe de ser
global, aunque se
desenvuelva en la
instancia nacional.
Malcom X comprendía que
no existía un mundo
blanco ni negro y que si
existía un estado
capitalista que era el
máximo responsable de la
explotación de todos.
Tales enfoques
convierten a Malcolm X
en una líder de la lucha
contra el imperialismo a
nivel mundial. Por lo
que no puede ser
calificado únicamente
como un líder de la
lucha del pueblo negro
norteamericano. Es que
Malcolm se percató muy
tempranamente que
mantener la lucha de los
negros en el marco de
los derechos civiles
solo podía beneficiar a
las elites blancas
explotadoras
norteamericanas, que
tempranamente también
habían diseñado y ponían
en practica un modelo de
asimilación de la lucha
del pueblo negro
norteamericano a la
dinámica del capitalismo
en los EE.UU. Tal como
hacen ahora, para
enfrentar la realidad de
que los hispanos pasan a
ser la minoría
mayoritaria en
Norteamérica.
Razones que nos permiten
además afirmar, que las
reivindicaciones
alcanzadas por los
negros, resultado de su
lucha por los derechos
civiles, que no fueron
pocas ni carentes de
importancia, no pueden
ser entendidas a
profundidad, si no se
ven también como el alto
precio que la elite
blanca norteamericana
tuvo que pagar para
“tranquilizar” a los
negros y lograr
envolverlos en la
maquinaria económica y
política del capitalismo
en EE.UU.
Una expresión clara de
que la lucha por los
derechos civiles no
representó un cambio
sustancial, esencial, en
la situación del negro
en EE.UU. la podemos
obtener al analizar el
asunto de la pobreza
dentro de esa sociedad
en la actualidad.
EE.UU., es la sociedad
más rica del mundo,
aunque también aquella
en la cual la riqueza se
encuentra más
concentrada y, por
tanto, también peor
distribuida.
Veamos entonces algunas
consideraciones más
particulares y apegadas
al asunto de la “raza”.
a)
La pobreza en los
EE.UU., más que en
ninguna otra sociedad
capitalista
desarrollada, se
identifica claramente
con una estructura de
poder que está sostenida
por unos pilares de
estratificación social,
cultural y racial que se
conformaron desde la
colonización hasta el
establecimiento
definitivo del
capitalismo dentro de la
sociedad norteamericana
y que no han podido ser
superados.
b)
En la sociedad
norteamericana existe
una estructura social en
la que, en términos
generales “raza”, clase,
status social y nivel de
pobreza, se coaligan
estructuralmente de
manera muy fuerte, en
los más de 200 años de
vida de la nación. Así
nos encontramos con una
estructura social
jerárquica, dentro de la
sociedad norteamericana
que es la siguiente:
Teóricamente todos
pueden ascender en la
escala social, pero en
la práctica la
pertenencia al grupo
étnico tiende a ser
equivalente a la de
clase.
No hemos querido
extendernos, pero más
allá de los indicadores
que pueden ser
analizados, otros, que
van desde los niveles de
acceso a la educación,
la salud, la tenencia de
viviendas y la
aplicación de la
justicia, para mencionar
solo algunos,
desfavorecen totalmente
a la masa fundamental de
los negros
norteamericanos.
-
El olvido total del
programa de la raza,
lanzado por William
Clinton: “Una sola
América para el
siglo XXI.
-
El huracán Katrina,
que devastó
principalmente a
Nueva Orleans, ha
dejado una huella
que se hizo
insuperable en medio
de la desatención de
la administración
Bush.
-
El Informe sobre el
Estado de la Nación
de 2006, ni siquiera
menciona la tragedia
del Katrina, el
acontecimiento más
dramático vivido por
la sociedad
norteamericana en
los últimos 60 años.
No es difícil
percatarnos de la
claridad política de
Malcolm X cuando a
principios de los años
60 trataba de forjar una
estrategia de lucha
verdadera, para sacar al
pueblo negro
norteamericano adelante.
El hecho de que aquella
estrategia fuera
aplastada con el
asesinato de Malcolm X,
ha tenido consecuencias
desastrosas para los
negros en EE.UU. Se
perdió la oportunidad y
hoy no existen en ese
país los líderes negros
capaces de cambiar la
situación.
La población negra ha
sido definitivamente
absorbida por la
dinámica del capitalismo
norteamericano y existe
muy poco o casi nada que
permita retornar a la
clara idea de Malcolm X,
de que la población
negra norteamericana
pudiera fortalecerse
como una comunidad
integrada para luchar
por su lugar dentro de
la sociedad
norteamericana, logrando
algo más allá que ser
absorbida e
instrumentada por el
“capitalismo negro” y
atomizada por las
migajas de participación
social que los negros
han alcanzado con la
“Afirmative Action”
fuertemente cuestionada
en los últimos años bajo
el ataque de un “racismo
a la inversa”.
Los negros han perdido
su fuerza como
comunidad, han sido
instrumentados como un
sector más, que baila al
compás de la música que
interpreta y lidera la
oligarquía blanca
transnacional. Su única
oportunidad ahora
estaría en sumarse a un
contexto de lucha, donde
no pocos desconocen las
especificidades de la
situación de
inferioridad estructural
que se mantiene para los
negros dentro de la
sociedad capitalista en
EE.UU.
Dentro de una sociedad
con un sistema político
hegemónicamente dominado
por dos partidos,
sindicatos atomizados y
partidos de izquierda
sin posibilidad real de
participar en el rejuego
electoral; los negros
como un sector social,
en su inmensa mayoría,
no tienen oportunidades
de elevar su lugar
dentro de la estructura
social norteamericana,
sino es como parte de
toda la lucha de clases,
de los obreros en
particular y el resto de
los grupos explotados.
El asesinato de Malcolm
X fue el resultado de un
grupo de situaciones que
actuaron en sistema,
para eliminar de la vida
pública de la sociedad
norteamericana a una
personalidad que se
había convertido en un
peligro para los
intereses de la
oligarquía blanca
dominante. Las razones
particulares que
justificaban su
eliminación física están
vinculadas a los asuntos
siguientes:
-
Con solo 42 años,
cuando fue
asesinado, había
devenido líder
indiscutible de los
negros en EE.UU. y a
nivel mundial.
-
Su estrategia del
“nacionalismo negro”
en continuo proceso
de
perfeccionamiento,
constituía una
plataforma que
movilizaba a la
comunidad negra
norteamericana de
manera
independiente,
confiando en sus
propias fuerzas, no
dejándose arrastrar
por la dinámica del
capitalismo.
-
El enfoque
internacional y de
solidaridad con el
movimiento
revolucionario en
Asia, África y
América Latina, que
imprimía a su
estrategia,
convertía al pueblo
negro norteamericano
en una pieza
funcional de la
lucha contra el
imperialismo a nivel
mundial.
-
Había roto con la
Nación del Islam por
discrepancias no
solo políticas, sino
también éticas, que
afectaban seriamente
el accionar y el
liderazgo de esa
organización,
fundando entonces
organizaciones que
resultaban muy
funcionales a los
objetivos que se
perseguían; la
Mezquita Musulmana y
la OAAV y
representando una
competencia que
afectaba fuertemente
a la Nación del
Islam.
-
Preconizaba una
comprensión de
EE.UU. como una
sociedad corrupta,
explotadora,
inmoral, que
mantenía un sistema
económico y político
que situaba siempre
a los negros como
ciudadanos de
segunda y tercera
clases, lo cual
ponía en evidencia
que en el trasfondo
de la explotación
del negro se
ocultaba una
sociedad
profundamente
clasista y racista.
Al mismo tiempo,
Malcolm X no quedaba
atrapado en el
rejuego partidista.
Para él, tan traidor
a la causa de los
negros era el
Partido Demócrata
como el Republicano.
-
La propiedad privada
y la descomunal
acumulación de
riqueza, frente a la
desventaja de los
negros para ocupar
un lugar que
satisficiera sus
necesidades, ponían
claramente en
evidencia que la
necesidad política
planteada era la de
la lucha contra el
capitalismo en
EE.UU. y a nivel
mundial.
-
Se hacía evidente
que en tendencia, el
liderazgo de Malcolm
X representaba un
peligro para la
supervivencia del
sistema capitalista
norteamericano, por
lo cual, se hacía
indispensable
eliminarlo y en ello
estaban interesados
tanto los musulmanes
de la Nación
Islámica, como la
elite blanca
norteamericana.
Se trata de que Malcolm
X resultaba ser un líder
mucho más peligroso que
Martin Luther King. Este
último, a pesar de su
honestidad, entrega a la
causa de los derechos
civiles y deseos de
favorecer a los negros
había quedado enrolado
en la mecánica del
sistema y en realidad
había terminado siendo
instrumentalizado para
propósitos que no eran
los que le habían
animado desde el
principio, aunque ello
no le salvó la vida,
porque también sus ideas
comenzaban a topar
seriamente contra los
“límites de disidencia”
que el sistema de poder
norteamericano estaba en
condiciones de admitir.
Martín Luther King, era
una persona demasiado
honesta para traicionar
su causa, era un
luchador honesto e
inclaudicable por los
derechos de su pueblo,
pero no era un líder
revolucionario como tal.
A diferencia del
movimiento liderado por
el Reverendo Luther
King, el modo de superar
el limbo de no estar en
una organización
política ni religiosa,
Malcolm X lo superó
fundando dos
organizaciones al mismo
tiempo, con dos
objetivos diferentes,
pero totalmente
complementarios.
La Conferencia de
Bandung en 1954 y la
Fundación de la OUA
(Organización de la
Unidad Africana), sin
duda, esta última, la
organización
internacional más
prestigiosa del
continente africano,
inspiraron fuertemente a
Malcolm X.
Al querer a su religión,
lo primero que hizo fue
reagruparse en una
organización conocida
como la Mezquita
Musulmana, con sede en
Nueva York, adoptando
dentro de esa
organización, la
religión auténtica y
ortodoxa del Islam.
Pero como expresara
Malcolm X: “...teníamos
un problema que iba
mucho más allá de la
religión, y por esa
razón establecimos la
organización de la
Unidad Afroamericana (OUAA),
en la que cualquier
miembro de la comunidad
pudiera participar en un
programa de acción
diseñado para lograr el
pleno reconocimiento y
respeto del pueblo negro
como parte del género
humano” (p. 200).
Pero lo más importante
es que, como expresara
Malcolm X: “... el lema
de la organización de la
Unidad Afroamericana es:
por todos los medios que
sean necesarios. No
creemos en librar una
batalla en la cual
nuestros opresores van a
dictar las reglas. No
creemos que podemos
ganar una batalla donde
las reglas las dicten
los que nos explotan. No
creemos que podemos
continuar una batalla
tratando de ganarnos el
afecto de aquellos que
por tanto tiempo nos han
oprimido y explotado”.
(p. 200).
De
casi no
ciudadanos, pues los
negros no podían votar,
no eran admitidos en las
universidades, no podían
ingresar en el Ejército,
apenas eran admitidos en
las fábricas, pasaron a
ciudadanos de segunda
clase. Cuando finalmente
comenzaban a ser
admitidos, el
capitalismo los absorbió
y pasaron a quedar
integrados en una
dinámica, que hasta hoy
continúa manteniendo a
una masa de casi el 90%
en la condición de
ciudadanos de segunda o
tercera clase.
La profunda síntesis
lograda por el
pensamiento de Malcom X
lo llevó a comprender
que ese sentido de ser
socialista o comunista,
sin olvidar que se es
negro,
tiene una validez para
la lucha por el
verdadero socialismo,
incluso diríamos para la
sociedad cubana actual;
donde a pesar de lo que
se ha avanzado en
términos de la justicia
social, se deberá
recorrer aún un largo
camino para que
desaparezcan la
discriminación racial y
el racismo.
Por tanto, el
pensamiento de Malcom X
está vigente, pues su
comprensión de que hay
que ser comunistas sin
olvidar que se es negro
está muy acorde con la
lucha política dentro de
un mundo y una sociedad,
como la cubana, en que
aún no han podido ser
superadas las
consecuencias de la
esclavitud.
Luego entonces, el
pensamiento de Malcom X
no solo para el pueblo
norteamericano, sino
incluso para los cubanos
de hoy, tiene mucho que
decirnos todavía.
Sin embargo, no existe
hoy en los EE.UU. un
movimiento negro ni
siquiera parecido al de
los años 60. Como
tampoco existe un
liderazgo político
negro, capaz de atraer
nacionalmente a los
negros a una amplia
lucha por sus
reivindicaciones. Casi
todos los líderes negros
hoy, constituyen piezas
funcionales del sistema
político norteamericano,
siendo la principal
aspiración de casi
todos, arribar a las
estructuras de poder,
beneficiándose así de la
opulencia del
capitalismo
norteamericano.
No obstante, al margen
de otras
consideraciones, lo
cierto es que Malcolm X
tanto por su claridad
política y su
consecuencia teórica,
como por la justeza de
sus acciones y
aspiraciones, más que
como un líder de la
lucha de los negros en
EE.UU. ha sido
reconocido como uno de
los estrategas de la
lucha revolucionaria
contra el imperialismo a
nivel mundial. Por lo
que sus ideas y las
batallas que libro,
continúan siendo un
apreciable caudal de
experiencias para la
lucha de los negros en
EE.UU. y de todos los
pueblos explotados del
mundo.
Palabras
de presentación del
libro Habla Malcolm
X: discursos,
entrevistas y
declaraciones en la
Universidad de La
Habana, febrero 25 de
2009. |