Año VII
La Habana

7 al 13
de MARZO
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

La hermandad de dos vanguardistas cubanos

Ana Cairo Ballester  • La Habana

 

I

1

Alguien con agua construye
—quién sabe dónde será—
un hombre glacial que huye
por donde mi sangre va.

Carlos Enríquez, por Félix Pita Rodríguez,
Editorial Lex, La Habana, 1957

(…)

2

¿Quién con mi sangre tan lejos
viaja ahora mismo glacial
y enciende turbios espejos?
¿Quién con mi silencio canta
canto tan particular?
¿Quién va con mi muerte a cuestas
Y piensa con mi pensar
Manteniéndome despierto
Y ocupando mi soñar. 1

Corcel de fuego (1948)


La Habana, Coleccion
Cofre, 1948

II

(…)

Queremos, con alucinado querer, con la extraña ansiedad del amor, resucitar todo lo que la muerte mata con solo llegar, lo que no puede ser preservado, ni trasmutado en palabras escritas, lo que ninguna caja fuerte puede guardar después que la muerte levanta el inventario y se lo lleva.

(…)

Verle vivir, la agónica pretensión, es lo que anhelamos. Por las entrelíneas pasando y repasando, yendo y viniendo, en el afanoso ajetreo de esperar topamos, al fin, aunque solo sea un instante fugaz, con el verdadero, vivo y cierto.2


Elogio de Marco Polo (1974)

III

Tiene el leopardo un abrigo
En su monte seco y pardo:
Yo tengo más que el leopardo
Porque tengo un buen amigo.3

Para la mayoría de los miembros de las generaciones de intelectuales cubanos y la primera década del XXI, estos cuatro versos de José Martí (1853-1895) siguen resultando emblemáticos para entender los múltiples matices de la lealtad, como sentimiento hegemónico para orientar los actos fraternales en el difícil empeño de lidiar con las formas del olvido, hijas de la muerte.

La verdad esencial de estos versos martianos puede ilustrarse con la hermandad entre Pablo de la Torriente Brau (1901-1936) y Raúl Roa (1907-1982), o entre Carlos Enríquez (1900-1957) y Félix Pita Rodríguez (1909-1990).

Con motivo del centenario de Pita, creo que resulta oportuno un breve comentario sobre la amistad que le profesó a Carlos Enríquez.

IV

Félix y Carlos se formaron como intelectuales dentro de las búsquedas de las estéticas vanguardistas, las cuales se aceleran en Cuba a partir de 1927, con el enfrentamiento político a la imposición de una prórroga de poderes y a la reelección del sátrapa Gerardo Machado.

Carlos era hijo de uno de los médicos de Machado. Oponerse al dictador formaba parte de una rebeldía juvenil, en la que se mezclaban las búsquedas estéticas por integrar la avanzada de una ruptura generacional con los artistas plásticos considerados consagrados en el primer cuarto de siglo de vida republicana. (1902-1927).

Félix, poeta y narrador, irrumpió en las publicaciones vanguardistas con una afiliación antimachadista. Colaboraba con Bohemia, Social y Suplemento Literario del Diario de la Marina. Estuvo entre los fundadores de Atuei (1927-1928).

Probablemente, Carlos y Félix se vieron alguna vez en La Habana. Pero la amistad surgió en París, donde ambos completaban su formación estética como vanguardistas. El periodista nicaragüense Eduardo Avilés Ramírez, quien residió en Cuba hasta 1926, fue el mediador entre ambos.

Félix no quiso escribir sus memorias. Sin embargo, las obligaciones de la hermandad determinaron que testimoniara sobre Carlos:

“(…) Creo recordar que (…) Eduardo Avilés Ramírez había entrado a mi habitación del hotelucho del Passage Dareaux, seguido  por un personaje del Greco (…)


Tomado de Lunes de Revolución

Mira Avilés, yo me siento ahí, en El Domo, a tomar pernod con Carlos Enríquez  y si hay un paraguayo interesante ese paraguayo va a venir al Domo un día. Así que yo lo espero ahí sentado. No tengo que ir a buscarlo a ninguna parte…

Nos conocimos hoy e inmediatamente nos fuimos para El Domo, a tomar tragos y sellamos una amistad para toda la vida. En su habitación empezó a trabajar, a pintar. Cuando yo bajaba, muchas veces lo encontraba pintando y entonces me sentaba a verlo pintar. Así empezamos a hablar de arte, William Blake, Nostradamus, Hölderlin, Marco Polo (…).4

(…) En París, vivíamos bajo un mismo techo. Hablábamos de arte, de magia y estábamos en un estado de alucinación tan perfecto que si de pronto hubiéramos visto crecer un álamo en medio del cuarto, habríamos tenido una reacción natural: ‘Ah, mira un álamo’, sin darle importancia”.5

Félix creía que Carlos había sido “un romántico en estado puro, un sentimental”6, que se ocupaba de ayudar a todos los que podía sin detenerse a guardar un mínimo de recursos para sí mismo.

V

Francisco Pita Rodríguez, hermano de Félix, bajo el influjo de Alejo Carpentier (1904-1980) se convertiría en periodista y haría famoso el seudónimo de Paco P. mientras Félix estaba en París o viajando, Francisco se había establecido en Madrid.

Francisco residía en la calle Saínz de Baranda, cerca del parque El Retiro. Carlos llegó a instalarse con él. Entretanto, Félix se iba a Marruecos. Carlos preparaba una exposición para el Patronato del Turismo. Asumió el proyecto de un Retrato radiográfico de Félix, quien recordaba:

—Comencé un retrato tuyo, Felo.

—¡Qué bien, carajo! Es un buen cuadro. Además soy yo, no caben dudas.
—Pero viejo, ¡me cortaste una pierna!

—¡No cabía, coño!

—Además, ¿de qué te quejas? En ese retrato te hago una propaganda. ¿No te has dado cuenta?

—Bah, ¿propaganda de qué…? Mira chico, con la “pichita” que me has puesto ahí no hay mujer que desee acercárseme, ¿no?7.

El Retrato radiográfico se exhibió junto a Primavera bacteriológica, Pepita y Lolita en el Patronato del Turismo (1933).

Félix, Carlos, Francisco y Carpentier celebraron el 12 de agosto de 1933, junto con centenares de españoles. Todos festejaban la noticia del fin de la tiranía de Gerardo Machado.

Carlos decidió regresar a La Habana. Vino como polizonte. Félix y Paco P. permanecieron en Madrid. Carpentier retornó a París.

El 1º de marzo de 1934 se inauguraba una exposición de Carlos en la  sociedad habanera Lyceum. Eran los cuadros ya expuestos en Madrid. Algunas personas escandalizadas protestaron ante la directiva de la institución. Carlos se negó a retirar obras.

Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964, Emilito para sus amigos) le ofreció al pintor su bufete en Cuba y Empedrado para que expusiera. El 3 de marzo, los intelectuales (vanguardistas o no) asistieron a la apertura. El Retrato radiográfico, de Félix se convirtió en la máxima atracción y en un motivo de referencia obligada en torno a las anécdotas sobre los escándalos vanguardistas.

El Retrato, al parecer, no ha vuelto a figurar entre las grandes exposiciones de Carlos. Está en el Hurón Azul, la casa-museo del creador. En la biografía de Enríquez, Juan Sánchez  lo describe  así:

“(…) representa al poeta con una melena lacia que cae a ambos lados del rostro. Es una figura pensativa, envuelta en la gama de los grises metálicos, que caracteriza su paleta de este tiempo. Pero, en el bajo vientre de la figura aparece una única nota medianamente cálida, como un fulgor rosa dentro del cual se insinúa el falo que Pita Rodríguez, con burla, consideró como una “propaganda” muy discreta”.8

VI

Félix y Francisco, residentes en Madrid, fueron testigos cubanos de la Guerra Civil Española (julio de 1936-abril de 1939).

Félix integró la delegación al congreso internacional de intelectuales antifascistas en Valencia, el cual tuvo acciones también en Barcelona y Madrid. Juan Marinello (1898-1977) lideró nuestra presencia y, por decisión de los otros asistentes latinoamericanos, sirvió de vocero a los acuerdos en nombre de Hispanoamérica. Nicolás Guillén (1902-1989), Leonardo Fernández Sánchez (1907-1965) y Carpentier fueron los otros miembros.

Paco P. ayudó a Carpentier a recoger noticias en Madrid, las cuales este utilizó después en la serie “España bajo las bombas”, publicada en la revista habanera Carteles (1937).

VII

Cuando Félix regresó a La Habana se encontró con Carlos. Era uno de los asiduos visitantes de El Hurón Azul. Carlos le ilustró el poemario Corcel de fuego (1948), el cual convirtió en una joya para bibliófilos el maestro de impresores Felito Ayón. La tirada era de 500 ejemplares numerados.

Cuando Carlos falleció en 1957; Félix estuvo entre los organizadores de la gran exposición. Escribió un emotivo ensayo biográfico, texto poético en prosa, que se imprimió en un folleto para obsequiar a los amigos del artista:

“(…) El rebelde intransigente del Café du Dome es cartujo disciplinante del estudio miserable, donde los lienzos van naciendo con rigor afanoso

(…)

(…) Sobrenada lo efímero, el toque provocante, desafiador. La anécdota inefable que quiere “epater le bourgueois”. Las primaveras bacteriológicas, los desnudos desarticulados, laboriosamente insultantes, las reconditeces sexuales. (…)

(…) Al color transfigurado, mineralizado, añade un juego delicado de superposiciones, que da a sus lienzos del momento singulares resonancias mágicas. Busca el trasfondo de la realidad, sin escapar nunca enteramente de ella, movido por el impulso poético de su espíritu.

(…)

(…)

(…) Su pintura es ese estado de gracia, ese absoluto insondable en el que todo valor prima por sí mismo, en el eterno y misterioso juego de la creación pura (…)”.9

Años después, completaría esta reflexión, cuando le confesó a Pedro de la Hoz que la obra de Carlos era “estupenda”:

“(…) Soy apasionado: es el mejor pintor cubano que he conocido, Carlos era un gran tímido y escapó a la timidez con ayuda del alcohol. Se fue matando. Resulta increíble cómo logró levantarse en los años finales de su vida para pintar un fabuloso cuadro sobre la caída en combate de José Martí, pero se hundió finalmente. Ya estaba liquidado. De no haber mediado tan penosa circunstancia, su legado fuera más grande todavía (…)”.10

VIII

Félix se adhirió con permanente entusiasmo a los esfuerzos de su amigo Nicolás Guillén para fundar y consolidar las labores de la UNEAC. Estuvo entre los promotores de la legitimación vanguardista, como uno de los acervos más valiosos para el desarrollo de las tendencias de una cultura revolucionaria. Ayudó a la publicación de las dos novelas de Carlos.

En febrero de 1962, con motivo del quinto aniversario de la muerte de Carlos, presidió la apertura de una sección de homenaje, dentro del Salón Nacional de Artes Plásticas. Sus palabras se recogieron en el catálogo:

“(…) El criollo raigal que fue el gran pintor, nos demostró una vez más que el mejor camino para alcanzar lo universal, es el de las veredas familiares de la patria.

Nadie hubiese gozado con tanta intensidad el renacer, el nacer verdadero de la Patria, como él, que llevaba como una obsesión en su quehacer artístico, el ansia de pureza integral en la representación plástica de su isla bienamada. La quería intacta en sus esencias mejores y más limpias y ese afán está con igual maestría y pareja fiebre en su corta producción narrativa. La Revolución que está dando a Cuba su rostro verdadero, hubiese sido para Carlos Enríquez el gran deslumbramiento, la felicidad total.

Esta sala, en homenaje al gran pintor desaparecido, es un homenaje a la patria ya con la Revolución en sus colores más puros, al artista que puso lo mejor de sí mismo en entregarnos plásticamente su imagen, ahondando y rebuscando por debajo de la piel aparente, el alma encantada de su isla, la veta profunda que el sabía estaba allí y que la Revolución levantó con puño firme y para siempre”.11


Exposición póstuma del pintor, La Habana, 1957


IX

En los setenta, mientras investigaba sobre los vanguardistas, estuve una mañana conversando con Félix. El encuentro fue posible gracias a la gentileza del colega y amigo, el profesor Salvador Bueno.

Como una grata sorpresa, me enseñó un singular dibujo suyo. Había pintado el pueblo mítico de San Abul de Montecallado, escenario de una colección famosa de sus cuentos. Entendí mejor las coordenadas estéticas como narrador y poeta, puesto que reconocía su afiliación a la estirpe de los creadores que hermanaban las artes visuales con la literatura.

Félix me reiteró que Carlos era una de las “almas encantadas” de nuestra cultura, que resultaban emblemáticas para difundir la trascendencia continental y universal de las tendencias vanguardistas en Cuba.

La Habana, 28 de enero de 2009.
 

Notas

1. Félix Pita: Corcel de fuego, Colección Cofre, Imp. Félix Ayón II, La Habana, 1948, pp. 24-25. Dibujo en la cubierta de Carlos Enríquez. La tirada fue de 500 ejemplares.

2. Félix Pita: Elogio de Marco Polo, Ediciones UNEAC, La Habana, 1974, pp. 17-18.

3. José Martí: Poema “XLIV”, Versos sencillos (1891), Poesía completa. Edición crítica, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1985, t. 1, p. 281.

4. Juan Sánchez: Carlos Enríquez, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1996, pp. 41, 44-45.

5. Pedro de la Hoz: “Félix Pita en su corcel de fuego”, Revolución y Cultura, agosto de 1989, pp. 4-9.

6. Juan Sánchez: Ibíd.

7. Juan Sánchez: ob. cit., pp.52-53.

8. Juan Sánchez: Ibíd.

9. Félix Pita: Carlos Enríquez, Editorial Lex, La Habana, mayo de 1957, pp. 21, 23, 32.

10. Pedro de la Hoz: ob. cit., p.7.

11.Félix Pita: “Palabras”, en el catálogo Salón Nacional 1962. Homenaje a Carlos Enríquez, CNC, Palacio de Bellas Artes, 1962.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600