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I
1
Alguien con agua construye
—quién sabe dónde será—
un hombre glacial que huye
por donde mi sangre va.
Carlos Enríquez,
por Félix Pita
Rodríguez,
Editorial Lex, La Habana, 1957
(…)
2
¿Quién con mi sangre tan lejos
viaja ahora mismo glacial
y enciende turbios espejos?
¿Quién con mi silencio canta
canto tan particular?
¿Quién va con mi muerte a
cuestas
Y piensa con mi pensar
Manteniéndome despierto
Y ocupando mi soñar.
1
Corcel de fuego
(1948)
|

La
Habana, Coleccion
Cofre,
1948 |
II
(…)
Queremos, con alucinado querer,
con la extraña ansiedad del
amor, resucitar todo lo que la
muerte mata con solo llegar, lo
que no puede ser preservado, ni
trasmutado en palabras escritas,
lo que ninguna caja fuerte puede
guardar después que la muerte
levanta el inventario y se lo
lleva.
(…)
Verle vivir, la agónica
pretensión, es lo que anhelamos.
Por las entrelíneas pasando y
repasando, yendo y viniendo, en
el afanoso ajetreo de esperar
topamos, al fin, aunque solo sea
un instante fugaz, con el
verdadero, vivo y cierto.2
|

Elogio de Marco Polo
(1974) |
III
Tiene el leopardo un abrigo
En su monte seco y pardo:
Yo tengo más que el leopardo
Porque tengo un buen amigo.3
Para la mayoría de los miembros
de las generaciones de
intelectuales cubanos y la
primera década del XXI, estos
cuatro versos de José Martí
(1853-1895) siguen resultando
emblemáticos para entender los
múltiples matices de la lealtad,
como sentimiento hegemónico para
orientar los actos fraternales
en el difícil empeño de lidiar
con las formas del olvido, hijas
de la muerte.
La verdad esencial de estos
versos martianos puede
ilustrarse con la hermandad
entre Pablo de la Torriente Brau
(1901-1936) y Raúl Roa
(1907-1982), o entre Carlos
Enríquez (1900-1957) y Félix
Pita Rodríguez (1909-1990).
Con motivo del centenario de
Pita, creo que resulta oportuno
un breve comentario sobre la
amistad que le profesó a Carlos
Enríquez.
IV
Félix y Carlos se formaron como
intelectuales dentro de las
búsquedas de las estéticas
vanguardistas, las cuales se
aceleran en Cuba a partir de
1927, con el enfrentamiento
político a la imposición de una
prórroga de poderes y a la
reelección del sátrapa Gerardo
Machado.
Carlos era hijo de uno de los
médicos de Machado. Oponerse al
dictador formaba parte de una
rebeldía juvenil, en la que se
mezclaban las búsquedas
estéticas por integrar la
avanzada de una ruptura
generacional con los artistas
plásticos considerados
consagrados en el primer cuarto
de siglo de vida republicana.
(1902-1927).
Félix, poeta y narrador,
irrumpió en las publicaciones
vanguardistas con una afiliación
antimachadista. Colaboraba con
Bohemia, Social
y Suplemento Literario
del Diario de la Marina.
Estuvo
entre los fundadores de
Atuei (1927-1928).
Probablemente, Carlos y Félix se
vieron alguna vez en La Habana.
Pero la amistad surgió en París,
donde ambos completaban su
formación estética como
vanguardistas. El periodista
nicaragüense Eduardo Avilés
Ramírez, quien residió en Cuba
hasta 1926, fue el mediador
entre ambos.
Félix no quiso escribir sus
memorias. Sin embargo, las
obligaciones de la hermandad
determinaron que testimoniara
sobre Carlos:
“(…) Creo recordar que (…)
Eduardo Avilés Ramírez había
entrado a mi habitación del
hotelucho del Passage Dareaux,
seguido por un personaje del
Greco (…)
|

Tomado de Lunes de
Revolución |
Mira Avilés, yo me siento ahí,
en El Domo, a tomar pernod con
Carlos Enríquez y si hay un
paraguayo interesante ese
paraguayo va a venir al Domo un
día. Así que yo lo espero ahí
sentado. No tengo que ir a
buscarlo a ninguna parte…
Nos conocimos hoy e
inmediatamente nos fuimos para
El Domo, a tomar tragos y
sellamos una amistad para toda
la vida. En su habitación empezó
a trabajar, a pintar. Cuando yo
bajaba, muchas veces lo
encontraba pintando y entonces
me sentaba a verlo pintar. Así
empezamos a hablar de arte,
William Blake, Nostradamus,
Hölderlin, Marco Polo (…).4
(…) En París, vivíamos bajo un
mismo techo. Hablábamos de arte,
de magia y estábamos en un
estado de alucinación tan
perfecto que si de pronto
hubiéramos visto crecer un álamo
en medio del cuarto, habríamos
tenido una reacción natural:
‘Ah, mira un álamo’, sin darle
importancia”.5
Félix creía que Carlos había
sido “un romántico en estado
puro, un sentimental”6,
que se ocupaba de ayudar a todos
los que podía sin detenerse a
guardar un mínimo de recursos
para sí mismo.
V
Francisco Pita Rodríguez,
hermano de Félix, bajo el
influjo de Alejo Carpentier
(1904-1980) se convertiría en
periodista y haría famoso el
seudónimo de Paco P. mientras
Félix estaba en París o
viajando, Francisco se había
establecido en Madrid.
Francisco residía en la calle
Saínz de Baranda, cerca del
parque El Retiro. Carlos llegó a
instalarse con él. Entretanto,
Félix se iba a Marruecos. Carlos
preparaba una exposición para el
Patronato del Turismo. Asumió el
proyecto de un Retrato
radiográfico de Félix,
quien recordaba:
—Comencé un retrato tuyo, Felo.
—¡Qué bien, carajo! Es un buen
cuadro. Además soy yo, no caben
dudas.
—Pero viejo, ¡me cortaste una
pierna!
—¡No cabía, coño!
—Además, ¿de qué te quejas? En
ese retrato te hago una
propaganda. ¿No te has dado
cuenta?
—Bah, ¿propaganda de qué…? Mira
chico, con la “pichita” que me
has puesto ahí no hay mujer que
desee acercárseme, ¿no?7.
El Retrato radiográfico
se exhibió junto a Primavera
bacteriológica, Pepita
y Lolita en el Patronato
del Turismo (1933).
Félix, Carlos, Francisco y
Carpentier celebraron el 12 de
agosto de 1933, junto con
centenares de españoles. Todos
festejaban la noticia del fin de
la tiranía de Gerardo Machado.
Carlos decidió regresar a La
Habana. Vino como polizonte.
Félix y Paco P. permanecieron en
Madrid. Carpentier retornó a
París.
El 1º de marzo de 1934 se
inauguraba una exposición de
Carlos en la sociedad habanera
Lyceum. Eran los cuadros ya
expuestos en Madrid. Algunas
personas escandalizadas
protestaron ante la directiva de
la institución. Carlos se negó a
retirar obras.
Emilio Roig de Leuchsenring
(1889-1964, Emilito para sus
amigos) le ofreció al pintor su
bufete en Cuba y Empedrado para
que expusiera. El 3 de marzo,
los intelectuales (vanguardistas
o no) asistieron a la apertura.
El Retrato radiográfico,
de Félix se convirtió en la
máxima atracción y en un motivo
de referencia obligada en torno
a las anécdotas sobre los
escándalos vanguardistas.
El Retrato, al parecer,
no ha vuelto a figurar entre las
grandes exposiciones de Carlos.
Está en el Hurón Azul, la
casa-museo del creador. En la
biografía de Enríquez, Juan
Sánchez lo describe así:
“(…) representa al poeta con una
melena lacia que cae a ambos
lados del rostro. Es una figura
pensativa, envuelta en la gama
de los grises metálicos, que
caracteriza su paleta de este
tiempo. Pero, en el bajo vientre
de la figura aparece una única
nota medianamente cálida, como
un fulgor rosa dentro del cual
se insinúa el falo que Pita
Rodríguez, con burla, consideró
como una “propaganda” muy
discreta”.8
VI
Félix y Francisco, residentes en
Madrid, fueron testigos cubanos
de la Guerra Civil Española
(julio de 1936-abril de 1939).
Félix integró la delegación al
congreso internacional de
intelectuales antifascistas en
Valencia, el cual tuvo acciones
también en Barcelona y Madrid.
Juan Marinello (1898-1977)
lideró nuestra presencia y, por
decisión de los otros asistentes
latinoamericanos, sirvió de
vocero a los acuerdos en nombre
de Hispanoamérica. Nicolás
Guillén (1902-1989), Leonardo
Fernández Sánchez (1907-1965) y
Carpentier fueron los otros
miembros.
Paco P. ayudó a Carpentier a
recoger noticias en Madrid, las
cuales este utilizó después en
la serie “España bajo las
bombas”, publicada en la revista
habanera Carteles
(1937).
VII
Cuando Félix regresó a La Habana
se encontró con Carlos. Era uno
de los asiduos visitantes de El
Hurón Azul. Carlos le ilustró el
poemario Corcel de fuego
(1948), el cual convirtió en una
joya para bibliófilos el maestro
de impresores Felito Ayón. La
tirada era de 500 ejemplares
numerados.
Cuando Carlos falleció en 1957;
Félix estuvo entre los
organizadores de la gran
exposición. Escribió un emotivo
ensayo biográfico, texto poético
en prosa, que se imprimió en un
folleto para obsequiar a los
amigos del artista:
“(…) El rebelde intransigente
del Café du Dome es cartujo
disciplinante del estudio
miserable, donde los lienzos van
naciendo con rigor afanoso
(…)
(…) Sobrenada lo efímero, el
toque provocante, desafiador. La
anécdota inefable que quiere
“epater le bourgueois”. Las
primaveras bacteriológicas, los
desnudos desarticulados,
laboriosamente insultantes, las
reconditeces sexuales. (…)
(…) Al color transfigurado,
mineralizado, añade un juego
delicado de superposiciones, que
da a sus lienzos del momento
singulares resonancias mágicas.
Busca el trasfondo de la
realidad, sin escapar nunca
enteramente de ella, movido por
el impulso poético de su
espíritu.
(…)
(…)
(…) Su pintura es ese estado de
gracia, ese absoluto insondable
en el que todo valor prima por
sí mismo, en el eterno y
misterioso juego de la creación
pura (…)”.9
Años después, completaría esta
reflexión, cuando le confesó a
Pedro de la Hoz que la obra de
Carlos era “estupenda”:
“(…) Soy apasionado: es el mejor
pintor cubano que he conocido,
Carlos era un gran tímido y
escapó a la timidez con ayuda
del alcohol. Se fue matando.
Resulta increíble cómo logró
levantarse en los años finales
de su vida para pintar un
fabuloso cuadro sobre la caída
en combate de José Martí, pero
se hundió finalmente. Ya estaba
liquidado. De no haber mediado
tan penosa circunstancia, su
legado fuera más grande todavía
(…)”.10
VIII
Félix se adhirió con permanente
entusiasmo a los esfuerzos de su
amigo Nicolás Guillén para
fundar y consolidar las labores
de la UNEAC. Estuvo entre los
promotores de la legitimación
vanguardista, como uno de los
acervos más valiosos para el
desarrollo de las tendencias de
una cultura revolucionaria.
Ayudó a la publicación de las
dos novelas de Carlos.
En febrero de 1962, con motivo
del quinto aniversario de la
muerte de Carlos, presidió la
apertura de una sección de
homenaje, dentro del Salón
Nacional de Artes Plásticas. Sus
palabras se recogieron en el
catálogo:
“(…) El criollo raigal que fue
el gran pintor, nos demostró una
vez más que el mejor camino para
alcanzar lo universal, es el de
las veredas familiares de la
patria.
Nadie hubiese gozado con tanta
intensidad el renacer, el nacer
verdadero de la Patria, como él,
que llevaba como una obsesión en
su quehacer artístico, el ansia
de pureza integral en la
representación plástica de su
isla bienamada. La quería
intacta en sus esencias mejores
y más limpias y ese afán está
con igual maestría y pareja
fiebre en su corta producción
narrativa. La Revolución que
está dando a Cuba su rostro
verdadero, hubiese sido para
Carlos Enríquez el gran
deslumbramiento, la felicidad
total.
Esta sala, en homenaje al gran
pintor desaparecido, es un
homenaje a la patria ya con la
Revolución en sus colores más
puros, al artista que puso lo
mejor de sí mismo en entregarnos
plásticamente su imagen,
ahondando y rebuscando por
debajo de la piel aparente, el
alma encantada de su isla, la
veta profunda que el sabía
estaba allí y que la Revolución
levantó con puño firme y para
siempre”.11
|

Exposición
póstuma del pintor,
La Habana, 1957 |
IX
En los setenta, mientras
investigaba sobre los
vanguardistas, estuve una mañana
conversando con Félix. El
encuentro fue posible gracias a
la gentileza del colega y amigo,
el profesor Salvador Bueno.
Como una grata sorpresa, me
enseñó un singular dibujo suyo.
Había pintado el pueblo mítico
de San Abul de Montecallado,
escenario de una colección
famosa de sus cuentos. Entendí
mejor las coordenadas estéticas
como narrador y poeta, puesto
que reconocía su afiliación a la
estirpe de los creadores que
hermanaban las artes visuales
con la literatura.
Félix me reiteró que Carlos era
una de las “almas encantadas” de
nuestra cultura, que resultaban
emblemáticas para difundir la
trascendencia continental y
universal de las tendencias
vanguardistas en Cuba.
La Habana, 28 de
enero de 2009.
Notas
1. Félix
Pita: Corcel de fuego,
Colección Cofre, Imp. Félix Ayón
II, La Habana, 1948, pp. 24-25.
Dibujo en la cubierta de Carlos
Enríquez. La tirada fue de 500
ejemplares.
2. Félix
Pita: Elogio de Marco Polo,
Ediciones UNEAC, La Habana,
1974, pp. 17-18.
3. José
Martí: Poema “XLIV”, Versos
sencillos (1891),
Poesía completa. Edición crítica,
Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1985, t. 1, p. 281.
4. Juan
Sánchez: Carlos Enríquez,
Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 1996, pp. 41, 44-45.
5. Pedro
de la Hoz: “Félix Pita en su
corcel de fuego”, Revolución
y Cultura, agosto de 1989,
pp. 4-9.
6. Juan
Sánchez: Ibíd.
7. Juan
Sánchez: ob. cit., pp.52-53.
8. Juan
Sánchez: Ibíd.
9. Félix
Pita: Carlos Enríquez, Editorial
Lex, La Habana, mayo de 1957,
pp. 21, 23, 32.
10.
Pedro de la Hoz: ob. cit., p.7.
11.Félix Pita:
“Palabras”, en el catálogo
Salón Nacional 1962. Homenaje a
Carlos Enríquez, CNC,
Palacio de Bellas Artes, 1962.
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