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“Yo solo escribo de
revolucionarios. Los
reaccionarios que
escriban de su gente, yo
solo de gente de
izquierda”, son palabras
recientes del autor de
este libro.
Luego de biografiar al
Che y a Pancho Villa,
Paco Ignacio Taibo II ha
asumido el reto de un
libro sobre Antonio
Guiteras que es también
escribir sobre la
Revolución del 30 en
Cuba, sobre los
personajes que la
marcaron o que a partir
de ella entraron en la
vida de nuestro país en
un sentido o en otro.
Es, sin duda,
apasionante, este relato
de un período convulso y
decisivo de nuestra
historia, contado con la
garra de la novela que
no permite respiro.
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Junto al
luchador antimperialista
que en palabras de Fidel
“quería
hacer lo que nosotros
hemos hecho y cayó como
han caído otros muchos
revolucionarios, porque
se lanzó a hacer lo que
nosotros estamos
haciendo hoy”, aparecen
aquí personajes
legendarios como Julio
Antonio Mella, Pablo de
la Torriente Brau y
Rubén Martínez Villena.
Sus vidas luminosas se
unen aquí con el origen
del siniestro papel de
Fulgencio Batista en la
historia de Cuba y su
temprana alianza con los
intereses
norteamericanos. Taibo
logra también un
agudísimo retrato del
embajador Sumner Welles,
desnuda el mediacionismo
de las fuerzas
reaccionarias, y revela
el rol en las sombras de
una figura como Jorge
Mañach, ideólogo del
filofascista ABC, que
tan hábilmente supo
utilizar en aquellas
jornadas su condición de
graduado de Harvard.
Quizá uno de los pasajes
más aleccionadores es el
que nos cuenta la noche
en que la cobardía de
Ramón Grau San Martín
perdonó las
conspiraciones de
Batista en la embajada
yanqui. Las proféticas
palabras de Guiteras:
“Los que se perdonan
hoy, nos matarán
mañana”, no dejan de
estremecernos.
El libro alude en varias
ocasiones a las
contradicciones entre
las distintas fuerzas
revolucionarias y
especialmente a la
incomunicación entre el
Partido Comunista y
Guiteras, y a la
incomprensión hacia el
enorme papel
revolucionario que éste
jugaba dentro del
Gobierno de los Cien
Días. Las críticas de
Raúl Roa y Blas Roca de
estas incomprensiones,
que cita el propio
Taibo, junto al relato
del enfrentamiento entre
Villena y los enviados
de la Internacional
Comunista, explican el
desafío que en lucha
contra concepciones
ajenas a nuestras
realidades tuvieron que
enfrentar entonces los
militantes comunistas y
otras fuerzas
revolucionarias. Acerca
de esta problemática,
Carlos Rafael Rodríguez,
afirmaría en 1970: “Cuando
en 1934 la Internacional
Comunista recomendó a
los comunistas cubanos
distinguir entre el
nacional-reformista Grau
San Martín y el
nacional-revolucionario
Guiteras, tenía razón, y
sólo un sectarismo
originado también en la
política mantenida por
la Internacional
Comunista hasta poco
tiempo antes, había
llevado a los comunistas
cubanos a no apreciar
las evidentes
diferencias”.
Los revolucionarios
cubanos podemos no
compartir enfoques del
autor sobre nuestra
historiografía, o el
desenfado con que aborda
algunas figuras o hechos
de la época, entrañables
para nosotros, pero al
menos dos grandes y muy
útiles conclusiones
extraeremos de esta
obra: lo imprescindible
de la unidad de los
revolucionarios en la
lucha por el socialismo
y la soberanía nacional,
y el carácter
irreconciliable de esa
lucha con el
imperialismo
norteamericano.
La Revolución Cubana,
triunfante en 1959,
conquistó el poder para
los oprimidos, se
enfrentó al imperialismo
norteamericano y lo
derrotó, porque
aprendió las lecciones
de los fracasos
anteriores y articuló y
consolidó, bajo la guía
de Fidel, la unidad de
los revolucionarios en
el proceso de realizar
el programa
antimperialista de
justicia social por el
que luchó y murió
Antonio Guiteras. Su
clarísima y valiente
idea de que
un movimiento que no sea
antimperialista en Cuba,
no es Revolución, ya no
es sólo asumida en esta
isla, sino que cada vez
más los pueblos de
América Latina la hacen
Gobierno.
Por eso, nunca fue más
oportuna una biografía.
Ojalá el hecho de que
esté escrita por un
autor del prestigio de
Paco Ignacio Taibo II
contribuya a su difusión
por todo nuestro
continente. Hoy, ante la
llegada de un nuevo
gobierno a la Casa
Blanca, vale la pena
recordar que fueron los
embajadores en Cuba del
Roosevelt del
Buen Vecino
y el
New Deal
los que conspiraron
contra el Gobierno de
los Cien Días y
alentaron las
represiones y el ascenso
de Batista. En estos
días, en que nuevas
legislaciones proclaman
los derechos postergados
a las mayorías durante
siglos, y desde las
embajadas
norteamericanas no cesan
de alentarse
conspiraciones que les
roben a los pueblos sus
victorias, llega este
libro. Discutamos con
él, aprendamos de él,
críticamente, como
seguramente harían
Mella, Pablo, Rubén y el
propio Guiteras,
sabiendo que su
protagonista es, como
dijera el Che,
el más puro luchador
antimperialista.
Prólogo a
Tony Guiteras. Un
hombre guapo, de
Paco Ignacio Taibo II,
Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana 2009 |