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No creo que exista la menor duda en
cuanto a que en el presente,
Andy Montañez y Pablo Milanés son dos de
los mejores cantantes que hay en toda la
región del Caribe. Quien desee comprobar
nuevamente dicha afirmación, solo tiene
que escuchar el disco titulado
AM
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PM: Líneas paralelas,
grabado por este par de fenomenales
intérpretes en Ciudad de La Habana y
República Dominicana, con la
participación de instrumentistas de las
tres Antillas Mayores. La unión de ambas
voces ha de verse como algo más que un
extraordinario aporte a la música y la
cultura de esta zona del mundo, pues el
hecho viene a reafirmar los lazos de
solidaridad y hermandad existentes entre
los pueblos de Cuba y Puerto Rico. Esos
vínculos, que en el plano histórico
están representados por figuras
memorables como el puertorriqueño
Juan Rius Rivera y nuestro José Martí,
en el aspecto cultural han quedado
reflejados en los harto conocidos versos
de Lola Rodríguez de Tio ("Cuba y Puerto
Rico son/ de un pájaro las dos alas, /
reciben flores y balas / en un mismo
corazón").
El álbum que
Andy Montañez y Pablo Milanés pusieron
en circulación internacional a inicios
de 2006 y que en semanas recientes ha
sido editado en Cuba, viene a corroborar
desde el punto de vista musical lo mucho
que hay en común entre los ritmos
originales de Cuba y Puerto Rico. Lo
primero que ayuda a apuntar lo anterior
es la selección del repertorio escogido
para incluirse en el fonograma, a saber:
“Son
de la Loma” (Miguel Matamoros),
“Juramento” (Miguel Matamoros), “Canción
de los amantes” (Antonio Cabán Vale),
“Es nuestra canción” (César Portillo de
la Luz), “Santa Cecilia” (Manuel
Corona), “Guitarra mía” (Andy Montañez,
padre), “La felicidad” (Pablo Milanés),
“Allí estarás” (Dagoberto González, Jr.),
“Allá en la altura” (Juan Morales
Ramos, “Moralito”)
y “Líneas paralelas” (Gino Meléndez).
La selección de estas canciones deja
claro que en el trabajo emprendido por
Andy y Pablo no ha prevalecido la
intención comercial, pues su concepción
dista mucho de esos clásicos productos
de mercadeo con los que la industria
musical nos apabulla a cada instante. De
hecho, en su conjunto el CD puede ser
visto como un tributo a la tradición
sonora del área caribeña. Con
dirección del violinista y tecladista
Dagoberto Ángel González (Jr.), quien
corre a cargo con todas las
orquestaciones del material, como señala
el artista plástico y poeta Iván
Figueroa Luciano (diseñador del libreto
portada del disco), la integración de
Montañez y Milanés en el fonograma desde
el prisma musical resulta compleja. Con
acierto, en la nota de presentación
Figueroa Luciano acota:
“… la potencia de ambas voces requiere
un balance que solo puede proveer la
ética de trabajo de los verdaderos
obreros de la música. El resultado es un
puente lírico impregnado de salitre
caribeño, que se levanta sobre un mar de
felicidades y desdichas, transitado por
una estirpe de hombres y mujeres
templados en el fuego lento de la
resistencia. Un puente que nos comunica,
metáfora de migraciones y esperanza,
arco sonoro que nos recuerda quiénes
somos y nos convida a celebrarlo".
El empaste al cantar del que hacen gala
los dos intérpretes, se pone de
manifiesto lo mismo cuando asumen los
aires de la salsa en temas como
“Juramento”,
“Son de la Loma” y “La felicidad”, en
los instantes en que se adentran por los
terrenos de la llamada canción romántica
en piezas como “Allí estarás”, “Guitarra
mía” y “Canción de los amantes”, o al
enfrentarse a un bolero como “Es nuestra
canción”. En particular, creo que merece
destaque el desempeño de Pablo a lo
largo de los diez cortes de la
grabación, dado que Andy está más
acostumbrado que nuestro compatriota a
moverse por un repertorio de este corte.
Milanés rara vez se ha proyectado como
un salsero y aquí da lecciones de
maestría a numerosos vocalistas del
género. Sus improvisaciones son de esas
que no tienen desperdicios, por el buen
gusto del decir y en especial por el
grado de afinación que mantiene en cada
intervención. Dicho sea de paso, el
ilustre hijo de Bayamo demuestra una vez
más que a la hora de hacer segundas
voces, él es uno de los mejores que ha
habido en nuestro país en todos los
tiempos.
Uno de los méritos de esta producción,
que me atrevo a calificar de impecable,
está dado por el eficaz trabajo de los
músicos que intervienen en el respaldo
instrumental de los cantantes. Imposible
de soslayar resulta la cadencia y
emotividad al piano del
ponceño Papo Lucca. Igualmente merecen
destaque los miembros de la sección de
cuerdas de la Orquesta Sinfónica
Nacional de Cuba, así como los
encargados de realizar los coros en la
grabación, a cargo de los
puertorriqueños Harold Montañez y Henry
Santiago, y del cubano Dagoberto Ángel
González (Jr.), a quien también hay que
felicitar por la funcionabilidad de las
orquestaciones que escribiese para el
álbum y que logran equilibrar la
sabrosura de la música destinada al
baile y la elegancia de la llevada a
cabo para ser escuchada en las salas de
conciertos.
Las "líneas paralelas" del cantautor de
Bayamo, en el oriente de Cuba, y del
santurcino Niño de Trastalleres dan un
nuevo impulso a quienes en nuestros dos
países defienden la amistad y los
numerosos vínculos culturales que unen a
los pueblos de Cuba y Puerto Rico, por
encima de fronteras políticas y
diferencias ideológicas. |