Año VII
La Habana
2009

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TE PONGA EL PLATO?

 
 
Andy Montañez y Pablo Milanés
Unidos por la música
Joaquín Borges-Triana • La Habana

 

No creo que exista la menor duda en cuanto a que en el presente, Andy Montañez y Pablo Milanés son dos de los mejores cantantes que hay en toda la región del Caribe. Quien desee comprobar nuevamente dicha afirmación, solo tiene que escuchar el disco titulado AM | PM: Líneas paralelas, grabado por este par de fenomenales intérpretes en Ciudad de La Habana y República Dominicana, con la participación de instrumentistas de las tres Antillas Mayores. La unión de ambas voces ha de verse como algo más que un extraordinario aporte a la música y la cultura de esta zona del mundo, pues el hecho viene a reafirmar los lazos de solidaridad y hermandad existentes entre los pueblos de Cuba y Puerto Rico. Esos vínculos, que en el plano histórico están representados por figuras memorables como el puertorriqueño Juan Rius Rivera y nuestro José Martí, en el aspecto cultural han quedado reflejados en los harto conocidos versos de Lola Rodríguez de Tio ("Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas, / reciben flores y balas / en un mismo corazón").

El álbum que Andy Montañez y Pablo Milanés pusieron en circulación internacional a inicios de 2006 y que en semanas recientes ha sido editado en Cuba, viene a corroborar desde el punto de vista musical lo mucho que hay en común entre los ritmos originales de Cuba y Puerto Rico. Lo primero que ayuda a apuntar lo anterior es la selección del repertorio escogido para incluirse en el fonograma, a saber: “Son de la Loma” (Miguel Matamoros), “Juramento” (Miguel Matamoros), “Canción de los amantes” (Antonio Cabán Vale), “Es nuestra canción” (César Portillo de la Luz), “Santa Cecilia” (Manuel Corona), “Guitarra mía” (Andy Montañez, padre), “La felicidad” (Pablo Milanés), “Allí estarás” (Dagoberto González, Jr.), “Allá en la altura” (Juan Morales Ramos, “Moralito”) y “Líneas paralelas” (Gino Meléndez).

La selección de estas canciones deja claro que en el trabajo emprendido por Andy y Pablo no ha prevalecido la intención comercial, pues su concepción dista mucho de esos clásicos productos de mercadeo con los que la industria musical nos apabulla a cada instante. De hecho, en su conjunto el CD puede ser visto como un tributo a la tradición sonora del área caribeña. Con dirección del violinista y tecladista Dagoberto Ángel González (Jr.), quien corre a cargo con todas las orquestaciones del material, como señala el artista plástico y poeta Iván Figueroa Luciano (diseñador del libreto portada del disco), la integración de Montañez y Milanés en el fonograma desde el prisma musical resulta compleja. Con acierto, en la nota de presentación Figueroa Luciano acota:

“… la potencia de ambas voces requiere un balance que solo puede proveer la ética de trabajo de los verdaderos obreros de la música. El resultado es un puente lírico impregnado de salitre caribeño, que se levanta sobre un mar de felicidades y desdichas, transitado por una estirpe de hombres y mujeres templados en el fuego lento de la resistencia. Un puente que nos comunica, metáfora de migraciones y esperanza, arco sonoro que nos recuerda quiénes somos y nos convida a celebrarlo".

El empaste al cantar del que hacen gala los dos intérpretes, se pone de manifiesto lo mismo cuando asumen los aires de la salsa en temas como “Juramento”, “Son de la Loma” y “La felicidad”, en los instantes en que se adentran por los terrenos de la llamada canción romántica en piezas como “Allí estarás”, “Guitarra mía” y “Canción de los amantes”, o al enfrentarse a un bolero como “Es nuestra canción”. En particular, creo que merece destaque el desempeño de Pablo a lo largo de los diez cortes de la grabación, dado que Andy está más acostumbrado que nuestro compatriota a moverse por un repertorio de este corte. Milanés rara vez se ha proyectado como un salsero y aquí da lecciones de maestría a numerosos vocalistas del género. Sus improvisaciones son de esas que no tienen desperdicios, por el buen gusto del decir y en especial por el grado de afinación que mantiene en cada intervención. Dicho sea de paso, el ilustre hijo de Bayamo demuestra una vez más que a la hora de hacer segundas voces, él es uno de los mejores que ha habido en nuestro país en todos los tiempos.

Uno de los méritos de esta producción, que me atrevo a calificar de impecable, está dado por el eficaz trabajo de los músicos que intervienen en el respaldo instrumental de los cantantes. Imposible de soslayar resulta la cadencia y emotividad al piano del ponceño Papo Lucca. Igualmente merecen destaque los miembros de la sección de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, así como los encargados de realizar los coros en la grabación, a cargo de los puertorriqueños Harold Montañez y Henry Santiago, y del cubano Dagoberto Ángel González (Jr.), a quien también hay que felicitar por la funcionabilidad de las orquestaciones que escribiese para el álbum y que logran equilibrar la sabrosura de la música destinada al baile y la elegancia de la llevada a cabo para ser escuchada en las salas de conciertos.

Las "líneas paralelas" del cantautor de Bayamo, en el oriente de Cuba, y del santurcino Niño de Trastalleres dan un nuevo impulso a quienes en nuestros dos países defienden la amistad y los numerosos vínculos culturales que unen a los pueblos de Cuba y Puerto Rico, por encima de fronteras políticas y diferencias ideológicas.
 
 
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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