Año VII
La Habana
2008

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
La absurda historia de un gorrión y sus funerales
Josefina Ortega • La Habana
 

Por mucho que se lo cuente les costará trabajo creer que la simple aparición de un gorrioncillo muerto levantó en su época una gran alharaca en La Habana colonial.

De bufonesco podría catalogarse el asunto, si en él no se expresaran la histeria y el odio enfermizos de los tristemente célebres Voluntarios contra las ansias de libertad del pueblo cubano, lanzado a la manigua insurrecta bajo la guía de Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de Octubre de 1868.

Lo cierto es que antes de ocurrir estos sucesos, los colonialistas españoles ya se reconocían  a sí mismos en el referido animal, tenido por cauto y sagaz, mientras que a los cubanos se les identificaba con la bijirita, ave migratoria de ánimo levantisco y travieso.

La historia comenzó en el anochecer del 25 de marzo de 1869 cuando un voluntario del Séptimo Batallón encontró el cadáver del gorrión de marras tirado en los adoquines de la Plaza de Armas, frente al Palacio de los Capitanes Generales.

Llevados sus restos al cuartel de la Fuerza, los uniformados destacados en ese enclave, juzgaron, en una muestra de chovinismo absurdo, que el gorrión "víctima de una bijirita sediciosa”, encarnaba “el alma española”.

Y decretaron, ni más ni menos, que rendirle al pajarraco honores de militar caído en combate.

Increíble, pero cierto.

Como dice Alberto Acosta en su libro Guanabacoa en la leyenda, editado en el 2000 por Extramuros, el odiado cuerpo de Voluntarios, “empapó de sangre criolla un largo trecho de nuestra historia”.

Organizada en época del capitán general Salvador de Muro y Salazar, esta repudiada fuerza represiva llegó a contar en sus filas con más de

30 000 efectivos y prodigó violencia por doquier en toda la Isla, especialmente, en La Habana.

Los acaudalados extremistas españoles tenían a su cargo los mandos y el mantenimiento de sus Compañías y Batallones.

Tanto poder llegó a tener que se dice logró incluso la sustitución de algunos mandos de fuerzas regulares e incluso la de cierta Capitanía cuando estos no se ajustaron a sus demandas.

Su vandalismo se manifestó en algunos dramáticos sucesos, como los del Teatro Villanueva, el ataque al Palacio Aldama y el asesinato de los ocho estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre de 1871.

Y es que los Voluntarios fueron como una caterva salvaje que pretendió arrasar con la Isla, impuestos como estaban, en liquidar a toda costa los sueños libertarios de los cubanos.

Con bombos y platillos, la prensa integrista reflejó los acontecimientos. Y no faltó un plumífero que ponderara al gorrión “como a un soldado de honor muerto en su puesto de combate”.

Para hacer más grotesco el asunto, si es posible, el Capitán General de la Isla en persona participó en las guardias de honor que se le rindieron al pajarillo que fue enterrado para remate en un sarcófago dorado.

Cuentan que en su sepelio, celebrado en La Loma de La Cruz de la villa de Guanabacoa, un sacerdote, para colmo de incongruencia,  tuvo a su cargo los oficios de una misa de campaña, pidiendo por el alma del malogrado gorrión.

La historia no termina aquí.     

En esos días un Voluntario atrapó en Guanabacoa a un gato comiéndose a otro gorrión.

Tal afrenta no podía perdonarse.

Juzgado por lo militar, en una increíble farsa, el infeliz minino, acusado de mambí, fue condenado a muerte por intentar comerse a un "símbolo de España."

Pero, por suerte para él, la sentencia no se consumó, pues el propietario del gato, un comerciante catalán, ¡legitimó la vocación hispana del pobre animal!

Episodios tan grotescos como estos: los funerales del gorrión y el gato acusado de mambí, que tanta alharaca levantaron en La Habana colonial, son una verdad incuestionable, aunque cueste trabajo creerse.

Son parte de la historia del tristemente famoso  cuerpo de Voluntarios o de “Nobles Vecinos”, como se hacían nombrar, y que empaparon de sangre nuestra Isla con sus crímenes y sus desmanes.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600