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Me sentí
realmente emocionada, y no es
simplemente una frase, cuando me
invitaron a nombre del director
de la Biblioteca Nacional
Eduardo Torres-Cuevas, a quien
todos admiramos, a este
encuentro con una figura que es
conmovedora cuando la conocemos,
cuando empezamos a leer su
historia y vemos cuántos
factores se entretejieron para
que terminara perdiendo la vida
tan alevosamente, como todos
sabemos, precisamente en la
ciudad de Matanzas, tan ajena al
crimen, a la traición, al dolor
y a la injusticia. Matanzas, con
su historia bella que no temió
en Girón y que antes tuvo
muchísimos generales en las
guerras —cuestión que casi nunca
se apunta ni se sabe—, siempre
luchando, tuvo la desdicha de
tener entre los estudiantes de
Medicina sacrificados a Carlos
Verdugo, y la desdicha de que
los hechos de la llamada
Conspiración de la Escalera,
aunque transcurrieron en otros
lugares, se castigaran allí.
Allí fue donde se hicieron los
tormentos en la tristemente
célebre "escalera", donde los
acusados eran amarrados a una
para ser torturados.
En Matanzas hay
muchas historias y leyendas
sobre él, por ejemplo, que
escribió un juramento de
libertad a la independencia en
las márgenes del Pompón, un
manantial que con el tiempo se
ha ido secando y sufrió una
demolición, que según se dice
borró el lugar donde estaba su
letra.
Desde que yo era
pequeña, con no más de siete u
ocho años, mi padre me llevaba
al barrio de Versalles, un
pintoresco y artístico barrio de
Matanzas, a lo que se llama el
Paseo de Martí junto al mar. A
unas cuadras había una estatua,
que sigue allí: la estatua de
Plácido, y mi padre me contaba
su historia. De modo que lo
llevo en la sangre desde
entonces. Yo siempre lloraba
porque era una niña y no
entendía mucho de aquello, pero
ahora entiendo porque ya sé lo
que son las fuerzas humanas
cuando son crueles y no hay
ética ni hay verdad, cuando todo
se deja al prejuicio y a otros
males.
Me he emocionado
escuchando las palabras
introductorias de nuestro
Eusebio Leal, con su cultura y
su elocuencia, reflexivo y lleno
de poesía. Ese juicio sobre el
problema de la esclavitud y su
influencia en los asuntos que
llevaron a la muerte a Plácido,
fue analizado de manera similar
por Juan Gualberto Gómez, allá
por el 1892, quien tuvo una
mente muy abierta respecto a lo
que realmente había sucedido.
Nosotros hemos
estado leyendo en distintas
ocasiones a Plácido. Cierta vez
tuvimos una conversación muy
seria con Nicolás Guillén, quien
era partidario de iniciar un
encuentro como este que se ha
organizado ahora. Ha sido una
iniciativa de la UNEAC
reivindicar a Plácido, su
historia y su nombre, a través
de toda la Isla. Es asombroso
cómo el pueblo ha respondido.
Mañana harán 200 años desde que
nació Plácido. En Matanzas se
convocó
una peregrinación a una estatua
de Plácido
—no la que mencioné
antes sino otra en un parque
también de Versalles y va salir
hacia la casa en la que él vivió—
con los
escritores, los pintores, los
músicos, los bailarines, los
actores y las actrices, los decimistas y los trovadores. Es
muy hermoso que a 200 años venga
la Revolución a hacer esta
justicia.
Intervención en
el Homenaje a Plácido que se
realizó en la Biblioteca
Nacional José Martí el 17 de
marzo de 2009. |