Año VII
La Habana

22 al 28
de MARZO
de 2009

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Plácido, una figura de conmovedora historia

Carilda Oliver Labra • La Habana

 
Me sentí realmente emocionada, y no es simplemente una frase, cuando me invitaron a nombre del director de la Biblioteca Nacional Eduardo Torres-Cuevas, a quien todos admiramos, a este encuentro con una figura que es conmovedora cuando la conocemos, cuando empezamos a leer su historia y vemos cuántos factores se entretejieron para que terminara perdiendo la vida tan alevosamente, como todos sabemos, precisamente en la ciudad de Matanzas, tan ajena al crimen, a la traición, al dolor y a la injusticia. Matanzas, con su historia bella que no temió en Girón y que antes tuvo muchísimos generales en las guerras —cuestión que casi nunca se apunta ni se sabe—, siempre luchando, tuvo la desdicha de tener entre los estudiantes de Medicina sacrificados a Carlos Verdugo, y la desdicha de que los hechos de la llamada Conspiración de la Escalera, aunque transcurrieron en otros lugares, se castigaran allí. Allí fue donde se hicieron los tormentos en la tristemente célebre "escalera", donde los acusados eran amarrados a una para ser torturados.

En Matanzas hay muchas historias y leyendas sobre él, por ejemplo, que escribió un juramento de libertad a la independencia en las márgenes del Pompón, un manantial que con el tiempo se ha ido secando y sufrió una demolición, que según se dice borró el lugar donde estaba su letra.

Desde que yo era pequeña, con no más de siete u ocho años, mi padre me llevaba al barrio de Versalles, un pintoresco y artístico barrio de Matanzas, a lo que se llama el Paseo de Martí junto al mar. A unas cuadras había una estatua, que sigue allí: la estatua de Plácido, y mi padre me contaba su historia. De modo que lo llevo en la sangre desde entonces. Yo siempre lloraba porque era una niña y no entendía mucho de aquello, pero ahora entiendo porque ya sé lo que son las fuerzas humanas cuando son crueles y no hay ética ni hay verdad, cuando todo se deja al prejuicio y a otros males.

Me he emocionado escuchando las palabras introductorias de nuestro Eusebio Leal, con su cultura y su elocuencia, reflexivo y lleno de poesía. Ese juicio sobre el problema de la esclavitud y su influencia en los asuntos que llevaron a la muerte a Plácido, fue analizado de manera similar por Juan Gualberto Gómez, allá por el 1892, quien  tuvo una mente muy abierta respecto a lo que realmente había sucedido.

Nosotros hemos estado leyendo en distintas ocasiones a Plácido. Cierta vez tuvimos una conversación muy seria con Nicolás Guillén, quien era partidario de iniciar un encuentro como este que se ha organizado ahora. Ha sido una iniciativa de la UNEAC reivindicar a  Plácido, su historia y su nombre, a través de toda la Isla. Es asombroso cómo el pueblo ha respondido. Mañana harán 200 años desde que nació Plácido. En Matanzas se convocó una peregrinación a una estatua de Plácido no la que mencioné antes sino otra en un parque también de Versalles y va salir hacia la casa en la que él vivió con los escritores, los pintores, los músicos, los bailarines, los actores y las actrices, los decimistas y los trovadores. Es muy hermoso que a 200 años venga la Revolución a hacer esta justicia.

Intervención en el Homenaje a Plácido que se realizó en la Biblioteca Nacional José Martí el 17 de marzo de 2009.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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